lunes, 11 de mayo de 2015

Estudio bíblico de Habacuc 1:12-17

En estos versículos Dios le estaba diciendo a Habacuc que aunque el profeta Dios no estaba haciendo nada ante el pecado de su pueblo, que Él estaba preparando a una nación, allá en las márgenes del río Éufrates, y también le dijo que si Su pueblo, el pueblo de Judá, no se arrepentía, permitiría que los Babilonios siguieran sus propios planes de conquista. Y, tal como fue predicho, ellos llegarían y el registro histórico nos informa que la destrucción de Jerusalén fue encarnizada y terrible. Algunas de las acciones que cometieron con los sobrevivientes del pueblo de Judá cuando los condujeron al cautiverio, fueron tan horribles que casi superan cualquier descripción.

Ahora llegamos a otro párrafo que hemos titulado:

El segundo problema del profeta

Ahora bien, cuando Dios le dijo al profeta que iba a usar a los Babilonios para castigar a su propio pueblo, otra pregunta surgió en la mente de Habacuc. Si consideramos que antes él tenía una pregunta importante, veremos que entonces, él tuvo otra de no menor importancia. Leamos el versículo 12 de este primer capítulo de Habacuc:

"¿No eres tú desde el principio, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar."

Éste era el nuevo problema de Habacuc. Teniendo en cuenta que los Babilonios eran un pueblo aún más malvado que el pueblo de Judá, ¿por qué escogería Dios a una nación más malvada para castigar a una nación que, comparativamente hablando, era menos malvada? Pero ésta no fue la única ocasión en que Dios utilizó este método. Recordemos que en el libro del profeta Isaías, capítulo 10:5, los Asirios fueron llamados por Dios la vara y bastón de mi furor. En otras palabras, Dios había usado al imperio de Asiria como un látigo para castigar al reino del norte de Israel. Pero después de que Él utilizó a Asiria para ejecutar su juicio sobre Israel, Dios castigó a Asiria por sus propios pecados.

Así que encontramos en este pasaje de Habacuc la misma situación. Dios iba a usar a una nación perversa como Babilonia para castigar a Su pueblo. Cuando Su juicio terminara, juzgaría al Imperio de Babilonia, como efectivamente hizo. Es que Dios ha intervenido en los asuntos humanos, y continúa haciéndolo.

Quizás Habacuc, en el versículo 12 de este primer capítulo nos da a entender que el profeta creía que Dios iba a actuar en sentido contrario, es decir, que usaría a Judá, Su pueblo, para castigar a sus enemigos de Babilonia.

Escuchemos la queja elocuente de Habacuc: "¿No eres tú desde el principio, oh Señor, Dios mío, Santo mío?" Dios ha surgido de la eternidad, es el Dios eterno. La frase "Dios mío, Santo mío" es especialmente significativa. Es como si el profeta hubiera dicho, "Tú eres un Dios Santo, ¿cómo puedes usar a una nación como Babilonia? Nos ha llegado la noticia de que una gran nación está levantándose en las riberas del río Éufrates, pero nunca pensamos que usarías a ese pueblo. Ellos se han portado amistosamente con nosotros". El profeta estaba recordando, sin duda, que cuando el rey Ezequías estaba enfermo, ellos habían enviado embajadores ante él y Ezequías, a su vez, recibió la visita con todos los honores y les mostró todas las riquezas del reino. Por supuesto, como era de esperar, los embajadores extranjeros tomaron debida nota de ello y regresarían un día para apropiarse del oro. Pero Habacuc no fue consciente de ello. Nunca imaginó que Dios utilizaría a Babilonia para castigar al reino de Judá. No podía entender cómo Dios usaría semejante método.

Entonces vemos que aquí, en el versículo 12 dijo "No moriremos". Él estaba en lo cierto al pronunciar estas palabras, porque recordó las promesas de Dios a Abraham, a Isaac y a Jacob. Dios había hecho promesas a Moisés, a Josué, y al rey David. Había hecho también promesas a los profetas que habían aparecido en la escena histórica antes que Habacuc. Dios había dicho que nunca permitiría que la nación pereciera. Por todo ello, dijo con convicción "No moriremos".

Y de paso, digamos que ésta es una buena expresión para hacer reflexionar a aquellos amigos nuestros que creen que Dios ha terminado su relación con la nación de Israel. Dios no ha terminado sus tratos con ellos; tiene un propósito eterno para ellos tal como lo tiene con la iglesia que Él está llamando hoy de este mundo. Y gracias a Dios que el hijo de Dios, el creyente, puede decir: "No moriremos". Ahora, el Señor Jesucristo vino a este mundo para morir; Él dijo que lo hizo para morir en su lugar y en el mío, amigo oyente. Él dijo: "Yo soy la resurrección y la vida". (Juan 11:25) y, efectivamente, regresó de entre los muertos. Como dijo el apóstol Pablo en Romanos 4:25, Él fue herido por nuestras rebeliones, resucitado para nuestra justificación. Y el Señor Jesús pudo decir a las hermanas de Lázaro, que lloraban su muerte, "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, (pensemos bien en esta frase) vivirá". (Juan 11:25-26). Y continuó el Señor diciéndole a Marta, en aquella ocasión: "Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?" Por ello, cuando el profeta Habacuc dijo "No moriremos" tenía razón. No morirían. Y en las palabras de Jesús a Marta y María, hermanas de Lázaro, encontramos el mensaje del Evangelio. Es una verdad para que usted y yo la creamos. Por supuesto que algún día vamos a morir, pero la gran pregunta que cada persona debe hacerse es: ¿Está usted espiritualmente muerto ahora? Y si así fuera, permanecería muerto por sus transgresiones y pecados por toda la eternidad, lo cual significa y ello significará una separación eterna de Dios. Dios, es un Dios Santo, y Él no va a permitir la presencia del pecado en el cielo. Pero ha prometido que si confiamos en Su Hijo, nos dará la vida eterna. Dios nos está diciendo que si usted cree que es un pecador, que no merece la salvación ni puede esforzarse para obtenerla por sí mismo, Él se la ofrece como un regalo, porque por su Gracia usted sí puede ser salvo. Entonces recibirá la vida eterna. Porque todo aquel que tenga al Hijo de Dios, tiene la vida. Amigo oyente, ¿tiene usted hoy al Hijo en su vida? Si lo tiene, usted tiene la vida eterna y no morirá espiritualmente por la eternidad.

Ahora bien, cuando Habacuc le dijo a Dios "No moriremos" estaba en lo cierto, sólo que no podía comprender, como nosotros tampoco podemos, algunas de las actuaciones de Dios en el mundo. Anteriormente, Dios le había dicho a Habacuc, que necesitaba tener una perspectiva más amplia acerca de lo que estaba ocurriendo. Y nosotros tenemos una gran ventaja en la actualidad, porque tenemos detrás de nosotros la perspectiva de la historia. Podemos remontarnos hacia atrás a los días de Habacuc, e incluso hasta el mismo principio de la familia humana. Tenemos una perspectiva apropiada de los acciones de Dios en las naciones de este mundo, y de las acciones de Dios con la nación de Israel. Y también tengamos presente la relación que Él tiene con Su iglesia en el mundo.

Dios actúa de una manera misteriosa para realizar Sus milagros en el mundo. En este sentido, por boca del profeta Isaías, capítulo 55, versículos 8 y 9, nos dice: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos".

Así es que, amigo oyente, usted no debe preocuparse si no está pensando de la misma forma en que Dios piensa. Usted no es Dios. Desgraciadamente muchas personas tratan de ocupar Su lugar. Están tratando de trabajar y esforzarse para obtener su propia salvación, pensando que su carácter, sus buenas obras les harán merecer la salvación. Creen que Dios, al tener en cuenta lo que se hayan esforzado aquí en la tierra, los felicitará franqueándoles la entrada al cielo. Sin embargo, tales personas no habrán podido modificar por sí mismas su propia naturaleza pecaminosa y continuarán corrompidos por el pecado, marginados de la vida de Dios, y sin ninguna capacidad para relacionarse con Dios. Si usted quiere acercarse a Dios el Padre, tendrá que dirigirse a Él por el camino que Él ha establecido; de otra manera, no logrará llegar hasta Él. Amigo oyente, tenemos que reconocer esta verdad tan claramente enseñada en la Biblia. En vez de culpar a los factores externos por nuestra situación espiritual, factores tales como los problemas del país, los problemas de la iglesia, los conflictos en la sociedad y en el hogar, deberíamos caer sobre nuestras rodillas en oración ante Dios para confesar nuestros propios pecados. Después de todo, somos cada uno de nosotros, individualmente, los que tenemos necesidad de arreglar nuestras cuentas con Dios.

Ésta era, pues, la situación en que se encontraba la nación de Judá (o reino del sur de Israel) en los días del profeta Habacuc cuando él pronunció aquella frase, "No moriremos".

Ahora, aquí continuó diciendo Habacuc en este mismo versículo 12: "Oh, Señor, para juicio lo pusiste. Y tú, Roca, lo estableciste para castigar". Aquí el profeta estaba señalando con su dedo a Babilonia. De pronto, él debió verse en el grupo de los buenos, frente al de los malvados, a los enemigos, a quienes correspondía castigar. A nosotros, nos parece que siempre nuestro lado es el que tiene la razón, y que es donde están los buenos.

"Y Tú, oh Roca, lo fundaste para castigar", en otras palabras, "los has puesto para ejecutar tu castigo". Es como si le estuviera diciendo a Dios, "Señor, después de todo los malvados no somos nosotros, sino ellos. A quienes tendrías que juzgar y castigar". En esos momentos, ¿se habría olvidado que él se había dirigido al Señor preocupado porque Él no hiciera algo acerca del mal que aquejaba a su propio pueblo Judá? Habacuc había señalado correctamente que su propia gente estaba haciendo alarde de la ley, pero ignorantes acerca de ella, no prestando atención a los mandamientos de Dios. El profeta había acusado a Dios por no haber hecho nada para remediar esta situación. ¿Acaso ya se había olvidado de ello?

Ahora aquí tenemos el argumento de Habacuc. Leamos la primera parte del versículo 13 de este primer capítulo de su libro:

"Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio"

Esto es cierto, un Dios Santo no puede contemplar el mal ni contemplar el sufrimiento. Éste es precisamente el motivo por el cual nadie podrá entrar al cielo cargando con sus propios pecados. Ésta es la razón por la que todos necesitamos ser perdonados de nuestros pecados. Todos necesitamos el poder limpiador, purificador de la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Necesitamos recibir una nueva naturaleza. Tenemos que nacer de nuevo espiritualmente. Recordemos a Nicodemo, aquel personaje que encontramos en el evangelio de Juan, que era un hombre muy religioso, incluso a él el Señor le dijo que necesitaba nacer de nuevo y recibir una nueva naturaleza. La religión no puede quitar ni lavar el pecado. Es la sangre del Señor Jesucristo, que murió y resucitó lo que limpiará nuestros pecados. Así que hemos visto que Dios no puede contemplar la maldad ni nunca lo hará. Es por ello que, amigo oyente, para usted no habrá una entrada al cielo hasta que se haya solucionado el problema de su pecado.

Es que cuando Dios le perdona a usted, este perdón se debe a que la pena correspondiente a su pecado ya ha sido pagada por Su hijo. Algunos parecen tener la idea enormemente distorsionada de que Dios es un anciano caballero sentimental, que no tendría el valor como para castigar al ser humano aquí en la tierra. Pero no olvidemos la imagen que la Biblia nos presenta, de un Dios Santo, que no tolera la presencia de la maldad. Su pecado, amigo oyente, tendrá que ser confesado y perdonado antes de que usted pueda ser aceptado por Él para entrar en la familia de Dios. Después, el profeta dijo, leyendo la primera parte y añadiendo ahora la segunda parte de este versículo 13:

"Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué, pues, ves a los criminales?"

Fue como si el profeta le hubiera dicho a Dios: "¡No puedes confiar en los Babilonios. Son unos pecadores y una banda de criminales!" Y tenía razón, por cierto que lo eran. Pero Dios iba a utilizarlos para cumplir sus propósitos.

Para algunos de nosotros puede resultar aterrador, pero no deberíamos desechar la idea de que, en Su soberanía, Dios podría usar a una nación pagana para castigar a otra nación, tal como lo hizo en los tiempos Bíblicos. Porque Él está actuando entre las naciones del mundo de maneras muy variadas e interesantes, y por ello a veces resulta apasionante estar enterados de todo lo que está sucediendo en esta tierra. El futuro seguramente nos preocupa ante los pronósticos actuales de lo que pudiera suceder, pero Dios continúa llevando adelante su plan y está al control de la situación. Aunque a veces no lo parezca, nada queda fuera de su control. Él aún se encuentra dirigiendo este vasto universo.

Y en la tercera parte de este versículo 13 añadió el profeta:

¿por qué, pues ves a los criminales y callas cuando destruye el impío al que es más justo que él?

Aquí Habacuc, al expresarse de esta manera, se equivocó. No puede uno referirse a nadie que sea más justo que otro al que se califica como impío. La Biblia declara enfáticamente que nadie es justo. El profeta podría haber dicho que los babilonios eran más pecadores que él. Pero, de todas formas, Dios no había dicho que iba a ejecutar su castigo en base a esos razonamientos. Ya había decidido usar a Babilonia para castigar a Su pueblo.

Este pasaje nos conduce a uno las secciones más elocuentes de la Palabra de Dios. Leamos entonces los versículos 14 hasta el 16 de este primer capítulo de Habacuc:

"Y tratas a los hombres como a peces del mar, como reptiles que no tienen dueño? A todos los pesca con anzuelo, los recoge con su red, y los junta en sus mallas; por lo cual se alegra y se regocija. Por esto hace sacrificios a su red, y quema incienso en sus mallas; porque gracias a ellas su porción es abundante y sabrosa su comida."

Dijo en la primera frase, "y tratas a los hombres como a peces del mar, como reptiles que no tienen dueño". Aquí se estaba refiriendo a la crueldad con que los babilonios trataban a sus enemigos, es decir, como a peces del mar o reptiles en tierra, donde no podían defenderse.

Ahora, anzuelo, la red y las mallas, mencionados en el versículo 15, representaban a los ejércitos y a las armas utilizadas por los Babilonios para llevar a cabo sus conquistas militares.

Dios usó la pesca como una figura del lenguaje, pero Él pesca a los seres humanos para salvarlos, no para destruirlos. Recordemos lo que el Señor Jesús les dijo a algunos de sus propios discípulos que eran pescadores: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres" (Como podemos leer en Mateo 4:19). En otras palabras, "habéis estado pescando peces y es un buen trabajo. Pero ahora os voy a encargar la tarea de pescar personas". Y eso, estimado oyente, es lo que pretendemos hacer cumpliendo el mandato de Dios al ir por todo el mundo predicando el Evangelio.

En el versículo 16 dijo el profeta: "Por esto hace sacrificios a su red, y quema incienso en sus mallas". Es que los Babilonios eran paganos, por supuesto, y no le atribuían a Dios ningún mérito por sus éxitos. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 17 de este primer capítulo de Habacuc:

"¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones continuamente?"

Aquí Habacuc le estaba preguntando a Dios: "¿Les vas a permitir que en el futuro continúen destruyendo pueblo tras pueblo?" La respuesta de Dios fue: "No. Voy a enviar al reino de Judá al cautiverio en Babilonia como un castigo, como un juicio por sus pecados, pero después juzgaré a Babilonia". Y eso fue exactamente lo que Dios haría. Como resultado, Babilonia en la actualidad yace bajo el polvo y escombros de los siglos, constituyendo un testimonio silencioso, aunque elocuente, de cómo Dios juzga al mal.

Ahora traduzcamos esta pregunta de Habacuc al tiempo en que vivimos: "¿Por qué permite Dios el mal?" Bueno, lo permite porque es paciente. Él no quiere que nadie perezca, y ha provisto una cruz, un Salvador crucificado, para que nadie tenga que perecer. Y lo hizo en su primera venida a este mundo.

La segunda pregunta de Habacuc fue: "¿Por qué Dios no juzga a los malvados?" Dios respondería que lo haría en la segunda venida de Cristo, porque en aquel tiempo Él juzgará al pecado. Así que todo lo que necesitamos es una perspectiva adecuada para estas dos preguntas. Cristo vino la primera vez para llevar sobre su cabeza una corona de espinas y para morir en una cruz. La próxima vez que venga, Él llevará una corona de gloria y tendrá en su mano el cetro para gobernar el mundo.

Y haciendo una aplicación aún más personal de este tema, diremos que frecuentemente solemos preguntarnos: "¿Por qué permite Dios que esta prueba me ocurra a mi?" Yo no puedo saber cuál es la respuesta específica para usted, pero Dios seguramente tiene esa respuesta.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contaba que cuando su padre murió, él era un joven de 14 años, y se encontraba llorando junto a su tumba. Había muerto en un grave accidente. Después que el servicio religioso terminó y los asistentes al entierro se retiraron, volvió en su bicicleta para permanecer junto a la tumba para llorar y preguntarle a Dios: "¿Oh Dios, por qué te lo llevaste?" Después de esta escena fue transcurriendo el tiempo y con el paso de los años él encontró una respuesta para aquella lamentable desgracia y fue consciente de que lo sucedido había sido el método que Dios había usado para tratar e inspirar a un joven que, de otra manera, nunca se habría dedicado al ministerio cristiano.

Después de todo, ¿qué derecho tenemos a cuestionar a nuestro Creador? ¿Qué derecho tiene un pequeño ser humano para enfrentarse con su mirada al cielo y decirle a Dios "por qué haces esto"? En primer lugar, no es asunto nuestro sino de Dios. Éste es Su universo y Él lo está conduciendo como le agrada o lo ve más conveniente de cara a sus propósitos para la humanidad, en esta vida, y en la vida eterna. Todo lo que se nos pide, es que confiemos en Él.

Estudio bíblico de Habacuc 1:5-12

En nuestro tiempo, pocas personas creen realmente en un juicio de Dios. Algunas de ellas creen lo mismo que Habacuc sintió cuando vio a su nación empeorando cada vez más hasta que el pecado fue flagrante y parecía que Dios no estaba haciendo nada para evitarlo. Amigo oyente, ¿no ha creído usted lo mismo ante las condiciones que se presentan en el panorama de la actualidad? ¿Está Dios haciendo algo al respecto? Un análisis superficial llevaría a la conclusión de que parece que no lo estuviera haciendo.

El profeta Habacuc era un hombre con un corazón tierno, sensible, que detestaba ver como la ilegalidad se generalizaba impunemente. Le desagradaba profundamente ver a la gente inocente que era amenazada, explotada y destruida. Y al dirigirse a Dios se preguntaba: ¿Por qué no estás haciendo nada para evitar esta situación degradante e injusta?

Bien, veremos que Dios tenía una respuesta para el profeta y, amigo oyente, si ésta es también su pregunta, Él también tiene una respuesta para usted. Leamos el versículo 5 de este primer capítulo de Habacuc, que encabeza un párrafo titulado:

La respuesta de Dios

"Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis."

Aquí vemos que Dios estaba desafiando a Habacuc para que abriera sus ojos y mirase a su alrededor, para tener una perspectiva general de lo que Él estaba realizando. Se estaba presentando una gran crisis después de otra. En el norte, el gran Imperio Asirio había sido conquistado, y la ciudad de Nínive, su capital, había sido destruida. En las orillas del río Éufrates estaba surgiendo un reino que ya había logrado una victoria sobre Egipto en Karkemish. El rey Nabucodonosor había resultado vencedor y estaba consiguiendo que la ciudad de Babilonia empezara a destacarse como un poder mundial. Dios, en realidad le estaba diciendo a Habacuc: "¡Mira a las naciones! ¿Piensas que no estoy haciendo nada? Yo no estoy contemplando al mundo desde una perspectiva lejana. Estoy muy implicado en lo que está ocurriendo". Dios está implicado hasta el punto de que no está sujeto al problema y tenga que realizar ciertos ajustes obligados por la situación. Dios está actuando de una forma soberana en el universo. Él está haciendo algo acerca del pecado. En las palabras de otra versión, le estaba diciendo: "¡Mirad a las naciones! ¡Contempladlas y quedad asombrados!"

Y continuó diciendo en el versículo 5 de este primer capítulo: "porque haré una obra en vuestros días, que, aun cuando se os contara, no la creeríais". Dios le estaba diciendo al profeta que cuando le dijera lo que estaba llevando a cabo, le iba a resultar difícil creerlo. En efecto, cuando Habacuc fuera consciente de lo que Dios estaba haciendo, le iba a pedir que retrasara su acción.

Repitamos le última frase de este versículo: "porque haré una obra en vuestros días, que, aun cuando se os contara, no la creeríais". Esta frase fue citada por el apóstol Pablo en el gran sermón que pronunció en la ciudad de Antioquia de Pisidia. Siempre hemos creído que éste fue uno de los sermones más importantes predicado por Pablo que, sin embargo, no ha sido objeto de mucha atención en nuestros días. Está registrado en el Nuevo Testamento, en el libro de Los Hechos. Leamos estas palabras del capítulo 13 de este libro, desde el versículo 38 hasta el 41: "38Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree. 40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, burladores, asombraos y desapareced, porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la cuenta". Como podemos ver, el apóstol Pablo estaba citando del profeta Habacuc, concretamente, de este capítulo 1:5. Esta cita constituyó una sorprendente aplicación de este versículo. Pablo estaba diciendo que Dios había provisto una salvación, y como Pablo dijo en otro pasaje de su obra, no la había llevado a cabo en u rincón escondido, el momento de su crucifixión, porque judíos procedentes de todo el mundo se encontraban en la ciudad de Jerusalén para celebrar la Pascua. Ellos difundieron la noticia de que Jesús de Nazaret había muerto en una cruz, y que se rumoreaba que había resucitado de los muertos. También, judíos de todo el mundo se encontraban en Jerusalén para celebrar la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre un pequeño grupo de creyentes. Multitudes de personas fueron salvadas en aquel momento en y en los días subsiguientes. Cuando dichas noticias fueron difundidas, al principio, el Imperio Romano no les hizo caso. Así que Pablo les estaba diciendo a sus lectores que Dios había realizado una obra en sus propios días, en el lenguaje Bíblico expresado en la frase de este versículo 5, obra que no creeréis si alguien os la cuenta.

En nuestra generación el mundo pregunta: "¿Por qué no hace Dios algo acerca del problema del pecado, acerca de la maldad humana?" Estimado oyente, tenemos que decir que Dios, efectivamente, ha hecho algo en cuanto a ese problema. Hace más de dos mil años Él entregó a Su Hijo a la muerte; Él se entrometió en los asunto de este mundo. Y dijo que iba a inmiscuirse otra vez en las cuestiones mundiales, aunque hoy en día el mundo, en general, se esfuerza por ver el lado positivo de la situación actual e intenta pasarlo bien implicándose en el pecado y la maldad. Pero lo importante es que seamos conscientes de que Dios está actuando. Así que podemos decir que la cita que el apóstol Pablo hizo de Habacuc capítulo 1:5, fue muy acertada y oportuna.

En los días del profeta Habacuc, Dios estaba actuando. A pesar de la ilegalidad que predominaba, de las guerras y el pecado que controlaba a aquellas naciones, Dios estaba mostrando Su rechazo ante esa situación y llevando a cabo su juicio, su castigo.

Dios fue específico al señalar lo que estaba haciendo. Leamos el versículo 6 de este primer capítulo del libro de Habacuc:

"Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas."

Fue como si Dios le estuviera diciendo a Habacuc: "Mira a tu alrededor. Allí a orillas del río Éufrates, está surgiendo una nación que se convertirá en la primera potencia mundial". (Con respecto a este dato, podemos ver que en el libro el profeta Daniel, Babilonia estaba simbolizada en la cabeza de oro de una estatua, y en el león de las visiones de Daniel). Babilonia era entonces la primera nación en el desfile histórico de las naciones del mundo.

También añadió este versículo la siguiente frase: "que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas". De esta manera Dios le estaba diciendo a Habacuc que los soldados de Babilonia les iban a arrebatar las tierras al pueblo de Judá (o reino del sur). Estas predicciones le causaron al profeta un gran impacto.

Y el versículo 6 finalizó con la siguiente descripción: "nación cruel y presurosa". Esta observación fue una descripción muy apropiada del Imperio de Babilonia. Aquella nación era implacable, odiosa e impulsiva en su avance hacia la conquista del poder mundial. En realidad, aquel ejército tomó la ciudad de Jerusalén en tres ocasiones, y en la tercera, los soldados la incendiaron completamente. Los Babilonios se consideraban a sí mismos como una personificación de la ley. Creían ser una raza superior, la raza dominante, y no reconocían a nadie como igual o similar a ellos. Continuemos leyendo el versículo 7:

"Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y dignidad."

Observemos la frase: "de ella misma procede su justicia y dignidad". Es decir, que confiaban en ellos mismos. Y esa confianza los convertía en personas presuntuosas, que se jactaban de sus propias fuerzas y su justicia. Estas supuestas cualidades serían evidentes en el rey Nabucodonosor, que fue el verdadero fundador de aquel gran Imperio. En el libro de Daniel leímos que Nabucodonosor sufrió una especie de demencia, de egotismo, llamado "histeria" por la psiquiatría actual. Era una forma de psicosis maníaco- depresiva. Y llegaría el tiempo en el que ni siquiera sabría quien era. En realidad, salió de su entorno del palacio dirigiéndose al campo para comer hierba, como si fuera un animal. Leamos ahora el versículo 8 de este primer capítulo de Habacuc:

"Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar."

¡Qué panorama el que tenemos aquí, amigo oyente! De paso, digamos que los Babilonios probablemente utilizaban la caballería más que cualquier otra nación. Seguramente usted recordará que los Egipcios utilizaban carros de guerra. En cuanto a los Asirios, ellos construyeron los últimos modelos de carros de combate. Después llegaron los Babilonios y utilizaron un método nuevo, que fue la caballería.

El versículo 8 continuó describiéndolos como más feroces que lobos nocturnos. El profesor McGee, hablando con cazadores, se enteró que éstos habían observado que después de caer una nevada, tenían que ser muy cuidadosos al encontrarse en espacios abiertos al aire libre. Si aparecía un grupo de lobos, era necesario abatir a uno de ellos. Entonces, cuando su sangre comenzaba a ser visible, el grupo de lobos se acercaba al lobo herido para devorarlo, ocasión que aprovechaban los cazadores para huir.

Y este versículo terminó diciendo: "y volarán como águilas que se apresuran a devorar". El ejército de Babilonia se acercaría como un grupo de animales hambrientos o de aves feroces para abalanzarse sobre sus presas. Éste fue, pues, el comportamiento histórico de los Caldeos, de los Babilonios. Leamos el versículo 9 de este primer capítulo de Habacuc:

"Toda ella acude a la violencia; el terror va delante de ella, y recoge cautivos como arena."

El versículo comenzó diciendo: "Toda ella vendrá a su presa; el terror va delante de ella". El pueblo de Dios había estado actuado con violencia, pero aún no habían visto todo ni lo sufrirían en carne propia hasta que llegaran los Babilonios. Dios los haría vivir una buena dosis de violencia. Porque el pueblo de Dios sufriría las consecuencias, es decir, que recogería lo que había sembrado, cumpliéndose así la sentencia del apóstol Pablo cuando escribió, en su carta a los Gálatas 6:7; "todo lo que el hombre siembre, esto también segará".

Otra traducción en castellano incluyó en el versículo 9 la frase "la muchedumbre de sus rostros está fija hacia delante"; otra tradujo "su horda de rostros avanza". En ambas traducciones la frase pretende explicar que el enemigo sería formidable e irresistible en su avance.

El versículo 9 finaliza diciendo: "y recoge cautivos como arena". El rey Nabucodonosor condujo a su ejército contra Jerusalén en tres ocasiones. En el último ataque, incendió la ciudad, incluyendo al templo, y se llevó a los sobrevivientes como cautivos. Los Babilonios tenían sólo un propósito en su mente, y éste era capturar al mayor número posible de naciones y pueblos que les fuera posible para convertirlos en esclavos. Así que esto fue lo que finalmente le sucedió al pueblo del reino de Judá, también llamado reino del sur. Y ahora continuamos leyendo el versículo 10:

"Se mofa de los reyes, y de los príncipes hace burla; se ríe de las fortalezas, levanta terraplenes y las toma."

Aquí vemos como ridiculizaban a los reyes, se burlaban de los gobernantes y se reían de toda ciudad amurallada. Tenían confianza en sus propias fuerzas y el poder de sus dioses paganos. Y con la misma arrogancia que habían demostrado los asirios antes de ellos, marchaban avanzando a través de la tierra.

El resto del versículo dice que levanta fortalezas y las toma. Es posible que al destruir fortalezas del enemigo, amontonaran los escombros para penetrar en las ciudades, capturar a los habitantes y llevárselos como prisioneros para convertirlos en esclavos. Leamos también el versículo 11 de este primer capítulo de Habacuc:

"Luego pasa como el huracán, y peca porque hace de su fuerza su dios."

Y eso fue precisamente lo que hizo Nabucodonosor. Usted quizá pueda recordar que, cuando estudiábamos el libro de Daniel, y leímos el capítulo 4, versículo 30, se nos dijo que llegó un día en el que el rey Nabucodonosor dijo lo siguiente: "¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?" Ya indicamos anteriormente que Él estaba lleno de orgullo, era egocéntrico. Confiaba plenamente en sí mismo no tenía ninguna confianza en Dios. Y en el día de hoy hay unas cuantas personas que revelan esa forma de ser y actuar, que confían completamente en sus propias fuerzas, antes que confiar en los recursos de Dios. Podemos decir que en la actualidad, en nuestros pueblos y en algunos de sus dirigentes encontramos, hablando en general, una falta de humildad al acusarse mutuamente de la situación y dificultades con las que se encuentra la sociedad. Esta actitud, en el caso concreto de Nabucodonosor, se convirtió en una forma de insensatez.

En estos versículos Dios le estaba diciendo a Habacuc Él estaba preparando a una nación, allá en las márgenes del río Éufrates, y también le dijo que si Su pueblo, el pueblo de Judá, no se arrepentía, permitiría que los Babilonios siguieran sus propios planes de conquista. Y, tal como fue predicho, ellos llegarían y el registro histórico nos informa que la destrucción de Jerusalén sería encarnizada y terrible. Algunas de las acciones que cometieron con los sobrevivientes del pueblo de Judá cuando los condujeron al cautiverio, fueron tan horribles que casi superan cualquier descripción.

Ahora llegamos a otro párrafo que hemos titulado:

El segundo problema del profeta

Ahora bien, cuando Dios le dijo al profeta que iba a usar a los Babilonios para castigar a su propio pueblo, otra pregunta surgió en la mente de Habacuc. Si consideramos que antes él tenía una pregunta importante, veremos que entonces, él tuvo otra de no menor importancia. Leamos el versículo 12 de este primer capítulo de Habacuc:

"¿No eres tú desde el principio, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar."

Éste era el nuevo problema de Habacuc. Teniendo en cuenta que los Babilonios eran un pueblo aún más malvado que el pueblo de Judá, ¿por qué escogería Dios a una nación más malvada para castigar a una nación que, comparativamente hablando, era menos malvada? Pero ésta no fue la única ocasión en que Dios utilizó este método. Recordemos que en el libro del profeta Isaías, capítulo 10:5, los Asirios fueron llamados por Dios la vara y bastón de mi furor. En otras palabras, Dios había usado al imperio de Asiria como un látigo para castigar al reino del norte de Israel. Pero después de que Él utilizó a Asiria para ejecutar su juicio sobre Israel, Dios castigó a Asiria por sus propios pecados.

Así que encontramos en este pasaje de Habacuc la misma situación. Dios iba a usar a una nación perversa como Babilonia para castigar a Su pueblo. Cuando Su juicio terminara, juzgaría al Imperio de Babilonia, como efectivamente hizo. Es que Dios ha intervenido en los asuntos humanos, y continúa haciéndolo.

Quizás Habacuc, en el versículo 12 de este primer capítulo nos da a entender que el profeta creía que Dios iba a actuar en sentido contrario, es decir, que usaría a Judá, Su pueblo, para castigar a sus enemigos de Babilonia. 

Estudio bíblico de Habacuc 1:1-9

Continuamos nuestro estudio de este libro de Habacuc, profeta a quien hemos llamado "El Tomás del Antiguo Testamento", al hombre que tenía un signo de interrogación en su mente. Pero debemos decir que eran preguntas normales, que también surgen en la mente de las personas de nuestro tiempo y con frecuencia, también en los creyentes. En el capítulo 1 examinaremos el apartado titulado "la perplejidad del profeta".

Leamos el primer versículo, que dice lo siguiente:

"Profecía que el profeta Habacuc recibió en una visión."

El término profecía aquí se refiere al juicio. En realidad, ésta no fue la pregunta de Habacuc, sino más bien la respuesta del Señor. Así que la respuesta de Dios constituye verdaderamente la profecía del libro de Habacuc. La respuesta el Señor fue el juicio o castigo que este profeta llamó "profecía", como también hicieron los otros profetas del Antiguo Testamento.

El versículo 2 de este capítulo 1 de Habacuc, nos reveló que el primer problema del profeta fue el siguiente: ¿Por qué permite Dios el mal? Leamos entonces el versículo 2, que inicia un breve párrafo titulado:

El primer problema del profeta

"¿Hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?"

Habacuc, en realidad, estaba diciéndole a Dios que se estaba negando a responder sus oraciones. En una noche de desesperación, él clamó al ver la violencia a su alrededor, en el pueblo. Y le pareció que Dios no estaba haciendo ni diciendo nada ante ese problema. Éste fue el lamento de Habacuc. Como veremos más adelante, el libro concluyó con un himno de alabanza y una nota de alegría.

Amigo oyente, si usted tiene alguna pregunta, creemos que debería presentársela al Señor por medio de la oración, de la misma manera en que lo hizo el profeta. Si usted es sincero en la pregunta, seguramente recibirá una respuesta de Dios. Leamos los versículos 3 y 4 de este capítulo 1 de Habacuc:

"¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no se ajusta a la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia."

Aquí está la gran pregunta: ¿Por qué Dios permite que continúe el mal y que aumente la iniquidad, la injusticia, el pleito, la contienda, y la violencia entre su propio pueblo?

Ahora, ésta es una pregunta antigua y a la vez, es una pregunta nueva, una pregunta que usted puede hacerse hoy. Observemos esto en detalle.

Como ya hemos sugerido en la introducción que presentamos al principio de este libro, Habacuc probablemente escribió en algún momento después de la época del rey Josías, el último buen rey del reino del sur o de Judá. A él, le siguió Joacaz, quien fue un rey malvado, cuyo reinado no duró más de tres meses. Después llegó Joaquín, que reinó once años, y también fue un mal rey. Su tiempo fue de desintegración, deterioro y decadencia del reino. Hubo un incumplimiento de la ley de Moisés, y el pueblo se estaba alejando de Dios. La pregunta entonces era la siguiente: ¿Por qué estaba Dios permitiendo aquella maldad?

En cierta ocasión un profesor universitario creyente, estaba conversando con otro, también creyente, en cuanto a la actitud de algunos profesores universitarios que eran incrédulos, y que utilizaban cierto método para sembrar dudas en las mentes de los estudiantes que creían en Dios y así destruir la fe de aquellos jóvenes, atacando la integridad de la Palabra de Dios. Así que ellos les formulaban preguntas, como, por ejemplo: ¿Creéis realmente que un Dios de amor, permitiría el mal en el mundo? ¿Pensáis que un Dios de amor, un Dios amante, de un corazón tierno, permitiría el sufrimiento en el mundo?

Recordemos que al estudiar el libro del Génesis, capítulo 3, vimos que el enemigo de Dios recurrió al mismo método con Eva, la mujer de Adán. En aquel pasaje, la serpiente preguntó: "¿Me quieres decir que Dios no quiere que comas del fruto de aquel árbol?" Fue como si le hubiera dado a entender que el árbol producía un fruto más delicioso que cualquier árbol del jardín del Edén, y que si comían de él, sus ojos serían abiertos y llegarían a ser como Dios. Fue como si el enemigo les hubiera sugerido que no podía creer ni comprender por qué un Dios bueno les pudiera prohibir comer de dicho árbol. Al hablar así, estaba destruyendo la creencia de Eva en la bondad de Dios. Éste es siempre el punto en el cual el enemigo ha comenzado su ataque.

Observemos ahora que la pregunta que hizo Habacuc encajaba con la situación local de aquella época. La gente se estaba saliendo con la suya al cometer los pecados que les apetecía, y Dios parecía no estar haciendo nada al respecto. La pregunta en la mente del profeta era por qué no estaba Dios juzgando a los malvados. ¿Por qué permitía que hombres y mujeres malvados prosperaran? Y ahora, trasladándonos a nuestra situación actual, ¿no es ésta una pregunta que se formulan muchos en nuestro tiempo? Incluso muchos creyentes se hacen la misma pregunta, al ver que Dios no castiga a aquellos que practican y promueven el mal. ¿Por qué permite que los poderosos se salgan con la suya y acumulen aún más riquezas e influencia? Y, ¿por qué tiene que soportar la gente normal y corriente el mayor peso del aumento de la inflación, mayores impuestos, el aumento de los precios y las peores consecuencias de una crisis económica? ¿Por qué no hace Dios algo para remediar esta situación? ¿No será esa su pregunta, amigo oyente?

Ésa fue precisamente la pregunta del autor del Salmo 73, versículos 2 y 3, que con toda sinceridad nos describió su experiencia personal al decir: "En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies, ¡por poco resbalaron mis pasos!, porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos". Al mirar a su alrededor, el salmista vio que aquellos que estaban prosperando eran los malvados. Este hecho estuvo a punto de apartarle de su fe, ¿por qué no estaba Dios haciendo nada al respecto?

El pueblo de Judá aparentemente creyó que sus integrantes eran los preferidos de Dios y que Él no los castigaría por sus pecados. Probablemente, cuando por primera vez cometieron una acción malvada sintieron inquietud, preguntándose si Dios los castigaría. Pero cuando fueron conscientes de que Dios no había hecho nada, supusieron que Él no se había dado cuenta o que no le importaba. En este sentido, el autor del libro de Eclesiastés escribió en su capítulo 8:11, "11Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo".

La naturaleza humana no cambia. En otros tiempos, algunos pecados cometidos encubiertamente, en secreto, se cometen ahora abiertamente, muchos de ellos prácticamente ante la vista de los demás. ¿Cambia esta actitud el hecho de que el pecado es un error ante la vista de Dios y de que Él va a juzgar o castigar cada pecado? No. Dios no ha cambiado sus normas ni sus procedimientos. Y aun, cuando la ejecución de una acción contra una obra malvada no se lleve a cabo rápidamente, Su castigo, con el tiempo, seguramente llegará.

En nuestro tiempo, pocas personas creen realmente en un juicio de Dios. Algunas de ellas creen lo mismo que Habacuc sintió cuando vio a su nación empeorando cada vez más hasta que el pecado fue flagrante y, aparentemente, Dios no estaba haciendo nada para evitarlo. Amigo oyente, ¿no ha creído usted lo mismo ante las condiciones que se presentan en el panorama de la actualidad? ¿Está Dios haciendo algo al respecto? Un análisis superficial llevaría a la conclusión de que parece que no lo estuviera haciendo. Dios incluso permitió, hace ya varios años, que un grupo de teólogos concibiera la idea de que Él estaba muerto. Lo que realmente quisieron decir fue que no había Dios, y que nunca había existido. ¿Y qué fue lo que los hizo llegar a tal conclusión? Fue que creyeron que Él no estaba interfiriendo en los asuntos humanos. Pero, ¿acaso no está Dios interviniendo? ¿No está Dios rechazando las acciones de los hombres en la actualidad? Él ha permitido que entráramos en un período de relativa prosperidad y la gente comenzó a mostrar una despreocupación, despreocupación incluso entre los creyentes que profesan ser cristianos. Sin embargo, ahora hemos llegado a un estado tal que nos preguntamos cuánto tiempo más sobreviviremos como pueblo.

El profeta Habacuc era un hombre con un corazón tierno, sensible, que detestaba ver como la ilegalidad se generalizaba impunemente. Le desagradaba profundamente ver a la gente inocente que era amenazada, explotada y destruida. Y al dirigirse a Dios se preguntaba: ¿Por qué no estás haciendo nada para evitar esta situación degradante e injusta?

Bien, veremos que Dios tenía una respuesta para el profeta y, amigo oyente, si ésta es también su pregunta, Él también tiene una respuesta para usted. Leamos el versículo 5 de este primer capítulo de Habacuc, que encabeza un párrafo titulado:

La respuesta de Dios

"Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis."

Aquí vemos que Dios estaba desafiando a Habacuc para que abriera sus ojos y mirase a su alrededor, para tener una perspectiva general de lo que Él estaba realizando. Se estaba presentando una gran crisis después de otra. En el norte, el gran Imperio Asirio había sido conquistado, y la ciudad de Nínive, su capital, había sido destruida. En las orillas del río Éufrates estaba surgiendo un reino que ya había logrado una victoria sobre Egipto en Karkemish. El rey Nabucodonosor había resultado vencedor y estaba consiguiendo que la ciudad de Babilonia empezara a destacarse como un poder mundial. Dios, en realidad le estaba diciendo a Habacuc: "¡Mira a las naciones! ¿Piensas que no estoy haciendo nada? Yo no estoy contemplando al mundo desde una perspectiva lejana. Estoy muy implicado en lo que está ocurriendo". Dios está implicado hasta el punto de que no está sujeto al problema y tenga que realizar ciertos ajustes obligados por la situación. Dios está actuando de una forma soberana en el universo. Él está haciendo algo acerca del pecado. En las palabras de otra versión, le estaba diciendo al profeta: "¡Mirad a las naciones! ¡Contempladlas y quedad asombrados!"

Y continuó diciendo en el versículo 5 de este primer capítulo: "porque haré una obra en vuestros días, que, aun cuando se os contara, no la creeríais". Dios le estaba diciendo al profeta que cuando le dijera lo que estaba llevando a cabo, le iba a resultar difícil creerlo. En efecto, cuando Habacuc fuera consciente de lo que Dios estaba haciendo, le iba a pedir que retrasara su acción.

Repitamos la última frase de este versículo: "porque haré una obra en vuestros días, que, aun cuando se os contara, no la creeríais". Esta frase fue citada por el apóstol Pablo en el gran sermón que pronunció en la ciudad de Antioquia de Pisidia. Siempre hemos creído que éste fue uno de los sermones más importantes predicado por Pablo que, sin embargo, no ha sido objeto de mucha atención en nuestros días. Está registrado en el Nuevo Testamento, en el libro de Los Hechos. Leamos estas palabras del capítulo 13 de este libro, desde el versículo 38 hasta el 41: "38Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree., 40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, burladores, asombraos y desapareced, porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la cuenta". Como podemos ver, el apóstol Pablo estaba citando del profeta Habacuc, concretamente, de este capítulo 1:5. Esta cita constituyó una sorprendente aplicación de este versículo. Pablo estaba diciendo que Dios había provisto una salvación, y como Pablo dijo en otro pasaje de su obra, no la había llevado a cabo en un rincón escondido, el momento de su crucifixión, porque judíos procedentes de todo el mundo se encontraban en la ciudad de Jerusalén para celebrar la Pascua. Ellos difundieron la noticia de que Jesús de Nazaret había muerto en una cruz, y que se rumoreaba que había resucitado de los muertos. También, judíos de todo el mundo se encontraban en Jerusalén para celebrar la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre un pequeño grupo de creyentes. Multitudes de personas fueron salvadas en aquel momento y en los días subsiguientes. Cuando dichas noticias fueron difundidas, al principio, el Imperio Romano no les hizo caso. Así que Pablo les estaba diciendo a sus lectores que Dios había realizado una obra en sus propios días, en el lenguaje Bíblico expresado en la frase de este versículo 5, "obra que no creeréis si alguien os la cuenta".

En nuestra generación el mundo pregunta: "¿Por qué no hace Dios algo acerca del problema del pecado, acerca de la maldad humana?" Estimado oyente, tenemos que decir que Dios, efectivamente, ha hecho algo en cuanto a ese problema. Hace más de dos mil años Él entregó a Su Hijo a la muerte; Él se entrometió en los asunto de este mundo. Y dijo que iba a inmiscuirse otra vez en las cuestiones mundiales, aunque hoy en día el mundo, en general, se esfuerza por ver el lado positivo de la situación actual e intenta pasarlo bien implicándose en el pecado y la maldad. Pero lo importante es que seamos conscientes de que Dios está actuando. Así que podemos decir que la cita que el apóstol Pablo hizo de Habacuc capítulo 1:5, fue muy acertada y oportuna.

En los días del profeta Habacuc, Dios estaba actuando. A pesar de la ilegalidad que predominaba, de las guerras y el pecado que controlaba a aquellas naciones, Dios estaba mostrando Su rechazo ante esa situación y llevando a cabo su juicio, su castigo.

Ahora, Dios fue específico al señalar lo que estaba haciendo. Leamos el versículo 6 de este primer capítulo del libro de Habacuc:

"Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas."

Fue como si Dios le estuviera diciendo a Habacuc: "Mira a tu alrededor. Allí a orillas del río Éufrates, está surgiendo una nación que se convertirá en la primera potencia mundial". (Con respecto a este dato, podemos ver que en el libro el profeta Daniel, Babilonia estaba simbolizada en la cabeza de oro de una estatua, y en el león de las visiones de Daniel). Babilonia era entonces la primera nación en el desfile histórico de las naciones del mundo

También añadió este versículo la siguiente frase: "que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas". De esta manera Dios le estaba diciendo a Habacuc que los soldados de Babilonia les iban a arrebatar las tierras al pueblo de Judá (o reino del sur). Estas predicciones le causaron al profeta un gran impacto.

Y el versículo 6 finalizó con la siguiente descripción: "nación cruel y presurosa". Esta observación fue una descripción muy apropiada del Imperio de Babilonia. Aquella nación era implacable, odiosa e impulsiva en su avance hacia la conquista del poder mundial. En realidad, aquel ejército tomó la ciudad de Jerusalén en tres ocasiones, y en la tercera, los soldados la incendiaron completamente. Los Babilonios se consideraban a sí mismos como una personificación de la ley. Creían ser una raza superior, la raza dominante, y no reconocían a nadie como igual o similar a ellos. Continuemos leyendo el versículo 7:

"Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y dignidad."

Observemos la frase: "de ella misma procede su justicia y dignidad". Es decir, que confiaban en ellos mismos. Y esa confianza los convertía en personas presuntuosas, que se jactaban de sus propias fuerzas y su justicia. Estas supuestas cualidades serían evidentes en el rey Nabucodonosor, que fue el verdadero fundador de aquel gran Imperio. En el libro de Daniel leímos que Nabucodonosor sufrió una especie de demencia, de egotismo, llamado "histeria" por la psiquiatría actual. Era una forma de psicosis maníaco- depresiva. Y llegaría el tiempo en el que ni siquiera sabría quien era. En realidad, salió de su entorno del palacio dirigiéndose al campo para comer hierba, como si fuera un animal. Leamos ahora el versículo 8 de este primer capítulo de Habacuc:

"Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar."

¡Qué panorama el que tenemos aquí, amigo oyente! De paso, digamos que los Babilonios probablemente utilizaban la caballería más que cualquier otra nación. Seguramente usted recordará que los Egipcios utilizaban carros de guerra, en cuanto a los Asirios, ellos construyeron los últimos modelos de carros de combate. Después llegaron los Babilonios y utilizaron un método nuevo que fue la caballería.

El versículo 8 continuó describiéndolos como más feroces que lobos nocturnos. El profesor McGee, hablando con cazadores, se enteró que éstos habían observado que después de caer una nevada, tenían que ser muy cuidadosos al encontrarse en espacios abiertos al aire libre. Si aparecía un grupo de lobos, era necesario abatir a uno de ellos. Entonces, cuando su sangre comenzaba a ser visible, el grupo de lobos se acercaba al lobo herido para devorarlo, ocasión que aprovechaban los cazadores para huir.

Y este versículo terminó diciendo: "y volarán como águilas que se apresuran a devorar". El ejército de Babilonia se acercaría como un grupo de animales hambrientos o de aves feroces para abalanzarse sobre sus presas. Éste fue, pues, el comportamiento histórico de los Caldeos, de los Babilonios. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 9 de este primer capítulo de Habacuc:

"Toda ella acude a la violencia; el terror va delante de ella, y recoge cautivos como arena."

El pueblo de Dios había estado actuando con violencia, pero aún no habían visto todo ni lo sufrirían en carne propia hasta que llegaran los Babilonios. Dios los haría vivir una buena dosis de violencia. Porque el pueblo de Dios sufriría las consecuencias, es decir, que recogería lo que había sembrado, cumpliéndose así la sentencia del apóstol Pablo cuando escribió, en su carta a los Gálatas 6:7; "todo lo que el hombre siembre, esto también segará".

Otra traducción en castellano incluyó en el versículo 9 la frase "la muchedumbre de sus rostros está fija hacia delante"; otra tradujo "su horda de rostros avanza". En ambas traducciones la frase pretende explicar que el enemigo sería formidable e irresistible en su avance.

El versículo 9 finaliza diciendo: "y recoge cautivos como arena". El rey Nabucodonosor condujo a su ejército contra Jerusalén en tres ocasiones. En el último ataque, incendió la ciudad, incluyendo al templo, y se llevó a los sobrevivientes como cautivos. Los Babilonios tenían sólo un propósito en su mente, y éste era capturar al mayor número posible de naciones y pueblos que les fuera posible para convertirlos en esclavos. Así que esto fue lo que finalmente le sucedió al pueblo del reino de Judá, también llamado reino del sur.

Estudio bíblico de Nahum 3:7-19

llegamos a nuestro último estudio en esta pequeña profecía de Nahúm. Estamos viendo aquí en este último capítulo, el capítulo 3, una descripción muy intensa que se nos presenta de la destrucción de la ciudad de Nínive. Usted debe recordar que cuando esta profecía fue dada, era algo profético. No era un relato histórico de lo sucedido. Pero el relato histórico se conforma a este relato, y por cierto que puede ser profético al aplicarlo a nuestras propias naciones en el presente.

Ahora, como vimos en nuestro mensaje anterior, Dios utilizó un lenguaje muy duro al describir a Nínive, y dijo que Él iba a mostrar a todas las naciones la vergüenza, la inmundicia, y lo vil de esa gran civilización, para que todo el mundo pudiera observar su miserable condición humana y espiritual. Era el fin de ese gran imperio asirio. Y en el versículo 7 de este capítulo 3 de Nahúm, leemos lo siguiente:

"Todos los que te vieren se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada; ¿quién se compadecerá de ella? ¿Dónde te buscaré consoladores?"

Dios se estaba preguntando aquí "¿Dónde voy a encontrar alguien que lamente, que muestre dolor por lo sucedido a esta ciudad?" Nadie se iba a acercar a sus restos para lamentarse ante su caída. Era una situación de aislamiento muy triste. Era como un gigantesco funeral en la más absoluta soledad. Quizás algunos de nosotros habremos pasado por una situación en la cual hemos asistido a un velatorio en un tanatorio, y nos encontramos con la desagradable experiencia de que el que ha partido a la presencia del Señor no tenía familiares y sólo unos pocos amigos están presentes. Esa situación nos demuestra las consecuencias inevitables de la soledad y el aislamiento a que esa persona, involuntaria o voluntariamente, se sometió en esta vida, sin relaciones afectivas verdaderas, y sin realizar ninguna obra hacia los demás que pudiera haber sido recordada con cariño y gratitud. Volviendo a nuestro pasaje, Dios ya anticipó, por medio del profeta Nahúm, que la única respuesta a aquella tragedia sería la alegría y satisfacción de todo el mundo, de los pueblos que habían sido masacrados y oprimidos por los Asirios, y cuya agresividad y brutalidad costaron grandes sufrimientos y la pérdida incalculable de vidas. Cuando Dios transmitió este mensaje a través del profeta, nadie lo habrá creído; solo Nahúm lo aceptó por la fe y así sucedió, como Dios lo había prometido. Y así fue como aquel pueblo cruel tuvo que soportar el resultado de sus ofensas al Dios vivo y verdadero, y a su desprecio total por la vida humana y la dignidad de las personas. Otra vez se cumplió esa famosa sentencia del libro de los Gálatas 6:7, que establece que cada uno cosecha lo que siembra. Es una de las leyes inexorables que encontramos en la Biblia, ya que la hemos visto cumplirse en la realidad, tanto a la vida de los individuos como en la experiencia de grandes naciones e Imperios a través de los siglos. Continúa diciendo el versículo 8:

"¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar, y aguas por muro?"

Tebas era la gran capital del alto Egipto. En este sentido, citamos aquí un párrafo de un libro del Dr. Feinberg, que escribió extensamente sobre los libros de los llamados "Profetas menores". Dijo el citado profesor:

"Tebas fue la ciudad capital de los Faraones para las dinastías décimo octava hasta la vigésima. Tenía una arquitectura tal, que los griegos y los romanos la admiraban. Los griegos la llamaban "Diospolis" porque allí adoraban al equivalente egipcio de Júpiter. Estaba situada en ambos lados del río Nilo. En la ribera este, se encontraban los famosos templos de Karnak y Luzor. El primer poeta griego, Homero, la describió como teniendo cien grandes arcos o puertas. Sus ruinas cubren una superficie de unos cuarenta y tres kilómetros. Allí se rendía culto al principal dios de los Egipcios, llamado Amón, quien fue representado en algunas reliquias egipcias, como una figura con cuerpo humano, y cabeza de carnero. El juicio de esta ciudad impía e idólatra fue predicho por Jeremías, en su capítulo 46, versículo 25; y en Ezequiel capítulo 30, versículos 14 al 16. No-Amón o Tebas, estaba emplazada en una zona favorable, entre los canales del río Nilo, con este río actuando como una protección natural. El Nilo presenta el aspecto de un mar cuando anualmente desborda sus riberas. La ciudad de Nínive podría contemplar su propia suerte en lo que sucedió con No-Amón o Tebas, porque esta ciudad no era mejor a los ojos de Dios desde un punto de vista espiritual y moral, que la poderosa capital egipcia". Hasta aquí la cita del Dr. Feinberg.

Dios estaba diciendo que el destino de la ciudad de Tebas debería haber sido un ejemplo para el Imperio Asirio. Porque fueron precisamente ellos, los Asirios, los destructores de Tebas, una gran ciudad que parecía inexpugnable. Parecía que nadie podía conquistarla, pero los Asirios la tomaron y destruyeron. Por ello éste debería haber sido un ejemplo para Asiria; Dios había juzgado a Tebas y en este pasaje estaba explicando los motivos que también tenía para juzgar a esa ciudad. Es que, como hemos dicho en otras ocasiones, el gobierno supremo de Dios actúa también hoy entre los gobiernos de este mundo.

Cuando se dice que la ciudad estaba rodeada de aguas, se estaba refiriendo el profeta a la estación de las lluvias, en la que el río Nilo desbordaba su cauce y ofrecía el aspecto de un gran mar. La ciudad estaba construida de tal forma que en el período de las inundaciones, ella no se inundaba en absoluto. Más bien, el agua la proporcionaba una protección natural ante los potenciales invasores. Por ello escribió Nahúm que su baluarte era el mar, y tenía a las aguas por muro. Continuemos leyendo el versículo 9 de este tercer capítulo de Nahúm:

"Etiopía era su fortaleza, también Egipto, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus aliados."

Éstos eran los aliados de la ciudad de Tebas, que estaban situados alrededor de ella. Habiendo sido por un tiempo la capital del Imperio Egipcio, y estaba convencida de que nunca podría caer, porque tenía un gran desierto a ambos lados; el río Nilo la protegía, y tenía aliados por el norte y por el sur. ¿Cómo podría alguien quebrar semejantes defensas? Bueno, los Asirios lo lograron, pero como estamos leyendo, ellos también, que se consideraron invencibles, a su tiempo, cayeron estrepitosamente. También en la actualidad hay naciones que tienen un potencial nuclear en armas de ataque y defensivas, y piensan que son lo suficientemente capaces como para protegerse a sí mismas y desencadenar un ataque contra otros. Pero cuando llega el momento en que Dios interviene, ese panorama de seguridad pone en evidencia sus fallos y esa nación comienza a perder su influencia. Amigo oyente, la mejor defensa para cualquier país estaría basada en un retorno espiritual a Dios, un reconocimiento de Su autoridad en su gobierno o, al menos, un respeto y aplicación de los valores éticos y morales de la Biblia. Ha habido y hay grandes gobernantes que no son cristianos, pero de todas formas tienen un gran respeto por los principios morales de la Palabra de Dios y los tienen en cuenta en muchas de sus decisiones y en su ética personal. Desgraciadamente, muchos usan la etiqueta de cristianos, pero su vida y costumbres contradicen las normas espirituales de la Palabra de Dios. Con demasiada frecuencia tenemos la evidencia de que, según los medios de difusión, cada vez se descubren nuevos casos de corrupción y novedosas formas de obtener ganancias indebidas. Y después, cuando surgen períodos de crisis económicas o catástrofes naturales, esas personas responsabilizan a Dios, o le piden protección ante la adversidad. Esta actitud podría calificarse como de hipocresía, y hemos de reconocer que se pone en evidencia fácilmente, porque la persona vive con una frágil fachada honorable, al mismo que quebranta la ley humana, ley que ha sido determinada por los representantes democráticos de los ciudadanos y, en muchos casos, ha sido permitida por Dios ¿Piensa usted que Dios va a pasar por alto el castigo? ¿Somos acaso algo especial nosotros que nos coloca en un nivel superior de calidad humana? Cuando despreciamos los principios que Dios ha establecido, no podemos al mismo tiempo esperar la bendición de Dios. Ni a nivel personal, ni como pueblo. Ahora, Dios dijo aquí en el versículo 10 de este capítulo 3 de Nahúm:

"Sin embargo ella fue llevada en cautiverio; también sus pequeños fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles, y sobre sus nobles echaron suertes, y todos sus grandes fueron aprisionados con grillos."

Eso fue lo que Asiria, lo que Nínive había hecho al desatar su violencia contra los habitantes de Tebas, y entonces les estaría sucediendo pronto a ellos. Otra vez tenemos aquí la ya citada ley de la siembra y la cosecha de Gálatas 6:7. Y en el versículo 11 de este capítulo 3 de Nahúm, leemos:

"Tú también serás embriagada, y serás encerrada; tú también buscarás refugio a causa del enemigo."

Ellos estaban buscando alivio o una evasión por medio de la bebida, pero ese descontrol no les iba a resultar de ninguna ayuda. De la misma manera, este desahogo momentáneo tampoco contribuye a aliviar las tensiones de nuestro tiempo y, además, deteriora gravemente la salud física y el funcionamiento de la mente. Y en el versículo 12 leemos:

"Todas tus fortalezas serán cual higueras cargadas de brevas, que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer."

Creemos que si usted ha visto de cerca una higuera, se puede dar cuenta de lo que se está hablando aquí; cuando las higueras están maduras, todo lo que uno tiene que hacer es sacudir las ramas y los higos caen. Y ésta es aquí la ilustración. Esta ilustración nos ayuda a visualizar que las defensas que ellos tenían eran una pura apariencia, y que en el momento en que se acercara el enemigo, éste pasaría sobre ellos con gran violencia, como si no estuvieran allí. Y continuó diciendo en el versículo 13:

"He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti; las puertas de tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos; fuego consumirá tus cerrojos."

Aquí parece que ante la audacia de los atacantes, los feroces soldados Asirios que protegían la ciudad perdieron su valor y estarían actuando con la debilidad e indefensión que caracterizaba la vida de las mujeres de aquella época. A causa de los efectos destructivos de la inundación de la ciudad, como hemos visto en el capítulo 2:6, donde decía "Las puertas de los ríos se abren y el palacio es destruido", los soldados atacantes fueron capaces de entrar en el recinto amurallado y entonces los defensores no tuvieron otro recurso que provocar incendios y huir en dirección a la parte interior de la ciudad. Ahora, en el versículo 14 de este capítulo 3 de Nahúm, podemos leer:

"Provéete de agua para el asedio, refuerza tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, refuerza el horno."

Es decir, que ellos iban a comenzar a trabajar a toda prisa en los últimos momentos. Iban a tratar de hacer más ladrillos para su fortaleza. Por otra parte, calentarían el agua, la transportarían a lo alto de la muralla, y desde allí vaciarían grandes cubos con agua hirviendo sobre los atacantes que se encontraban escalando los muros. Y ahora, el versículo 15 dice:

"Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón; multiplícate como langosta, multiplícate como el saltamontes."

En otras palabras, el profeta predijo que ellos tratarían de traer refuerzos. Pero ello no les iba a ayudar para nada. En el versículo 16, el profeta continuó escribiendo:

"Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo; la langosta hizo presa, y voló."

Esta descripción nos muestra como el comercio había llegado a incrementar sus reservas y riquezas, porque además de haber despojado y atesorado en sus guerras las riquezas de otros pueblos, eran ellos mismos hábiles comerciantes, aprovechándose de su influencia como gran Imperio. Los grandes recursos económicos suelen hacer que una nación se sienta segura de sí misma, pero las recesiones y crisis, por la rapidez con que se propagan en esta era del auge de la informática, pueden terminar rápidamente con una sociedad del bienestar y de consumo, y ese mal puede afectar igual y casi simultáneamente a varias naciones, desencadenando una grave situación mundial. Para los Asirios, así sucedería. Leemos aquí en el versículo 17:

"Tus príncipes serán como langostas, y tus grandes como nubes de langostas que posan sobre las cercas en día de frío; salido el sol se van, y no se conoce el lugar donde están."

Es decir, que los líderes, cuando llegara la ocasión, podrían escapar, aunque sólo por un tiempo. El versículo 18, añade:

"Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes; tu ejército se dispersó por los montes, y no hay quien lo junte."

O sea que, el liderazgo de la nación se desintegraría hasta tal punto que ya resultaría imposible dirigir al imperio. Al hablar hoy de la falta de liderazgo no nos estamos refiriendo a ningún partido político ni ninguna asociación que persiga fines similares. Porque la falta de liderazgo se observa en todos los niveles en que existan puestos de autoridad. Ello suele ser un obstáculo para el progreso e integración de los pueblos. O sea que la falta de liderazgo, entre otros factores, puede provocar la decadencia de una nación. En el caso de Asiria, éste fue uno de los factores que abatió a aquel imperio.

Así que lo que estamos leyendo sobre aquella nación, bien pudiera aplicarse a nosotros. ¿Estamos realmente escuchando la voz de Dios? Parece que muchos que deberían estar haciéndolo no le prestan prácticamente ninguna atención. La historia nos ha demostrado la debilidad de los poderes humanos cuando las personas y los pueblos se alejan de Dios, rechazando al Señor Jesucristo que es el Príncipe de Paz, el Salvador del mundo.

Escuchemos ahora, las palabras finales de Dios en este libro de Nahúm. El profeta pronunció estas palabras con la connotación de un carácter definitivo, irreversible y dogmático. Leamos entonces, el versículo 19 de este tercer capítulo de Nahúm:

"No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oyen acerca de ti aplauden tu ruina, porque ¿sobre quién no ha pasado continuamente tu maldad?"

Resumiendo entonces, diremos que el pueblo Asirio había pecado y continuaría pecando, hasta convertir su maldad en un modo normal de vida. Cuando muchos apuntan a Dios con un dedo acusador diciendo que Él está equivocado, porque permite el mal y no hace nada en cuanto a él, Dios responde que hará algo al respecto. 

Estudio bíblico de Nahum 3:1-6

Hemos llegado al capítulo 3, el capítulo final de esta profecía. Era nuestra intención finalizar el estudio de Nahúm en el día de hoy, pero debemos confesar que, al analizar este pasaje, vimos que la profundidad de este capítulo se merecía más tiempo. Creemos que Dios nos ha dado Su Palabra en su totalidad, y Él no quiere que dejemos de lado ninguna de sus partes. No nos agrada que, por causa del tiempo limitado de un programa, nos veamos obligados a dejar de lado alguna lección útil y práctica.

Cuando concluyamos el estudio en este breve libro de Nahúm, no vamos a regresar al Nuevo Testamento, como acostumbramos a alternar un libro de cada Testamento. Pensamos continuar en el Antiguo Testamento, con el libro que le sigue en la Biblia, con el libro del profeta Habacuc. Luego, seguiremos con el libro del profeta Sofonías, porque ambos libros contienen importantes lecciones aplicables para el hombre de este siglo 21. Vamos a comenzar entonces con el capítulo 3 de Nahúm.

El tema de este tercer capítulo, es la justificada acción vengadora de Dios. Vamos a repasar algunos comentarios que ya hicimos en nuestro programa anterior, a modo de repaso, pero también con la intención de hacer más comprensivos los siguientes versículos.

En este pasaje que hoy trataremos encontramos la causa de la destrucción de la ciudad de Nínive. En este capítulo veremos la causa que justifica a Dios, por la destrucción de esa ciudad. Este es un ejemplo claro del hecho de que "todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Esta frase tan real y práctica es aplicable también a cualquier nación. Podemos ver que Dios trataba, no sólo a personas, sino también a las naciones, de una manera muy similar.

Muchos críticos literarios han encontrado en este tercer capítulo una de las descripciones más vívidas que se pueda imaginar de la destrucción de una ciudad. No es posible encontrar, en ningún idioma, un lenguaje más descriptivo que éste. Leamos entonces los dos primeros versículos de este capítulo 3 de Nahúm:

"¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje! Chasquido de látigo, y fragor de ruedas, caballo atropellador, y carro que salta"

Esta es una descripción de la condición interna de la ciudad. Nínive, como la capital del Imperio Asirio, fue conocida en el mundo antiguo por su brutalidad y su carácter sanguinario. Los asirios eran temidos por las otras naciones. El ejército de los Asirios, aunque avanzaban con cierta lentitud, eran como un huracán que arrasaba todo a su paso. Como mencionamos en otro programa, a veces una comunidad entera llegó a cometer un suicidio colectivo antes de caer vivos en manos de los brutales y sanguinarios soldados asirios.

El versículo añade unas terribles características acerca de la ciudad de Nínive, toda llena de mentira y de rapiña. Asiria era una nación de la que nadie podía fiarse de sus promesas, ni depender de sus pactos firmados. No había cumplido sus promesas de defender a otras naciones, de protegerlas ante un ataque exterior. De la misma forma, no había orden, ni seguridad para sus propios habitantes, a causa de los robos violentos. Esto nos recuerda la imagen que ofrecen muchas de nuestras ciudades, con la inseguridad en las calles frente al robo, y la violencia de los robos a domicilio, muchas veces con víctimas. Una de las razones por las que Dios juzgó a la ciudad de Nínive fue porque "estaba llena de mentiras y robos". Por lo visto, éstas eran algunas de las características de esa ciudad. En la actualidad, a pesar de muchos adelantos científicos, mejor formación cultural, y más información general, podemos ver que el hombre, el ser humano, no ha cambiado tanto. No es sorprendente pues, que cuando viajamos por diferentes países, y recorremos sus ciudades, siempre se puede observar que las casas tienen algún tipo de rejas en sus ventanas; las puertas, si no son blindadas, al menos tienen varios tipos de cerraduras, y es normal ver alarmas instaladas en todos los comercios. La razón para esas medidas de seguridad es evitar la acción de los ladrones. Y aun así, decimos que vivimos en una nación donde se respetan las leyes y el orden público. Este pasaje parece apropiado para describir ciertas situaciones de nuestra realidad actual.

Los libros de Jonás y Nahúm revelaron que Dios trató con pueblos de todas las naciones, desde los tiempos del Antiguo Testamento. También nos muestran que el gobierno de Dios actúa en los gobiernos de los hombres, y que Dios rechazará el pecado del ser humano, así como puede rechazar a un pueblo. Al leer la historia, vemos a las grandes civilizaciones, una después de otra, desmoronarse y quedar en esa condición, de cenizas y polvo, y cada vez más olvidadas ante el transcurso del tiempo. ¿Y por qué? Porque Dios las juzgó. Este libro nos presenta una solemne advertencia, porque vemos que Dios puede abatir a grandes naciones y este relato, confirmado por la historia, es una prueba de ello. Volvamos al versículo 2, que dice:

"Chasquido de látigo, y fragor de ruedas, caballo atropellador, y carro que salta"

El profeta Nahúm dio una descripción muy vívida de estos carros, que parecían unos tanques, los tanques de guerra del mundo antiguo. Éstos entraban a la ciudad, y el chasquido del látigo de su conductor podía oírse por todas partes. Se escuchaba el eco de los cascos de los briosos caballos y el retumbar de las ruedas saltando sobre las calles. Fragor de ruedas, caballo atropellador, y carro que salta.

En los dos primeros versículos se describió la condición interna de la ciudad. Las mentiras y la rapiña marcaron la cultura y el clima de la ciudad. Y la razón por la cual los Asirios se comportaban en la forma en que lo hicieron, contra sus enemigos, la brutalidad que demostraron, la falta de interés por las otras naciones, la forma en que las gobernaban y los métodos que utilizaban, revelaban que la causa era interna, y que allí era donde se encontraba el mal.

El profeta continuó su terrible descripción. En el versículo 3 de este capítulo 3 de Nahúm, leemos:

"Jinete enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud de cadáveres; cadáveres sin fin, y en sus cadáveres tropezarán"

El número de muertos era increíble. Si una bomba cayera en una ciudad llena de habitantes, probablemente veríamos un resultado similar.

En los versículos 3 y 4 vemos las características de la condición externa de Nínive. Ellos fueron enemigos brutales y crueles y estaban cosechando lo que habían sembrado. Leamos el versículo 4 de este capítulo 3 de Nahúm:

"A causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra en hechizos, que seduce a las naciones con sus fornicaciones, y a los pueblos con sus hechizos."

Vamos a comentar este texto en detalle para destacar algunos aspectos que nos ayuden a comprender su significado. Dios comparó a Nínive con una ramera, una prostituta. Una ramera de hermosa gracia, cortejada, halagada, y hasta admirada, a la que todo el mundo corteja. Era una maestra en hechizos, porque aquí dice: "maestra en hechizos, que seduce a las naciones con sus fornicaciones, y a los pueblos con sus hechizos". Esa palabra "hechizos" se mencionó dos veces. El profeta hizo una clara alusión al mundo de lo oculto. No podemos pensar que la idolatría del mundo antiguo fue algo carente de importancia. El apóstol Pablo en su 1ª carta a los Corintios, capítulo 8, versículo 4 mencionó que un ídolo es "nada"; diciendo que no hay nada en un ídolo, pero, detrás de un ídolo, está Satanás. Detrás de la idolatría siempre hay algo satánico. No es necesario hablar demasiado sobre este punto. Las sectas satánicas están creciendo y multiplicándose por todo el mundo. Atraen y atrapan a personas muy cultas y educadas en las mejores universidades. Nuestra civilizada sociedad está regresando a prácticas que se pudieran considerar ya obsoletas, y demasiado antiguas para la mente del hombre moderno. Pero los hechizos y las brujerías se pueden ver a diario, en directo, como una atracción en los mejores programas de televisión. Es sorprendente ver cuántas personas inteligentes y cultas compran sus horóscopos, y los siguen al pie de la letra. Hay muchas personas que creen en supersticiones, que llevan amuletos, convencidos de su benéfica protección contra el mal. Es asombroso que en un siglo tan materialista, la superchería siga ganando terreno a la cultura y a la razón.

Esta fue la condición de Nínive. Esta ciudad se había entregado a la magia, al oscuro mundo de lo oculto, a la hechicería. Dios advirtió a Nínive, por medio del profeta Nahúm que su castigo estaba justificado a causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia.

Algo más adelante en nuestro estudio de la Palabra de Dios, el libro de Apocalipsis nos mostrará que, cuando lleguemos al final de los últimos días, una parte de una la iglesia organizada, se involucrará en esta clase de cosas. Creemos que ya hay señales en muchos de los que se denominan "cristianos", cuyo comportamiento no está de acuerdo con la Palabra de Dios.

Hay una seria advertencia aquí. No todo lo que parezca "sobrenatural" es de Dios. Hay que contrastar y examinar todo con la Palabra de Dios. No todo lo que es sobrenatural es bíblico. Dios no contradice Su Palabra, y si algo no tiene fundamento bíblico, entonces tenemos que desecharlo. Si es sobrenatural, pero no es bíblica, entonces, no es de Dios. Solamente hay otra persona que actúa en la dimensión de lo sobrenatural, con la excepción de Dios, y ése es su enemigo, Satanás. Satanás, desde su caída, como el ángel de luz que se rebeló contra Dios, ha tratado de imitar y duplicar a Dios a lo largo de toda la historia de la humanidad. Así es que, aquí tenemos la razón que Dios está dando, por la cual Él justificó Sus acciones al destruir esta ciudad. Continuamos con el versículo 5 de este capítulo 3 de Nahúm:

"Heme aquí contra ti, dice el Señor de los ejércitos, y descubriré tus faldas en tu rostro, y mostraré a las naciones tu desnudez, y a los reinos tu vergüenza."

La primera parte del versículo "Heme aquí contra ti, dice el Señor de los ejércitos", es la segunda vez que Dios le advirtió a Nínive. Ahora, aquí tenemos una nación, Asiria, a la cual Dios estaba diciéndole: "Heme aquí contra ti". Pero no es porque Asiria fuese una nación atea, sino porque fue una nación politeísta que se había entregado a la idolatría, al ocultismo y a las hechicerías. La hechicería es una realidad también en el presente, en nuestros días. Muchos están descubriendo que hay una realidad en el ocultismo. Y esto es lo que se encuentran los que están implicados en esta búsqueda. Muchas personas que se encuentran en posiciones de poder, en esferas más acomodada, en círculos intelectuales, hasta en posiciones gubernamentales, buscan y siguen los consejos de brujos y "brujitas", adivinos y hechiceros, creyendo que su carta astral y su horóscopo les guiarán mejor en sus decisiones en temas del amor, el dinero, el poder y el éxito que anhelan.

Continúa el texto: "y descubriré tus faldas en tu rostro". En el día de hoy se ve la desnudez casi como algo "normal", un tabú superado, un remilgo pasado de moda. Bajo el calificativo de "arte" se presentan obras en el teatro, el cine, la pintura, la fotografía, en revistas muy "cultas" y progresistas, en series de televisión, etc. A la falta de modestia en el vestir se llama hoy en día "tener una mente abierta", ser más "normal y natural", y ser menos reprimido que nuestros antepasados. En los días de nuestro estudio la civilización se había hundido mucho, pero creemos que no tanto como nuestro presente siglo. En aquella época era una desgracia para una mujer, ser mostrada o vista desnuda. Dios les habló sobre la vergüenza que Él iba a traer sobre Nínive. Él dijo: "Y descubriré tus faldas en tu rostro". Es decir: "Voy a levantar tu falda sobre tu rostro. Te has portado como una ramera, y Yo te voy a desenmascarar". Todos esos detalles tan terribles, tan significativos implicaban una desgracia mayor. Él dijo: "Y mostraré a las naciones tu desnudez, y a los reinos tu vergüenza". Eso fue lo que Dios dijo que iba a hacer con esa nación.

Asiria fue una gran nación, con su enorme riqueza, una gran civilización, y con mucho poder; sin embargo, cayó al abismo, se disolvió en el polvo, y nunca más se levantó. Dios había dicho que eso iba a ocurrir; era el final que les esperaba. Ahora, sigamos con el versículo 6 que dice:

"Y echaré sobre ti inmundicias, y te afrentaré, y te pondré como estiércol."

Dios dijo a Nínive a través del profeta Nahúm que Él la iba a hundir, que estaba en contra de esa nación, que la iba a derribar completamente. Las excavaciones arqueológicas que sacaron a luz esta gran civilización, revelaron que todo lo que el profeta había advertido fue totalmente acertado. En este libro tenemos una descripción muy gráfica y detallada, y la profecía dada mucho tiempo antes de que eso ocurriera, se cumplió en su totalidad.

Dijimos al comienzo de este programa, que pensábamos que no íbamos a poder terminar este estudio en el día de hoy. Pero, como ya puede apreciar, estimado oyente, no es el último programa sobre el libro del profeta Nahúm. La descripción tan detallada del juicio de Dios tiene una gran importancia que no queríamos dejar de lado. Tiene una aplicación tremenda para nosotros en el presente, y es un cuadro tan real de la situación del día de hoy. El libro de Nahúm revela el método de Dios en Su trato con las naciones del mundo. No creemos que Él haya cambiado Su método, y si no lo ha cambiado, amigo oyente, entonces tenemos problemas, un gran problema. Es necesario que cada uno de nosotros oremos por nuestra propia nación.

Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy, y seguiremos Dios mediante, en nuestro próximo programa. Esperamos que el tema de las profecías haya captado su atención e interés, porque Dios lo que promete, lo cumple fielmente. Dios ha pronunciado miles de promesas que podemos encontrar en todas las páginas de la Biblia. Quizá usted se puede acordar de algunas más repetidas como "clama a mí, y yo te responderé"; "venid a mi todos los que estáis cargados, y yo os haré descansar"; "el que a mí viene, no le echaré fuera"; "se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida"; y miles más. Pero, si se ha fijado, estimado oyente, el cumplimiento de cada promesa implica también una acción del ser humano. Dios espera que demos un paso, y del resto... ya se encargará Él. ¿No quiere dar HOY un paso hacia Dios? Dios anhela tener comunión y comunicación con usted. A veces se nos ha dicho que Dios no responde, y hay muchos que no creen que Dios exista, porque no escuchan Su voz. Si éste es su caso, le proponemos lo siguiente: Desafíe a Dios, sí, dígale en voz alta "Dios, si existes, quiero que te reveles a mí de una manera personal, si es cierto que estás interesado en mí, en mis circunstancias, mi problemas, mis sueños, mi presente y mi futuro; si es así, entonces te pido que me lo hagas saber". Estimado oyente, si usted realmente está interesado en comunicarse con Dios, dígaselo, y le podemos prometer, que Dios se manifestará personalmente. Lo sabemos por experiencia, por Su Palabra, y porque Dios es fiel en mantener todas Sus Promesas.  

Estudio bíblico de Nahum 2:5-3:1

Vamos a comenzar hoy con el versículo 5. Estamos estudiando una sección donde podemos ver una descripción de la aniquilación de Asiria. Ése es el tema del capítulo 2. En el bosquejo presentado en la introducción encabezamos esta división refiriéndonos a la justicia y la bondad de Dios. No queremos dedicarle mucho tiempo a los detalles que se mencionan en el resto del libro; pero lo que en este capítulo tenemos, en realidad, es una descripción muy detallada, y dramática de la destrucción de Nínive. Toda esta sección era profética ya que fue escrita unos 100 años antes de que esa ciudad fuera destruida totalmente. Así es que, lo que tenemos ante nosotros es una profecía muy destacada, por la minuciosidad de la descripción total de la caída de una ciudad que se consideraba inexpugnable.

Queremos mencionar aquí nuevamente que los breves libros de Jonás y de Nahúm van juntos, al cubrir períodos que encajan con las realidades y eventos históricos que tuvieron lugar. Lo que tenemos en la profecía de Jonás no es realmente una profecía, sino más bien un relato de la actividad misionera en la ciudad de Nínive. Cuando la totalidad de la población se volvió a Dios y Él los libró del castigo. Pero con el transcurso del tiempo, los habitantes de la gran ciudad se alejaron de Dios nuevamente, volviendo a sus malvadas y perversas prácticas. Entonces, unos 100 años después de Jonás, Dios llamó al profeta Nahúm y en esa ocasión, todo su mensaje fue dirigido directamente contra la ciudad de Nínive. Lo que tenemos en este libro, es entonces una vívida profecía de la aniquilación total de la ciudad. Su destrucción será tan absoluta que no fue sino hasta el año 1.850, en que la ubicación de Nínive fue localizada y excavada. Se conocía muy poco en cuanto a su antiguo emplazamiento. A través de dichas excavaciones arqueológicas, se ha logrado aprender mucho sobre la civilización Asiria.

El versículo 5 de este capítulo 2 de Nahúm, que estamos estudiando, dice:

"Se acordará él de sus valientes; se atropellarán en su marcha; se apresurarán a su muro, y la defensa se preparará."

El profeta estaba hablando aquí de la destrucción de la ciudad de Nínive cuando los Medos la atacaron bajo el mando del rey Ciáxeres. Babilonia en esa época no era el reino más grande, pero se unió en una alianza con los medos y juntos se dirigieron contra esa ciudad. En nuestro programa anterior, vimos que los carros rodaban con mucho estruendo por las calles porque eran un modelo nuevo de carros de aquel tiempo, que llevaban una extensión, como explicamos, a cada lado de su eje, de manera que podían correr al lado de un carro enemigo y destrozar las ruedas de madera del otro carro y entonces, cuando uno de esos carros perdía una de las ruedas, no podía continuar en la batalla.

El reino de Asiria dependía de sus líderes militares, pero a causa de su temor, tropezaron y cayeron en el desarrollo de su marcha. Por supuesto, la defensa de la muralla de la ciudad era de de importancia fundamental para esta batalla. Y, después, Nahúm continuó describiendo la destrucción total diciendo en el versículo 6 de este capítulo 2:

"Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido."

El profeta predijo aquí que el río Tigris sería desviado hacia la ciudad. En el momento en que se estaba desarrollando la campaña militar, las abundantes lluvias de la zona hicieron que el río Tigris alcanzase el nivel de una inundación, cuyas aguas arrastraron una sección de la muralla y entonces, la ciudad se convirtió en algo parecido a un estanque. Dice este versículo: "las puertas de los ríos se abrirán y el palacio será destruido". Creemos que los cimientos del palacio fueron totalmente desplazados y que las aguas derribaron completamente el palacio. La historia profana confirmó que esa parte del muro fue derribado. Es decir, que esa parte de la ciudad fue tomada por el enemigo. Aproximadamente, una extensión de 4 Km y medio de muralla quedó derribada al costado del río Tigris. Y la ciudad se encontraba a una buena altura sobre el nivel del río, pero al desbordarse en una inundación, las aguas presionaron la muralla causando que ésta se quebrara. Y pareció que el Señor estaba cooperando en la destrucción de la ciudad. Las compuertas fueron abiertas e incluso el palacio fue inundado completamente por las aguas.

El versículo 7 de este capítulo 2 de Nahúm, dice:

"Y la reina será cautiva; mandarán que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palomas, golpeándose sus pechos."

La traducción literal de este versículo debiera ser la siguiente: "Está decretado: la reina es desposada y deportada, y sus sirvientas gimen como palomas, golpeándose el pecho". No sabemos si usted habrá tenido oportunidad de ver alguna vez una bandada de palomas, y quizás observó que cuando las palomas se asustan, cuando todas ellas juntas remontan el vuelo, producen un ruido como si se golpearan los pechos con sus alas. Ése es el ruido que ellas producen cuando levantan vuelo. Y ése es el cuadro que se nos presentó aquí en este versículo. Las palomas citadas en este pasaje se estaban golpeando sus pechos, tal como lo hacen las palomas cuando levantan vuelo, y el ruido que producían era como un lamento, como un gemido. Y se nos ha informado que ese gemido o lamento es como un llamado de amor de las palomas. Ahora, en el versículo 8, podemos leer:

"Fue Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; pero ellos huyen. Dicen: ¡Deteneos, deteneos!; pero ninguno mira."

Aquí se nos presentó la imagen de una ciudad convertida en un estanque. Vemos que a los soldados defensores se les había dado la orden de mantener su posición. Pero cuando vieron la inundación que se acercaba junto con el enemigo, decidieron que no era hora de escuchar a sus jefes, a sus comandantes, sino el momento de huir y alejarse de allí tan pronto como les fuera posible. En el versículo 9, leemos:

"Saquead plata, saquead oro; no hay fin de las riquezas y suntuosidad de toda clase de efectos codiciables."

Es decir, que se invitó al enemigo a que se apoderara del oro y de la plata, a que se lo llevara como botín. El versículo aclara que había riquezas sin fin. Es que esta ciudad tenía muchas riquezas, embellecida con adornos de gran valor. El palacio era en realidad muy hermoso, y ellos vivían rodeados de mucho lujo porque habían tenido mucho éxito en la guerra. Y el versículo 10 continúa diciendo en su primera parte:

"Vacía, agotada y desolada está"

Los enemigos se habían apoderado de todo el botín, de la misma manera en que Asiria había traído a esa ciudad el botín de otras batallas, todas esas riquezas estaban reunidas en un lugar, y el enemigo entonces pudo localizarlo y llevárselo. Por tal motivo se dijo que la ciudad de Nínive quedó vacía, agotada y desolada. Y continua diciendo en su segunda parte el versículo 10:

"Y el corazón desfallecido; temblor de rodillas"

Y cuando las rodillas le comienzan a temblar, eso indica que uno se encuentra descontrolado, aterrorizado, con el corazón lleno de temor. Ésa era la condición de los soldados Asirios, defensores de la ciudad Y este versículo 10, termina diciendo:

"Dolor en las entrañas, rostros demudados."

O sea que aquel fue un tiempo de profundo miedo y terror, porque los Asirios sabían que eran odiados por el mundo de su generación. De hecho, todos los pueblos vecinos los odiaban a causa de su brutalidad. Y ahora, para sus enemigos había llegado la ocasión de vengarse. Nahúm dijo que sus rostros estaban pálidos. Podemos deducir que se vistieron con ropas ásperas y arrojaron cenizas sobre sus cabezas. Y en el versículo 11, leemos:

"¿Qué es de la guarida de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león y la leona, y los cachorros del león, y no había quien los espantase?"

Tanto Asiria como Babilonia utilizaban al león como símbolo de sus imperios. Nahúm pudo haberse referido aquí a los verdaderos leones que los Asirios tenían allí, o podría haber aludido a sus jóvenes fuertes, porque el león era el símbolo de la fortaleza del reino. En cualquier caso, lo que se quiso decir era que los leones literales o los jóvenes fuertes de su ejército ya no estaban; habían huido o los habían matado. Y el versículo 12, dice:

"El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y llenaba de presa sus cavernas, y de robo sus guaridas."

Si el versículo anterior se refería a leones literales, éstos habían estado bien alimentados, pero ése ya no sería el caso. No quedaba nada para comer porque el enemigo los había despojado completamente, ya fuera que se refiriera aquí al león en forma literal o al ejército. Ya no tenían nada que comer, porque todo se lo había llevado el enemigo. Ahora, en el versículo 13 leemos.

"Aquí estoy contra ti, dice el Señor de los ejércitos. Encenderé y reduciré a humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; acabaré con el robo en tu tierra y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros."

Observemos la energía de esta declaración: "Aquí estoy contra ti". Dios no la pronunció con mucha frecuencia. Sólo la expresó en este pasaje, refiriéndose a Nínive, y en Ezequiel 38 y 39. Creemos que esto puede interpretarse como estrictamente literal o también como algo que se refería a los jóvenes. Nos inclinamos a creer que se refería a los jóvenes, porque el león era el símbolo de la nación.

Con respecto a este pasaje, hablando de Nínive, tengamos en cuenta que era un pueblo que había recibido una advertencia por medio de un mensaje comunicado a Jonás, y como resultado ellos lo aceptaron y se volvieron al Dios vivo. Ahora, cuando alguien tiene la luz de la revelación y la rechaza, se llega a una situación en la que el Señor Jesús, hablando de que el ojo era la lámpara del cuerpo, describió de esta manera, en Mateo 6:23, diciendo: "Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!" Recordemos un incidente que contamos hace algún tiempo, de una explosión que tuvo lugar en una mina, y que había atrapado allí a algunos mineros. Cuando llegó ayuda del exterior, lo primero que hicieron fue bajar un cable con electricidad para que tuvieran luz los mineros atrapados. Allí entre ellos, se encontraba un joven que después de haberse encendido la luz preguntó: "Y, ¿por qué no encienden la luz?" Los que estaban con él le miraron sorprendidos, porque entonces se dieron cuenta que la explosión le había dejado ciego. Ahora, mientras ellos se encontraban en las tinieblas, nadie se pudo dar cuenta de que aquel minero estaba ciego. Y él mismo no pudo darse cuenta hasta aquel momento en que los demás reaccionaron, porque allí no había luz. Estas palabras de Jesús diagnostican una ceguera espiritual. Ésta fue la imagen que Nahúm nos dejó en este pasaje. Los Asirios habían tenido la luz, pero la rechazaron, y cuando uno rechaza la luz, su responsabilidad es mucho mayor.

El versículo 13 continúa diciendo: "quemaré y reduciré a humo tus carros, y la espada devorará a tus leoncillos". Nuevamente, estos podían ser leones literales, o los jóvenes fuertes. Creemos que el profeta más bien se refería a los jóvenes fuertes, porque el león era el símbolo de la fortaleza de la nación.

El versículo 13 finaliza diciendo: "acabaré con el robo en la tierra y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros". Esta fue una nota de carácter definitivo. Cien años antes, Dios, en su compasión y misericordia, había salvado a Nínive cuando sus habitantes se arrepintieron y se volvieron a Él. Pero en el transcurso del tiempo, ellos y sus descendientes fueron cayendo en una tremenda apostasía y entonces Dios iba a juzgarles. Este debería ser hoy un solemne mensaje para aquellos que han dado la espalda a Dios, porque ello implica el juicio total. Y así llegamos al:

Nahum 3 - Justificación de la acción vengativa de Dios

Aquí se expuso la causa que justificó a Dios por la destrucción de aquella ciudad. La destrucción de la ciudad de Nínive, fue un ejemplo del hecho expuesto en la carta del apóstol Pablo a los Gálatas 6:7, que dice "Todo lo que el hombre siembre, eso también segará". Esto también fue y es cierto de una nación. Encontraremos que en muchas maneras, Dios trata con individuos y naciones de una forma muy similar.

Muchos críticos literarios han encontrado en este tercer capítulo una de las descripciones más vívidas que se pueda imaginar de la destrucción de una ciudad. No es posible encontrar, en ningún idioma, un lenguaje más descriptivo que éste. Leamos entonces el versículo 1 de este capítulo:

"¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje!"

Esta es una descripción de la condición interna de la ciudad. Nínive, como la capital del Imperio Asirio, fue conocida en el mundo antiguo por su brutalidad y su carácter sanguinario. Eran temidos por las otras naciones. El ejército de los Asirios, aunque avanzaban con cierta lentitud, eran como un huracán que arrasaba todo a su paso. Como mencionamos en otro programa, a veces una comunidad entera llegó a cometer un suicidio colectivo antes que sufrir el ataque brutal de los Asirios.

El versículo añade en cuanto a la ciudad, toda llena de mentira y de rapiña. Eran una nación de la que nadie podía fiarse ni depender. No había cumplido sus promesas de defender a otras naciones, de protegerlas ante un ataque exterior. De la misma forma, no había orden ni seguridad para sus propios habitantes, a causa de los robos violentos. Esto nos recuerda la imagen que ofrecen muchas de nuestras ciudades, con la inseguridad en las calles frente al robo, y la violencia de los robos a domicilio, muchas veces con víctimas. A veces este pasaje parece apropiado para describir situaciones de nuestra realidad actual.

Los libros de Jonás y Nahúm revelaron que Dios trató con pueblos de todas las naciones, desde los tiempos del Antiguo Testamento. También nos muestran que el gobierno de Dios actúa en los gobiernos de los hombres, y que Dios rechazará el pecado del ser humano, así como puede rechazar a un pueblo. Al leer la historia, vemos a las grandes civilizaciones, una después de otra, desmoronarse y quedar en esa condición, de cenizas y polvo, y cada vez más olvidadas ante el transcurso del tiempo. ¿Y por qué? Porque Dios las juzgó. Este libro nos presenta una solemne advertencia, porque vemos que Dios puede abatir a grandes naciones y este relato, confirmado por la historia, es una prueba de ello.

Y la razón por la cual los Asirios se comportaban en la forma en que lo hicieron contra sus enemigos, la brutalidad que demostraron, la falta de interés por las otras naciones, la forma en que las gobernaban y los métodos que utilizaban revelan que la causa era interna, y que allí es donde se encontraba el mal.