martes, 5 de mayo de 2015

Estudio bíblico de Daniel 9:20-27

 Nos encontramos en la primera sección del capítulo, dedicada a la oración de Daniel. Y vamos a comenzar leyendo el versículo 20; y dijo Daniel:

"Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová, mi Dios, por el monte santo de mi Dios"

En la primera frase del versículo dice "aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado". Queremos destacar que Daniel dijo "mi pecado". Daniel confesó que él era un pecador. Resulta interesante comprobar que no hay ningún lugar en la Biblia que mencione algún pecado que Daniel haya cometido. En realidad, cuando sus enemigos estaban tratando de encontrar alguna negligencia o práctica abusiva en su vida, no pudieron encontrar nada, y estamos seguros de que examinaron cada rincón de su vida.

Ahora, con frecuencia hemos enfatizado que nadie ha sido jamás salvo guardando los diez mandamientos. Y también hemos hecho la sugerencia que si alguien sabía de alguna persona en el Antiguo Testamento que pudo ser salva al cumplir con los diez mandamientos, pues, que nos lo comunicara.

En cierta ocasión, un joven estudiante universitario se acercó a su Pastor y le dijo: "Usted siempre está diciendo que no hay nadie en el Antiguo Testamento que haya sido salvo cumpliendo los diez mandamientos, y que nunca pecó. Bueno, yo puedo mencionarle uno, esa persona es Daniel". Bien, le dijo el Pastor, hablando honradamente debemos decir que no se puede encontrar en ninguna parte que Daniel haya pecado. No tenemos ninguna clase de información en cuanto a esto, pero, le dijo el Pastor a este joven, Daniel mencionó ese asunto en una oración, y que en esa oración, él nos dijo: "estaba hablando, orando y confesando mi pecado". Si Daniel no hubiera pecado nunca, pero dijo en su oración que estaba confesando su pecado, entonces estaría mintiendo si, en realidad, nunca hubiera pecado. Así que Daniel era un pecador, de cualquier forma en que lo consideremos. Creemos que aquel estudiante se fue convencido de que la Biblia está en lo cierto cuando dijo, en Romanos 3.23, "por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios".

Ahora si usted se está preguntando qué pecado cometió Daniel, permítanos decirle que ese no es un asunto suyo ni mío. Porque Dios no lo registró en Su Palabra.

Así que Daniel fue un pecador y todavía podemos decir que nadie ha sido salvo jamás por guardar los Diez Mandamientos. Daniel se estaba entregando a sí mismo y a su pueblo a la misericordia de Dios.

Dijo además aquí Daniel: "Derramaba mi ruego delante del Señor, mi Dios, por el monte santo de mi Dios", el cual sería Jerusalén y el Reino de Dios que se encontrará allí establecido (ver Isaías 2:1 y 2). Y dice el versículo 21 de este noveno capítulo de Daniel:

"Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión, al principio, volando con presteza vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde."

Aquí apareció el varón Gabriel. Gabriel era un ángel y, aparentemente, aparecía en forma humana. El tiempo de su aparición fue la hora del sacrificio de la tarde, que sería aproximadamente a las tres de la tarde.

A continuación vamos a comenzar el dedicado a la exposición de:

La profecía de las setenta semanas

Aquí tenemos la profecía comunicada por Gabriel que hace de este capítulo una parta de gran importancia en el estudio de la escatología. Leamos los versículos 22 y 23 de este capítulo 9 de Daniel:

"Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión."

Aquí queremos destacar que Daniel recibió una respuesta inmediata a su oración. Hemos escuchado a un profesor de hebreo decir que le llevó tres minutos leer la oración de Daniel en Hebreo. Para el momento en que Daniel terminó su oración, el ángel Gabriel ya estaba allí. Así que el citado profesor declaró: "le llevó a Gabriel tres minutos llegar del cielo a la tierra". Por supuesto, si Daniel tenía sus ojos cerrados mientras estaba orando, podría haberse dado el caso de que Gabriel habría estado allí en pie esperándole que terminara su oración. Recordemos que el Señor Dios ha prometido, en Isaías 65:24, "Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído".

Observemos que Daniel era "muy amado" en el cielo. Esto es maravilloso. El creyente en Cristo Jesús es visto por Dios estando en Cristo. De acuerdo con la carta a los Efesios capítulo 1, versículo 6, si somos aceptos en el Amado, es decir, en Cristo, de esa manera el creyente es amado en el cielo porque se encuentra en Cristo, unido a Cristo. Continuemos leyendo ahora el versículo 24 que da comienzo a la profecía misma:

"Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos."

Aquí "setenta semanas" no significan estricta o necesariamente semanas de siete días ni tampoco semanas de siete años u otros siete períodos de tiempo. La palabra hebrea pasa siete es "shabua", que significa "una unidad de medida". Sería comparable, por ejemplo, con la palabra "docena". Cuando esta palabra aparece sola, puede indicar una docena de cualquier cosa. Así, en este pasaje, "setenta semanas" significan "setenta sietes". Pueden ser "setenta sietes" de cualquier cosa. Podrían ser unidades de días, meses o años. En el contexto de este versículo estaba claro que Daniel había estado leyendo en Jeremías sobre "años", setenta años. Jeremías había estado predicando y escribiendo que el cautiverio duraría setenta años. Los setenta años del cautiverio eran el castigo específico por haber violado setenta años sabáticos. Ello equivaldría a setenta sietes, es decir, a un total de 490 años. En esos 490 años, Israel había violado exactamente setenta años sabáticos; así que irían al cautiverio por setenta años. Dice el segundo libro de Crónicas capítulo 36, versículo 21: "21para que se cumpliera la palabra del Señor, dada por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos". Para enfocar mejor la estructura de esta profecía tenemos el siguiente esquema:

1 semana = 7 años

70 semanas = 490 años

70 semanas divididas en 3 períodos: 7 semanas - 62 semanas -1 semana

Ahora Daniel estaba perplejo en cuanto a como el final de los setenta años del cautiverio encajarían en el prolongado período de dominio de los pueblos de las naciones gentiles, que las visiones de los capítulos 7 y 8 habían indicado con tanta claridad. Él obviamente pensó que al final de los setenta años su pueblo sería llevado de regreso a su tierra, que el Mesías prometido vendría y que el Reino que había sido prometido a David sería establecido. ¿Cómo podían ser ciertas ambas opciones? Estamos seguros que le deba haber parecido una situación irreconciliable creada por estas profecías aparentemente contradictorias.

Las setenta semanas, o los setenta sietes, responden a dos preguntas. El reino de Israel no vendría inmediatamente. Y las setenta semanas debían seguir su curso. Estos setenta sietes encajan en los tiempos de los gentiles (o de las naciones), y transcurren simultáneamente con ellos. Están divididas o separadas para encajar en los tiempos de los gentiles. Cuando se dice que se han determinado setenta semanas, "determinadas" significa literalmente "cortadas". O sea que los setenta sietes iban a ser cortados o separados, como los versículos siguientes así lo indicarán. Los setenta sietes para Israel y los tiempos de los gentiles (o de las naciones) llegarán ambos a su fin al mismo tiempo, es decir, en el momento de la segunda venida de Cristo. Es importante conocer este detalle para una interpretación correcta de la profecía.

La semana setenta concierne a "tu pueblo", refiriéndose al pueblo de Daniel. Ese pueblo sería Israel. Y conciernen a la "santa ciudad", que no puede ser otra que Jerusalén. Seis cosas tienen que llevarse a cabo en este período de Setenta Semanas o 490 años. Y según el esquema profético del profesor McGee, al progresar en nuestro estudio veremos que sesenta y nueve de esas "semanas" ya han transcurrido, y una "semana" aún debe cumplirse. Aquí están los seis eventos que tienen que ocurrir:

1. Terminar la prevaricación (o "poner fin a la transgresión", según otra versión) Se refiere a la prevaricación de Israel. La cruz proveyó la redención por el pecado de la nación pero no todos la aceptaron. En el día de hoy, la Palabra ha sido difundida hasta los confines de la tierra, de que hay redención para la humanidad. Pero en esa última semana se nos dice que Dios dirá, como escribió Zacarías, en el capítulo 12, versículo 10: "Pero sobre la casa de David, y los habitantes de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de oración". Y luego escribió también en el capítulo 13, de Zacarías, versículo 1: "En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia". Ese manantial aún no ha sido abierto. Todo lo que uno tiene que hacer es mirar a la tierra de Israel y comprobará que esto aún no se ha cumplido.

2. Poner fin al pecado. Los pecados nacionales de Israel llegarán a su fin en la segunda venida de Cristo. Ellos serán exactamente iguales a cualquier otro pueblo o a cualquier otra nación. Ellos son pecadores como individuos y como nación. Como nación Israel ha cometido muchos errores, tal como otras naciones, pero Dios pondrá fin a esa situación de pecado y de maldad.

3. Expiar la iniquidad. Durante este período de las Setenta Semanas, Dios ha provisto una redención por medio de la muerte y la resurrección de Cristo. Esta redención, por supuesto, es tanto para los judíos como para los no judíos o gentiles.

4. Traer la justicia perdurable (o eterna). Esta frase se refiere al retorno de Cristo al final de los 490 años para establecer su reino.

5. Sellar la visión y la profecía; significa que todo se cumplirá, lo cual vindicará esta profecía así como todas las demás profecías de la Biblia.

6. Ungir al Santo de los santos. Este evento se refiere a la unción del Lugar Santísimo del templo del reino milenario, acerca del cual escribió Ezequiel en los capítulos 41 al 46.

Continuemos entonces leyendo los versículos 25 al 27 de este capítulo 9 de Daniel:

"Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará. El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará como una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador."

El punto de partida para este período de 490 años es esencial para una comprensión correcta de la profecía. Considerando que este período se proyectó en los llamados "tiempos de las naciones (o de los gentiles)", debe encajar en la historia secular y originarse en alguna fecha relacionada con los tiempos de las naciones. Por supuesto, ha habido muchas sugerencias para un punto de partida: el decreto de Ciro (que vemos en Esdras 1:1-4); el decreto de Darío (que vemos en Esdras 6:1-12); el decreto de Artajerjes, en el séptimo año de su reino (que vemos en Esdras 7:11-26); pero el profesor McGee cree que el decreto de Artajerjes del vigésimo año de su reinado (que vemos en Nehemías 2:1-8) satisface los requisitos del versículo 25. El mandato para reconstruir la ciudad de Jerusalén fue promulgado en el mes de Nisán del año 445 A.C. Éste sería, entonces, el punto de partida.

Las primeras siete semanas de cuarenta y nueve años nos llevan al año 397 A.C. y al libro de Malaquías, al final del Antiguo Testamento. Éstos fueron los "tiempos angustiosos" mencionados en este versículo 25, tiempos de los que fueron testigos Nehemías y Malaquías.

Después, en esta división natural, vienen las sesenta y dos semanas, o los 434 años, que nos llevan al tiempo del Mesías. Algunos han efectuado ciertos cálculos que muestran que desde el primero del mes de Nisán al 10 de Nisán (6 de Abril) del año 32 D.C., habría un período de 483 años (equivalente a sesenta y nueve sietes o semanas de años). En ese mismo día Jesús entró en Jerusalén, ofreciéndose por primera vez, pública y oficialmente como el Mesías.

Después de las sesenta y nueve semanas, o de los 483 años, el profesor McGee cree que hay una pausa de tiempo y, de esa manera, entre la semana 69 y la 70 ocurrieron dos eventos de máxima importancia.

1. El Mesías será muerto. Ésta fue la crucifixión de Cristo, el gran misterio y la verdad del Evangelio. Dijo Mateo en su capítulo 16:21, "21Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día". Y complementando el mensaje del evangelio dijo Juan en su capítulo 3 versículo 15: "15para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna".

2. El segundo evento de gran importancia fue la destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar en el año 70 D.C. El general romano Tito fue el instrumento.

Siguiendo siempre el esquema del profesor McGee, la semana final, la semana setenta, un período de siete años, se proyecta hacia el futuro y no sigue cronológicamente a las otras sesenta y nueve. El intervalo entre la semana sesenta y nueve y la setenta es la época de la gracia, desconocida para los profetas (ver Efesios 3:1-12, y 1 Pedro 1:10-12). Así que la semana setenta es escatológica el período de tiempo final de esta profecía y aún no se ha cumplido.

El "príncipe" aquí mencionado es romano; es el "cuerno pequeño" de Daniel 7; y es la bestia de Apocalipsis 13. Después de que la iglesia sea removida de la tierra, él hará un pacto con Israel. Israel lo aceptará como su Mesías, pero en la mitad de esta semana de años, él romperá su pacto colocando una imagen en el templo (Apocalipsis 13). Ésta será la llamada "abominación desoladora", o el horrible sacrilegio, citado en Mateo 24:15 y haciendo referencia a Daniel, lo que Israel pensó que iba a ser un milenio se convertirá en la Gran Tribulación (Mateo 24:15-26). Sólo la venida de Cristo podrá concluir ese período terrible (Mateo 24:27-31).

Estimado oyente, usted y yo estamos viviendo en la época en que la gracia salvadora de Dios se expresa en el mensaje de las buenas noticias del Evangelio. Y la semana setenta de Daniel, la Gran Tribulación, como el Señor Jesús la llamó, todavía debe tener lugar en el futuro. 

Estudio bíblico de Daniel 9:1-19

Y ahora llegamos al capítulo 9 de este libro de Daniel. Conocidos expositores Bíblicos han declarado que era "el principal capítulo del libro y uno de los grandes capítulos de la Biblia". El capítulo presenta un tema doble: oración y profecía. Si uno fuera a elegir los diez capítulos más importantes de la Biblia en el tema de la oración, este capítulo estaría incluido en cualquier lista. Y si se eligieron los diez más importantes en profecía, este capítulo nuevamente sería incluido en cualquier lista. Los primeros 21 versículos nos presentan la oración de Daniel, y los 6 versículos finales contienen la muy importante profecía de las Setenta Semanas. En primer lugar, tenemos la oración de Daniel en los primeros 21 versículos. Tenemos luego, la profecía de las Setenta Semanas en cuanto al pueblo de Daniel, que es por supuesto Israel. Eso lo tenemos en los versículos 22 al 27, de este capítulo 9 de Daniel. En primer lugar consideraremos:

La oración de Daniel

La oración de Daniel en este capítulo es en realidad la culminación de una vida de oración. Al comienzo del libro Daniel pidió una reunión de oración para conocer el sueño de Nabucodonosor, y continuó siendo un hombre de oración toda su vida registrada en este libro. La oración de este capítulo nos da el modelo de su vida de oración y nos familiariza con las condiciones de la oración. Aquí están algunos de los elementos básicos de la receta de la oración.

En primer lugar, el profeta tenía una planificación decidida. La oración en la vida de Daniel no era un asunto desordenado. Él escribió en el versículo 3 de este primer capítulo: "Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza". La oración no era simplemente una repetición de palabras vacías, o un conjunto de frases hermosas con una gramática florida y expresiones elocuentes. El Señor Jesús dijo en Mateo 6:7, "7Y al orar no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, (es decir, los paganos) que piensan que por su palabrería serán oídos". Esa manera de dirigirse a Dios no constituye una verdadera oración.

En segundo lugar, su oración fue como un acto penoso, doloroso. Fue un período de ayuno, de vestirse de luto y sentado sobre cenizas. Daniel no lo hizo como un gesto exterior sino para revelar la sinceridad de su corazón. En la actualidad, uno no ve muchas reuniones de oración con esta actitud interior y espiritual.

En tercer lugar él se dirigió al Señor de manera clara, franca y sencilla y expresó con sinceridad su confesión. Él se dirigía directamente al grano en sus peticiones a Dios. Necesitamos este tipo de oraciones, en vez de algunas oraciones largas que escuchamos y que, en muchas ocasiones, en realidad no dicen mucho. Al expresarnos ante Dios, debemos adoptar el ejemplo de Daniel en el carácter directo, en la sinceridad y en el ser concretos, específicos.

En cuarto lugar, la oración de Daniel fue una petición poderosa. El profeta recibió una respuesta mientras se encontraba hablando y orando. El ángel Gabriel se le apareció para darle alguna explicación. Este hombre recibió respuestas a sus oraciones. Como dijo el apóstol Juan en su primera epístola capítulo 5, versículo 14, "Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa de acuerdo con su voluntad. Él nos oye".

En quinto lugar, su oración fue privada y personal. Daniel no convocó a ninguna reunión de oración pública; oró en privado. La suya fue una oración que habrá durado unos tres minutos. Nuestro Señor oró con frecuencia en privado. Su oración registrada en el capítulo 17 de Juan también duró unos tres minutos. Hay muchas personas que participan en reuniones públicas de oración, y ello es indispensable en el funcionamiento de una iglesia. Pero necesitamos pasar más tiempo en oración privada.

En sexto y último lugar la oración debe lograr una penetración plena en la presencia de Dios. La oración es la lo única fuerza que ha penetrado con éxito la esfera espacial dirigiéndose al trono de Dios. Sir Isaac Newton dijo que él podía tomar un telescopio y ver las estrellas más cercanas, pero que podía dejar el microscopio, ponerse de rodillas y penetrar en el cielo hasta el mismo trono de Dios.

Para Daniel la oración era un verdadero ejercicio del alma llevado a cabo como un trabajo espiritual arduo e intenso. Requiere esfuerzo, resistencia e incluso sufrimiento del alma.

Ahora, comenzando con los versículos 1 y 2, tenemos las circunstancias que rodearon a esta oración de Daniel. Y en el primer versículo leemos:

"En el primer año de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos"

Aquí se señaló al "primer año de Darío. . . de la nación de los medos". Aquí surgen dos preguntas significativas: ¿Quién era Darío? y, ¿cuál era la fecha? Darío el medo podría ser identificado con Ciaxares II de la historia secular (Daniel 5:31). "Darío" es más un título oficial, como rey, zar o emperador, que un nombre real. Ahora, ha habido algún desacuerdo en lo concerniente a la fecha exacta. Newel cree que fue el año 538 A.C. Culber lo sitúa en el año 536 A.C. Creemos que cualquiera de esas fechas encaja con el contexto y los antecedentes. Este hombre conquistó Babilonia en el año 538 A.C. Continuemos leyendo el versículo 2 de este noveno capítulo de Daniel:

"En el primer año de su reinado, yo, Daniel, miré atentamente en los libros el número de los años de que habló el Señor al profeta Jeremías, en los que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años."

Este era, pues, el primer año de Darío. Daniel había entonces visto un nuevo imperio mundial tomando forma, y se estaba preguntando en cuanto al futuro de su propio pueblo. Así que Daniel se puso a estudiar la Palabra de Dios. Leyó el libro del profeta Jeremías, que había dicho que Israel estaría en el cautiverio por setenta años. En este capítulo la fecha era alrededor del año 537 A.C. Daniel tendría unos 85 o 90 años de edad. Él había sido hecho prisionero cuando tenía 17 años, lo cual quiere decir que el período de setenta años de cautiverio estaba llegando a su fin. Era la hora de que aquel pueblo tuviera la oportunidad de regresar a su propia tierra.

Daniel estaba preocupado por su pueblo. Creemos que estaba afectado por el cuerno pequeño del cual leímos en el capítulo 8, Antíoco Epífanes, el rey Sirio de la dinastía Seléucida. Él maltrataría al pueblo de Daniel y profanaría el templo. Y todo ello le había causado una gran preocupación.

Deberíamos tomar nota de que el factor determinante que impulsó a orar a Daniel fue su estudio de la Palabra de Dios. La Palabra revela la voluntad de Dios. Un estudio de la Palabra de Dios seguido de oración, es la fórmula para determinar la voluntad de Dios. Estas son las promesas que Daniel leyó y que aparecen en Jeremías 25:11, "Toda esta tierra será convertida en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia durante setenta años". Y también en Jeremías 29:10 debió leer: "10Porque así dijo el Señor: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar."

Recordemos que Daniel había estado estudiando la profecía de Jeremías sobre los setenta años. Ahora, cuando el ángel Gabriel utilizó la expresión "setenta semanas" (usada en el versículo 24), él estaba extendiendo el tiempo de 70 años. Y las setenta semanas cubrirían todo el tiempo de la nación de Israel en esta época de prueba antes que el reino fuera establecido sobre la tierra.

Simplemente el leer la oración de Daniel revela cuán diferente era la oración en sus días, a lo que es en la actualidad. Observemos primero las condiciones. Leamos los versículos 3 y 4 de Daniel 9:

"Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza. Oré al Señor, mi Dios, e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos"

Aquí hay una frase clave, cuando dice que Daniel se dirigió a Dios "buscándolo en oración y ruego, en ayuno". Sabemos que el Señor Jesucristo ayunó, pero el ayuno nunca se le ha dado al pueblo de Dios como un servicio. Era algo que uno podía hacer más allá de lo requerido. Se ha mencionado que en la iglesia cristiana primitiva había muchos que ayunaban. Pablo escribió a los cristianos de Corinto en 2 Corintios 11:27, "En trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez".

Daniel demostró una persistencia decidida en la oración. Incluso el patriarca Jacob, en su oración clamó diciendo: "No te dejaré si no me bendices". (Génesis 32:26).

La oración de Daniel fue muy personal. Le concernía a él y a su pueblo, lo cual era evidente por el uso repetido del pronombre en primera persona, al decir "yo", "nosotros", y "nuestro". Estos pronombres aparecen 41 veces en esta oración. Recordemos que en su momento destacamos, en el capítulo 4, que Nabucodonosor utilizaba este mismo pronombre una y otra vez. ¿Cuál era la diferencia? Para Nabucodonosor era una señal de orgullo, una señal de envanecimiento. El contraste con el uso que Daniel hizo del pronombre personal fue notable. Denota humildad, confesión, turbación y vergüenza, en contraste con el orgullo y la adulación propia de Nabucodonosor.

Daniel se encontraba con su rostro ante Dios. Él reconocía los atributos de Dios. En primer lugar vimos que se apoyaba en su relación personal con Dios. Le llamó "Mi Dios", apelando a Dios de una forma muy personal. Antes de hacer una confesión, concentró sus pensamientos en la grandeza de Dios. Al decir "digno de ser temido" quiso decir que era un Dios digno de reverencia. Uno no puede jugar con Dios, es decir, tratarle con poca seriedad.

Daniel reconoció que Dios cumplía su pacto de misericordia con los que le amaban y obedecían sus mandamientos. Ahora, Dios no sólo hace promesas y pactos, sino que también los cumple. Él es inmutable y, por lo tanto, Él es fiel. Él es también un Dios de misericordia. Fue por Su misericordia que esta nación de Israel había sido preservada; y es por Su misericordia que usted y yo, amigo oyente, hemos sido traídos hasta este momento presente. Es por Su misericordia que Él nos salva. En el libro de Lamentaciones, capítulo 3, versículo 22, Jeremías dijo: "Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias". Es decir que, Dios es misericordioso, compasivo, pero Dios también espera que actuemos con seriedad, es decir, que espera que le obedezcamos.

Ahora observemos la confesión de pecado que hizo Daniel. Leamos los versículos 5 y 6 de este noveno capítulo de Daniel:

"Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impíamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra."

Aquí vemos que dijo: "hemos pecado". Daniel se identificó a sí mismo con su pueblo allá en la tierra de Israel cuando se rebelaron contra Dios, lo cual trajo como consecuencia su cautiverio. Fue específico en su confesión. Él mencionó cada pecado por su nombre: iniquidad, maldad, rebelión, desobediencia, y su negativa a escuchar a los profetas de Dios. Puso todos estos pecados por escrito. No dejó ninguno fuera de la lista.

Estimado oyente, creo que nuestra confesión de pecado requiere exactamente esta actitud. No es suficiente acudir a Dios y decir: "He pecado". La confesión significa decirle a Dios exactamente todo lo que hemos hecho. Tiene que ser una confesión específica en ese sentido. Debemos decírselo todo en detalle. Quizás no nos sentimos inclinados a hacerlo porque se trata de algo feo, desagradable. Pero aun así debimos abrirle nuestro corazón, Él ya sabe lo malo y detestable que es. Así que tenemos que acudir a Dios dispuestos a hacer una confesión sincera y abierta. Dice el versículo 7 de este noveno capítulo:

"Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro que en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los habitantes de Jerusalén y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti."

Aquí dice "todo Israel, los de cerca y los de lejos". El pueblo de Israel había sido esparcido, pero no había tribus perdidas. Es inapropiado llamarlas de esa manera. Algunas de las tribus estaban cerca de Daniel, allí en Babilonia y otras se encontraban lejos, pero Dios sabía dónde estaban. Él no dijo que estuvieran perdidas. Pero ellas estaban diseminadas, como dice el versículo, "en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti". Continuemos leyendo ahora los versículos 8 al 14 de este noveno capítulo de Daniel:

"Nuestra es, Señor, la confusión de rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque contra ti pecamos. Del Señor, nuestro Dios, es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado y no obedecimos a la voz del Señor, nuestro Dios, para andar en sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. Todo Israel traspasó tu Ley, apartándose para no obedecer a tu voz. Por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque contra Dios pecamos. Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan gran mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; pero no hemos implorado el favor del Señor, nuestro Dios, y no nos hemos convertido de nuestras maldades ni entendido tu verdad. Por tanto, el Señor veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es el Señor, nuestro Dios, en todas sus obras que ha hecho, y nosotros no obedecimos a su voz."

Hasta este punto, ¿ha observado usted cómo Daniel contrastó la bondad de Dios con el pecado de Israel? Él contrastó Su justicia con la confusión de rostros, es decir, con su vergüenza. Ellos habían sido esparcidos a causa de su rebelión y ofensas contra Dios. Ellos merecían el castigo que habían recibido. Y Dios había sido justo al enviarles al cautiverio. Dios estaba en lo correcto; ellos eran los que estaban equivocados.

Estimado oyente, si usted se dirige a Dios presentando excusas por su pecado, si usted le dice: "Tú sabes, Señor, que Yo soy débil, y tú sabes que yo me encontraba en tal o cual circunstancia..". es como si usted estuviera echando la culpa del pecado a Dios. Usted le está diciendo, indirectamente, que Él ha cometido un error, porque Él tenía que haber tomado esos factores en consideración. Es como si usted pensara que Dios ha sido demasiado duro con usted. Estimado oyente, la verdad es que usted y yo estamos recibiendo exactamente lo que merecemos. Y necesitamos acudir a Dios para confesar nuestro pecado. A veces escuchemos a personas implicando que Dios podría estar equivocado en lo que está haciendo, pero Dios no está equivocado, somos nosotros los que estamos en el error.

La actitud de Daniel fue la actitud apropiada que cada uno de nosotros debería adoptar al acercarse a muestro Dios en oración. Dios no nos va a abandonar completamente, pero con toda seguridad no se va a mover a favor nuestro hasta que usted y yo ocupemos el lugar donde podamos clamar por la misericordia de Dios y dejemos de poner excusas a favor nuestro. Continuemos ahora leyendo loe versículos 15 al 18 de este capítulo 9 de Daniel:

"Ahora pues, Señor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste renombre cual lo tienes hoy, hemos pecado, hemos actuado impíamente. Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias."

Esta fue la petición de Daniel y su súplica. Él recordó como Dios había conducido a Israel fuera de Egipto. Dios lo hizo a causa de Su justicia, no a causa de la de ellos. El libro de Éxodo 2:24 y 25 dice: "24Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y conoció su condición". El único factor que apeló a Dios por parte de ellos, fue su sufrimiento. En otras palabras, Dios vio su miseria, y recordó Su misericordia.

Entonces Daniel le pidió a Dios que se repitiera a Sí mismo liberándoles otra vez a causa de Su justicia divina. Dios es justo cuando extiende Su compasión y misericordia hacia nosotros, porque Jesucristo ha pagado completamente el castigo por nuestro pecado. Como añadió Pablo en Romanos 3:26: "con miras a manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe en Jesús".

Ahora observemos le súplica apasionada de Daniel. Leamos, finalmente por hoy, el versículo 19 de este noveno capítulo de Daniel:

"¡Oye, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Presta oído, Señor, y hazlo! No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo."

Ésta fue la súplica culminante de Daniel. Le pidió a Dios que escuchara y respondiera por ser quien era y por lo que había prometido. En Israel no quedaba nada de bueno. Daniel no suplicó por ser Daniel. Más bien, él se asoció a sí mismo con el pueblo y dijo: "Hemos pecado", incluyéndose a sí mismo. Es que el nombre de Dios estaba en juego, y Daniel estaba profundamente preocupado acerca del nombre de Dios y la gloria de Dios. Ésta fue la base pasa su súplica y petición. 

Estudio bíblico de Daniel 8:14-27

estamos tratando con esta visión del carnero y del macho cabrío, que fue profética cuando le fue revelada a Daniel y registrada por él. Ahora, hay que destacar que como se cumplió tan clara y literalmente en la historia, este capítulo ha constituido la base para que los críticos asignaran una fecha tardía para la escritura del libro de Daniel. Los argumentos de los críticos se apoyan en el hecho de que la profecía, al referirse al futuro, es sobrenatural, y ellos no creen en lo sobrenatural; por lo tanto, ellos sostienen que esta profecía no pudo haber sido escrita en el tiempo de Daniel, sino que tiene que haber sido escrita después del profeta, ya como historia. Nosotros mantenemos el punto de vista de que este libro profético fue escrito por Daniel aproximadamente en el año 600 A.C.

La visión profética de Daniel de un carnero con dos cuernos altos, siendo uno de ellos más alto que el otro, y del macho cabrío que tenía un cuerno notable entre sus ojos coloca ante nosotros como un microscopio que nos permite observar el conflicto entre el segundo y tercer imperios mundiales y la lucha entre el Este y el Oeste, entre el Oriente y el Occidente, entre Asia y Europa. Ésta fue, pues, la lucha entre el Imperio de los Medo-Persas y el Imperio Greco-Macedónico. La visión incluyó otro "cuerno pequeño", que ya ha sido cumplido en la historia en Antíoco Epífanes, siniestro personaje que fue el gran perseguidos de los judíos, y conocido como "el Nerón de la historia judía."

Se fijó la fecha de la visión en el año tercero del reinado de Belsasar, el último rey de Babilonia. La visión dada en el capítulo 7 tuvo lugar en el primer año de su reinado; por lo tanto, ambas visiones fueron reveladas hacia el final del imperio de Babilonia. En esta visión, Daniel se encontró a sí mismo en Susa, capital de Medo-Persia, el segundo imperio mundial. Ahora, la razón para que el escenario de la visión estuviera en Susa, en lugar de Babilonia, fue que esta visión tenía que ver con el segundo y el tercer reino o imperio mundial. Los eventos que se predijeron en esta visión se cumplieron todos dentro de un plazo de 200 años. Tal cumplimiento fue tan notable que, como ya indicamos anteriormente, los críticos insistieron en una fecha tardía para la escritura del libro de Daniel. Es decir, ellos mantienen la opinión de que este libro fue escrito después de los eventos habían ocurrido y entonces, se trataba de un simple relato histórico. Éste fue un intento para librarse del aspecto milagroso, que resultaba embarazoso para su sistema de interpretación.

En esta visión se mencionó a "un carnero que tenía dos cuernos", que más tarde será identificado con Media y Persia (como podremos ver en el versículo 20).

Y se indicó que "el más alto creció después". En otras palabras, el cuerno que representaba a Media creció primero cuando el general del ejército de Media destruyó Babilonia. Entonces más tarde, los monarcas Persas lograron predominio y mayor influencia sobre los Medos y llevaron al Imperio a su época culminante. Así que este carnero, con sus dos cuernos y uno de ellos más prominente que el otro, fue el Imperio Medo-Persa, con una superioridad posterior de los Persas. Pero mientras Daniel estaba admirado por el poder y la capacidad del carnero, desde más allá del occidente llegó un macho cabrío moviéndose de forma imponente y con un destacado cuerno entre sus ojos. Este macho cabrío representaba a Grecia, como podemos ver en el versículo 21 de este mismo capítulo y el cuerno tipificaba a Alejandro Magno, que extendería sus dominios hacia el Oeste, hacia el Norte y hacia el Sur. Este gran imperio de Alejandro Magno cayó, porque él se convirtió en un alcohólico. Él pudo conquistar el mundo conocido de entonces, pero no pudo conquistarse a sí mismo.

Ahora, ¿qué sucedió cuando cayó Alejandro Magno? Dice aquí en la última parte del versículo 8: "y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables (que equivalen a las cuatro cabezas del leopardo de la visión de las bestias en el capítulo 7). Es decir, que su imperio fue dividido entre cuatro hombres, cuatro generales. Casandro, que estaba casado con la hermana de Alejandro, se apoderó de la sección de Europa, es decir, de Macedonia y Grecia. Lisímaco tomó una gran parte de Asia menor, y esa región corresponde en su mayor a la Turquía moderna. Seleuco ocupó Asia, toda la zona oriental del imperio de Alejandro, excepto Egipto. Y Tolomeo se quedó con Egipto y el norte de África.

El "cuerno pequeño" de este capítulo, en el versículo 9, no fue el mismo que el descrito en el capítulo anterior. Allí el cuerno pequeño surgió del cuarto reino; aquí, en el capítulo 8, el cuerno pequeño surgió del tercer reino. Este cuerno pequeño fue un personaje histórico, mientras que el cuerno pequeño del capítulo 7 será revelado en el futuro. Este pequeño cuerno aquí mencionado en este versículo 9 que acabamos de leer, surgió de Siria, de la dinastía seléucida. Fue Antíoco IV o Epífanes, hijo de Antíoco el Grande. A veces fue llamado Epífanes, que significa "El loco", porque fue otro gobernante demente.

Antíoco accedió al trono en el año 175 A.C. y realizó un ataque contra Jerusalén; y fue contra él que se rebelaron los macabeos en Judá. Él tenía un sentimiento anti-semita muy arraigado y trató de exterminar a los judíos. Colocó una imagen de Júpiter en el Lugar Santo del Templo de Jerusalén. Este acto fue el primer horrible sacrilegio, o, en palabras de esta versión, "la abominación de la desolación" (como podemos leer en Mateo 24:15). Este rey llegó a derramar caldo de cerdo sobre los vasos santos. Ahora, leamos nuevamente el versículo 13 de este capítulo octavo de Daniel:

"Entonces oí hablar a un santo; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del sacrificio continuo, la prevaricación asoladora y la entrega del santuario y el ejército para ser pisoteados?"

Aquí "santo" se refiere a una de las inteligencias creadas por Dios, aparte el ser humano. Es lo que llamaríamos una criatura sobrenatural. Por cierto, a veces nos hemos preguntado cómo nos llamarán a nosotros los ángeles. También observamos que en este versículo, la profanación del templo es llamada "la prevaricación asoladora" y según otra versión, "la transgresión que espanta". Ahora, el versículo 14 de este capítulo 8, dice:

"Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado."

Siempre ha habido mucho desacuerdo en la interpretación de estos 2.300 días. Algunos aplicaron a este versículo una interpretación de un día por año, y la fecha para la venida de Cristo fue entonces fijada como el año 1.843. Ahora, estos intérpretes pensaban que "el santuario" era la tierra, que sería purificada en Su venida. Algunos de los que propugnaron esta teoría eran sinceros maestros de la Biblia pero creemos que estaban equivocados. La interpretación de día por año era una base frágil e insegura para elaborar una teoría de profecía, y la historia ha demostrado que estaba equivocada.

Sin embargo, si los 2.300 días son considerados literalmente días de 24 horas, el período acaba siendo de una duración aproximada de 6 o 7 años, que fue aproximadamente el tiempo de Antíoco, que comenzó a perpetrar sus atrocidades alrededor del año 170 A.C. Finalmente, el sacerdote Judas Macabeo (llamado "el martillo") rechazó al ejército sirio, y en ese tiempo el templo fue purificado, y dedicado nuevamente después de su profanación (recordemos que él había colocado una imagen de Júpiter, y derramado caldo de cerdo sobre los utensilios santos.) Esa purificación se celebraba en la fiesta de las luces. En Juan 10:22: "Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno". Éste fue uno de los días santos que se recordaba en la época de Cristo, y que aún recuerdan los judíos en la actualidad. Esta fiesta, en realidad, no se mencionó en absoluto en el Antiguo Testamento, porque fue establecida en el período de tiempo transcurrido entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Leamos ahora los versículos 15 y 16, que comienzan a presentarnos:

El significado de la visión

"Aconteció que mientras yo, Daniel, consideraba la visión y procuraba comprenderla, se puso delante de mí uno con apariencia de hombre. Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión."

Daniel quedó perplejo con esta visión y quiso saber el significado de ella. Entonces se le apareció el ángel Gabriel. Por cierto, ésta fue la primera vez que el ángel Gabriel apareció en un relato del texto Bíblico. Y dice el versículo 17:

"Vino luego cerca de donde yo estaba. Y al venir, me asusté y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, que la visión es para el tiempo del fin."

En la explicación que siguió, Gabriel dejó en claro que Antíoco Epífanes no sería más que una figura en miniatura del Anticristo que vendría en el futuro distante.

Dice aquí "que la visión es para el tiempo del fin". Observemos que dice "el tiempo del fin" y no el final del tiempo como tal. "El tiempo del fin" sitúa el cumplimiento completo de esta profecía en el período que nuestro Señor llamó la Gran Tribulación. El hombre aquí aludido es el Anticristo, también llamado "el hombre de pecado" en la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses, y el "cuerno pequeño" en el capítulo 7 de Daniel. Esta profecía se extiende más allá del futuro inmediato y se proyecta al futuro distante, hasta tal punto, que incluso para nuestro tiempo su cumplimiento es aún futuro. Antíoco fue una simple prefiguración de otro "cuerno pequeño" que aparecerá al final del "tiempo de las naciones" (o de los Gentiles) lo cual, creemos que se expresa con abundante claridad al utilizar estos términos escatológicos. Ahora, el versículo 18 de este capítulo 8 de Daniel, dice:

"Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro. Él me tocó y me hizo estar en pie."

Aquí podemos observar el gran efecto físico que esta visión causó en Daniel. Y el versículo 19 continúa diciendo:

"Y dijo: Yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin."

Nuevamente, Gabriel se apartó del cumplimiento local en Antíoco, proyectándose hacia al fin de los tiempos de las naciones. Y continúa diciendo en el versículo 20:

"En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos: éstos son los reyes de Media y de Persia."

Estos reyes fueron aquí claramente identificados para nosotros, así que no queda margen para la especulación. El carnero, definitivamente representaba a los reyes de Media y de Persia. Y la interpretación continuó en el versículo 21, que dice:

"El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero."

De la misma manera, el macho cabrío es identificado como el rey de Grecia, y el cuerno grande sería el primer rey, es decir, Alejandro Magno. Y continuamos leyendo en el versículo 22:

"En cuanto al cuerno que fue quebrado y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él."

En otras palabras, ninguno de estos reyes tendría el poder que Alejandro Magno tuvo. Y añade el versículo 23:

"Al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas."

Como ya anticipamos, el "cuerno pequeño" sería Antíoco Epífanes, de la línea de la dinastía de los Seléucidas, que ocuparon Siria. La única explicación adecuada de este versículo y de los hechos de la historia, es que este hombre estaba poseído por demonios. En este sentido, él sería también una figura del Anticristo que vendrá. El Señor Jesús se refirió a él cuando dijo, en Mateo 24:24, "Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aún a los escogidos". Volviendo ahora, al capítulo 8 de Daniel que estamos estudiando, leemos el versículo 24:

"Su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; causará grandes ruinas, prosperará, actuará arbitrariamente y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos."

Aquí el "pueblo de los santos" se refiere a Israel. La matanza de este pueblo por parte de Antíoco fue algo casi increíble. Él fue uno de los peores dictadores que actuó contra el pueblo de Israel. Sin embargo, él fue meramente una prefiguración, una representación anticipada del Anticristo que vendrá en el futuro, de quien se ha dicho lo siguiente en Apocalipsis capítulo 13 y versículo 7: "Se le permitió hacer guerra contra los santos y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación". Después, aquí en el versículo 25 del capítulo 8 de Daniel, leemos:

"Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; en su corazón se engrandecerá y, sin aviso, destruirá a muchos. Se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana."

Antíoco fue un pálido ejemplo de este rey que vendrá en el futuro. Y el hará cuatro cosas que Antíoco hizo a mucho menor escala.

1. Hará prosperar el engaño en su mano. Se nos dice en Apocalipsis capítulo 13, versículo 17, que nadie podrá comprar ni vender, a menos que lleve la marca, que es el nombre de la bestia o el número de su nombre. Este hombre controlará la economía con gran poder y un espíritu de venganza.

2. En su corazón se engrandecerá. En Apocalipsis capítulo 13, versículo 5 dice que se le permitirá hablar con arrogancia y proferir blasfemias contra Dios. Se le dará poder para continuar con sus acciones durante cuarenta y dos meses. La humildad no será precisamente una de las características del Anticristo. Será como Satanás, que fue lleno de orgullo.

3. Dice aquí que sin aviso destruirá a muchos. Aparecerá en la historia como un cordero, pero acabará siendo como un león. En Apocalipsis capítulo 6, se presenta como el jinete del caballo blanco. Observemos que inmediatamente después de él llegará el caballo de color rojo encendido de la guerra. Es decir, que este personaje habrá logrado establecer una paz falsa.

4. Finalmente, dice aquí, Se levantará contra el Príncipe de los príncipes. Queda claro que él se opondrá a Cristo y luchará contra Él. Una de las señales características del Anticristo y de la primera bestia mencionada en Apocalipsis capítulo 13, será que se pondrá en contra de Cristo. Ahora, en el versículo 26 de este capítulo 8 de Daniel, leemos:

"La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días."

A Daniel se le dijo que esta visión era para un futuro distante, es decir, que para su cumplimiento faltaba mucho tiempo. Por lo tanto, no debía hacerla pública. Y en el versículo final de este capítulo 8 de Daniel, el versículo 27 leemos:

"Yo, Daniel, quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días. Cuando me levanté, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía."

El efecto físico y psicológico de esta visión sobre Daniel fue algo realmente devastador. En este punto, Dios comenzó a encajar los tiempos de las naciones (o de los gentiles) en la historia de la nación de Israel. Y esto fue lo que dejó perplejo a Daniel al principio, y que aun desconcierta a muchísima gente. ¿Cómo puede Dios encajar Su programa con Israel en Su programa para los no judíos? Y en la actualidad, para complicar este asunto aun más, está el programa para la iglesia. Por supuesto, la respuesta es bastante simple. En nuestro tiempo, Dios está llamando a un pueblo alrededor de Su nombre, y a este grupo llamado, lo denominamos "la iglesia". Cuando este programa concluya, y la iglesia sea recogida de la tierra, entonces Él nuevamente volverá a cumplir Su propósito para Israel y las naciones. 

Estudio bíblico de Daniel 8:1-13

 capítulo 8, cuyo tema general es la visión de Daniel sobre el carnero y el macho cabrío. Esta visión fue profética cuando le fue revelada a Daniel y registrada por él. Ahora, hay que destacar que como se cumplió tan clara y literalmente en la historia, este capítulo ha constituido la base para que los críticos asignaran una fecha tardía para la escritura del libro de Daniel. Los argumentos de los críticos se apoyan en el hecho de que la profecía, al referirse al futuro, es sobrenatural, y ellos no creen en lo sobrenatural; por lo tanto, ellos sostienen que esta profecía no pudo haber sido escrita en el tiempo de Daniel, sino que tiene que haber sido escrita después del profeta, ya como historia. Nosotros mantenemos el punto de vista de que este libro profético fue escrito por Daniel aproximadamente en el año 600 A.C.

La visión profética de Daniel de un carnero con dos cuernos altos, siendo uno de ellos más alto que el otro, y del macho cabrío que tenía un cuerno notable entre sus ojos nos coloca delante como un microscopio que nos permite observar el conflicto entre el segundo y tercer imperios mundiales y la lucha entre el Este y el Oeste, entre el Oriente y el Occidente, entre Asia y Europa. Ésta fue, pues, la lucha entre el Imperio de los Medo-Persas y el Imperio Greco-Macedónico. La visión incluyó otro "cuerno pequeño", que ya ha sido cumplido en la historia en Antíoco Epífanes, siniestro personaje que fue el gran perseguidos de los judíos, y conocido como "el Nerón de la historia judía."

Finalmente, también deberíamos observar que la sección precedente (como vemos en Daniel 2:4 - 7:28) fue escrita en Arameo, el idioma original de Siria y el idioma mundial de estos cuatro grandes imperios. Pero hay que destacar que con el comienzo del capítulo 8, el libro regresa al uso del idioma Hebreo.

Leamos entonces el primer versículo de este octavo capítulo de Daniel, que comienza el párrafo dedicado a relatarnos:

La visión del carnero y el macho cabrío

"En el año tercero del reinado del rey Belsasar, yo, Daniel, tuve una visión, después de aquella que había tenido antes."

Aquí se fijó la fecha de la visión en el año tercero del reinado de Belsasar, el último rey de Babilonia. La visión dada en el capítulo 7 tuvo lugar en el primer año de su reinado; por lo tanto, ambas visiones fueron reveladas hacia el final del imperio de Babilonia. Ahora, el versículo 2 de este capítulo 8 de Daniel, dice:

"Miraba yo la visión, y en ella yo estaba en Susa, que es la capital del reino, en la provincia de Elam. En la visión, pues, me veía junto al río Ulai."

En esta visión, Daniel se encontró a sí mismo en Susa, capital de Medo-Persia, el segundo imperio mundial.

Otra versión traduce más precisamente que él se encontraba "en la ciudadela de Susa", es decir, en la fortaleza. Ulai era el río que pasaba a través de Susa.

Ahora, la razón para que el escenario de la visión estuviera en Susa, en lugar de Babilonia, fue que esta visión tenía que ver con el segundo y el tercer reino o imperio mundial. Los eventos que se predijeron en esta visión se cumplieron todos dentro de un plazo de 200 años. Tal cumplimiento fue tan notable que, como ya indicamos en un programa anterior, los críticos insistieron en una fecha tardía para la escritura del libro de Daniel. Es decir, ellos mantienen la opinión de que este libro fue escrito después de los eventos habían ocurrido y entonces, se trataba de un simple relato histórico. Éste fue un intento para librarse del aspecto milagroso, que resulta embarazoso para su sistema de interpretación. Ahora, en el versículo 3, Daniel comenzó el relato de la visión, y allí dice:

"Alcé los ojos y miré, y había un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro, y el más alto creció después."

Aquí se menciona a "un carnero que tenía dos cuernos", que más tarde será identificado con Media y Persia (como podremos ver en el versículo 20).

Y se indicó que el "más alto creció después". En otras palabras, el cuerno que representaba a Media creció primero cuando el general del ejército de Media destruyó Babilonia, Entonces más tarde, los monarcas Persas lograron predominio y mayor influencia sobre los Medos y llevaron al Imperio a su época culminante. Así que este carnero, con sus dos cuernos y uno de ellos más prominente que el otro, fue el Imperio Medo-Persa, con una superioridad posterior de los Persas. Ahora, el versículo 4 de este capítulo 8 de Daniel, dice:

"Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapara de su poder. Hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía."

Observemos las direcciones en las que se movía el carnero. Dice aquí: "Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur". Ahora, ¿por qué no dijo que estaba dirigiéndose al oriente? Bueno, es que Persia estaba en el oriente, y no realizó ningún avance posterior hacia el lejano Oriente. Si ellos hubieran avanzado más hacia aquella dirección, habrían llegado hasta el mismo Oriente, donde se encontraban India y China. Sin embargo, los Medos y Persas proyectaron su imperio en todas las demás direcciones. Éste fue el imperio que en el capítulo 7 vimos representado por el oso, en la descripción de las bestias de la visión; estos pueblos estaban motivados por un espíritu de conquista. Leamos lo que dijo Daniel aquí en el versículo 5 del capítulo 8:

"Mientras yo consideraba esto, un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos."

Mientras Daniel estaba admirado por el poder y la capacidad del carnero, desde más allá del occidente llegó un macho cabrío moviéndose de forma imponente y con un destacado cuerno entre sus ojos. Este macho cabrío representaba a Grecia, como podemos ver en el versículo 21 de este mismo capítulo y el cuerno tipificaba a Alejandro Magno.

Bajo el rey Jerjes, Persia intentó desplazarse hacia el oeste, pero desde el Oeste llegó este macho cabrío que, en la imagen de la visión, avanzaba tan rápidamente que ni siquiera tocaba la tierra. Esto equivale a las cuatro alas del leopardo e indica la velocidad con la que Alejandro desplazaba su ejército. Ahora, en los versículos 6 y 7 de este capítulo 8, leemos:

"Vino hasta el carnero de dos cuernos que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza. Lo vi llegar junto al carnero; se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos; y el carnero no tenía fuerzas para hacerle frente. Lo derribó, por tanto, a tierra, lo pisoteó y no hubo quien librara de su poder al carnero."

Otras versiones, añaden una frase en el versículo 7, cuyo principio queda así: "lo vi venir junto al carnero, y enfurecido contra él..". Este detalle añade viveza a la imagen e indica que lo atacó con gran furia y odio. Se lanzó contra él para destruirlo.

El rey Jerjes fue el último gran gobernante de Persia, y realizó incursiones contra Europa y contra Grecia. En una ocasión, él se encontraba avanzando con 300.000 hombres y sus familias, y los soldados griegos fueron inteligentes. No salieron a su encuentro, sino que esperaron hasta que él llegara a Termópilas, un desfiladero de Tesalia, que consistía en un paso bastante estrecho y por el cual no podía avanzar un gran ejército. Así fue que los griegos llegaron a obtener la victoria en Termópilas. Causaron una gran mortandad en el enorme ejército Persa, cuando éste intentó avanzar por aquel desfiladero con unos pocos soldados a la vez. Y después, en Salamina, la flota de Jerjes de 300 barcos fue destruida por una temporal. Cuando a Jerjes le llegó la noticia de que su flota había sido destruida por la tormenta, el rey se dirigió a la orilla del mar, se quitó su cinturón y con él golpeó las olas, porque consideró que habían destruido a sus barcos. Podríamos decir que esa acción no lo mostró como un hombre inteligente y ya vimos algunos de sus problemas de control de su temperamento cuando estudiamos el libro de Ester.

Todos los esfuerzos de mayor o menor envergadura que se llevaron a cabo desde entonces por parte de fuerzas del oriente, fueron derrotados en grandes batallas, tanto en la península Ibérica, en Francia, y a través de los Balcanes.

Así fue que surgió en el Oeste ese gran general, un hombre joven, Alejandro Magno. Solo tenía 32 años cuando murió. Era un genio militar, uno de los más destacados de todos los tiempos. Pudo desplazar una fuerza militar imponente por tierra más que cualquier otro militar hasta su tiempo. Bien, veamos lo que sucedió entonces, leyendo el versículo 8 de este capítulo 8 de Daniel:

"El macho cabrío creció en gran manera; pero cuando estaba en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo."

La frase significativa en este versículo es la siguiente: "cuando estaba en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado". Ahora, ¿qué fue lo que quebró ese cuerno? No había ningún poder humano que pudiera quebrarlo. Se nos ha dicho que cuando él llegó al poder, todo el mundo estaba bajo el poder de Alejandro Magno. La tradición dice que él se sentó y lloró porque no había ya más mundos que conquistar. Él ya había conquistado el mundo conocido de su época. Sin embargo, en medio de sus enormes proyectos, fue atacado por una fiebre después de haber estado bebiendo en varias sesiones, a lo largo de toda una noche. Murió en Babilonia en el año 323 A.C., y tenía la edad de 32 años. Estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, como predijo la profecía de este versículo.

Todos estos tres imperios, el de Babilonia, el Medo-Persa y el Greco-Macedónico, pasaron sus momentos finales durante una orgía y los excesos de bebida fueron uno de los factores que causaron su caída.

Pero al alcoholismo ha continuado causando estragos a través de la historia y en nuestro tiempo, ha pasado a ser uno de los problemas más grandes. Es difícil evaluar si los excesos continuados del alcohol podrían destruir a una sociedad en un grado mayor que la adicción a las drogas. Pero incluso las autoridades están preocupadas en la actualidad por los efectos destructivos del alcohol, que afectan a la salud personal de forma irreversible, destruyendo órganos vitales. Y hay que destacar los daños que puede producir en el cerebro, alterando gravemente a la mente, dañando a la memoria y produciendo trastornos mentales. Además, afectan gravemente a la familia, incidiendo como uno de los factores que agravan la violencia de género, los maltratos a los niños. Y en la vida pública, ante el aumento de conductores de vehículos que conducen bajo los efectos del alcohol, este problema ha pasado a ser el factor principal de la mayoría de los accidentes de tráfico. Sólo la severidad y periodicidad de los controles ha podido disminuir hasta cierto punto el número de accidentes. O sea que el alcoholismo produce daños personales, familiares y sociales.

Este gran imperio de Alejandro Magno cayó, porque él se convirtió en un alcohólico. Él pudo conquistar el mundo conocido de entonces, pero no pudo conquistarse a sí mismo.

Ahora, ¿qué sucedió cuando cayó Alejandro Magno? Dice aquí en la última parte del versículo 8: "y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables" (que equivalen a las cuatro cabezas del leopardo de la visión de las bestias en el capítulo 7). Es decir, que su imperio fue dividido entre cuatro hombres, cuatro generales. Cesandro, que estaba casado con la hermana de Alejandro, se apoderó de la sección de Europa, es decir, de Macedonia y Grecia. Lisímaco tomó una gran parte de Asia menor, y esa región corresponde en su mayor a la Turquía moderna. Seleuco ocupó Asia, toda la zona oriental del imperio de Alejandro, excepto Egipto. Y Tolomeo se quedó con Egipto y el norte de África. Ahora, volviendo a este capítulo 8 de Daniel, que estamos estudiando, leamos el versículo 9:

"De uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el sur y el oriente, y hacia la tierra gloriosa."

Ahora, aquí la tierra gloriosa es una referencia a Israel.

El "cuerno pequeño" de este capítulo no fue el mismo que el descrito en el capítulo anterior. Allí el cuerno pequeño surgió del cuarto reino; aquí, en el capítulo 8, el cuerno pequeño surgió del tercer reino. Este cuerno pequeño fue un personaje histórico, mientras que el cuerno pequeño del capítulo 7 será revelado en el futuro. Este pequeño cuerno aquí mencionado en este versículo 9 que acabamos de leer, surgió de Siria, de la dinastía seléucida. Fue Antíoco IV o Epífanes, hijo de Antíoco el Grande. A veces fue llamado Epífanes, que significa "El loco", porque fue otro gobernante demente.

Antíoco accedió al trono en el año 175 A.C. y realizó un ataque contra Jerusalén; y fue contra él que se rebelaron los macabeos en Judá. Él tenía un sentimiento anti-semita muy arraigado y trató de exterminar a los judíos. Colocó una imagen de Júpiter en el Lugar Santo del Templo de Jerusalén. Este acto fue el primer horrible sacrilegio, o, en palabras de esta versión, "la abominación de la desolación" (como podemos leer en Mateo 24:15). Este rey llegó a derramar caldo de cerdo sobre los vasos santos.

Ahora, el versículo 10 de este capítulo 8 de Daniel, dice:

"Creció hasta llegar al ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó."

Reconocemos que este pasaje es difícil de interpretar. Creemos que la interpretación natural es que Antíoco desafió a Dios y le fue permitido capturar Jerusalén y el templo. Esta guerra incluyó al reino espiritual, en el cual los ángeles y los demonios estaban implicados. Algunas de las hazañas que se atribuyeron a Antíoco fueron asombrosas; si son ciertas, hubo una demostración de poder demoníaco. Ahora, el versículo 11, continúa diciendo:

"Aun se engrandeció frente al príncipe de los ejércitos; por él fue quitado el sacrificio continuo, y el lugar de su santuario fue echado por tierra."

Antíoco era un creyente devoto de Júpiter, de quien pudo haber pensado ser él mismo una encarnación. Este rey eligió para sí el título de "Theos Epiphanes", que significa "Dios manifestado". Y añadió el versículo 12:

"A causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el sacrificio continuo; echó por tierra la verdad e hizo cuanto quiso, y prosperó."

Fue a causa de la voluntad permisiva de Dios que este cuerno pequeño actuó y prosperó durante este período. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 13 de este octavo capítulo de Daniel:

"Entonces oí hablar a un santo; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del sacrificio continuo, la prevaricación asoladora y la entrega del santuario y el ejército para ser pisoteados?"

Aquí "santo" se refiere a una de las inteligencias creadas por Dios, aparte el ser humano. Es lo que llamaríamos una criatura sobrenatural. Por cierto, a veces nos hemos preguntado cómo nos llamarán a nosotros los ángeles. También observamos que en este versículo, la profanación del templo es llamada "la prevaricación asoladora" y según otra versión, "la transgresión que espanta".

Debemos concluir por hoy nuestro estudio y continuaremos con este capítulo 8 hasta finalizarlo.

Estudio bíblico de Daniel 7:24-28

Hemos dedicado bastante tiempo a este capítulo, del cual hemos hablado durante cinco programas. Pero se da el caso de que éste es un capítulo bastante importante. Estamos seguros que muchos expositores han dicho que éste es uno de los capítulos más importantes de la Biblia. Quizá podríamos decir que hay un sentimiento unánime en cuanto a esta afirmación.

En primer lugar recordemos que hemos dividido el estudio del libro de Daniel en dos secciones principales: la primera se titula "La noche histórica con la luz profética", y abarcaba los capítulos 1 al 6. La segunda sección se titula "La luz profética en la noche histórica" y abarca los capítulos 7 al 12. Así que con este capítulo 7 hemos dado comienzo a esta segunda sección. Al comenzar el estudio de este séptimo capítulo, también destacamos que, mientras en la primera sección del libro el énfasis recayó en la parte histórica, en esta segunda sección, el énfasis se puso en la parte profética incluyendo, sin embargo, los antecedentes históricos. Antes de reanudar el estudio de este pasaje Bíblico, recordemos también los temas que abarca la totalidad de este capítulo son los siguientes: (1) La visión de Daniel de las cuatro bestias (versículos 1 al 8); (2) la visión del Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo (versículos 9 al 18) y, finalmente (3) La explicación de la cuarta bestia (versículos 19 al 28). En nuestro programa de hoy consideraremos la última parte de la explicación de la cuarta bestia, es decir, los versículos 24 al 28.

En este capítulo estamos estudiando a la cuarta bestia que observó Daniel en su visión. Usted recordará que había otras tres bestias: el león, que representaba la cabeza de oro de la imagen que había soñado Nabucodonosor, y que era Babilonia. Luego vimos el oso que equivalía a los brazos de plata que representan a su vez el imperio medo-persa. Tuvimos después al leopardo con cuatro alas, que equivalía a los lados de bronce de la imagen, y que representaba al imperio grego-macedónico que fue formado por Alejandro Magno. Después llegamos a esta bestia, a la cuarta bestia indescriptible, que equivalía a las piernas de hierro y a los pies de hierro y arcilla de la imagen. Esta bestia, diferente a las demás. representaba al imperio romano, y era única en todos los aspectos. Los tres imperios anteriores ya han desaparecido. Ellos representaron su parte y ya han salido de la escena de la historia humana. Ahora, nos encontramos en algún punto de tiempo del período de esta cuarta bestia. La bestia en sí misma era feroz, viciosa, brutal, pecadora, dictadora y dominante. Como ya hemos visto, así era el imperio romano, y realmente, Roma no desapareció. Simplemente se desmembró en diversas naciones, lo cual constituyó un caso único en la historia del mundo. Así es que, muchos aspectos del imperio romano aún continúan presentes en el lenguaje, en la psicología, en la filosofía, en los gobiernos y sistemas legales de todas las naciones de nuestro tiempo.

Vamos a leer nuevamente el versículo 23, de este capítulo 7 de Daniel, para conectarlo con la lectura correspondiente al día de hoy. Dice así el versículo 23:

"Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará."

La cuarta bestia fue identificada aquí como un reino, y en el versículo 17, fue identificada como un rey. Es imposible separar al rey de su reino: ambos se presentan en esta descripción juntos, como los dos lados de una puerta. Ahora, en el versículo 24 de este capítulo 7 leemos:

"Los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y derribará a tres reyes."

O sea, que había diez cuernos que salieron de esta cuarta bestia, y ellos constituyen la forma final del cuarto reino. Cada uno de estos reyes representaba a un reino. Y surgirá un undécimo rey, el "cuerno pequeño", que será diferente a los otros y logrará el poder sometiendo a tres de los reyes. Realmente, se convertirá en el dictador de todo el mundo. Ésta es la imagen que nos dejó el capítulo 13 de Apocalipsis, donde en el versículo 7 leemos: "Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua, y nación". La segunda carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses capítulo 2, versículos 3 y 4 lo describe de la siguiente manera: "el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios". Será el Anticristo, que va a gobernar al mundo durante el período de la Gran Tribulación, que será un período de siete años.

Ya hemos leído anteriormente lo que Gibbon tuvo que decir en cuanto a este Imperio; pero, nos gustaría volver a repetirlo porque fue una declaración muy importante. El talón de hierro de Roma estuvo sobre el cuello de este mundo por un milenio. Y mucho se ha dicho en cuanto al imperio romano, que aun en nuestra época aún sorprende a los historiadores. Sobre el imperio romano, el historiador Gibbon, que no era cristiano, dijo entonces lo siguiente: "El imperio romano llenaba al mundo. Y cuando el imperio cayó en manos de una sola persona, el mundo se convirtió en una prisión segura e inhóspita para sus enemigos. El resistir era una acción fatal y era imposible huir de él". Hasta aquí, las palabras de Gibbon.

En su libro "El declive y caída del Imperio Romano" el citado historiador Gibbon, también declaró: "Los cuatro imperios han sido claramente delineados; y los ejércitos invencibles de los romanos han sido descritos con tanta claridad en las profecías de Daniel, como en las historias de Justino y Diodoro."

Ahora, leamos el versículo 25, de este capítulo 7 de Daniel:

"Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará y pensará en cambiar los tiempos y la Ley; y serán entregados en sus manos hasta tiempo, tiempos y medio tiempo."

Ese pequeño cuerno será un blasfemador. En el capítulo 13 de Apocalipsis, en los versículos 5 y 6 se habló de él en los siguientes términos: "También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemia contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo".

Y es que una de las características del Anticristo será que se pondrá en contra de Dios, y contra Cristo. Eso es lo que Anticristo quiere decir; aquel que está contra Cristo. Éste es uno de los significados de "anticristo"; el otro significado es "imitar a Cristo". Creemos que las dos bestias de Apocalipsis 13 representan estos dos aspectos del Anticristo; (1) Que ese personaje estará en contra de Cristo y será un blasfemador; y (2) que será un falso profeta e intentará imitar a Cristo. Aunque él actúe como un cordero, verdaderamente será un lobo con piel de cordero.

También se nos ha dicho que él "quebrantará a los santos del Altísimo". Esto literalmente quiere decir que afligirá a los santos y los perseguirá, como podemos ver en el capítulo 12 de Apocalipsis, versículos 13 al 17.

Luego se nos dice, también en este versículo 25, que "pensará en cambiar los tiempos y la Ley". Querrá cambiar las festividades, las costumbres y las leyes.

Ahora, el período del reinado de este llamado "pequeño cuerno" será de corta duración. Se nos dice que "serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo". Esta expresión significa, un año, dos años y la mitad de un año. Es decir, tres años y medio. Y será durante ese último período de tres años y medio de la Gran Tribulación cuando él reinará sobre la tierra (en este sentido podemos leer Apocalipsis 11:2-3, 12:6 y 13:5). Ahora continuemos leyendo el versículo 26 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio, para que sea destruido y arruinado hasta el fin"

Otra versión traduce esta primera frase del versículo de la siguiente manera: "Pero el tribunal se sentará para juzgar". Esto nos recuerda la escena en el cielo, relatada en Apocalipsis 4 y 5, en la que son descritos los tronos. Se determinará por parte del trono central y por el Cordero, que es el ejecutor del juicio, y será el acuerdo de todas las inteligencias creadas y redimidas por Dios que están en el cielo, que la bestia sea abatida. Su dominio deberá darse por terminado y ella misma será juzgada. Esta decisión tomada por el tribunal no podrá ser cambiada. Este juicio tendrá lugar durante la Gran Tribulación y será consumada por el retorno de Cristo a la tierra para establecer Su Reino (como podemos ver en Apocalipsis 19:11-21). Así concluirán los "tiempos de las naciones" o de los Gentiles, que comenzaron con Nabucodonosor y continuarán hasta el regreso de Cristo. Ahora, el versículo 27 del capítulo 7 de Daniel, continúa diciendo:

"Y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean dados al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios lo servirán y obedecerán."

Ahora, ésta es una referencia al reino eterno que aparece primero en su aspecto milenario en Apocalipsis, capítulo 20, y después se abre hacia la eternidad. Aquellos que creen encontrar una deficiencia en la posición premilenarista dicen que el milenio no constituye una interpretación acertada, sino que el reino, es un reino eterno. Sin embargo, el milenio es simplemente un reino de un período de mil años, es decir, un período de prueba tal como el que nos encontramos en la actualidad, que conduce y resulta en el reino eterno.

Ahora, Ireneo, uno de los padres de la iglesia, dijo lo siguiente: "Pero cuando este Anticristo haya devastado todas las cosas en este mundo, él reinará por tres años y 6 meses, y se sentará en el templo de Jerusalén; y después el Señor vendrá de los cielos en las nubes, en la gloria del Padre, arrojando a este hombre y aquellos que le siguen al lago de fuego; pero trayendo para los justos los tiempos del reino, es decir, el descanso, ese séptimo día santificado; y restaurando a Abraham la herencia prometida en cuyo reino el Señor declaró que muchos vendrían del este y del oeste y se sentarían junto con Abraham, Isaac y Jacob". Hasta aquí, las palabras de Ireneo. En vista de esta declaración, el profesor McGee cree que no queda lugar para minimizar o anular el concepto y la realidad del milenio y el programa profético de Dios para este mundo diciendo que los padres de la iglesia cristiana primitiva no eran premilenaristas.

Ahora, aquí tenemos otra cita. Ésta es del historiador Philip Schaff, que dijo lo siguiente: "Uno de los puntos más sobresalientes de la escatología de la época anterior a Nicea es el prominente milenarismo; es decir, la creencia de un reino visible de Cristo en gloria sobre la tierra junto a los santos resucitados, por mil años, antes de la resurrección general y el juicio. Ésta por cierto no fue una doctrina de la iglesia incorporada en algún credo o forma de devoción, sino una corriente amplia y generalizada de opinión de algunos maestros destacados". Hasta aquí la cita del historiador Schaff. Ahora, el versículo 28 y final de este capítulo 7 de Daniel, dice:

"Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón."

Al leer estas palabras comprendemos que Daniel no divulgó a sus contemporáneos las visiones y su contenido, ya que éstas pertenecían al final de los tiempos. Sin embargo, estas revelaciones resultaron inquietantes para Daniel, y le causaron tal impresión que le hicieron alterar la totalidad de su perspectiva. Todo este asunto fue una revelación completamente nueva para él.

Lo que se pretende no es discutir, crear polémicas o debates, sino difundir la Palabra de Dios y el mensaje de la salvación. El estudio de la profecía en la actualidad no tiene la finalidad de proporcionar una satisfacción personal, ni la motivación de una pura curiosidad, ni el objetivo de lograr un conocimiento inútil. Por el contrario, un estudio cuidadoso de las Escrituras proféticas, tiene un efecto transformador sobre la vida del creyente.

Ya que hemos iniciado la segunda sección de este libro recordemos que Dios le dio a Daniel, varias visiones de cuatro bestias notables. Daniel tuvo estas visiones en períodos diferentes. La visión del capítulo 7 tuvo lugar en el primer año del rey Belsasar. En el capítulo 8 la visión fui contemplada en el tercer año del rey Belsasar. En el capítulo 9, ocurrió en el primer año de Darío; en el capítulo 10 fue en el tercer año de Ciro; y en los capítulos 11 y 12 la visión fue vista en el primer año de Darío. Daniel no registró estas visiones en la sección histórica sino que reunió estas visiones proféticas incluyéndolas en la segunda sección de su libro.

Así que llegamos ahora al capítulo 8, cuyo tema general es la visión de Daniel sobre el carnero y el macho cabrío. Esta visión fue profética cuando le fue revelada a Daniel y registrada por él. Ahora, hay que destacar que como se cumplió tan clara y literalmente en la historia, este capítulo ha constituido la base para que los críticos asignaran una fecha tardía para la escritura del libro de Daniel. Los argumentos de los críticos se apoyan en el hecho de que la profecía, al referirse al futuro, es sobrenatural, y ellos no creen en lo sobrenatural; por lo tanto, ellos sostienen que esta profecía no pudo haber sido escrita en el tiempo de Daniel, sino que tiene que haber sido escrita después del profeta, ya como historia. Nosotros mantenemos el punto de vista de que este libro profético fue escrito por Daniel aproximadamente en el año 600 A.C.

La visión profética de Daniel de un carnero con dos cuernos altos, siendo uno de ellos más alto que el otro, y del macho cabrío que tenía un cuerno notable entre sus ojos coloca ante nosotros como un microscopio que nos permite observar el conflicto entre el segundo y tercer imperios mundiales y la lucha entre el Este y el Oeste, entre el Oriente y el Occidente, entre Asia y Europa. Esta fue, pues, la lucha entre el Imperio de los Medo-Persas y el Imperio Greco-Macedónico. La visión incluyó otro "cuerno pequeño", que ya ha sido cumplido en la historia en Antíoco Epífanes, siniestro personaje que fue el gran perseguidor de los judíos, y conocido como "el Nerón de la historia judía."

Finalmente, también deberíamos observar que la sección precedente (como vemos en Daniel 2:4 - 7:28) fue escrita en Arameo, el idioma original de Siria y el idioma mundial de estos cuatro grandes imperios. Pero hay que destacar que con el comienzo del capítulo 8, el libro regresa al uso del idioma Hebreo. 

Estudio bíblico de Daniel 7:14-23

Volvemos hoy,al capítulo 7 del libro de Daniel y vamos a iniciar nuestro estudio leyendo nuevamente el versículo 13 y recordando lo que comentamos sobre el mismo:

"Miraba yo en la visión de la noche, y vi que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él."

El Hijo de Dios en el cielo apareció aquí investido con la autoridad para arrebatar los reinos de este mundo a las naciones y establecer Su reino. Jesús se refirió a este pasaje cuando fue sometido a juicio ante el Sanedrín, que era el tribunal supremo religioso de los judíos. Así es que leemos en Marcos 14:61 y 62, "El Sumo sacerdote le volvió a preguntar: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús le dijo: Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo". En este punto conviene recordar que en el momento del nacimiento de Jesús, y como leemos en Lucas 1:32, el ángel profetizó: "32Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre;."

En consecuencia aquí tenemos una declaración clara de que el Señor Jesús es "aquella piedra que se desprendió sin que la cortara mano alguna, e hirió a la imagen" (como leímos en Daniel 2:34). Dios establecerá Su reino aquí en la tierra. En el segundo Salmo, versículo 7 leemos: "Yo publicaré mi decreto; el Señor me ha dicho; Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy". Él fue engendrado de los muertos, o sea, que esta declaración se refiera a Su resurrección, y no a su nacimiento en Belén. Por otra parte, al apóstol Pablo nos daría siglos más tarde esta misma interpretación en Los Hechos 13:33, porque el Salmista continuó diciendo en el versículo 8 de este Salmo 2: "Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra". El Señor Jesús va a asumir el reino. Y podríamos preguntarnos, ¿cómo lo hará? Y el salmista nos responde desde el versículo 9 del mismo Salmo 2: "Los quebrarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás". Cuando Jesús venga a la tierra, el reino no estará aquí esperando por Él. Él sofocará toda rebelión, y aquellos que sean obedientes al Rey, entrarán en el reino.

Volviendo ahora al capítulo 7 de Daniel que estamos estudiando, leamos ahora el versículo 14:

"Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido."

Todo esto preparará el camino para la venida de Cristo y la demolición de la imagen por la piedra "que se desprendió sin que la cortara mano alguna" (en relación con esto podemos leer Apocalipsis 19:11-16).

La frase "su dominio es dominio eterno" parece contradecir la idea de un reino de mil años. Sin embargo, al final de los mil años, el cual será un período de prueba con Cristo reinando, habrá un breve tiempo de rebelión contra Él cuando Satanás sea liberado por un corto período de tiempo, y el reino pasará directamente a la eternidad.

En el libro de Apocalipsis, capítulo 20, versículo 6, leemos: "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él mil años". Este reino de mil años no es sino una fase del reino eterno. Según la opinión del profesor McGee, autor de estos estudios, los pasos se detallaron claramente en el capítulo 20 de Apocalipsis; Cristo reinará mil años sobre la tierra, bajo condiciones celestiales. Después de ese período, Satanás será liberado. Los corazones humanos que no hayan sido regenerados, aún en rebelión contra Dios, aceptarán el liderazgo de Satanás, y él los reunirá para luchar en una guerra contra Cristo. Después, Satanás y los rebeldes traidores serán arrojados al lago de fuego. Los incrédulos o perdidos que hayan muerto serán resucitados para un juicio que tendrá lugar delante del Gran Trono blanco. Después de esto, el aspecto eterno del reino se manifestará en todos sus alcances, como podremos ver en el versículo 27 de este capítulo 7 de Daniel.

La Palabra de Dios deja en claro que este reino estará situado en la tierra. En Miqueas, capítulo 4, versículo 2 dice: "vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; él nos enseñará en sus caminos y andaremos por sus veredas, porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la Palabra del Señor".

Continuemos leyendo ahora los versículos 15 y 16 de este séptimo capítulo de Daniel, que comienza a presentarnos:

La definición de las cuatro bestias

"A mí, Daniel, se me turbó el espíritu hasta lo más hondo de mi ser, y las visiones de mi cabeza me asombraron. Me acerqué a uno de los que allí estaban y le pregunté la verdad acerca de todo aquello. Me habló y me hizo conocer la interpretación de las cosas"

Así como el sueño de la imagen perturbó a Nabucodonosor, esta visión, en este momento preocupó a Daniel. Él se acercó, entonces, a una de las criaturas celestiales para pedir una explicación. Y leemos aquí en el versículo 17:

"Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra."

Así que estas cuatro bestias representaban no solo a reinos sino también a reyes. Por ejemplo, Nabucodonosor, junto con su reino de Babilonia, fue representado por la cabeza de oro, y por el león con alas de águila. Y Alejandro Magno, sinónimo del imperio greco-macedónico fue descrito en el vientre y muslos de bronce, y por el leopardo. Estas bestias salvajes de rapiña, con sus naturalezas carnívoras y voraces, fueron representativas del carácter de los reyes y de los reinos correspondientes. En el versículo 18 leemos:

"Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre."

La identidad de "los santos" aquí es el factor importante de esta declaración. Hay cinco versículos en este capítulo que los mencionan (ver también los versículos 21-22, 25 y 27). Hay una referencia a ellos nuevamente en Daniel 8:24. Una escuela de interpretación asume inmediatamente que se trata de santos del Nuevo Testamento. Otros tienen un punto de vista más limitado y limitan aun más a este grupo de santos. Incluyéndose, por supuesto ellos mismos. Estimado oyente, Dios tiene una familia bastante grande. En los tiempos del Antiguo Testamento Él tenía a los santos de esa época. Los miembros de la nación de Israel fueron llamados santos; los no judíos, los paganos, también llamados Gentiles en la Biblia, que se hicieron prosélitos, es decir que se circuncidaban y se agregaban al pueblo de Israel, fueron llamados santos de Dios. Éste es un grupo diferente al formado por los santos del Nuevo Testamento que hoy forman parte de la iglesia. No pensemos entonces que un pequeño grupo será el único que se salvará, o incluso que los creyentes en esta época de la gracia de Dios serán los únicos que se salven. Dios salvó a personas antes del Día de Pentecostés, y va a salvar a personas después de recoger a Su iglesia. Dios se ocupa de la tarea de salvar personas; quizás la iglesia cristiana no está logrando alcanzar a la gente con el evangelio como debería hacerlo, pero Dios no está fracasando en absoluto.

Daniel 8:24 dice: "Su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; causará grandes ruinas, prosperará, actuará arbitrariamente y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos". Aquí tenemos la referencia a los "santos". Éxodo 19:6 identificó a Israel como una nación santa, o como santos. Dice allí: "Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa".

La palabra griega que se utiliza para santos es "hagios", y se menciona unas 200 veces en el Nuevo Testamento. En 92 de los casos, "hagios" es traducida "santo" en combinación con "espíritu", refiriéndose al Espíritu Santo. También se ha utilizado para hablar de los creyentes en la iglesia, que son llamados "santos". En el Nuevo Testamento, los "santos" son pecadores que han sido declarados justos a causa de su fe en Cristo (como podemos leer en la epístola a los Romanos, capítulo 1, versículo 7). La palabra griega "hagios" fue utilizada igualmente para los creyentes del Antiguo Testamento (como podemos ver en Mateo 27:52-53) y para los santos del período de la Tribulación (como vemos en Apocalipsis 13:7). Por lo tanto, en el libro de Daniel, el término "los santos" se refiere al pueblo de Israel, no a todo Israel sino sólo al remanente de creyentes. Que los santos de la iglesia no han sido aludidos aquí parece evidente, ya que Daniel no se refirió a la iglesia en ningún sentido.

Llegamos ahora a un párrafo que hemos titulado:

La explicación de la cuarta bestia

El énfasis de este relato recae en la cuarta bestia. Aquí fue donde Daniel puso el énfasis y donde Dios también hizo recaer el énfasis. Y nosotros también deberíamos hacerlo, ya que nuestro período de historia encaja en algún momento del período de la cuarta bestia. Leamos entonces los versículos 19 y 20 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y pisoteaba las sobras con sus pies; asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, ante el cual habían caído tres. Este mismo cuerno tenía ojos y una boca que hablaba con gran insolencia, y parecía más grande que sus compañeros."

Todo aquí nos habla de poder y ferocidad. La ferocidad de la bestia, con sus dientes de hierro y uñas de bronce, se destacó nuevamente. Roma fue odiada pos sus naciones cautivas. Aníbal, el general y político cartaginés, cuya marcha sobre Roma desde Hispania continúa siendo una hazaña muy recordada, juró venganza contra ese poder tan cruel y vivió para ejecutarla. Pero aun así, fue finalmente dominado por Roma. Roma rechazó al Hijo de Dios, el Salvador, a través de Pilato, que le formuló a Jesús esa pregunta insolente y cínica: "¿Qué es la verdad?".Roma crucificó a Jesús y persiguió a la iglesia.

Los diez cuernos crecieron en la cabeza de la bestia, indicando un desarrollo posterior, y no un reino separado. Observemos que los cuernos no crecieron en una cabeza muerta. Roma pervivió en la fragmentación del imperio en muchas de las naciones existentes en Europa y el norte de África, incluyendo quizás algunas de Asia. Sin embargo, no creemos que podamos identificar específicamente a las naciones.

En el tiempo del fin, tres de los cuernos caerán ante ese "pequeño cuerno", que será dominante en su personalidad, capacidad, propaganda, y atractivo público. Y ese "cuerno pequeño" es el Anticristo, el llamado "hombre de pecado" (2 Tesalonicenses 2:3-4), y la primera bestia de Apocalipsis 13:3-6. Continuemos leyendo el versículo 21 de Daniel 7:

"Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos y los vencía"

Debemos destacar que Roma será nuevamente un poder mundial bajo el Anticristo. En Apocalipsis, capítulo 13, versículo 7, leemos: "Y se le permitió hacer guerra contra los santos y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación". Este será un breve período en la última parte de la Gran Tribulación (Apocalipsis 11:3, 12:6, y 13:5) La iglesia ya habrá sido recogida antes del comienzo de la Tribulación.

Los Romanos han sido un pueblo belicoso, como aquellos que han tenido antepasados en ciertas regiones de Europa habrán podido comprobar. Fue el escritor inglés Chesterton dijo: "Una de las paradojas de la presente era es que vivimos en la era del pacifismo, pero no en la era de la paz". Uno puede escuchar grandes declaraciones acerca de la paz y convivencia ciudadana o internacional, pero la especie humana no es precisamente una raza pacífica. Situando una de estas paradojas en el futuro, la primera carta a los Tesalonicenses, capítulo 5 y versículo 3 dice: "3Cuando digan: Paz y seguridad; entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán". Más allá de los gestos de pacifismo y tolerancia, la agresividad y la guerra están presentes en nuestro corazón. En la historia registrada el ser humano se ha implicado en unas quince mil guerras y, por otra parte, ha firmado unos ocho mil tratados de paz. Sin embargo, en todo ese prolongado período, sólo ha disfrutado de un tiempo de doscientos o trescientos años de verdadera paz. Realmente, el ser humano es una persona belicosa.

Como dijimos anteriormente, el imperio romano va a ser reunido una vez más y el Anticristo será el que logre llevar a cabo esa empresa. De esa manera, sus esfuerzos le llevarán a obtener por un tiempo el poder mundial, convirtiéndose en su figura máxima. La Biblia nos dice que blasfemará al Dios de los cielos. Dice Apocalipsis capítulo 13, versículo 6: "Y abrió su boca para blasfemar contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo y de los que habitan en el cielo."

Ya en la década de los cincuenta del siglo pasado, apenas unos pocos años después del fin de la segunda guerra mundial que trajo al mundo tanta muerte y destrucción, era evidente que algunos pueblos estaban anhelando encontrar a un líder, a un hombre fuerte, que restaurara sus naciones a la grandeza, gloria y prosperidad que una vez disfrutaron.

Y un hombre como el obispo Fulton J. Sheen declaró: "El Anticristo vendrá disfrazado como un gran personaje humanitario. Él hablará de paz, de prosperidad y abundancia, no como un medio para llevarnos a Dios, sino como un fin en sí mismo. Él justificará la culpa desde un punto de vista psicológico; hará que los hombres se sientan avergonzados si sus semejantes dicen que ellos no son tolerantes. Él difundirá la mentira de que los hombres nunca serán mejores, hasta que construyan una sociedad mejor". Hasta aquí las palabras del obispo Fulton J. Sheen. Volvamos entonces al séptimo capítulo de Daniel y leamos el versículo 22:

"Hasta que vino el Anciano de días, y se hizo justicia a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino."

"El Anciano de días" aquí mencionado es Cristo. Él es el único que va a poder vencer al Anticristo.

Y el término "los santos" no se refiere a los santos del Nuevo Testamento. Este es al Antiguo Testamento, y debemos permitir que la Biblia exprese lo que quiere comunicar, en vez de intentar encajarla en un determinado sistema doctrinal. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 23 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará."

La cuarta bestia fue identificada aquí como un reino, y en el versículo 17, fue identificada como un rey. Es imposible separar al rey de su reino: ambos se presentan en esta descripción juntos, como los dos lados de una puerta.