jueves, 14 de mayo de 2015

Estudio bíblico de Zacarías 1:12-21

Zacarías 1:12 - 21

Retornando al versículo 7 del capítulo primero, habíamos comentado la primera de las 10 visiones que se nos presentaban en este libro. En esta primera visión, un jinete reposaba sobre un caballo alazán, es decir, de color rojizo, situado a la sombra de unos árboles de mirto, en un terreno profundo como una hondura. Detrás de ese jinete había tres diferentes tipo de caballos: Alazanes, overos y blancos. Los caballos overos, de un color similar al melocotón, reposaban a la sombra de los árboles, de tal manera que el contraste de luces y sombras producidas por las ramas podía causar el efecto visual de estar moteados o con manchas. De esta manera, cabe la posibilidad de que, en realidad, hubiese sólo dos tipos de caballos: El de color alazán y el de color blanco. El alazán o color rojizo nos sugiere la guerra. El blanco, en cambio, la victoria y la pureza. De esta manera, el autor nos traslada la imagen de un Dios que no está ajeno a nuestra realidad, a nuestro mundo sino, por el contrario, se trata de un Dios que está continuamente contemplando y vigilando atentamente la tierra. Y esto debería ser, para nosotros, de gran consuelo y esperanza. Por otro lado, no olvidemos al jinete del caballo alazán. ¿Quién es? ¿Qué representa? Este jinete representa nada menos que a Cristo, el hijo de Dios, mucho antes de su venida a la tierra.

¿Qué se nos dice en este pasaje? Se nos menciona que los otros jinetes habían recorrido la tierra, y que en ella había paz. Ahora bien, en el anterior programa comentamos que en cinco mil años de historia mundial registrada, solamente doscientos años han sido de completa de paz, por lo que entendemos que éste era entonces uno de aquellos períodos de paz. En nuestro anterior programa nos detuvimos en el versículo 11 del capítulo 1 de Zacarías, que decía así:

"Y ellos hablaron a aquel ángel del Señor que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta."

¿Qué clase de paz sería ésta? Desde luego no una paz muy duradera, dado que en el siguiente versículo, leemos lo siguiente:

"Respondió el ángel del Señor y dijo: Oh Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?"

Aquí se refiere a los setenta años durante los cuales Jerusalén no ha sido otra cosa que escombros, ruinas y ceniza. Tras este periodo, los judíos habían regresado a casa, dejando atrás años de cautividad en Babilonia, tras los cuales estaban comenzando la reedificación de su amada ciudad. Su clamor hacia Dios era el siguiente: "¿Hasta cuándo deberemos esperar, antes de que Dios nos brinde su verdadera y definitiva bendición?" La respuesta de Dios fue clara y directa: Él no estaba complacido con las naciones que estando en paz, han ignorado la lamentable situación de Jerusalén. Y mientras Dios tenía gran celo por Jerusalén, las demás naciones del mundo se mostraban absolutamente indiferentes. Pero ahora Dios había regresado a Jerusalén con misericordia, y el resto de las naciones, aunque disfrutaban un periodo de paz, iban a tener que asumir su parte de responsabilidad. La paz de la que estaban disfrutando no iba a durar por mucho tiempo.

Nos gustaría, en este punto, indicar lo siguiente: Parece claro que, en vista de la situación internacional actual y lo que narra la propia historia de la humanidad, nuestro mundo jamás podrá disfrutar de una paz permanente y duradera, hasta que, como indica la Biblia, el Señor Jesús comience Su reinado en Jerusalén. Él es el Príncipe de Paz, y sin Él, sin Su gobierno sobre las naciones y sobre nuestras vidas, el mundo no podrá jamás alcanzar la paz. Y la paz que Él ofrece hoy, es una profunda paz con Dios, porque nuestros pecados han sido perdonados. Si usted, estimado amigo, ha arreglado las cosas con Dios, entonces, podrá disfrutar de la paz. Y si las naciones hicieran lo mismo, también serían bendecidas con esta paz. Paz con mayúsculas. Paz duradera. Las así llamadas "naciones civilizadas" han sido las que en un solo siglo han provocado dos guerras mundiales e innumerables guerras civiles, catástrofes humanitarias y genocidios.

Un antiguo poema narra cómo, durante la segunda guerra mundial, unos soldados desembarcaron en una isla del Océano Pacífico esperando encontrarse con salvajes indígenas, cazadores de cabezas y caníbales. Cuán grande fue su sorpresa cuando lo único que se encontraron fue una multitud de pequeñas iglesias de creyentes que los estaban recibían amistosamente. Este poema concluye resaltando, con ironía, cómo los supuestos "salvajes y paganos" se encontraban en paz y los creyentes, o naciones cristianas, en guerra.

En nuestra opinión, estimado amigo, el mundo no puede tener paz si ignora y le da la espalda a Cristo.

Regresemos nuevamente al pasaje del libro de Zacarías que nos ocupa: Jerusalén, dice aquí, estaba rodeada de naciones que vivían en paz, ignorando su suerte. Pero esta situación no se iba a prolongar más en el tiempo. Recordemos que mientras transcurre esta visión y estas palabras proféticas dichas por el Señor a Zacarías, los ejércitos de Media y Persia estaban dominando al imperio babilónico. Anteriormente Babilonia había subyugado a Egipto y a Siria. Pero ahora, el imperio medo-persa reinaba desde el Océano Índico hasta el mar Mediterráneo, desde las nevadas montañas del Mar Negro y el Mar Caspio, hasta las candentes arenas del desierto del Sahara. Este mega imperio, que había traído un periodo de paz y prosperidad a la zona, ignoraba que pocos años después, un joven guerrero llamado Alejandro Magno vendría del Oeste para acabar con su dominio y poder. Echemos ahora una mirada al versículo 13 del capítulo 1 de Zacarías, que dice así:

"Y el Señor respondió buenas palabras, palabras consoladoras, al ángel que hablaba conmigo."

Queremos resaltar aquí los dos adjetivos utilizados por Zacarías: "Y el Señor respondió palabras buenas y palabras consoladoras". Estas, son palabras de ayuda. Si volvemos nuestra vista atrás, otro profeta llamado Hageo, recibió palabras sobre un terrible juicio que habría de venir. No es este el caso de Zacarías. Él estaba recibiendo buenas palabras. Y también recibió palabras consoladoras. Notemos pues, lo que dice el versículo 14:

"Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Celé con gran celo a Jerusalén y a Sion."

Ya hemos comentado anteriormente el significado de la palabra "celo". Dios no es celoso como lo que entendemos por esa intensa emoción que se llama "los celos". No es la clase de celo humano que conduce a la destrucción y que suele ocasionar demostraciones de mal genio. Lo que Dios está diciendo aquí es: "Celé con gran celo a Jerusalén y a Sion". Es decir, Dios recalcó e insistió que tenía un enorme y fabuloso celo por su amada ciudad, Jerusalén. Amigo oyente, los celos son una pasión fiera y ardorosa. Y los hombres se sienten celosos de lo que es suyo, de aquello que siéndolo, cae en las manos de otra persona. Es así como los celos comienzan a actuar, de manera pasional. Y si pudiéramos hacer una extrapolación a Dios, podríamos sugerir que Dios estaba celoso del mismo modo. Porque ésta era Su ciudad. Jerusalén era Su ciudad. Sus habitantes era Su pueblo. Y Él estaba observando la enorme presión mundial contra Jerusalén y contra todo el pueblo de Israel. Y Él se sintió absolutamente celoso por Su pueblo.

Continuemos con nuestra lectura. En el versículo 15 de este capítulo 1 de Zacarías, leemos:

"Y estoy muy airado contra las naciones que están reposadas; porque cuando yo estaba enojado un poco, ellos agravaron el mal."

Es decir, que todas estas naciones no estaban haciendo nada por esta ciudad. Y Dios quería que ésa fuera Su ciudad. Leamos la primera parte del versículo 16:

"Por tanto, así ha dicho el Señor: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia."

Así, Dios estaba diciéndole a Su pueblo: "He regresado, y en misericordia, quiero tratar con mi gente". Y como Él mismo manifestó muchas veces, Él es rico en misericordia. En el versículo 16 en su totalidad leemos:

"Por tanto, así ha dicho el Señor: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa, dice el Señor de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalén."

Hay quienes opinan que esta plomada, es decir, vara o cordel de medir tendido sobre Jerusalén, indica el resurgimiento de la ciudad en cuanto a tamaño y número de construcciones, profetizando de esta manera que la ciudad se extendería, llegando a ser, finalmente, una gran ciudad. Y creemos que esto es muy posible. Ya hemos visto anteriormente que cuando Dios mide a un hombre con una vara de medir, eso significa que Dios está dispuesto a actuar directamente en la vida de ese hombre o mujer en particular. Y ahora, después de haber pasado los setenta años de cautividad, Dios regresó, o se volvió nuevamente hacia Su propio pueblo. Y Él se manifestó allí con misericordia, indicando a las demás naciones que nunca tendrían paz, a no ser que haya primero paz en Jerusalén.

Si regresamos por un momento a la actualidad, podemos observar la delicada y conflictiva situación en oriente medio y reflexionar sobre estas palabras. Porque, ¿no es verdad que la propia historia nos habla del permanente conflicto entre Israel y sus vecinos? Desde que Israel es nación, no ha conocido la paz con las demás naciones. E Israel, aún no ha regresado a su Dios, a pesar de haber crecido en tamaño, poder y prosperidad. Aunque el pueblo de Dios ha regresado a su tierra y reedificado sus ciudades, aún continúa esparcido a través del mundo, en incredulidad en cuanto a las promesas de su Dios. Y hasta hoy día no han conocido la paz.

Estimado amigo oyente, no hay paz sobre esta tierra, y no podrá haberla hasta que no exista paz en Jerusalén.

Dios ha mencionado en numerosas ocasiones, por medio de las sagradas escrituras, su amor eterno y apasionado hacia Jerusalén. Por ejemplo, en el Salmo 132, versículos 13 y 14 Él dijo: "Porque el Señor ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido". Y luego dice en el Salmo 78, versículos 67 y 68: "Desechó la tienda de José, y no escogió la tribu de Efraín, sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó". Dios dijo que éste era el lugar que Él ama, aunque, en vista de los hechos, parece claro que, hasta el día de hoy, se encuentra sobre esa ciudad el juicio de Dios. Nos gustaría tratar más en profundidad este tema, pero no podemos hacerlo en el estudio que nos ocupa. Más adelante mencionaremos nuevamente otros pasajes y profecías respecto a Jerusalén, una ciudad que por su relevancia geoestratégica ha tenido y tendrá un importante papel en la historia de Oriente Medio y el mundo.

Bien, continuemos con nuestro estudio en Zacarías, y observemos lo que nos dice el versículo 17 del capítulo 1:

"Clama aún, diciendo: Así dice el Señor de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará el Señor a Sion, y escogerá todavía a Jerusalén."

Observamos aquí una visión hacia el futuro, hacia el plan que aun hoy Dios está llevando a cabo en su pueblo y en su ciudad.

Creemos que este pensamiento tiene una evidente aplicación para los cristianos de hoy en día. Porque la pregunta que nos podríamos hacer sería la siguiente: ¿Estamos cada uno de nosotros trabajando en algo que tenga realmente valor eterno? ¿Qué es lo que usted está haciendo hoy? ¿Qué valor tendrá esto dentro de diez años? ¿O dentro de cien años a partir de la fecha? Aún más, ¿qué valor tendrá dentro de un millón de años? ¿Estamos trabajando con la vista puesta en la eternidad futura? No debemos perder esto de vista: Los cristianos no hemos sido llamados a ser "buenos" o a hacer "cosas buenas", sino a ser "trascendentales". Hay gente "más buena" que los cristianos. Hay gente más generosa, servicial y amable que los cristianos. Hay gente que, sin ser cristiana, tiene mucho más impacto que los cristianos. ¿Por qué? Porque a veces, los seguidores de Cristo nos hemos conformado con "ser buenos" y nos hemos olvidado de dirigir nuestra vista hacia las cosas eternas. Dios no nos llamó a ser "buenos" sino "trascendentales": a perdonar 70 veces 7, a poner la otra mejilla, a regalar la capa además de la túnica, a recorrer la segunda milla. Porque si no somos "trascendentales" nuestros actos serán puntuales, insignificantes y sin impacto social ni personal.

Continuemos con el versículo 18 del capítulo 1 de Zacarías, en el que se nos comenta la segunda visión del profeta. Veamos lo que dicen los versículos 18 y 19:

"Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos. Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y me respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén."

Zacarías nos indicó aquí que vio cuatro cuernos, que son los que esparcieron a Jerusalén, a Judá e Israel y a los reinos del Norte y del Sur. Pero, ¿qué significan estos cuatro cuernos?

Un cuerno representa a un gobernante gentil, es decir, pagano o incrédulo hacia el Dios cristiano. Podemos encontrar una imagen similar en el capítulo 7 de Daniel, versículo 24. Y en Apocalipsis, en el capítulo 17, versículo 12: "Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia". En esta visión futura los cuernos representan un poder mundial gentil. Y estos cuatro cuernos, en Zacarías, representan a cuatro poderes mundiales gentiles.

Pero, ¿quiénes son? Son los cuatro imperios que han perseguido y esparcido a Israel sobre la faz de la tierra: Babilonia, los Medo-Persas, Grecia y Roma.

Lo interesante es que, como leemos en el siguiente versículo, Dios menciona qué va a hacer con ellos. Lo podemos leer en los versículo 20 y 21, donde se nos menciona a cuatro carpinteros:

"Me mostró luego el Señor cuatro carpinteros. Y yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer? Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla."

En realidad, deberíamos sustituir la palabra carpinteros por escultores o herreros. Aquí se nos dice:

"Me mostró luego el Señor cuatro carpinteros. 21Y yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer?"

¿Qué vienen a hacer? Veamos parte de la respuesta:

"Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar"

Esta es, posiblemente una de las profecías más destacadas de las Escrituras. En el texto original, en el idioma hebreo, esta palabra "carpinteros" quiere decir literalmente "artesanos" o "herreros". Pues bien, ¿quiénes son estos cuatro artesanos o herreros mencionados aquí? Reconocidos teólogos o padres de la Iglesia como Jerónimo, Cirilo y Calvino, los consideraron como medios sobrenaturales que Dios usa aquí.

Pero otra posible interpretación, mucho más sencilla, es la sugerida por el Dr. Merrill Unger en su reconocido comentario del libro de Zacarías: Quizá no sea necesario mirar más allá de estas palabras: se trata de simples artesanos que están construyendo la ciudad, pero, ¿cómo?

El primer cuerno representa Babilonia, que fue destruida por los Medo-Persas, representado por el segundo cuerno. A su vez, este segundo cuerno, los Medo-Persas, fueron destruidos por el tercer cuerno, el imperio Greco-Macedonio de Alejandro Magno, el cual, a su vez, fue demolido por Roma. De esta manera, simples artesanos, escultores o carpinteros (importantes oficios para hacer la guerra) vinieron y destruyeron estos imperios.

Lo interesante de esto es que, si uno estudia el imperio romano, puede observar que, en realidad, Roma no fue destruida por un poder externo, sino que tuvo una lenta y agónica decadencia. Con su corrupción e inmoralidad, Roma se devoró a sí misma, por lo que hay autores que sugieren que Roma regresará nuevamente, dado que, de hecho, no llegó a extinguirse completamente.

La Biblia afirma que un día, no sabemos cuándo, llegará una persona que los cristianos de todo el mundo llegarán a denominar "el anticristo", y diversas interpretaciones sugieren que reconstruirá el poder de Roma hasta convertirse en un dictador mundial. ¿Quién lo va a derribar? Cristo, en su segunda venida a la tierra. Cristo, representado en la figura del cuarto Carpintero, Él será el cuarto Artesano. Él será quien derribará el nuevo y renacido imperio romano, cuando regrese al mundo al final del período de la Gran Tribulación, tal y como se menciona en el Apocalipsis.

Estimado amigo, este es uno de los pasajes proféticos maravillosos que podemos encontrar en la Palabra de Dios y esperamos que despierte en usted un anhelo o inquietud por estudiar la Palabra de Dios, para poder, entre otras cosas, comprender la profecía bíblica. "Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada" (2 Pedro 1:20b). No se puede interpretar por sí misma y de manera aislada al resto de las Escrituras. Tiene que ser ubicada, en cambio, dentro del increíble y maravilloso programa de Dios para nuestro mundo y para nuestras vidas. Tenemos que mirar hacia la eternidad y ser trascendentales.

Estudio bíblico de Zacarías 1:7-11

Zacarías 1:7 - 11

Continuamos el recorrido que iniciamos en el libro del profeta Zacarías. Hemos podido apreciar en los primeros seis versículos del capítulo 1 de este libro, una sección bastante práctica. Y opinamos que esa es una de las secciones más prácticas de este libro. Cuando decimos eso, no queremos indicar que lo que vamos a ver no es práctico. Sencillamente queremos decir que ahora hay un cambio en el panorama ya que vamos a observar las visiones que Dios le dio al profeta Zacarías. Llegamos ahora al versículo 7, y aquí comienzan las diez visiones que tuvo Zacarías en tan sólo una noche.

Ahora, reconocemos que muchos expositores bíblicos dicen que el profeta tuvo solamente ocho visiones. Nosotros las clasificamos como diez visiones, y ya veremos por qué, cuando lleguemos al lugar donde hacemos una división que la mayoría de los expositores y comentaristas bíblicos no suelen hacer. Ahora, con esto no estamos tratando de decir que ellos están equivocados y que nosotros estamos en lo correcto. Sencillamente es una forma diferente de estudiar un pasaje bíblico.

Ahora bien, quizá usted tenga la impresión de que ya que Zacarías tuvo estas visiones de noche, éstos eran sólo sueños. Pero podremos observar que el profeta presentó sus argumentos claramente, y que no fueron una sucesión de sueños. Creemos que lo mejor que podemos hacer es leer el principio del versículo 7, que nos dice:

"A los veinticuatro días del mes undécimo"

¿A qué mes se refiere el profeta? El año hebreo no comienza con el mes de enero. Así es que, cuando aquí se indica el mes undécimo, se está hablando del mes de febrero. La fecha que se nos presenta aquí entonces, es el 24 de febrero del año 520 A.C. Pronto veremos el significado de estos datos. Veamos ahora lo que dicen los versículos 7 y 8 de ese capítulo 1 de Zacarías:

"A los veinticuatro días del mes undécimo, que es el mes de Sebat, en el año segundo de Darío, vino palabra del Señor al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo: Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, el cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos."

Queremos contemplar lo que nos dicen estos dos versículos, porque creemos que son significativos y de mucha importancia. Hemos dicho que aunque el profeta tuvo estas visiones de noche, eso no quiere decir que eran sueños, porque Zacarías lo afirmó categóricamente. Él dijo: "Vi de noche". Él no estaba diciendo que había soñado esa noche, sino que vio de noche; es decir, que ocurrió durante las horas nocturnas. Y en realidad, el comienzo de este versículo 8 indicaría una expresión como "mira", o "he aquí", como lo tenemos aquí. Creemos que el traductor debería haber colocado un signo de admiración, con lo cual el texto quedaría de la siguiente manera: "¡Y he aquí! Un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán". Es importante que nos demos cuenta de que Zacarías no relata un sueño, sino una visión dada por Dios.

¿Cómo habla Dios? Dios siempre ha hablado de diversas maneras: puede ser a través de sueños, a través de visiones, a través de los profetas, a través de Su santa Palabra, pero sobre todo, nos habla por medio de su Hijo Jesucristo. Lo importante, estimado oyente, es oírle, y obrar en consecuencia. En el caso del profeta Zacarías, y volvemos a reiterarlo, vemos claramente que tuvo la experiencia de una visión divina, y que el profeta no admitió la probabilidad que lo que vio, fuese un simple sueño. El hecho de que sucediera de noche no implica que lo hubiese soñado. Él escribió: Vi de noche. No dijo: "Yo soñé de noche". Es importante para nosotros saber distinguir entre una manera de revelación u otra, de manera que podamos comprender claramente cómo Dios se reveló al profeta Zacarías.

Hay un dato más que es significativo en el texto que estamos considerando y tiene que ver con las fechas mencionadas. Se habla del mes de febrero. Cinco meses antes de esta fecha, fue cuando el Señor se apareció al profeta Hageo, y fue entonces cuando comenzó la labor de reedificación del templo. El profeta Hageo comunicó, dos meses antes de esta fecha, una serie de mensajes de parte de Dios de denuncia y llamamiento al arrepentimiento. Los primeros dos mensajes fueron dirigidos a los gobernantes, los políticos y a los sacerdotes, quienes esperaban la bendición de Dios a pesar de llevar una vida pecado, y sin tener en cuenta a Dios. El tercer mensaje fue dirigido al pueblo a causa de su demora en la construcción del templo. La gente había retrasado la edificación de la casa de Dios, por construir primero sus propias casas.

Hageo también les dijo que vendría la destrucción del poder mundial de los gentiles antes de que Dios estableciera su reino aquí sobre esta tierra. Y de que habría uno que vendría a gobernar, y que éste sería el Mesías, y que Él vendría del linaje de Zorobabel. Y usted recordará que en el último versículo del libro de Hageo, él dijo: "Y te pondré como anillo de sellar". Ese anillo era una señal de autoridad. Así es que, el Mesías no sólo iba a descender del linaje de David, sino que también vendría de la familia de Zorobabel. Tanto David como Zorobabel, fueron mencionados en las genealogías, uno de ellas en el Evangelio de Mateo, del la rama familiar de José; el otro, por la rama familiar de María, podemos leer este relato en el Evangelio según Lucas, capítulo 3.

Por tanto, fue bastante significativo que en aquel tiempo, mientras se estaba construyendo el templo, Zacarías recibiera estas diez visiones.

Como ya hemos dicho anteriormente, el profeta tuvo visiones, no sueños, así es que creemos que Zacarías estaba bien despierto. Y, amigo oyente, si usted o yo, hubiéramos tenido diez visiones como las que experimentó el profeta Zacarías todas en una noche, seguramente estaríamos tan alerta como lo estuvo él. Fueron tan importantes, revelaban tantas cosas, con tanta trascendencia, que indudablemente, el profeta se mantuvo despierto sin ningún problema.

La primera visión que nos encontramos es la de un jinete cabalgando entre los mirtos. Esto lo podemos ver en los versículos 7 al 17. Zacarías presentó este cuadro de una manera bastante dramática, y escribió en el versículo 8:

"Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, el cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos."

Creemos que es necesario detenernos aquí, y examinar de qué se trata esta visión. Para comenzar, ¿quién es este hombre montado en este caballo alazán? . Él dijo: "He aquí un varón". ¿Quién era este varón? Para nosotros es claramente una imagen de Jesucristo, una manifestación de Cristo antes de que él se hiciera hombre, se encarnara. ¿Y cómo sabemos esto? Bueno, en el versículo 9, leemos:

"Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré lo que son éstos."

Y luego, en el versículo 11:

"Y ellos hablaron a aquel ángel del señor que estaba entre los mirtos"

El ángel fue identificado como el ángel del Señor. Ahora bien, en el Antiguo Testamento, cada vez que se menciona "el ángel del Señor" se refiere a la imagen de Jesucristo, manifestada antes de su encarnación, que tiene lugar en el Nuevo Testamento. A quien se describía entre los mirtos no era nada más, y nada menos, que el ángel del Señor, el ángel de Su presencia, quien representa a nuestro Señor Jesucristo. El Mesías. Y, ¿qué es lo que estaba haciendo? Estaba mirando, vigilando al mundo. Ahora, es cierto que a Satanás se le llama el príncipe de este mundo, y con el permiso de Dios, el sistema que rige hoy el mundo, todavía se encuentra bajo el poder de Satanás. Pero, amigo oyente, tenemos una buena noticia para usted: Dios no ha abandonado esta tierra, no se ha desatendido de su creación. Esta verdad es una de las promesas más animadoras que podemos comprender, y aprender, al considerar esta visión. Aun en este mismo instante, el Señor Jesucristo está cuidando los Suyos. En este caso concreto, estaba pendiente de la nación de Israel. Y qué gran consuelo, que gran ánimo es saber que Dios está pendiente de cada uno de nosotros. Que rodeados por planetas, galaxias, constelaciones sin fin, infinitos e incontables, el Creador, el Dios del universo continúa observando, está allí, cuidando a los Suyos, ¡qué maravilla! ¡Qué consuelo! ¡Qué mensaje para usted y para mí, qué poderosa visión! El profeta Zacarías dio muchos mensajes de consuelo. Y éste es uno de ellos.

Ahora, en el relato se mencionó un caballo alazán o rojo. ¿Y cuál es el significado del rojo? Bueno, debemos decir que nos habla de sangre, del derramamiento de sangre, de la sangre que la gente derramará en las guerras que estudiaremos al llegar al libro de Apocalipsis. Pero este caballo alazán nos habla de la sangre derramada en la cruz por Jesucristo, de Su sangre derramada. Él cuida de esta tierra, porque Él murió y derramó Su sangre por este planeta tierra en la cual usted y yo vivimos, estimado oyente, por cada uno de los que habitamos este planeta. ¡Qué cuadro hermoso y significativo tenemos aquí!

En la visión había otros caballos. Y no sólo caballos, entendemos que también había jinetes en el trasfondo. Creemos que se implica que había jinetes, porque Zacarías dijo: "El cual estaba entre los mirtos que había en la hondura, y detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos". Creemos que al describir el cuadro de su visión, Dios no le dio toda la información detallada; podrían tratarse de seres angelicales, y que estaban bajo Su mando. La tarea de ellos era el cuidado esta tierra. Los colores que se mencionaron aquí son muy significativos. Zacarías describió a los caballos alazanes o rojos, overos y blancos. El caballo alazán, o rojo, habla de la guerra; luego tenemos caballos overos, que es un color amarillo melocotón; y los caballos blancos, que nos hablan de victoria. Nos hablan del hecho de que Aquél que está montado sobre este caballo, está marchando hacia la victoria. Y el significado simbólico es que la victoria ha venido después del derramamiento de sangre de Jesucristo.

Vamos a considerar ahora estos árboles de mirtos que Zacarías citó aquí. En algunos países a estos árboles se les llaman árboles de laurel. En otros lugares se les conoce como arrayanes; son árboles que crecen en regiones desérticas. En la tierra de Israel se pueden encontrar muchos de estos árboles. Aparentemente esas tierras son muy apropiadas para el crecimiento de estos árboles. En Israel existen bosques de miles y miles de esta clase de árboles. A veces se los considera como un emblema de Israel. Probablemente alguna vez usted ha podido observar que ciertos árboles y plantas representan a la nación de Israel. El árbol de oliva, por ejemplo, que también es natural de esa zona, el mirto, y la vid, la parra, los cedros. Todos ellos han tenido un significado simbólico en la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios.

Otros profetas también hablaron de esto. Por ejemplo, en Isaías, capítulo 41, versículo 19, Dios dijo: "Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente". Y luego Dios dijo nuevamente en Isaías, capítulo 55, versículo 13: "En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será al Señor por nombre, por señal eterna que nunca será raída". Allí se plantaron gran cantidad de árboles, y la mayoría de ellos son mirtos, y esto puede tener un significado simbólico. Se pueden ver ramas de mirto enlazándose con ramas de palmera; esto se utilizó en el rito de la celebración de la fiesta de los tabernáculos, cuando se construían las cabañas, o "enramadas". Como una curiosidad le comentamos lo siguiente: "Jadaza" es la palabra judía para el nombre "Ester", pero también es la misma palabra para "mirto". Así es que, cuando a una muchacha se le daba el nombre de Ester y a otra se la llamaba Mirta, en realidad las dos tenían el mismo nombre.

Ahora, Zacarías describió que estaba "en la hondura". Y, ¿qué es lo que quiere decir con que estaba en la hondura? Bueno, indica que estaba en un valle. Posiblemente en un lugar donde el árbol de mirto podía obtener agua; que allí había un bosque.

En el cuadro que se describió había un jinete sobre el caballo alazán, y detrás de él, aparentemente, había más jinetes sobre otros caballos, unos eran los overos, con su piel manchada, quizá estaban a la sombra de estos mirtos, y los rayos del sol que se filtraban entre el follaje de los árboles les dibujan esas sombras de manchas sobre su piel. Pero los otros, el alazán y el blanco, se destacaban claramente en el cuadro de su visión.

El profeta declara que estos árboles estaba en el valle, y para nosotros esto tiene un significado simbólico, porque Israel se encontraba, en sentido figurado, en un lugar bajo, como en un valle, tanto moral como espiritualmente.

Creemos que el Señor Jesús estaba sencillamente esperando que llegara el día cuando Él iba a tomar control de la situación. Y mientras llegara ese día, Él estaba patrullando y vigilando la Tierra. Él nos está cuidando. Respecto a las otras criaturas mencionadas, nuestra interpretación es que eran seres sobrenaturales, ángeles que estaban allí junto a Él.

Vamos a concluir nuestro programa por hoy, pero es impactante contemplar algunos detalles de esta visión. La primera parte del versículo 9 de este capítulo 1 de Zacarías, leemos:

"Entonces dije: ¿Qué son éstos, señor mío?"

Leamos la respuesta, que sigue a continuación, en el mismo versículo 9 y el versículo 10:

"Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré lo que son éstos. Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió y dijo: Éstos son los que el Señor ha enviado a recorrer la tierra."

Hace un momento, cuando hablábamos del versículo 8, decíamos que se implicaba aquí que había jinetes sobre estos otros caballos. En el versículo 10, leemos que: "Éstos son los que el Señor ha enviado a recorrer la tierra". Por eso creemos que había más jinetes; no creemos que los caballos solos fueran a recorrer la tierra y menos que hablaran con el ángel del Señor, porque dice en el versículo 11:

"Y ellos hablaron a aquel ángel del Señor que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta."

Como podemos ver, la tarea de ellos era la de patrullar la tierra. Ahora ellos dijeron: "Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta". Este comentario parece positivo y bueno, porque esta Tierra, en los 5.000 años de historia que se ha podido registrar, ha experimentado algo menos de 200 años de relativa paz. El ser humano, tristemente, es una criatura a la que fácilmente se la puede incitar a la guerra. Siempre está peleando, consigo mismo, y con los demás, siempre hay guerra en su corazón. Las noticias que leemos en los periódicos o que vemos en los informativos de la televisión nos hablan todos los días de guerras, de conflictos, de personas que huyen de sus países por temor, por necesidad, por persecución, y por muchos motivos más. Pero aquí tenemos un período de paz, y parece algo tan positivo. Pero, ¿era en realidad así?  

Estudio bíblico de Zacarías 1:1-7

Zacarías - Introducción 1:1- 6

Tenemos delante de nosotros a un profeta a quien queremos llegar a conocer, y para ello nos ayudará saber algo de sus antecedentes. Es interesante, como en todos los nombres hebreos, el significado del nombre de Zacarías. Su nombre significa: "Jehová recuerda". Se nos relata que fue uno de los hijos de Berequías. Y Berequías era, a su vez, el hijo de Iddo, el profeta. Berequías significa "Jehová bendice", e Iddo significa "oportuno". Si unimos los significados de los tres nombres que se nos mencionan, encontramos un principio espiritual interesante: Dios recuerda, o se acuerda, de bendecir en el momento oportuno. Y esto es un pensamiento precioso que debemos tener en cuenta desde el inicio del estudio de este libro.

A través de estos nombres, y de los significados tan ricos que contienen, se nos sugiere el ánimo y el aliento que Dios quiso dar al remanente del pueblo de Israel que había regresado a Jerusalén, después de su cautiverio en Babilonia. Es decir, que Dios recordaba y bendecía en el momento oportuno. Eso lo hemos visto ya al considerar la profecía de Hageo.

Ahora, el Tárgumes judío declara que Zacarías fue muerto en el santuario y que el autor de este libro, Zacarías, era profeta y sacerdote a la vez. En el libro del profeta Nehemías, capítulo 12, versículo 4, Iddo es mencionado como uno de los príncipes de los sacerdotes. Por lo tanto Zacarías era uno de los principales de la familia sacerdotal. Por otra parte el historiador Josefo declaró que Zacarías, el hijo de Berequías, fue muerto en el templo. Y hay quienes identifican a Zacarías como el hombre que el Señor Jesucristo mencionó en el capítulo 23 del evangelio según Mateo. En el versículo 35 dice: "Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar". De modo que asumimos que éste es el hombre que escribió el libro que comenzamos hoy a considerar. Sólo nos resta recordar, en esta breve introducción, que hay entre 25 a 30 hombres con ese mismo nombre, Zacarías, que son citados en las Escrituras.

Antes de continuar, queremos referirnos brevemente a otro Zacarías que se menciona al principio del Nuevo Testamento. Es interesante que Zacarías casi concluye, por así decirlo, el Antiguo Testamento; su libro es el penúltimo libro del Antiguo Testamento; en el Nuevo Testamento, el relato más detallado de las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jesucristo es el escrito de Lucas. Lucas comenzó su relato con la historia de Zacarías, el sacerdote, quien estaba sirviendo en el altar del incienso, cuando se le apareció un ángel. Su esposa se llamaba Elizabet. Después de haber transcurrido 400 años de silencio, Dios se presentó nuevamente. ¿Por qué? Porque Dios recuerda sus promesas, amigo oyente. Y Zacarías, el sacerdote, fue la primera persona que recibió palabra de Dios por medio de un ángel, un mensajero celestial. Todas estas consideraciones nos hacen ver que Zacarías fue una persona muy importante, cuyo mensaje y vida debemos tener en cuenta.

Hemos visto con anterioridad el hecho de que Zacarías fue contemporáneo de Hageo, aunque era más joven que el profeta Hageo. ¿Cómo sabemos esto? Lo sabemos por la propia declaración que realizó Zacarías en el capítulo 2, de su libro, versículo 4:

"Y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella."

El joven al que se refirió en esta cita es él mismo. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que Hageo era mayor que Zacarías. El libro que Zacarías escribió tiene las características típicas de un relato apocalíptico. Las visiones que Zacarías tuvo son semejantes a las que aparecen en los libros de Daniel y Apocalipsis. Al comparar las vidas y relatos de los escritores apocalípticos hay algunos extremos interesantes a destacar. Daniel nació en la tierra de Israel, pero él escribió su libro lejos de su tierra, en concreto en Babilonia. Zacarías nació fuera de la tierra de Israel, probablemente cerca de los canales de Babilonia, pero él escribió su libro en Israel. Daniel, Ezequiel y Juan, escribieron sus libros lejos de la tierra de Israel, y todos ellos escribieron libros que se asemejan a un relato apocalíptico. Sólo Zacarías se encontraba en Israel, cuando escribió su mensaje apocalíptico. En los días de desaliento que cubría el remanente del pueblo de Israel que permaneció en su tierra, Zacarías pudo ver la gloria de Dios con una visión de esperanza. El libro de Zacarías contiene más profecías referentes al Mesías que ningún otro de los profetas llamados profetas menores. Antes de continuar con el estudio de este libro vamos a comentar un bosquejo que nos ayudará a comprender mejor los temas que trataremos.

Podríamos dividir el libro en tres partes. En la primera parte, que abarca los 6 primeros capítulos, tenemos los relatos apocalípticos, fruto de las diez visiones que recibió en una noche el profeta Zacarías, visiones que hablan del Mesías y del Milenio. La segunda parte es como un interludio histórico. Abarca los capítulos 7 y 8 del libro. Al igual que sucede en el libro de Hageo, hay una pregunta respecto a una práctica religiosa: el ayuno. ¿Qué es el ayuno? ¿Tiene algún valor? La respuesta la tendremos cuando consideremos los capítulos 7 y 8 de Zacarías.

Finalmente, en la tercera sección, se nos presenta el mensaje profético. En este caso concreto, con el énfasis de una profecía de juicio. Lo encontraremos en los capítulos 9 al 14. Veremos que hay dos profecías. En la primera profecía estudiaremos los aspectos relacionados con la primera venida de Cristo, y eso abarca los capítulos 9 al 11. La segunda profecía contiene los aspectos relacionados con la segunda venida de Cristo. Y esto está en los capítulos 12 al 14. Nos encontramos pues ante un libro de profundo contenido.

Hay un aspecto más a resaltar. Observaremos que el contenido de este libro revela un contraste directo con respecto al del profeta Hageo. Zacarías, como ya dijimos, fue un contemporáneo de Hageo. Ambos se conocían, y ejercieron su ministerio profético entre las mismas personas, durante el mismo período de tiempo. Pero veremos que las profecías difieren; son completamente diferentes. Es como si hubiesen sido escritas en distintas épocas. Pero son comunicadas a un mismo público, en la misma época, por un mismo mandato, que venía de Dios.

Hageo se preocupó por el estado del templo, de sus cimientos, de su restauración. Fue una persona muy práctica, con los pies bien asentados sobre la tierra. En contraste nos encontramos a Zacarías, quien al parecer sólo tuvo en su cabeza y mente, las visiones que vio, es decir, que no estaba tan cerca de los problemas terrenales, como Hageo. Y amigo oyente, Dios le escogió como apto para recibir diez visiones en una sola noche, y esto nos habla de la espiritualidad profunda de Zacarías. El libro de Zacarías, básicamente, es un libro sobre las visiones, mientras que el de Hageo es una guía muy práctica. Con todo, ambos hablaron de parte de Dios a la misma gente, en un mismo período de tiempo, y en relación con el mismo problema. Y Dios nos hablará hoy, a través del libro de Zacarías del mismo modo en que nos habló por medio del libro de Hageo, pero de una manera completamente diferente. Tenemos que reconocer que estos dos profetas se complementan a la perfección. Hicimos esa sugerencia cuando estudiábamos el libro de Hageo. Es de mucho provecho combinar lo práctico, el hombre pragmático, con el hombre de visión. A lado de toda persona que realiza trabajos prácticos, siempre es conveniente tener un complemento, es decir, a alguien con visión, que puede ofrecer otro punto de vista que la persona pragmático probablemente no habría considerado. Es por ello que, cuando consideramos conjuntamente ambos libros proféticos, el de Hageo y el de Zacarías, su estudio nos enriquecerá, porque se complementa perfectamente.

Este tipo de complemento me recuerda a una hermosa historia de ayuda mutua. Se cuenta que en África, un hombre que era ciego, conoció a otro hombre que no tenía piernas. El ciego le propuso un trato que el otro impedido aceptó. El ciego cargó sobre sus hombros al que no tenía piernas y aquel que no tenía piernas, llegó a ser los ojos para el ciego que le cargaba. Así es como se ayudaban mutuamente. Uno miraba, y dirigía los pasos del que le cargaba por el camino correcto, mientras el otro andaba, a pesar de no tener la facultad de la vista.

Así podríamos considerar la manera en cómo se complementaban Hageo y Zacarías. En el versículo 1 del primer capítulo de Zacarías tenemos la introducción. Se nos dice:

"En el octavo mes del año segundo de Darío, vino palabra del señor al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo:"

Notemos esta fecha: En el octavo mes, del año segundo de Darío. La fecha fue dada durante el reinado de un rey gentil, porque en esa época no había rey en la tierra de Israel, ni en la de Judá. El linaje de David ya no estaba en el trono, y había comenzado lo que se denominó "el tiempo de los gentiles". El segundo año del rey Darío fue el mismo año en que inició su profecía Hageo. Hageo comenzó a profetizar en el mes sexto del segundo año del rey Darío. La fecha de inicio de la profecía de Zacarías: fue el año 520 A.C. Zacarías inició su profecía en el mes octavo. Durante este mes Hageo no comunicó ningún mensaje profético; había profetizado durante el mes de septiembre, en octubre y en diciembre, pero no en noviembre. Este dato es una nueva confirmación de que Hageo y Zacarías eran contemporáneos.

Zacarías utilizó una expresión que también fue lenguaje de Hageo: vino palabra de Jehová. Es decir, él habló respaldado por la misma autoridad con la que habló Hageo. Esa frase se repite 14 veces a lo largo de este libro. El énfasis y la autoridad del libro radican en esta afirmación. Luego, en el versículo 2 de este primer capítulo de Zacarías, leemos:

"Se enojó el Señor en gran manera contra vuestros padres."

Este profeta habló con la misma autoridad que lo hizo Hageo. Es decir, que esta es la palabra de Jehová. Él habló al remanente que había regresado. Y está advirtiéndoles que no sigan en los pasos o en los caminos, que habían recorrido sus padres antes de ser llevados a la cautividad. Él les dijo: "La razón por la cual vosotros fuisteis a la cautividad fue porque el Señor estaba disgustado con vuestros padres. Ellos habían pecado contra Dios. Ahora nosotros no queremos cometer la misma equivocación". En el versículo 3, él dijo:

"Diles, pues: Así ha dicho el Señor de los ejércitos:"

Nuevamente nos encontramos con la misma expresión: Así ha dicho el Señor de los ejércitos. Es interesante notar cómo se nombra en este versículo a Dios: se le llamó "el Señor de los ejércitos". Muchos de los títulos que se le han dado a Dios han llegado a perder su significado para nosotros. Bien, ¿qué es lo que quiere decir en realidad "el Señor de los ejércitos"? En todo el libro se mencionó esta expresión unas 52 veces. Es, por lo tanto, una expresión que tiene su importancia. Ahora, la palabra "ejércitos" es la palabra hebrea "haba", y significa servicio o fortaleza, o aun guerra. Y la forma en que fue utilizada aquí implica recursos sin límites a su disposición, para el bien de Su pueblo, una definición dada por el Dr. Fawcett. Permítanos repetir este concepto. El Señor de los ejércitos significa que "dispone de recursos sin límites que están a su disposición para el bien de Su pueblo". Como también los tenemos hoy, los hijos de Dios, los creyentes, según escribió el apóstol Pablo: "Él es rico en misericordia". (Efesios 2:4). Dios tiene todo poder. Así es que podemos preguntarle: ¿Qué es lo que necesita usted hoy, amigo oyente? ¿Un poco de misericordia? Bueno, Él la tiene en abundancia. Él es rico en misericordia. Él puede darle misericordia a usted. Él es "el Señor de los ejércitos". Notemos ahora lo que dice este versículo 3, del capítulo 1 de Zacarías:

"Diles, pues: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos a mí, dice el Señor de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el Señor de los ejércitos."

Habrá observado que la expresión "el Señor de los ejércitos" se reitera tres veces en este versículo, y luego se vuelve a mencionar en el siguiente versículo. Veamos lo que Dios dijo en el versículo 4:

"No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice el Señor."

Esta fue una advertencia para el pueblo. El libro comenzó de una forma muy práctica, ¿no le parece? Lo que Dios estaba diciendo aquí era lo siguiente: "Vuestros padres no querían prestarle atención a los profetas que Yo les envié. Yo les envié a Oseas, les envié a Joel, envié a Amós. También envié a Isaías y Jeremías. Envié a todos esos profetas, y ellos no les escucharon. No prestaron atención a ninguno de ellos. Esa es la razón por la cual fuisteis a la cautividad". Por eso dice en este versículo 4:

"No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice el Señor."

Luego, en el versículo 5, Dios les formuló la siguiente pregunta:

"Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas, ¿han de vivir para siempre?"

El pueblo de Israel ya no podía escuchar las voces de los profetas. Es decir, otros profetas como Jeremías, Isaías, Oseas, Joel y Amós ya habían muerto. Sus voces fueron silenciadas. Dios también les preguntó, ¿dónde están vuestros padres? Bueno, la generación anterior, los padres, todos ellos estaban sepultados en Babilonia. Pero ése no era un lugar apropiado para un israelita, porque para los hebreos siempre fue muy importante el ser sepultado en su propia tierra. Aun Jacob, ya anciano, en la tierra de Egipto, hizo jurar a José, su hijo, que no le sepultaría en Egipto. Él quería ser llevado y sepultado en la tierra de sus padres, y allí es donde descansan sus restos, en Hebrón, en Israel. Y, ¿por qué ese anhelo de regresar a la tierra de los antepasados? Jacob confiaba que el día, cuando Dios le va a levantar de los muertos, junto con los demás patriarcas, los israelitas piadosos, vivirían en esa tierra prometida. Esa era su esperanza, de ser resucitados de la muerte, allí en su tierra. Y por tanto, todos querían recibir sepultura en su tierra. Si usted ha tenido oportunidad de visitar la ciudad de Jerusalén, en Israel, sabe que ante las puertas orientales, sobre el valle de Hebrón, y hasta la ladera del Monte de los Olivos, hay muchísimas tumbas de israelitas que fueron sepultados allí. ¿Por qué fueron sepultados allí? La razón principal es que allí esperan ver al Mesías llegar un día a la tierra.

La pregunta de Zacarías es muy pertinente, "vuestros padres, ¿dónde están?" Bueno, ellos fueron sepultados en Babilonia, al lado de los canales de Babilonia. No era el lugar apropiado para un israelita el recibir sepultura lejos de la tierra, la tierra prometida, porque su esperanza se encontraba lejos, en esta tierra de Israel. Debía ser muy triste, y hasta traumático, para aquellos que regresaron de la cautividad, de Babilonia, y debían dejar a sus seres queridos, a sus familias, sepultados en tierra extraña, en tierra de esclavitud, vergüenza y humillación. Dios les hizo una seria advertencia. Y luego dijo, en el versículo 6 de este capítulo 1 de Zacarías:

"Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres?"

Es decir, ¿no sucedió así con vuestros padres? Vino el juicio, o sea que, vuestros pecados os han alcanzado. El versículo 6 concluye diciendo:

"Por eso volvieron ellos y dijeron: Como el Señor de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros."

Así que, finalmente, ellos estaban dispuestos a admitir que todo lo malo que les había sucedido como juicio de parte de Dios, era justo, porque Él les había advertido de las nefastas consecuencias. Pero ellos no le habían escuchado. Ahora Zacarías estaba presentando nuevamente una advertencia al pueblo. ¿Qué podemos aprender para nuestras vidas acerca de lo que acabamos de leer? Encontramos por un lado advertencias y por otra parte un llamado: advertencia a no tomar en vano los consejos de Dios; y un llamado a volver a Él, con arrepentimiento.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Estudio bíblico de Hageo 2:13-23

Hageo 2:13-23

Como ya hemos comentado anteriormente, la única ley que el pueblo de Israel consideraba, y acataba, era la ley de Moisés. Esta ley, aunque era amplia, sin embargo no cubría todos los detalles y circunstancia de la vida de Israel. Cuando se presentaba algún asunto que no estaba contemplado en la ley, ellos debían ir ante los sacerdotes con sus consultas. Esa disposición la leímos en el libro de Deuteronomio capítulo 17, versículos 8 al 11. En ese pasaje, Dios ofreció esa vía alternativa para aquellos problemas difíciles que no estaban considerados en la ley de Moisés. Por la naturaleza de sus preguntas el profeta Hageo se presentó ante esos líderes espirituales, los sacerdotes. La primera pregunta fue: "cuando algo limpio, santificado, toca algo inmundo, algo sucio ¿se santificado lo inmundo?" La respuesta fue un "no" rotundo. La santidad no se puede comunicar, o transferir, de esa manera; y la segunda pregunta fue: "si lo que es santificado, limpio, toca algo inmundo, sucio, ¿llegará entonces a ser inmundo, lo que es limpio?" Por supuesto, la respuesta de los sacerdotes fue "sí".

Por tanto, cuando algo santo y algo inmundo se tocan o entran en contacto, entonces, ambos elementos se convierten en inmundas, o sucias; ese principio se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida humana. Como indicamos en nuestro programa anterior, ese principio ocurre, por ejemplo, en la química, cuando se, toman dos probetas de ensayo; llenamos una probeta con agua limpia, y la otra, con un poco de tinta negra. Si en el agua echamos unas gotas de tinta, el resultado será que el agua limpia aparecerá manchada. Y si se echa agua limpia en la probeta que contiene la tinta, el agua limpia nunca transformará a la tinta en agua limpia. También se puede aplicar esa ley a la esfera espiritual: nunca aquello que es inmundo, sucio, se transformará en algo santo y limpio, solamente por contacto. Este principio también es aplicable a lo moral. No se puede jugar, o tratar con aquello que es sucio e inmundo, y esperar salir indemne, limpio. Si se juega con barro, amigo oyente, lo lógico es que se va a ensuciar.

Este principio también es aplicable a la esfera de lo religioso. El hecho de que se entre por las puertas de una iglesia, participe en las ceremonias, se sepa de memoria pasajes bíblicos, se canten los himnos y hasta se llegue a depositar un donativo, todo ello no hace a una persona un cristiano, un hijo de Dios, No podemos llegar a formar parte de la familia de Dios sólo por cumplir con una serie de principios, costumbres o tradiciones. La fe no es transferible, no se llega a formar parte, verdaderamente, de la Familia de Dios, por estar en contacto con creyentes genuinos, por hacer lo que ellos hacen.

En el capítulo 17 del libro del profeta Jeremías, versículo 9, leemos: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? ¡Qué descripción más triste tenemos del corazón humano! Realmente, nadie puede afirmar categóricamente que se conoce asimismo, a fondo; cuando nos encontramos ante una situación nueva, nunca antes vivida, entonces probablemente descubriremos facetas insospechadas, desconocidas, que forman parte de nuestro ser íntimo. Todos podemos llegar a ser agresivos, violentos, engañadores, mentirosos, egoístas, y muchas otras cosas negativas que jamás hubiéramos imaginado fueran posibles. Si usted y yo pudiéramos contemplarnos a nosotros mismos, de la misma manera en que Dios nos ve, no podríamos soportarnos a nosotros mismos. No nos damos cuenta en realidad de lo malos que somos. El Señor Jesucristo presentó este tema de una manera muy clara, cuando dijo. lo que Mateo recogió en su evangelio capítulo 15, versículo 18: Pero lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto contamina al hombre.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, relataba que en cierta ocasión un hombre le confesó que había sido un gran hipócrita por mucho tiempo. Era miembro de una hermosa iglesia en el centro de su ciudad. El participaba en todas las ceremonias oficiales. Había sido miembro de toda clase de comisiones. Pero, para decir verdad, él se dio cuenta un día que no era salvo, no era creyente. Durante la semana él hacía cosas que un creyente no debía hacer, porque él era un hipócrita religioso. Cierto día este hombre descubrió que era un pecador y que necesitaba un Salvador, a Jesucristo, y eso fue lo que transformó su vida por completo.

¿Se da cuenta usted, estimado amigo oyente? El corazón es el que debe ser cambiado, no las formas exteriores, si no, nuestro interior. El Señor Jesucristo, hablando de este mismo tema, también recogido en el evangelio de Mateo, capítulo 7, versículos 16 y 17, dijo: Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. Usted puede apreciar que este es el principio. Y da resultado. Luego, continuó diciendo en los versículos 18 al 20 de ese mismo capítulo 17 del evangelio de Mateo: No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. Del corazón mana la vida, amigo oyente, y el corazón, nuestro ser interior, debe ser cambiado.

En el Antiguo Testamento, el rey Josías, uno de los pocos reyes buenos de la historia de Judá, llevó a cabo una masiva reforma religiosa, que encontramos relatada en los capítulos 22 y 23 del Segundo Libro de los Reyes. Aun cuando el rey Josías era incuestionablemente sincero, el profeta Jeremías veía que el retorno de la nación a los caminos de Dios, no lo era. La acusación de Jeremías fue convalidada después de la muerte de Josías, pues, los habitantes de Judá regresaron rápidamente a su conducta anterior, alejándose de Dios. Fue entonces cuando Dios, a través de este profeta, le dijo a Israel en el capítulo 2 de su libro, versículo 22: Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de Mi, dijo el Señor. Tenemos que admitir que todo el pecado, aunque nos parezca insignificante y pequeño, ante el Dios tres veces santo, es como basura nauseabunda.

¡Y, cuán cierto es eso, amigo oyente! Todos los jabones perfumados no pueden limpiar la mancha de nuestro pecado, y hacer que un corazón se convierta en limpio, aceptable ante Dios. Usted recuerda lo que Simón Pedro el apóstol, le dijo a Simón el mago: . . . tu corazón no es recto delante de Dios. (Hechos 8:21b) Dios demanda un corazón limpio, amigo oyente. El Apóstol Pablo en su epístola a los Efesios, capítulo 6, y versículo 6, dice: no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios. Y luego en la epístola a los Hebreos, capítulo 10, versículo 22, leemos: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Ahora, ¿cómo puede ser limpiado el corazón de un hombre que por su propia naturaleza tiene un corazón inmundo? ¿Qué se puede hacer? No, amigo oyente. Recuerdo un original cartel de propaganda de una lavandería, que decía: "Nosotros limpiamos de todo, menos la reputación". El escritor de los Proverbios formuló la siguiente pregunta: ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? (Proverbios 20:9) Bueno, Dios tiene la respuesta, Dios tiene la perfecta receta. Él dijo en Isaías, capítulo 1, versículo 18: Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Y el Apóstol Pedro escribió en su primera epístola, capítulo 1, versículos 18 y 19: sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación. Ahora, ¿qué puede lavar y limpiar mi pecado? Sólo, única y exclusivamente ¡la sangre de Jesucristo! Amigo oyente, aquí se nos declara uno de los grandes principios. Dios dijo: "La razón por la cual vosotros no habéis sido bendecidos es porque no se han acercado a Mí, lo han hecho con corazones y manos inmundas, y pensasteis que si comenzaban a hacer alguna obra, entonces, eso era aceptable para Mí. En el versículo 14 de este capítulo 2 de Hageo, leemos:

"Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice el Señor; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo."

¿Por qué? Bueno, ellos pensaban que con un corazón "humano", natural, sin arrepentimiento, sin regenerar, inmundo, podían hacer algo para Dios, y que sólo por hacer "algo", eso iba a agradar a Dios. Pues, no era así, en absoluto. Esa es la razón por la cual una persona que no se ha acercado a Dios como pecador, que pide perdón y pide ser limpiado por la sangre de Jesucristo, una persona incrédula, no puede hacer nada para ganarse la simpatía, el favor o la bendición de Dios. Continuamos en el versículo 15, y leemos:

"Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo del Señor."

En otras palabras, Él les dijo: "Desde este día en adelante, Yo los voy a bendecir. Pero hasta ahora no he podido hacerlo". Y agrega en los versículos 16 y 17:

"Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte. Os herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis a mí, dice el Señor."

Como podemos observar, amigo oyente, el corazón de ellos, el pueblo, no se había vuelto auténticamente, sinceramente hacia Dios, pero ahora sí habían recapacitado, se habían arrepentido y se habían vuelto hacia Dios. Y Dios dijo en los versículos 18 y 19:

"Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo del Señor; meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré."

Dios dijo: "Ahora que vuestro corazón es un corazón recto ante Mí, Yo os bendeciré. Pero la razón por la cual no habíais sido bendecidos antes, aunque habíais estado haciendo muchas cosas, es que vuestro corazón no era recto delante de Mi". Como podemos comprobar, estimado amigo oyente, todo aquello que habían hecho, aquellos que habían reedificado el templo, ahora también estaban llevando a cabo todas las ceremonias y ritos en el templo. Pero Dios les advirtió que todo eso no los salvaba; cuando Él los había enviado a la cautividad, ellos habían estado haciendo todas estas mismas cosas en el templo. Pero Dios les dijo: "A pesar de tanto trabajo, tantas obras, sin embargo, vuestro corazón no estaba bien ante Mi".

Estimado amigo oyente, podemos ser muy religiosos, asistir y participar fervorosamente en alguna iglesia cristiana, podemos formar parte de comisiones, juntas y comités que organizan actos benéficos, ser muy filantrópicos, y hasta quizá ser muy generosos en donativos y caridad, pero todo ello no nos hace ganar "puntos" ante Dios. A Dios no se le puede comprar de ninguna manera. Dios ve las intenciones del corazón, y sabe perfectamente que si buscamos su favor es para beneficio propio, o por el puro placer de agradarle, de honrarle, de reforzar nuestra comunión y nuestra intimidad con Él, el Dios Todopoderoso, Creador de cielos y tierra, el amante Padre Celestial, aquel que fervientemente desea que usted conozca el grandioso Plan que Él tiene para su vida. Pero, recuerde estimado amigo oyente, que sólo con desearlo, o estar en contacto con otros cristianos, o celebrar algunos ritos y ceremonias, nada de esto puede limpiar el corazón. Ahora, en el versículo 20 leemos:

"Vino por segunda vez palabra dl señor a Hageo, a los veinticuatro días del mismo mes, diciendo:"

Ahora, aquí tenemos una palabras de esperanza para el futuro. Tenemos una fecha muy precisa aquí: es el mismo día 24 de Diciembre. Pero, en los versículos 20 y 21 leemos:

"Vino por segunda vez palabra del Señor a Hageo, a los veinticuatro días del mismo mes, diciendo: Habla a Zorobabel gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra"

Este fue el mensaje para el gobernador civil, el hombre que figura y pertenece al linaje de David; ésta es una promesa personal que Dios le dirigió a él. Leamos el versículo 21 otra vez, y también el 22:

"Habla a Zorobabel gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano."

Dios hará temblar a todas las naciones. En otras palabras, Él va derrocar a todas las naciones. En aquellos días, en los días de los profetas, confiaban en los carros y caballos de guerra. Ahora, tenemos armas de destrucción mucho más sofisticados. Dios dijo que Él removerá todo esto. Ahora, en el versículo 23, leemos:

"En aquel día, dice el Señor de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice el Señor, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice el Señor de los ejércitos."

Ahora, un anillo de sellar es un sello que autentifica, rubrica y autoriza la firma de algún decreto o ley de parte de la autoridad competente, ya sea un rey, o un gobernador. Este hombre Zorobabel era parte de la familia y del linaje de David. El Mesías no vendría solamente a través de la rama de David, sino que iba a llegar también a través de Zorobabel. Es muy interesante leer la genealogía del Señor Jesucristo en los evangelios de Mateo, capítulo 1, y el de Lucas, capítulo 3, donde se encuentra mencionadas ambas genealogías, las del rey David y la Zorobabel, el gobernante. Ya sabemos que Dios cumplió también esta promesa.

Ahora, él dijo: En aquel día. Cuando leemos esta frase tan especial, sabemos que siempre se refiere a algo que ocurrirá en un futuro, que se refiere al día cuando el Señor Jesucristo regresará a esta Tierra, al final del período de la Gran Tribulación.

Este breve libro, amigo oyente, coloca al Señor Jesucristo en Su lugar, como el Gobernante moral, como el Gobernante civil, el Rey que gobernará sobre esta tierra algún día. Este libro es muy importante. De modo que, aquel insignificante y pequeño templo, que nada tenía que ver con el esplendor del templo de Salomón, tuvo un lugar y un propósito muy importante en la historia del pueblo de Israel.

Tenemos que recordar que para Dios las apariencias, no valen nada, ni las buenas obras, ni una actitud piadosa, ni un comportamiento muy cristiano. Dios ve el corazón, y Dios sabe cuánto de lo que hacemos realmente por amor a Él y por amor a los demás. 

Estudio bíblico de Hageo 2:10-13

Hageo 2:10-13

Como ya sabe, este libro se encuentra casi al final del Antiguo Testamento, que es la primera parte de La Biblia, la Palabra de Dios. Estamos en el capítulo 2 y hoy vamos a comenzar nuestro estudio en el versículo 10. Este es el cuarto mensaje que presentó el profeta Hageo.

Leamos el versículo 10 del capítulo 2 de Hageo:

"A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra del Señor por medio del profeta Hageo, diciendo:"

Los oyentes habituales que sigue regularmente nuestro estudio recordarán que el mensaje anterior del profeta Hageo, portavoz escogido por Dios, fue presentado al pueblo israelita en el mes séptimo, el día vigésimo, que era un día especial de fiesta, en el año 520 A.C. El mensaje que hoy nos ocupa fue presentado el 24 de diciembre del año 520 también A.C. La fecha proviene del registro que se llevó a cabo durante el reinado de Darío, un gobernante gentil. En ese tiempo Israel no tenía ningún rey, tanto en el trono de Israel, como tampoco en el de Judá. Continuemos ahora leyendo los versículos 11 hasta el 13 de este capítulo 2 de Hageo:

"Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: 12Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. 13Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será."

El 24 de diciembre del año 520 A.C. Hageo, el profeta fue a los sacerdotes y les hizo dos preguntas muy concretas que fueron: Si aquello que es santo toca algo que es inmundo, ¿cambiará lo inmundo en algo santo? La respuesta de los sacerdotes fue un "no" rotundo. La segunda pregunta fue: Si lo inmundo toma contacto con lo que es limpio y santo, ¿lo inmundo cambiará lo santo y limpio en algo inmundo? Y la respuesta fue "sí."

Estas dos preguntas son muy importantes, y por lo tanto vamos a detenernos y considerar algunas cuestiones de trasfondo que nos aclararán el sentido de las mismas. Veamos cuáles son las motivaciones que rodeaban a las preguntas del profeta. Existían muchos aspectos de las actividades diarias del pueblo de Israel que no estaban contempladas, ni legisladas en sus detalles, por la ley de Moisés. Es decir, que surgían ciertas situaciones complicadas, o tenían que afrontar problemas bastante difíciles que se les presentaban en la vida diaria, algunos muy complejos, cuyas soluciones no estaban incluidas en la ley de Moisés. Por lo tanto no había respuestas adecuadas, ni soluciones legales justas ya que las leyes promulgadas por el líder Moisés no incluía ciertos temas. ¿Cómo entonces funcionó Israel bajo la ley de Moisés, aún cuando no había ninguna ley específica que daba respuestas a cierta situación?

La respuesta se encontraba en la Palabra de Dios. Aun antes de que muriera Moisés, hubo un caso que ilustra muy bien esta cuestión. En el capítulo 27 del libro de Números, se habla de las hijas de Zelofehad. La ley de Moisés dictaminaba que cuando un hombre moría, su hijo heredaba sus posesiones. Pues, bien, esa ley no contemplaba la situación de las hijas. Zelofehad no había tenido ningún hijo, pero sí tuvo muchas hijas. Cuando él murió, sus hijas quedaban sin herencia porque la ley de Moisés no contemplaba ese tipo de situación. Se presentaron ante Moisés y le dijeron: Reconocemos que la ley dice que los hijos varones deben heredar, pero nuestro padre no tuvo ningún hijo. Nosotras somos mujeres. ¿Qué nos dice acerca de nuestra situación, ¿se perderá la herencia? Moisés respondió sabiamente: "tengo que consultar este tema con el Señor". Así es que fue y consultó con el Señor. Es muy interesante observar que el Señor estaba del lado de esas valientes jóvenes, porque Dios reconoció los derechos de igualdad para la mujer. Dios dijo: cuando se dio esta ley, Yo dije hijos; pero, eso implicaba a los hijos y a las hijas. Por tanto, las hijas de Zelofehad hablaron correctamente". Así es que se legisló una situación que no estaba contemplada en la ley, pero a partir de entonces en Israel ya no se excluía a las hijas como posibles herederas de los bienes de los padres.

Dios proveyó un protocolo adecuado para hacer justicia basada en Sus leyes y que fueron dadas a Moisés. Vamos a ver lo que establecía la ley de Moisés, porque también en los tiempos del profeta Hageo se presentaban situaciones muy similares a las que encontramos aquí en su libro profético; si surgía alguna cuestión que demandaba una respuesta legal y ésta no estaba contemplada en la Ley de Moisés, entonces se debía acudir a la presencia de los sacerdotes y requerirles a ellos un dictamen; la respuesta de los sacerdotes tenía toda la validez y autoridad comparable a las de la Ley de Moisés. En el libro de Deuteronomio, capítulo 17, versículos 8 al 9 leemos: Cuando alguna cosa te fuere difícil en el juicio, entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de derecho legal y otra, y entre una clase de herida y otra, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que el Señor tu Dios escogiere; y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y preguntarás; y ellos te enseñarán la sentencia del juicio.

Dios mismo escogió ese procedimiento para solventar los conflictos y problemas del pueblo de Israel. Continuamos leyendo los versículos 10 y 11 de ese capítulo 17 de Deuteronomio: Y harás según la sentencia que te indiquen los del lugar que el Señor escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifiesten. Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te declaren.

Por medio de sus palabras Dios quiso respaldar y confirmar que las sentencias dictadas por los sacerdotes tenían la misma validez que adquirían las leyes a partir de un veredicto, para casos específicos que traten con el mismo asunto. Ese era el método práctico de Dios.

En el texto que hoy estudiamos observamos que se presentó una situación similar. Había problemas específicos que no estaban contemplados directamente en la ley de Moisés, pero sí estaban incluidos los grandes principios morales, éticos y espirituales. Los sacerdotes, por lo tanto, tenían que conocer toda la Ley muy a fondo para poder juzgar con equidad y justicia. Cuando algo especial sucedía, algo que no estaba tipificado en la ley de Moisés, entonces la gente sabía que tenía que presentarse ante los sacerdotes y esperar la respuesta que tenía la validez de un veredicto. Suponemos que al pasar los años en la historia de esta nación, habrá habido más de una la ocasión cuando el pueblo tuvo que utilizar esta fórmula legal dada por Dios. Recordemos que el pueblo estuvo un largo período en cautividad; habían pasado setenta años en Babilonia, y sólo un pequeño remanente pudo regresar; Dios, para animar a su pueblo y mostrarle su gran amor, levantó a tres profetas que fueron sus portavoces. Estos profetas eran hombres completamente diferentes, de carácter y personalidad. Y el profeta que ahora estamos estudiando, Hageo, se destacó por su sentido práctico. Así fue como Dios envió a Hageo ante los sacerdotes para formularles dos preguntas sobre unos temas que no tenían un tratamiento específico dentro de la ley de Moisés.

Cuando el remanente del pueblo hebreo regresó, desplegaron entusiasmo y alegría para emprender las obras de reconstrucción y edificación. Pasaron quince años entre los escombros de Jerusalén, sitiados y observados por los enemigos que acampaban en las afueras de las murallas de la ciudad. Ese fue un pretexto añadido a su disculpa por no comenzar a edificar el templo. Se consolaban y justificaban a sí mismos porque habían perdido el sentido de la solidaridad; poco a poco se estaban hundiendo en la auto-satisfacción, acallando sus conciencias con el pretexto que: "No es todavía el tiempo de edificar la casa del Señor".

Fue entonces, cuando Hageo, enviado y portavoz del Señor les llevó a meditar sobre esa situación, y los animó a dar comienza a las obras de la casa de Dios. Ya mencionamos que algunos de las personas más ancianas, que habían visto el primer templo, comenzaron a llorar y a lamentar, diciendo: "Ese pequeño templo no vale nada". Pero la gente trabajó esforzadamente unos tres meses. Sin embargo, había un grupo de personas interesadas y calculadoras que no estaban participando con un buen espíritu y un corazón lleno de amor por Dios. Ese grupo de personas comenzaron a hacer reproches a Hageo, dominados por un espíritu egoísta. Dijeron a Hageo: "Tú nos dijiste que fuéramos a trabajar y construir el templo, y que Dios nos iba a bendecir. Nosotros hemos obedecido, pero Dios no está bendiciendo". De modo que, debido a esa situación tan delicada, Dios envió a Hageo ante los sacerdotes con esta doble pregunta, que fue en realidad una pregunta con un doble propósito. La primera pregunta que él hizo fue esta que encontramos en el versículo 12; leamos:

"Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No."

Lo que aquí se hace claro es que la santidad no se transfiere, ni se puede adquirir, no se "contagia", ni se puede absorber por ósmosis. La santidad no puede transmitirse a lo que es inmundo y sucio; algo que es limpio no puede ser transferido a algo que está sucio, inmundo, no funciona de esa manera. O sea que, la santidad no es se adquiere por contacto, ni por contagio. Un objeto que es santo no transfiere o no transmite virtud por medio de alguna conexión. Una persona santa no transmite virtud a otra persona. Veamos la aplicación de este concepto. Veamos lo que dice el versículo 17 de este capítulo 2 de Hageo:

"Os herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis a mí, dice el Señor."

Dios estaba diciéndole al pueblo que ellos no se volvieron genuinamente a Dios. Regresaron a su tierra, pero no regresaron a Dios. Ellos continuaron practicando ciertos ritos, ofrecían sacrificios y ofrendas, y esperaban que Dios les bendijera por esas actitudes tan pías en apariencia. Así es que, debemos reconocer que la fe, no es como una crema embellecedora, o un elegante vestido con el que podamos aparentar algo que no somos en realidad. Dios siempre escudriñará los rincones más recónditos de nuestro corazón.

Estimado amigo oyente, nosotros podemos nadar en aguas santas, pero eso no nos convertirá en santos. Usted puede practicar ciertos ritos, pero eso no lo va a cambiar. Usted puede ser bautizado en el agua, y puede estar sumergido por un largo tiempo, pero eso no es lo que le va a cambiar. A veces hacemos mucho énfasis en realizar ciertos ritos y costumbres, a prácticas que nos parecen importantes. No queremos que usted nos entienda mal, amigo oyente. Creemos que el bautismo es un acto de fe muy importante. Pero usted no va a adquirir la santidad, por medio del bautismo. Continuemos con la segunda pregunta. El versículo 13 de este capítulo 2 de Hageo, dice:

"Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será."

Aparentemente, los sacerdotes no conocían su ley en profundidad, porque Dios había hablado sobre este tema en particular en el capítulo 22 del libro de Levítico, versículos 4 al 6, que dice: Cualquier varón de la descendencia de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio. El que tocare cualquiera cosa de cadáveres, o el varón que hubiere tenido derramamiento de semen, o el varón que hubiere tocado cualquier reptil por el cual será inmundo, u hombre por el cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya; la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su cuerpo con agua.

Había una ley, pero ésta tenía una vigencia limitada de sólo un día. El tema de la pregunta tenía que ver con lo siguiente: ellos descubrieron que la inmundicia, lo sucio, lo manchado y vergonzoso sí se podía transferir; y que la impiedad podía extenderse. La inmundicia puede contagiar lo que es limpio y santo. Un corazón malo no puede hacer buenas obras. Una fuente de agua amarga no puede dar un líquido dulce y refrescante. No se puede recoger uvas de las espinas, ni higos de los abrojos.

Hay un silogismo en filosofía en el cual se comienza con cierta premisa. Hay una deducción mayor, una deducción menor, y una conclusión. Ahora, la deducción mayor es esta: "la santidad no es transmitida". La deducción menor es: "la inmundicia es transmitida". Ahora, ¿cuál es entonces la deducción de todo esto? Cuando lo santo y lo inmundo entran en contacto, ¿qué sucede? Bueno, ambos quedan contagiados y son inmundos. En el capítulo 3, versículo 12 de la epístola de Santiago, leemos: Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. Un acto, un rito, una ceremonia, no cambian el corazón del hombre; porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él - o sea - tal cual es el hombre. (Prov. 23:7). Una buena obra queda en realidad manchada cuando es realizada por un corazón malo. Ahora, Hageo estaba hablando de una ley ceremonial, pero amigo oyente, ese mismo pensamiento puede aplicarse a cualquier aspecto de la vida.

Permítanos mencionar algo aquí al terminar nuestro programa de hoy; vamos a terminar nuestras consideraciones sobre este pasaje bíblico dentro de unos instantes. En el mundo físico, o sea, en el mundo material, se puede ir a un laboratorio químico y tomar dos cubetas, una de ellas llena de agua limpia, la otra llena con el agua más sucia e inmunda que se pueda encontrar. Entonces, se puede echar un poco del agua limpia dentro de la cubeta del agua inmunda; ¿cuánta agua limpia tendremos que utilizar para que el agua sucia quede limpia? Bueno, sabemos que nunca obtendremos agua limpia por este método; el resultado será agua sucia, más transparente, pero jamás será limpia. También, si echamos una gota de esa agua inmunda en el agua limpia, inmediatamente, el agua limpia ha quedado contaminada.

Ahora, para comprender este concepto podemos mencionar otro ejemplo, en el área de la medicina. ¿Cómo se adquiere la enfermedad del sarampión? ¿Cómo se cura? ¿Acaso conoce a alguna madre que anima a su hijito a jugar con un amiguito enfermo de sarampión para que el suyo se contagie? ¿O se podrá curar alguien enfermo juntándose con una persona sana?

Bueno, lo mismo ocurre también en la esfera moral. Hemos hablado de la esfera material, la esfera médica, y la moral. En todas estas áreas, cuando algo limpio se acerca a algo sucio, o inmundo, lo sucio siempre transformará lo limpio en algo inmundo, o sucio.  

Estudio bíblico de Hageo 2:5-9

Hageo 2:5 - 9

  Hemos llegado al capítulo 2, y hoy comenzaremos con el versículo 5. Recordemos que el pueblo de Israel, al retornar a su tierra, se había olvidado de la promesa que en la cautividad había hecha a Dios; habían prometido reconstruir el Templo, la casa de Dios, que había sido destruida por los enemigos. Cuando el profeta Hageo, por mandato de Dios, reprochó al pueblo su olvido y su preocupación egoísta de construir y embellecer únicamente sus propias casas, la gente aceptó la reprimenda de Dios y se arrepintió. El pueblo recapacitó, y todos juntos emprendieron la tarea de edificar el Templo para Dios. En el programa anterior comentamos que los más ancianos estaban tristes, quejosos y muy molestos, porque ellos recordaban el esplendor y la magnificencia del primer templo construido por el rey Salomón. Al contemplar el desarrollo de las obras de la construcción todo les parecía pobre e insignificante. No se podía comparar la edificación del templo anterior, con esa otra obra. Pero Dios envió palabras de ánimo y aliento a través de Hageo a todos los sectores de la sociedad, para todas las personas, al líder político, el gobernante, al líder religioso, pero también para el pueblo llano. Pero, además de animarlos, Dios les dijo que debían esforzarse. Dios llegó aun más lejos, también les instó a que debían trabajar. Y para mostrarles que realmente Él, el Altísimo, el Todopoderoso, estaba pendiente de Su pueblo, les dijo: Porque yo estoy con vosotros, dice el Señor de los ejércitos. Vamos a continuar con el versículo 5. Leamos:

"Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis."

Ya habíamos mencionado que la presencia visible de Dios, la gloria de Dios, la Shekiná, se había alejado del primer templo, muchos años atrás. Creemos que podría haber ocurrido durante el reinado de Manasés, un rey malvado y corrupto. Es decir que, durante los últimos días del antiguo templo, éste no era más que un hermoso edificio, bien adornado, pero que en realidad ya no era un "templo", porque la presencia de Dios lo había abandonado. Pero ahora Dios les dijo: Mi espíritu estará en medio de vosotros. Dios les estaba indicando que, aunque este nuevo edificio no era espectacular, ni impresionante, sin embargo "Mi Espíritu estará con vosotros; estará entre ustedes. Así mi espíritu estará en medio de vosotros, no temáis.

Este pasaje bíblico nos revela algo muy importante; nos habla del ministerio del Espíritu Santo durante los tiempos del Antiguo Testamento, y del Nuevo Testamento. En aquella época, Él, el Espíritu Santo, estaba en el pueblo, entre el pueblo. Ahora, después de la ascensión de Jesucristo el Espíritu Santo mora en el creyente. Este es uno de los hermosos beneficios para el creyente en Cristo. Si ellos, el pueblo de Israel, no tenían ningún motivo para temer, porque el Espíritu de Dios estaba en su medio entonces, el hijo de Dios en el presente, tampoco debería temer. El Espíritu Santo mora "en" el creyente. Leamos los versículos 6 y 7 de este capítulo 2 de Hageo:

"Porque así dice el Señor de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos."

En primer lugar, debemos conocer y reconocer lo que Dios estaba diciendo, y cuál era su intención al mandar a decir estas palabras a Hageo. Dios estaba tratando de erradicar de sus mentes, de sus ojos y de sus corazones, aquello que era tan importante para la gente, sus problemas y situaciones próximas, tan limitadas en tiempo y espacio. Todos estaban tan centrados y ocupados con las pequeñeces de su vida, que se les escapaba lo mejor, es decir, habían olvidado que Dios tenía un plan para ellos, y que ellos eran parte del plan de Dios. A nosotros, con más conocimientos, nos resulta fácil leer sus historias y juzgarlos como gente de poca visión, con poco sentido de trascendencia; pero, también a nosotros nos ocurre lo mismo, nos cuesta mantener una perspectiva real y certera de nuestra vida como cristianos. Es como, por ejemplo, pegar nuestra nariz contra la ventana del presente, y no ver nada más allá. Podríamos compararlo con aquellas personas que ponen una pequeña moneda delante de un ojo, y con ello cubren el sol por entero. Bueno, la moneda es como el presente. Cubre o deberíamos decir, oculta el plan y propósito de Dios para nuestra vida. No nos deberíamos desanimar tan fácilmente cuando algunas situaciones no resulten como esperábamos. Debemos reconocer que Dios es soberano, y que para un hijo de Dios, "todas las cosas obran para bien" (Romanos 8, 28). Es decir, que muchas veces hay que confiar y esperar, porque el plan de Dios es perfecto, aunque el presente no nos parezca tan bueno, ni muy agradable.

Dios envió el mensaje que advertía que dentro de no mucho tiempo Él haría temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca. O sea que, Dios iba a actuar en juicio. Antes de concluir nuestro estudio de este corto libro de Hageo, veremos que Dios miró hacia el futuro y habló de la Gran Tribulación, el Día del Señor, y la venida, o regreso de Cristo a la Tierra, lo que será parte del Día del Señor, y el establecimiento del Templo, el templo del milenio.

El texto que tenemos ante nosotros es muy significativo. Dios dijo: llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos.

Recordemos que en ese sitio, en primer lugar, estuvo el primer templo de Salomón. Después se construyó allí el templo de Zorobabel, y cuando fue destruido por Herodes, este mismo rey edificó otro templo, al que se le dio su nombre, el templo de Herodes. El templo de Herodes era en realidad parte de este segundo templo. Cuando leemos que el Señor Jesucristo entró en el templo, era precisamente este templo de Herodes. Ese templo también fue destruido, aun antes de finalizar su construcción, por Tito y sus ejércitos romanos en el año 70 D. C. En este lugar no se edificó ningún otro templo hasta el presente. En realidad, sobre ese mismo lugar se encuentra ahora, luciendo su bella cúpula dorada, la mezquita de Omar. El mundo árabe nunca permitirá que sea quitada su mezquita, porque ese es uno de los más importantes lugares sagrados del Islam. Los musulmanes veneran este lugar. Pero, según la Palabra de Dios, en un futuro, allí será edificado el templo al que se le llamará "el templo del período de la Gran Tribulación". Y después de este templo, vendrá el último, es decir, que allí se encontrará el templo del Milenio.

Para Dios, estos diversos templos sin embargo representan tan sólo uno. Aunque fueron unas construcciones muy diferentes en su estructura y aspecto, para Dios sólo fue y será "Su casa", Su Templo. Esa es la razón por la que Dios le mandó a decir a Hageo: Y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos. El Altísimo, Él sacudirá y hará temblar a todas las naciones de la Tierra. Es difícil para nosotros creer que habrá más sacudidas, más temblores, de los que se han podido registrar en el siglo pasado. Tenemos que entender que aquí el profeta no sólo se refiere a los temblores naturales, los terremotos, los Tsunami o cualquier otro tipo de cataclismo producido por la naturaleza; se refiere a todo tipo de sacudidas y temblores, sociales, económicos, y también espirituales. El pasado siglo comenzó prácticamente con la primera guerra mundial. Ese terrible evento hizo temblar de angustia, terror, y mucho sufrimiento a todas las naciones del mundo, aunque muchos otros incidentes también sacudieron al mundo. Ocurrió una depresión a escala mundial, y una segunda guerra mundial. Después de esos trágicos eventos han habido otros muchos acontecimientos terribles sobre este planeta, incluyendo la complicada situación energética producida por el petróleo. Todos esos eventos han afectado y sacudido a la economía de las naciones. Pero, al estudiar la Palabra de Dios podemos deducir que todo lo anterior es una minucia comparada con "el sacudir y el temblor" que Dios provocará en un futuro que sólo Él conoce y determina. Dios dijo: Llenaré de gloria a esta casa. Creemos que la gloria de Dios, la Shekiná, vendrá con Cristo, cuando Él regrese por segunda vez a la Tierra. Creemos que esa es la interpretación correcta de la afirmación que Jesucristo hizo en el famoso discurso o "Sermón del Monte". Él dijo: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo. Y a continuación, en el siguiente versículo, Cristo habló de "la gloria del Señor". Volviendo ahora a libro de Hageo, en la primera parte del versículo 7, leemos:

"Ay haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones"

Desde el mismo comienzo de la primera iglesia cristiana, los comentaristas y estudiosos bíblicos interpretaron el título de "el deseado de todas las naciones", como una clara referencia a Cristo. Pero, ¿es Cristo "el deseado de todas las naciones"? Reconocemos que, para aquellos que esperamos el regreso de Cristo, este es un pensamiento que nos da esperanza y ánimo. En muchas partes del mundo las naciones anhelan encontrar a un líder fuerte y capaz de resolver los problemas casi "milagrosamente" y liderar al pueblo hacia una sociedad de bienestar que erradique los males que aquejan a este planeta Tierra. El escenario mundial está esperando a un personaje carismático, capaz de coordinar los esfuerzos de muchas naciones en pro de la paz, la protección del medio ambiental, la distribución justa de los recursos de este planeta que erradicaría el hambre de millones de seres humanos, etc. El mundo entero apoyaría a un personaje que libertaría, con sus promesas, trabajo y logros, a las naciones necesitadas. Según la Palabra de Dios, llegará ese día, pero será el Anticristo. El Anticristo, el Mesías de este mundo, el supuesto salvador de las naciones, a éste sí le aceptarán cuando él venga. No creemos que las naciones esperan el regreso del Señor Jesucristo, ni siquiera aquellas que ostentan "un notorio arraigo cristiano".

Este pasaje presenta de una manera muy clara al personaje a quién se está refiriendo. Volvamos a leer los versículos 7 y 8 de este capítulo 2 de Hageo:

"Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice el Señor de los ejércitos."

Ahora, ¿qué es lo que desean todas las naciones? Bueno, todas las naciones necesitan un respaldo económico, en reservas de oro, en recursos naturales, en fuentes de energía, etc. Ninguna nación tiene suficiente estabilidad económica, y muchas guerras se han llevado a cabo para ganar poder y obtener más recursos, "en oro y plata". En la construcción del primer templo se utilizó entre 5 a 20 millones de dólares, unos 3 a 18 millones de Euros, en metales preciosos de oro, plata y joyas. Al leer el relato en el libro de Reyes y en el libro de Crónicas, nos damos cuenta de que en su día, el rey Salomón había acaparado "el mercado del oro" de aquella época. Salomón tenía mucho oro, y éste fue utilizado para decorar el primer templo. Quizá usted recuerda la historia en la que ciertos embajadores llegaron a la corte del al rey Ezequías, y éste les mostró, orgulloso y ostentosamente, todo lo que tenía; imprudentemente mostró todas sus riquezas, los tesoros que habían pertenecido al primer templo de Salomón. A su regreso, estos embajadores informaron al rey Nabucodonosor de los asombrosos tesoros que habían visto en la corte de Exequias, y esa fue la razón por la cual Nabucodonosor estaba ansioso de conquistar y hacer suyo ese lugar. Al final de la lucha, el oro fue llevado a Babilonia.

Cuando se comenzó a reedificaron el templo, llamado el templo de Zorobabel, el pueblo no tenían oro, ni tampoco había plata, y por lo tanto, la decoración y los adornos eran muy sobrios y sencillos. Esa fue la razón principal por la cual algunos de los más ancianos estaban quejosos al recordar con nostalgia el maravilloso primer templo. Muchos de las personas más ancianas habían visto esta fantástica construcción, había adorado a Dios en sus atrios, y no podían olvidar el esplendor de las fiestas principales y todos los ritos y ceremonias tan significativas que entre esos muros habían celebrado. El Templo del pueblo de Israel era famoso, y todos se sentían orgullosos de su merecida fama y esplendor. La cruda realidad de la actual situación, de su pobreza y falta de medios, provocó una gran amargura, y mucho desconsuelo y tristeza entre los ancianos; con sus quejas y comentarios negativos llegaron a empañaron el ambiente festivo y alegre de los más jóvenes.

El mensaje que el profeta tenía de parte de Dios para el pueblo era claro: habrá una gloria mayor que la del oro y de la plata; Dios les prometió que en los días postreros, el templo volverá a ser adornado y embellecido. Leamos el versículo 9 de este capítulo 2 de Hageo:

"La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho el Señor de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos."

El profeta, como portavoz de Dios, recordó al pueblo que El era, es y siempre será el dueño de todo, y que con toda autoridad Él podía afirmar: mía es la plata, y mío es el oro. Habrá abundancia de estos metales preciosos para adornar la casa de Dios, y con toda seguridad el Templo del Milenio será verdaderamente hermoso. "La gloria postrera de esta casa, prometió el Señor, será mayor que la casa anterior, y será incluso superior a la casa que el rey Salomón construyó para Dios. Y Hageo, el portavoz de Dios continuó diciendo: y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos.

Para los turistas que tienen la oportunidad de visitar la ciudad de Jerusalén, visitar el lugar donde estuvieron ubicados los anteriores templos, es casi un punto obligado en su ruta turística. Sólo quedan del último templo las famosas Murallas de las Lamentaciones, un lugar sagrado para el pueblo judío. Dios ha prometido que en ese preciso lugar se logrará lo que las Naciones Unidas han intentado por muchos años, pero no han conseguido hasta ahora: un pacto de paz duradera. Cuando el Señor Jesucristo regrese a este planeta Tierra, Él traerá la PAZ. Las profecías nos describen un hermoso cuadro: Sus pies descansarán sobre el Monte de los Olivos, y cuando Él entre al lugar del Templo, entonces la verdadera paz vendrá a esta Tierra, porque Él es el Príncipe de Paz. De modo que la paz de la cual habló Hageo aquí en este pasaje significa finalmente eso. Creemos que ese es el significado, porque Cristo para cumplir la promesa que Dios hizo a Su pueblo en la ocasión de la construcción del templo, Seguramente, estimado oyente, recordará que los ángeles proclamaron a los pastores que descansaban junto a sus rebaños en los campos de Belén, que había nacido Aquel cuyo nacimiento traía "paz a los hombres de buena voluntad". Es decir, su venida traía paz a los hombres que tenían una correcta relación con Dios, que han reconocido y saben que sus pecados fueron perdonados. El Apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 5, versículo 1, escribió: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Pero, además, hay una paz especial para el corazón del creyente, "la paz que sobrepasa todo entendimiento". La primera vez que Jesucristo vino a la Tierra vino para traernos esa clase de paz. Pero, la próxima vez que Él regrese a nuestro planeta, traer la paz mundial; será la clase de paz que este mundo desea, necesita y persigue, y que, a pesar de todos los esfuerzos, no ha podido obtener hasta el presente. Regresando a nuestro pasaje, estas últimas palabras del profeta Hageo se refieren al futuro, a los días finales, cuando se establezca el reino milenario sobre la Tierra. Por lo tanto, el significado del mensaje era que el pueblo debía mirar a ese templo que estaban construyendo, pero con la perspectiva del propósito final de Dios.

Y así es como nosotros también deberíamos mirar y contemplar las circunstancias que nos rodean, estimado oyente. Deberíamos evaluar y contrastar todas las situaciones de nuestra vida a la luz de la eternidad. Deberíamos observarlas a la luz de los propósitos que Dios tiene para usted y para mí.

Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? nos recuerda la Escritura. No permitamos que las circunstancias presentes nos aplasten y derroten. No debemos dejar que, por más difícil o casi insuperable que nos parezcan las circunstancias de nuestra vida, se adueñe de nosotros ese pensamiento de derrota, desaliento y fracaso.

Cuando el profeta Hageo escribió en el versículo 8: mía es la plata y mío es el oro, él estaba hablando de tesoros materiales, de bienes materiales. Él no estaba hablando de Cristo como si Él fuera el deseo de todas las naciones, sino que estaba hablando de la gloria postrera de la casa de Dios, el Templo.

Estimado amigo oyente: usted y yo podemos ejercitarnos y aprender a ver las circunstancias como Dios las ve. Hay una historia verídica de un predicador escocés que presentó su renuncia en su iglesia al final del año, y la junta de responsables le preguntó el motivo. El predicador contestó: "Bueno, no he tenido mucho éxito con mis sermones este año; solamente el niño Bobby Moffet ha aceptado a Jesucristo como su Salvador". Este predicador que creyó que había fracasado como líder espiritual y como predicador del Evangelio, no podía imaginarse que ese niño de corta edad iba a llegar a ser un gran misionero en África, y que probablemente hizo mucho más que el famoso David Livingston en abrir el continente de África a las misiones cristianas. Para Dios la vida y la obra de ese predicador no fueron ningún fracaso. Los planes y proyectos de Dios no siempre nos son conocidos, pero podemos aprender a confiar en que Él siempre buscará el bien de Sus hijos, aunque algunas veces nos cueste aceptar Sus métodos.