viernes, 8 de mayo de 2015

Estudio bíblico de Amós 6:1-6

 viajando por el libro de Amós, y llegamos ahora al capítulo 6. En el versículo 14 finalizaremos la segunda división de este libro, titulada "Juicios sobre los reinos de Judá e Israel", serie que comenzó en el capítulo 2, versículo 4. Y dentro de esta división, dijimos que los capítulos 4 al 6 constituían una serie breve que trata sobre los juicios sobre Israel, es decir, sobre las diez tribus del reino del norte. También dijimos que en el capítulo 4 el profeta nos recordó que en el pasado, Dios castigó a los israelitas por su maldad. El capítulo 5 expuso que en el futuro, ese pueblo será castigado por su maldad. Así que en este capítulo, veremos que, por medio del profeta Amós,

Israel fue aconsejado en aquella época a apartarse de la maldad

Amós comenzó este capítulo con una lamentación. Él no era un profeta especializado en este tipo de lamentaciones, que encontraremos en varios de los otros de los profetas que hemos estudiado, y en el libro de Apocalipsis. La primera palabra de la lamentación, la palabra "Ay" también significa "detenerse, mirar y escuchar", porque a continuación se dirá algo importante. Así que esta primera palabra debería impulsarnos a prestar atención al mensaje que seguirá. Leamos entonces el primer versículo de este capítulo 6 de la profecía de Amós:

"¡Ay de los que reposan en Sión y de los que confían en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a quienes acude la casa de Israel!"

Sión estaba situado en el reino del sur o de Judá; así que ambas partes de la nación, es decir, Judá e Israel, fueron las destinatarias de este mensaje. Sión era el centro religioso - allí se encontraba el templo de Dios, y Samaria era la metrópoli de un reino poderoso.

Este primer versículo comenzó diciendo ¡Ay de los que reposan en Sión! En algunos países se usan diversas expresiones de despedida y buenos deseos. Suele decirse "Bueno, tómatelo con calma", o "que tengas un buen día". Últimamente suele escucharse decir "cuídate". Estas expresiones vienen a significar prácticamente lo mismo. Y eso es lo que Israel estaba haciendo, al tomar las cosas con calma. Y es significativo que el mensaje comenzara con la frase ay de los que reposan en Sión. Estaban viviendo en medio de los lujos de la abundancia. En el siglo pasado, después de la segunda guerra mundial, esto les pasó así a algunas naciones que empezaron a desarrollar progresivamente una cierta prosperidad.

Y vemos que, a continuación, esta lamentación se extendió a los que confían en el monte de Samaria. En esa ciudad, como capital del reino del norte se concentraba lo mejor del país. Los reyes Acab y Jezabel habían vivido allí, donde se construirían los hermosos palacios de marfil. Las montañas que rodeaban Samaria proporcionaban fortificaciones naturales, tan adecuadas que la ciudad pudo resistir el sitio de los Asirios durante tres años, hasta que fue conquistada. Samaria era una ciudad tan importante que después de ser destruida por los Asirios, y más tarde en la historia, fue reedificada por el rey Herodes. Este rey sería un destacado constructor que promovió grandes edificaciones por toda Palestina. Hizo construir Cesarea a partir de la nada, pero a Samaria la reedificó porque disfrutaba de una situación privilegiada. Por ello, y volviendo al pasado histórico de la época de oro original de la ciudad, diremos que con todo su lujo y estratégicas fortificaciones, el reino de Israel se sintió seguro y bien protegido.

El versículo 1 se refirió después a los notables y principales entre las naciones, a quienes acude la casa de Israel. Aquí los principales entre las naciones eran probablemente los príncipes de Israel, que eran hombres de rango y autoridad. A estos jefes impíos y negligentes de la nación, el pueblo de Israel se dirigió para obtener justicia y ayuda. Pero los príncipes estaban interesados únicamente en su propia comodidad y falta de moderación. La frase "principales entre las naciones" podría dirigirse también al reino mismo de Israel, interpretándose como un reconocimiento del que desfrutaba por parte de las naciones de aquella época. Era un reino influyente. Continuemos leyendo el versículo 2 de este sexto capítulo de Amós:

"Pasad a Calne y mirad; de allí id a la gran Hamat y descended luego a Gat de los filisteos. ¿Sois vosotros mejores que esos reinos? ¿Es su territorio más extenso que el vuestro?"

El versículo comenzó con una referencia a Calne, que era una ciudad situada en la confluencia de los ríos Tigres y la parte superior del río Zab. Allí también se encontraba la ciudad de Nínive, así que la zona constituía un centro importante de influencia.

Y después leemos y de allí id a la gran Hamat. Hamat era la ciudad más importante de Siria. Aquí el mensaje fue recorriendo localidades en dirección al sur.

Y continuó diciendo y descended luego a Gat de los filisteos. Gat se encontraba en dirección al sur, en Filistea, y era la ciudad principal de los Filisteos.

Y el versículo continuó preguntando: ¿sois vosotros mejores que esos reinos? ¿Es su territorio más extenso que el vuestro? En otras palabras, fue como si hubiera preguntado: "Mirad a estas otras naciones. ¿Por qué pensáis que sois mejores a ellas? No lo sois. Estáis implicados en los mismos pecados que ellas y vuestra responsabilidad es mayor. Ellas no tienen una revelación de Dios, pero vosotros, sí la tenéis."

Después el profeta Amós mencionó los 3 pecados nacionales de Israel. Estos fueron los 3 pecados que abatieron al reino del norte. Y también ocasionaron la caída del reino del sur. Igualmente, causaron la caída de Babilonia, de Egipto, de Grecia, y de Roma. Y han causado el fin de muchas otras grandes naciones, y otras que terminarán pasando a un segundo plano en la escena internacional. Así que estos 3 pecados tuvieron el carácter de pecados nacionales, y por los cuales Dios juzgará a las naciones. Leamos ahora el versículo 3 de este sexto capítulo del libro de Amós:

"¡Vosotros, que creéis alejar el día malo, acercáis el reino de la maldad!"

Es decir, que Israel estaba diciendo: "Sí, un día de juicio vendrá. Pero no está cerca. No necesitamos preocuparnos por ello". Recordemos que esto fue lo que el rey Ezequías le preguntó al profeta Isaías cuando éste le dijo que se acercaba un juicio sobre el reino del sur; y que ellos iban a ser llevados al cautiverio. Entonces Ezequías le preguntó si este evento ocurriría en los días de su reinado. Isaías le respondió: "No, no será en tu tiempo"; y aún Ezequías, que era un gran rey le comentó: "Bueno, entonces, está bien".

En muchos países, nuestra generación está pasando a nuestros nietos naciones endeudadas y con grandes problemas. Pensamos en el mundo en el cual ellos vivirán. Observando lo que sucede en la actualidad habría que concluir que el futuro tendrá días difíciles para la supervivencia.

¿Cuáles fueron los pecados que destruían a una nación? El primero fue mencionado en el versículo 4, que dice lo siguiente:

"Duermen en camas de marfil y reposan sobre sus lechos; comen los corderos del rebaño y los novillos sacados del establo"

Aquí en realidad se mencionaron dos pecados: el sexo ilícito y la glotonería, pecados de la naturaleza humana.

Ahora, dice aquí este versículo: Duermen en camas de marfil. En Samaria, los reyes Acab y Jezabel habían edificado un palacio de marfil. El lugar que ocupó, ha sido excavado totalmente y los obreros han encontrado muchos objetos En las excavaciones que se han hecho en esa zona, se ha descubierto una gran cantidad de objetos hermosos, vasos entre las ruinas y escombros. Aquel palacio representó la vida de la clase más alta de la época. Todos tenían camas de matrimonio decoradas con gran lujo. Estaban disfrutando del placer y tomándose la vida con calma.

La frase y reposan sobre sus lechos sugiere su preocupación por el sexo. Estaban implicados en esas prácticas ilícitas, que están recibiendo también en nuestra época un gran énfasis; éste es uno de los motivo por el cual la vida familiar y social de algunos de los personajes famosos recibe tanta atención por parte de algunos medios de difusión y consecuentemente de la sociedad en general.

Si leemos atentamente la historia, comprobaremos que ninguna nación ha podido sobrevivir a una implicación generalizada en el pecado. Roma representó probablemente el más poderoso de los imperios. ¿Por qué se desmoronó? No fue exactamente por un enemigo exterior. El destacado historiador Gibbon, en su obra "La decadencia y caída del Imperio Romano" citó la destrucción de la familia como uno de los factores importantes que causaron la caída de Roma. Cuando la inmoralidad en todos los órdenes se propagó, el imperio comenzó debilitarse y comenzó su decadencia. Continuemos leyendo en el versículo 5 de este sexto capítulo, donde se mencionó el segundo pecado nacional de aquel pueblo:

"Gorjean al son de la flauta e inventan instrumentos musicales, como David"

En aquellos tiempos solían crearse nuevas canciones y melodías. El auge de la música no ha sido la característica exclusiva de una época en particular. La creatividad en este arte ya operaba en aquellos días. Pero la música no era utilizada como lo había sido en los tiempos de David. El rey David era un genio cuya música fue creada para dar alabanza y honra a la gloria de Dios. El pueblo de Israel también tuvo compositores en los días del profeta Amós, pero ellos no estaban componiendo música para honrar al Dios vivo y verdadero. En cambio, en un ambiente de idolatría, de adoración a ídolos, la música era una influencia para que la gente se continuara apartando de Dios y de la adoración a Dios.

Ahora el texto nos lleva al tercer pecado de ámbito nacional de aquel pueblo. Leamos el versículo 6 de este sexto capítulo del libro de Amós:

"Beben vino en tazones y se ungen con los perfumes más preciosos, pero no se afligen por la ruina de José."

Aquí se aclaró que bebían vino en tazones, no en vasos normales. Por la forma en que los describe aquí, se estaba hablando de alcohólicos.

También se añadió que se perfumaban con las esencias más finas y el profeta además aclaró pero no se afligen por la ruina de José. En aquellos tiempos se dedicaba mucha atención a conseguir el perfume más adecuado para las axilas, el desodorante más efectivo. Pero lo que estaba contribuyendo a destruir la nación era la embriaguez.

Realmente el elevado consumo de alcohol y de drogas, así como los otros pecados mencionados anteriormente, son todos ellos, factores decisivos para la destrucción de una sociedad. Las cifras que indican el número de alcohólicos crece de manera alarmante, y el número de personas cuyas vidas resultan afectadas es aun más elevado. La mayor parte de los accidentes de automóvil son causados por conductores que se encuentran bajo la influencia del alcohol. Es sabido que incluso una cantidad limitada de alcohol ya comienza a alterar la capacidad de reacción ante las situaciones imprevistas que pueden presentarse en la vía pública, ya sea retardándola o provocando reacciones excesivas por parte del conductor. La situación ha obligado a las autoridades a intensificar los controles de alcoholemia, en un intento por evitar la elevada cantidad de víctimas mortales y heridos causados por los accidentes. Y así, han quedado familias totalmente destruidas y otras, con algunos de sus miembros con graves secuelas físicas que tendrán que soportar durante toda su vida. Si hablamos de los efectos del alcoholismo a más de los daños irreversibles causados en la salud del individuo, que pueden provocar un aumento de la agresividad. Esto sucede ante situaciones de mala convivencia familiar, como por ejemplo, en la violencia de género, hemos de reconocer que una gran parte de la sociedad se ve afectada por este mal, que perjudica directa e indirectamente a un gran número de personas.

Sin embargo, a pesar de la evidente inquietud social ante este problema, hay personas que se oponen a las restricciones que limitan el uso excesivo de la bebida, que afectan a jóvenes y no jóvenes.

Los pecados cometidos por la influencia de las pasiones humanas han provocado la descomposición de la sociedad, afectando a su misma estructura y desarrollo, alterando gravemente la convivencia entre las personas, el respeto a los valores morales mínimos, y promoviendo conductas de desobediencia a las leyes. Y cuando se altera la convivencia de esta manera, ¿dónde se encuentra el límite para la permisividad? ¿Qué soporte moral queda si se pierden las convicciones y la creencia en valores absolutos? Si consideramos que toda norma es relativa, y la interpretación de toda conducta depende de factores como el estado de ánimo y la situación personal de cada uno. Esta situación, a su vez, puede conducir a una corrupción generalizada y a la decadencia de un pueblo. No creemos que una sociedad pueda evitar las consecuencias de esos pecados.

El mensaje del profeta Amós se hizo realidad, y se cumplió en su tiempo. El reino de Israel o del norte fue destruido y conducido al cautiverio. En el versículo 4 vimos que entre los pecados de los israelitas se especificaron la glotonería y el sexo ilícito. En el versículo 6 se enfatizó que la situación de desenfreno se expresó en la música, cuya práctica estaba influenciada por el paganismo, es decir, por la idolatría que había llevado a aquel pueblo a la adoración de los ídolos, y que servía como marco para la práctica de los pecados que hemos mencionado. Era una filosofía de vida que se expresó muy bien en aquel antiguo lema, que decía "comamos y bebamos, que mañana moriremos". Bajo esta idea, ante la creencia de que no existe ninguna existencia más allá de la muerte, el objetivo alrededor del cual gira la mente de las personas y que orienta sus vivencias, planes y lucha por sobrevivir, consiste en pasarlo lo mejor posible, no importando los medios o esfuerzos que haya que realizar para lograr tal meta. Pero, resulta que con el avance de la edad y como consecuencia de los efectos del pecado en la raza humana, el cuerpo se deteriora. Cuando esta realidad se presenta como ineludible produce vacío y frustración, así como una clara sensación de fracaso; las personas comienzan a ver amenazada su existencia, entonces sí, comienzan a pensar en la posibilidad de otra existencia más allá de la muerte. Y tal idea les causa incertidumbre y temor. Entonces son conscientes de que se encuentran en un callejón sin salida.

Todo esto que estamos diciendo pone de relieve una realidad innegable e ineludible sobre el corazón humano, es decir, sobre el centro de nuestra vida emotiva y emocional. Uno podría apropiarse de todo el mundo, de todas las riquezas y recursos, de todo el poder disponible, de todos los placeres, de todos los honores, afectos y adhesión de las personas y aún así, permanecería insatisfecho. ¿No es cierto que esta conclusión resulta interesante y merece una reflexión? Los escritores de la Biblia no eludieron este problema. El rey Salomón, que ciertamente exploró la ciencia y la sabiduría de su tiempo en la búsqueda de la plenitud de la experiencia humana. Llegó entonces a conclusiones similares a las de las personas de nuestro tiempo. En el libro de los Proverbios, capítulo 27, versículo 20 encontramos estas reflexiones: La muerte, el sepulcro y la codicia del hombre jamás quedarán satisfechos. Y en el libro del Eclesiastés, el sabio de aquella época dijo en el capítulo 1, versículo 8; Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oíros.

Otra versión de la Biblia, en este pasaje transmite la misma idea de la siguiente manera: "Nadie es capaz de expresar cuánto aburren todas las cosas; nadie ve ni oye lo bastante para quedar satisfecho". En el Nuevo Testamento, el apóstol Santiago, comentando el origen de los conflictos que se producen en la convivencia humana, y presentando el cuerpo de cada persona como un campo de batalla en el cual combaten las pasiones humanas, dijo en su carta, en el capítulo 4, versículo 2: Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia y nada podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. El problema, estimado oyente, es que se está buscando la satisfacción, el pasarlo bien, en cualquier cosa, en cualquier factor o circunstancia humana que no sea Dios. Y, en consecuencia, el resultado es siempre el mismo. Vacío interior, frustración, desilusión, amargura y frustración. Este es el resultado de toda una vida, de toda una lucha. ¿Y qué queda? ¿Volver a empezar, volver a buscar lo mismo con los mismos métodos, en los mismos factores y circunstancias? Creemos que queda claro que necesitamos otra respuesta, necesitamos escuchar otra voz, ver otro camino. Y la respuesta nos viene desde la Biblia. En el Antiguo Testamento, el Salmo 1 nos responde que la experiencia de la persona que nutre su vida con la Palabra de Dios, se resume en las siguientes palabras: Será como un árbol firmemente plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prosperará. Pero el salmista también advierte: "En cambio, los malvados son como la paja arrastrada por el viento". Estimado oyente, le invitamos a preguntarse: ¿a cuál de estos dos vidas se parece la mía? Porque en el Nuevo Testamento, el mismo Señor Jesucristo, refiriéndose a todas las cosas en las que el ser humano deposita su ansiedad y por las cuales lucha, dijo: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:32). Y más adelante, como podemos leer en Juan 6:53) dijo, El que en mí cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Como el vino a morir, resucitar y hacer posible que por la fe recibamos la vida eterna, a la vez que vivamos una vida de calidad humana y espiritual, también dijo: He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10). 

Estudio bíblico de Amós 5:18-27

nuestro estudio de este libro del profeta Amós, y estamos en el capítulo 5. Recordemos que el capítulo anterior, este capítulo y el próximo, el capítulo 6, formaban una serie que trataba específicamente con el pueblo de Israel. El capítulo 4 nos recordó que en el pasado, Dios castigó a ese pueblo por su maldad. En este capítulo 5 estamos viendo que en el futuro, dicho pueblo será castigado por los mismos motivos y, finalmente, en el capítulo 6 veremos que Amós aconsejó a su generación que se apartaran de la maldad.

En el capítulo 4 ya habíamos leído que, a pesar de las severas advertencias y plagas, el relato repitió varias veces la frase pero nunca os volvisteis a mí. En los primeros versículos de este capítulo 5, hemos visto que Dios les rogó a los israelitas una y otra vez que le buscaran, para poder evitar el castigo que caería sobre ellos. Los constantes llamados de invitación de Dios parecieron resumirse en el versículo 5 de este capítulo, en el cual encontramos la frase buscadme y viviréis. Ahora bien, en los versículos 15 y 16 Dios, sabiendo que ellos no se arrepentirían, claramente les habló del juicio y castigo que vendrían sobre ellos. Habría una gran mortandad y todos se lamentarían.

Demos, pues, comienzo a nuestra lectura Bíblica de hoy leyendo el versículo 18 de este capítulo 5 de Amós:

"¡Ay de los que desean el día del Señor! ¿Para qué queréis este día del Señor?"

Aquí se implica que muchas personas estaban diciendo, con una pretendida actitud de piedad que deseaban que llegara el Día del Señor. El profeta Amós hizo referencia a ese supuesto deseo como una lamentación, al decir ¡Ay de los que desea el día del Señor! También hoy muchas personas dicen "¡Ah, si viniera el Señor!" Pero esa expresión para tales personas solo significa un sentimiento piadoso. Ese "Día del Señor" no va a ser para ellas una experiencia tan placentera como ellos piensan.

Amós usó aquí la expresión "el Día del Señor". El profeta Joel fue quien introdujo este tema en la profecía, y cada uno de los profetas después de él tuvo algo que decir sobre este tema. Muchos han creído que el Día del Señor se refería al reino milenario; en un principio habíamos pensado que así era. Joel - así como también Amós--- fue muy cuidadoso al decir que el Día del Señor no consistiría en un período luminoso, sino más bien oscuro. El Día del Señor comenzará con juicio y continuará con la venida de Cristo para establecer Su reino aquí en la tierra.

Hay varios expositores Bíblicos que creen que en aquella época el pueblo de Israel se estaba convirtiendo en un pueblo bastante cínico y los israelitas estaban ridiculizando el Día del Señor. Pero nosotros no lo consideramos así, es decir, que no vemos posible aplicar aquí esta interpretación. Más bien vemos que la gente se estaba haciendo piadosa en el sentido que estaban cumpliendo los rituales de la ley de Moisés, pero por otra parte también estaban adorando a los ídolos. Para muchos, todo se limitaba a practicar una religión, así como en la actualidad muchas personas asisten a la iglesia. No hay ninguna vitalidad, ni ninguna experiencia real por el hecho mismo de cumplir un ritual. La razón por la cual muchos servicios religiosos hoy revelan una falta de espiritualidad es, que no implican nada más que el cumplimiento de un ritual. Puede incluso que se trate de reuniones atractivas, que apelen a la vista y al oído pero, estimado oyente, ¿cambian en algo su vida? ¿Constituyen una experiencia transformadora? ¿Le ayudan a hacer frente a las circunstancias de su vida personal, familiar, laboral y social? Hay muchos hoy que se declaran conservadores en su posición teológica y premilenialistas en la profecía, y también suelen decir "¡Ah, si el Señor viniera!" Si usted es uno de ellos, permítanos preguntarle lo siguiente: ¿verdaderamente, desea usted que El venga? ¿O está usted utilizando el arrebatamiento de la iglesia como una especie de vía de escape para evadirse de los problemas que le rodean?

A veces, algunos, al enfrentarse con una situación difícil o una experiencia de gran tensión, o por momentos de dolor, deseamos que el Señor venga antes de ese trance crítico. Y, por otra parte, cuando viven impulsados por la ilusión de pasar por una experiencia placentera, desean ardientemente que el Señor demore Su venida para poder disfrutar de esos momentos de felicidad.

En el pasaje que estamos estudiando, fue como si el profeta Amós le hubiera dicho a aquel pueblo: "os consideráis piadosos por estar cumpliendo con los rituales religiosos pero realmente no conocéis a Dios, porque al mismo tiempo, ¡estáis adorando a ídolos! El Día del Señor no es algo que debáis desear que llegue. No será un día de luz, sino de oscuridad. Cuando el Día del Señor llegue, tendréis que pasar por un período de gran tribulación. Lo que parecéis esperar, es dar un salto en el tiempo hasta el período del reino pero, las cosas no van a ocurrir de esa manera."

Aquellos que creemos que la iglesia no va a pasar por el período de la gran tribulación deberíamos ser conscientes de que no evitaremos todo juicio o evaluación por parte de Dios. Escuchemos lo que dijo el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios capítulo 5, versículo 9 y 10: 9Por tanto, procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables, 10porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. El tribunal de Cristo, en el idioma original, es el "bema"; es decir, que no se trata del juicio final del Gran Trono Blanco, mencionado en el Apocalipsis. El tribunal de Cristo significa el momento en el que todos los cristianos se presentarán ante su Señor, como dice este versículo de San Pablo, para que cada creyente reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en esta tierra. Surge aquí una pregunta: ¿será ese juicio para determinar la salvación de cada uno? Por supuesto que no. Recordemos que el apóstol Pablo también dijo en su primera carta a los Corintios capítulo 3, versículo 11: 11Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Es decir, que ningún ser humano puede poner otro fundamento que éste en su vida. Pero sobre ese fundamento, uno puede edificar con materiales de baja calidad, como madera, heno y paja. O también puede edificar con materiales de gran calidad, como oro, plata o piedras preciosas. En ese tribunal de Cristo que mencionó San Pablo, la obra de cada creyente - no su salvación, ni su persona--- será probada por el fuego. El fuego pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si la obra de un creyente sobrevive al fuego, entonces él recibirá una recompensa. Pero supongamos que la obra de un creyente no supere la prueba del fuego y es consumida por las llamas; entonces, ¿qué le sucederá a ese creyente? Pues, como dijo San Pablo, él mismo será salvo, pero como quien pasa por el fuego, como podemos ver en 1 Corintios 3:12--15. A veces hemos dicho, figurativamente hablando, que, aunque muchos cristianos sean salvos, cuando lleguen al cielo van a despedir el mismo aroma de un tizón arrebatado del fuego. Porque todas la obras que hayan realizado en esta tierra, la hicieron por motivos exclusivamente humanos, egoístas, o para lograr una simple satisfacción personal.

Todos los cristianos, ya sea que se encuentren en la plenitud de la vida, o en el ocaso, deberían preguntarse cómo lo pasarán cuando se presenten ante el tribunal de Cristo. Más allá de lo que cada uno haya hecho en esta vida, y de que haya llevado a cabo obras espectaculares, que pareciera que van a merecer una gran recompensa, o que más bien haya realizado una obra silenciosa, que casi haya pasado desapercibida ante los demás, está la realidad interior e íntima de cada creyente. Y más allá de lo que cada uno ve en los demás, cada uno se conoce a sí mismo, y esta realidad será la que contará al llegar a la presencia del Señor Jesucristo.

Estimado oyente, las vidas que vivamos aquí en la tierra van a ser probadas, y será una apariencia piadosa inútil, el fingir estar tan interesado en la venida de Cristo, cuando la verdad es que algunos llegarán al cielo y al enfrentarse con el tribunal de Cristo. Comprobarán que, después de todo, no habrán evitado las preocupaciones que otros pasarán en una gran tribulación. Observemos que el Apóstol Pablo, después de haber hablado del tribunal de Cristo, continuó diciendo en su segunda carta a los Corintios capítulo 5 y versículo 11: 11Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres. No piense usted que al llegar ante la presencia del Señor lo que va a contar para que El le entregue su recompensa será su constante asistencia a los servicios religiosos de la iglesia. Lo que realmente contará en el tribunal de Cristo será la vida que usted haya vivido en su propio hogar, su testimonio cristiano en su vida laboral y social, así como su conducta moral con respecto a los demás. Lo importante en aquel momento será entonces, las motivaciones que le hayan impulsado aquí en la tierra, que determinarán la calidad de las obras que haya realizado.

¿Desea usted ir al cielo lo antes posible? ¿Y entonces, tiene usted todo preparado para presentarse allí? El apóstol Pablo escribió en su primera carta a los Corintios capítulo 11, versículo 31: 31Si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; Por este motivo, algunos tratamos de confesar todo al Señor, ya que es mejor arreglar cuentas con el Señor cada día, en vez de dejar una cuenta grande pendiente para aquel día futuro en Su tribunal. El va a juzgar todas nuestras acciones, así que si fallamos en nuestro testimonio cristiano, si hemos perdido en alguna ocasión el control sobre nuestro temperamento perjudicando a otras personas, si hemos hablado mal de alguien, o hemos cometido alguna otra falta, será mejor que cada día nos examinemos a nosotros mismos. Como hemos leído, el apóstol Pablo tenía esa regla. El Señor va a juzgar todas las cosas y al llegar a Su Presencia, todo tendrá que quedar examinado y aclarado, pues ese será el propósito del tribunal de Cristo.

En este pasaje Bíblico que estamos estudiando hoy, vemos que el profeta puso a aquella gente en su lugar, para que dejaran de hacer alarde de su deseo de que llegara el Día del Señor, ya que este día no sería un tiempo de luz y claridad, sino de oscuridad, y tendrían que pasar por una gran tribulación. Así que si usted, estimado oyente, es un creyente en Cristo, no pasará por esa gran tribulación y juicio de Dios, pero aun así, será ineludible que pase por el tribunal de Cristo, y esta experiencia futura, para algunos no será tan agradable como piensan que va a ser. Pero volviendo al Día del Señor, el profeta continuó diciendo en el versículo 19 de este quinto capítulo de la profecía de Amós.

"Será como el que huye del león y se encuentra con el oso; o como el que, al entrar en casa, apoya su mano en la pared y lo muerde una culebra."

Estas palabras nos muestran, otra vez, que Amós, como profeta, fue uno de los predicadores más dramáticos que encontramos en la Biblia. Usó un lenguaje muy figurativo. Utilizó el idioma de la tierra y extrajo sus ilustraciones de la naturaleza. En este versículo que hemos leído describió a un hombre que se encuentra en el bosque y, repentinamente, aparece un león que lo está siguiendo, Y al huir del león, ve a un oso que se le está acercando. O sea que, en otras palabras, sería la situación en que se encontraría usted si dice que quiere que el Señor venga para librarse de las dificultades de esta vida. En un lenguaje doméstico, sería como saltar de la sartén para caer en el fuego. Y en nuestro pasaje Bíblico, al huir del oso, el hombre se refugia en su casa. Pero una vez allí, apoya su mano en la pared para descansar y recuperar el aliento, solo para que una serpiente se deslice por la pared y lo muerda. Y en un caso así uno no sabe, si habría sido mejor que el oso lo hubiera alcanzado, que tener en su cuerpo el veneno de la serpiente.

Por ello, lo que el profeta Amós estaba diciendo, puede aplicarse a que seamos más cuidadosos con la vida que estamos viviendo para Dios aquí en la tierra. Como creyentes, nuestra salvación no se encuentra en peligro - Cristo ha pagado el castigo por nuestros pecados, pero si nuestros pecados como cristianos no son tratados, resueltos o enderezados, el Señor mismo los corregirá. Por lo tanto, usted y yo tenemos que haber resuelto ese problema cuando lleguemos a Su Presencia. Esta es una realidad de la cual muchos cristianos no son conscientes en la actualidad. Continuemos leyendo ahora el versículo 20 de este quinto capítulo:

"¿No será el día del Señor tinieblas y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?"

Aquí dice que el Día del Señor comenzará con un período de juicio que aun tendrá que llegar para la nación de Israel. Sin embargo, en el Día del Señor habrá más eventos que en un período de juicio. El Día del Señor también incluirá a la segunda venida de Cristo a la tierra para establecer Su reino. Leamos ahora los versículos 21 hasta el 23 de este capítulo cinco de la profecía de Amós:

"Aborrecí, desprecié vuestras solemnidades y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofrecéis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas de grano, no los aceptaré, ni miraré las ofrendas de paz de vuestros animales cebados. Quita de mí el ruido de tus cantares, pues no escucharé la música de tus arpas."

Detrás del cumplimiento de los rituales por parte de aquel pueblo, había vidas deshonestas. En aquel tiempo, y en nuestro tiempo, los que forman parte del pueblo de Dios necesitan reconocer que su fe debe ser auténtica, real. La fe no es algo falso, ni una fábula, sino una realidad. La fe tiene que sostener a una persona. La fe no es engañarse a uno mismo. Muchos dicen que si uno cree, es porque está ciego, porque tiene una fe ciega. Estimado oyente, si usted tiene una fe ciega, olvídela. Dios no la aceptaría. La fe debe tener una influencia decisiva, un efecto real sobre la vida de una persona. El apóstol Santiago dijo que la fe sin obras estaba muerta. Y el apóstol Pablo dijo que hemos sido salvos para producir obras buenas. Y esto es muy importante recordarlo.

Estos pasajes Bíblicos nos muestran que los israelitas estaban viviendo en el pecado. Estaban entregados a la idolatría y, sin embargo, estaban cumpliendo el ritual de la ley de Moisés. Y en esa ocasión, Dios les dijo que esa religiosidad, ante El, no servía para nada. En la actualidad, en muchos de nuestros encuentros de canto y adoración que consideramos tan entusiastas, si los corazones de los que participan no están concentrados en los que hacen, si solo tenemos bocas que emiten un sonido, ¿cree usted realmente que Dios acepta esta clase de adoración? Si El viniera a su congregación cristiana o a la mía ¿qué pensaría, cuál sería su punto de vista? En fin, para continuar nuestra lectura Bíblica de hoy continuemos leyendo los versículos 24 al 26 de este quinto capítulo de la profecía de Amós:

"Pero corra el juicio como las aguas y la justicia como arroyo impetuoso. ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, casa de Israel? Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestros Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis."

Aparentemente, el pueblo de Israel ofreció sacrificios en el desierto, pero cuando se encontraron con un pueblo pagano, quisieron asumir también la adoración de sus dioses. La adoración de Moloc era aquella en la cual los niños pequeños eran colocados en los brazos de un ídolo candente y ofrecidos como sacrificios humanos. Los gritos de aquellos niños eran era aterradores. En cuando a una aplicación de este reproche a nuestro tiempo, es como si Dios nos reprochara que asistimos a la iglesia los domingos, en la cual seguimos todos los ademanes y expresión de la adoración, pero durante la semana adoramos a ídolos como, por ejemplo, al ídolo del dinero y al ídolo de la codicia.

Recordamos haber leído un detalle de la vida del Cardenal Wolsey, que fue expulsado del la corte por el rey Enrique VIII, quien también le habría ejecutado si el cardenal no hubiera muerto de muerte natural. En su lecho de muerte el cardenal dijo: "¡Si solo sólo hubiera servido a mi Dios de la misma forma en que serví a mi rey!". Y hay muchos creyentes que tendrán que decir en sus lechos de muerte: "En esta tierra yo he servido al ídolo de la codicia, he adorado a todo lo que le apetecía a mi naturaleza humana, pero no he servido a mi Dios:" Estimado oyente, indiferentemente de la música o las palabras que sobre su vida algún predicador pronuncie en su funeral o en el mío, usted y yo vamos a comparecer ante el tribunal de Cristo". Y ese hecho debería causarnos una cierta inquietud, hasta el punto en que deseemos enderezar y poner en orden nuestra relación con el Señor. Ahora, para finalizar nuestra lectura Bíblica de hoy, leamos el versículo 27 de este capítulo 5 del libro del profeta Amós:

"Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho el Señor, cuyo nombre es Dios de los ejércitos."

En estas palabras vemos que Israel sería castigado en un futuro. Este pueblo será llevado cautivo más allá de Damasco (es decir, más allá de Siria), y más allá de Damasco se encontraba la ciudad de Nínive. De esta manera, Dios le estaba diciendo a Israel que los Asirios les llevarían al cautiverio. 

Estudio bíblico de Amós 5:4-17

En el capítulo 4 se nos recordó que en el pasado, Dios castigó a Israel por su maldad. Después, en este capítulo 5 veremos que en el futuro Israel será castigado por su maldad.

Y para retomar la línea de pensamiento de este capítulo, comenzaremos nuestra lectura con el versículo 4 de este capítulo. Escuchemos aquí al profeta. Estas palabras fueron como un último llamado a aquella nación: Leamos entonces el versículo 4 de este quinto capítulo:

"Pero así dice el Señor a la casa de Israel: Buscadme y viviréis"

Y aquí vemos que la invitación aun seguía abierta. La Palabra de Dios había sido comunicada. Dios estaba llamando a aquellos habitantes del reino para que se volvieran a Él. Si lo hubieran hecho incluso en aquel último momento, habrían vivido. Y ahora leamos el versículo 5 de este quinto capítulo de la profecía:

"Mas no busquéis a Bet-el ni entréis en Gilgal ni paséis a Beerseba, porque Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha."

Y aquí vemos la advertencia mas no busquéis en Betel. Betel era la ciudad en la que se había instalado uno de los dos becerros de oro. Por cierto, hoy es difícil localizar a Betel. Los guías turísticos tratan de identificarla con uno o dos lugares, así que no podemos estar seguros de la situación concreta de aquella ciudad. La ubicación general de la zona es bien conocida, pero señalar el lugar concreto con precisión sería un problema.

El profeta también les dijo que no entraran en Gilgal. Gilgal fue el lugar en el cual el pueblo de Israel acampó después de cruzar el río Jordán, cuando entraron por primera vez en la tierra bajo la dirección de Josué. Allí instalaron el tabernáculo o tienda de reunión, y fue la zona en que organizaron su marcha contra la ciudad de Jericó. Se convirtió en un lugar sagrado. En realidad, Dios les había dicho que les contaran a sus hijos que aquel había sido el lugar en el que El, los había librado. En cambio, este pueblo había caído en la idolatría y estos lugares que habían sido sagrados para Dios se convirtieron en lugares para erigir ídolos.

Además, el profeta les dijo que no pasaran a Beerseba. Beerseba se encontraba lejos, en el reino del sur o de Judá, en el Negev. Era otro lugar famoso. Fue en Beerseba donde el patriarca Abraham y Abimelec (príncipe Filisteo de Gerar) hicieron un pacto, y después, Abraham invocó el nombre del Señor, como podemos ver en Génesis 21. La expresión "desde Dan hasta Beerseba" fue usada en la Biblia para designar a todo el territorio de Israel, desde el norte hasta el sur. En los días del profeta Amós, el pueblo del reino del norte estaba realizando peregrinaciones a Beerseba para adorar a los ídolos.

Y en este versículo 5 el profeta dijo Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha. ¿Por qué en aquel momento Amós no mencionó a Beerseba? Porque Beerseba no estaba en el reino del norte, sino en el del sur. Pasarían más de 100 años antes de que Beerseba fuera conducida al cautiverio con el reino del sur. Sin embargo, estas dos ciudades del reino del norte, Gilgal y Betel, estaban a punto de ser llevadas cautivas. Realmente, el profeta Amós fue exacto en su profecía.

Al continuar leyendo vemos que el profeta continuó diciendo que aun había esperanza para ellos. Vamos a leer ahora el versículo 6 de este quinto capítulo:

"Buscad al Señor y vivid, no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma, sin haber en Bet-el quien lo apague."

Aquí tenemos una hermosa invitación: Buscad al Señor y vivid. Él también dijo: no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma. En otras palabras, Dios estaba diciendo por medio del profeta: "Si no os volvéis a mí, entonces tendré que juzgaros". Y continuó diciendo aquí en el versículo 7:

"¡Ay de los que convierten en ajenjo el juicio y echan por tierra la justicia!"

Otra versión traduce: "Vosotros convertís el derecho en amargura". La condición del pueblo de Israel consistía en cumplir la forma de la adoración que Dios había ordenado. Estaban ofreciendo sacrificios, practicaban un ritual que Dios había establecido para ellos, pero sus vidas no respaldaban su profesión exterior de fe. En otras palabras, la práctica no se correspondía con la religiosidad que profesaban.

El Dr. Campbell Morgan, estudioso de la Biblia, decía que él le tenía más temor a la blasfemia del cristiano en el mundo, en lo secular, es decir, a la conducta fuera de la iglesia, que a la blasfemia de una conducta dentro de la iglesia. Muchas personas piensan que si uno participa en todas las formalidades y rituales de la iglesia, es muy piadoso, pero que si uno hace algo en el santuario que no está de acuerdo con el ritual de la iglesia, es como si estuviera cometiendo una blasfemia. No creemos que el verdadero peligro esté en ese tipo de actitudes. El peligro real está en la persona que va a la iglesia y canta frases de alabanza a Aquel que nos colma de bendiciones, pero que fuera de la iglesia está viviendo una vida en la cual no hay honestidad, y una vida en la cual no hay justicia. En esta conducta vemos la blasfemia de la vida en la sociedad secular, la blasfemia de la conducta en la calle, Esto fue lo que Dios estaba condenando en las vidas del pueblo de Israel.

No estamos diciendo que una fe viva en Cristo hoy, no sea algo esencial; confiar en Cristo es absolutamente esencial para su salvación, estimado oyente. Pero si usted profesa confiar en Cristo, y luego su vida fuera de la iglesia no sirve de honra para el evangelio, entonces debemos decirle que no hay más que una palabra para calificar esa condición. Es una palabra dura, pero el que la usó fue el Señor Jesucristo más que cualquier otra persona en la Biblia. El calificó a los dirigentes religiosos de su tiempo como Hipócritas. Esa fue la palabra que El usó y en la cual nosotros ni siquiera pensamos. Por ejemplo, en el evangelio según San Mateo, capítulo 23, versículo 13, leemos: Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Es una hipocresía descarada cuando, desde el púlpito o desde los bancos de la iglesia, se hacen declaraciones de un gran amor y confianza en Cristo y después, fuera de la iglesia, algunos viven una vida que contradice al mismo evangelio que se supone están profesando. Esas son las actitudes que perjudican hoy a la causa del Evangelio. Así, puede darse la situación de que algunos cristianos estén muy activos en la obra cristiana, pero no necesariamente sean muy activos en vivir verdaderamente para el Señor en su vida social o profesional.

El profeta Amós condenó el hecho de hacer una profesión de fe y después no vivir de acuerdo con ella: esta fue una idea básica en su mensaje. Así que Dios tuvo que traer al profeta desde el extremo sur del reino del sur o de Judá, para disponer de un hombre que proclamara este tipo de mensaje. Los sacerdotes o predicadores que residían en Betel o Samaria estaban diciendo solo lo que la gente quería que dijeran, lo que la gente quería oír.

Un destacado expositor Bíblico, hablando en general, por supuesto, dijo hace algunos años que el púlpito contemporáneo se había convertido en una caja de resonancia del pensamiento de la congregación. En este sentido conviene recordar que el apóstol Pablo escribió a su discípulo Timoteo, en su segunda carta, capítulo 4, versículos 3 y 4: 3pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, 4y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. En algunos círculos cristianos la gente está deseando oír algo dulce y agradable, y después felicitan al maestro o predicador o le agradecen su mensaje, diciendo que les ha hecho sentir bien. Una de las características de nuestro tiempo es el desear escuchar palabras de consuelo, que nos anestesien, que nos adormezcan la conciencia tranquilizándola, en vez de despertarla para que nos cause inquietud.

La gente en los días del profeta Amós se sintió ofendida de que aquel hombre que aun se atreviera a sugerir que ellos no eran muy religiosos o piadosos. Pero Dios le encargó a Su siervo que transmitiera este mensaje. Continuemos leyendo el versículo 8 de este quinto capítulo de Amós:

"Buscad al que hace las Pléyades y el Orión, vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra: El Señor es su nombre."

Nuevamente Dios hizo oír un mensaje de gracia y compasión. Dios es mucho más paciente que nosotros. Hemos llegado a la conclusión que necesitamos aprender a ser pacientes y con la ayuda del Espíritu Santo, observar el carácter de Dios. ¡Cuán sufrido y paciente es!

Dice aquí Buscad al que hace las Pléyades y el Orión. Orión es una de las muchas constelaciones que podemos ver en el cielo y con la que la gente de aquella época estaba familiarizada.

Y añadió el versículo 8: vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra. Es decir, que Él es quien hace descender la lluvia. Es cierto que la lluvia está controlada por la ley de hidrodinámica, pero ¿quién hizo la ley de hidrodinámica? ¿Quién es el que saca el agua del océano y la concentra sobre las nubes, y desplaza esas nubes con el viento hasta que queden colocadas en el lugar adecuado, y después libera el agua que desciende en forma de lluvia? Estimado oyente, Dios es el que realiza esa actividad. El profeta Amós dijo, El Señor es su nombre. En efecto, el profeta le estaba diciendo al pueblo de Israel: "Os habéis entregado al culto a los ídolos, y vuestra vida no honra a vuestra profesión de fe en el Dios vivo, el Dios Creador". Continuemos leyendo los versículos 9 y 10 de este quinto capítulo de esta profecía:

"Él trae la ruina sobre el fuerte y hace caer la destrucción sobre la fortaleza. Ellos aborrecieron al represor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto detestaron."

Aquel que reprendía en la puerta de la ciudad era el juez. El tribunal de aquella época estaba situado en la puerta de la ciudad amurallada. Por varios lugares de la Biblia, pueden verse a jueces sentados en las puertas de las ciudades. Por ejemplo, Booz llevó al pariente más cercano a la puerta de Belén para determinar sobre el asunto de la herencia de Noemí y Ruth. Y cuando Lot, el sobrino de Abraham, se estableció en Sodoma, se implicó en la política y se nos dijo que estaba sentado a la puerta de la ciudad. ¿Y qué estaba haciendo allí? Pues desempeñaba el oficio de juez. En este libro, Amós dijo que el juez que defendía la justicia en el tribunal, reprendía y aplicaba la justicia sobre lo que estaba mal, era el personaje odiado: por lo tanto la mayoría de los jueces optaba por cooperar con los que realizaban las malas acciones.

Y añadió este versículo 10, que al que hablaba lo recto detestaron. Cuando un juez insistía en aplicar las leyes y la justicia sobre lo que era legal y correcto, se convertía en un personaje muy impopular. Por supuesto, hablando en general, no creemos que la naturaleza humana haya cambiado mucho desde los días del profeta Amós. Leamos ahora le versículo 11 de este quinto capítulo de la profecía:

"Por tanto, puesto que humilláis al pobre y recibís de él tributos de trigo, no habitaréis las casas de piedra labrada que edificasteis ni beberéis del vino de las hermosas viñas que plantasteis."

Aquí tenemos la triste imagen de los pobres, cuyos derechos eran pisoteados; eran la clase social que no recibía justicia y cuyas condiciones deficientes de vida era agravada por impuestos, o por la obligación de entregar donaciones de los productos alimenticios que había logrado conseguir como fruto de su trabajo.

Pero los opresores tendrían su castigo. No vivirían en las casas de piedra labrada que habían construido, ni beberían el vino de los selectos viñedos que habían plantado. Los hermosos palacios que fueron construidos en Samaria se encuentran hoy en ruinas. Fueron destruidos poco después de que este mensaje profético fuera comunicado. Y ya han permanecido en ruinas por casi más de 3.000 años. Y dice el versículo 12 de este capítulo 5 de la profecía de Amós:

"Yo sé de vuestras muchas rebeliones y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, recibís cohecho y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres."

O sea que, como indicamos anteriormente, las personas de pocos recursos no se beneficiaban de la aplicación de la justicia en los tribunales de aquella época. En algunos países del mundo la situación no ha cambiado demasiado.

Dios tiene en cuenta cuando en una nación no se aplica la justicia. El ha entregado a los gobiernos humanos la responsabilidad de dirigir los asuntos de este mundo. Los países del mundo forman parte del arreglo que Dios ha dispuesto para las diferentes etapas de la historia y El los considera responsables. Cuando no cumplen esa función, Él las remueve de la escena, como le sucedió, por ejemplo al Imperio Romano. Continuemos leyendo ahora el versículo 13 de este quinto capítulo del libro de Amos;

"Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo."

O sea que, el hombre de aquellos días sabía que no podía obtener justicia, y muchas buenas personas se mantenían en silencio. Esa era la actitud más prudente, teniendo en cuenta las circunstancias, porque si hubieran tratado de protestar, no les habría hecho ningún bien. Salvando las distancias enormes distancias culturales de aquella época, con la actual ,el desarrollo de los derechos individuales y el progreso de la democracia, que tiene como uno de sus objetivos que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley, diremos que muchos piensan que lo lamentable de la hora en la cual vivimos,- en varios países -, es que existe una creciente desconfianza e inquietud con respecto al futuro de estos logros innegables de la sociedad (como la libertad de prensa, la libertad religiosa, y la libertad de expresión.)(Sin embargo, el ejercicio de tales derechos y libertades está en algunos casos muy condicionado. si algunos medios de difusión presentan una estructura poco abierta, y si ciertas personas o grupos carecen de abundantes recursos económicos o de falta de influencia social.) En esos casos algunos ciudadanos no podrían disfrutar en plenitud de tales derechos y libertades. Como resultado del escepticismo que esa situación provoca, una mayoría permanece en una actitud pasiva y silenciosa. Eso mismo sucedía en aquella sociedad del reino del norte de Israel. Leamos el versículo 14 de este capítulo 5:

"Buscad lo bueno y no lo malo, para que viváis; y así el Señor, Dios de los ejércitos, estará con vosotros, como decís."

Aquí tenemos otro llamado del Señor a Israel para que ese pueblo se volviera a Él. Aun había esperanza para los individuos que se separaran de la maldad general de la nación culpable. Y dice el versículo 15:

"Aborreced el mal, amad el bien y estableced la justicia en juicio; quizá el Señor, Dios de los ejércitos, tendrá piedad del remanente de José."

O sea que había oportunidad para que individuos se apartaran de la corrupción reinante, y favorecieran el predominio de la justicia en los tribunales. La puerta de la misericordia de Dios estaba abierta para aquellos que se convirtieran de su malvada conducta. Aún había esperanza para ellos.

Ahora, en el versículo 16 el profeta se introdujo en otra área, al hablar de un próximo juicio que se ha denominado el Día del Señor. Leamos y finalmente por hoy, los versículos 16 y 17 de este capítulo 5 de esta profecía:

"Por tanto, esto ha dicho el Señor Dios de los ejércitos: En todas las plazas habrá llanto y en todas las calles dirán: ¡Ay! ¡Ay!; al labrador llamarán a duelo, y a lamentación a los que sepan plañir. Y en todas las viñas habrá llanto; porque pasaré en medio de ti, dice el Señor."

Como Dios sabía que el pueblo de Israel no se arrepentiría, con estas palabras describió con claridad el juicio y castigo que vendría sobre el país. Habría una gran mortandad y todos se lamentarían.

Estudio bíblico de Amós 4:10-5:5

viajando por el libro del profeta Amós y nos encontramos en el capítulo 4. Vamos a recordar que en nuestro estudio llegamos a una serie de 3 capítulos que tratan específicamente sobre Israel, es decir, sobre las 10 tribus del reino del norte. En el capítulo 4 se nos recuerda que en el pasado, Dios castigó a Israel por su maldad. Después, en el capítulo 5 veremos que en el futuro Israel será castigado por su maldad. Finalmente, en el capítulo 6 veremos que el profeta Amós amonestó a su generación para que se apartara de la maldad. Así que esta sección tiene una aplicación práctica para nosotros, así como la tuvo para el pueblo de Israel en el tiempo de Amós.

En nuestro programa anterior destacamos que, después de sufrir las graves consecuencias del hambre, Dios envió sobre el pueblo una sequía. Él es quien controla la lluvia y en aquella ocasión la retuvo durante 3 meses, antes del tiempo de la cosecha, lo cual constituyó un desastre. Y observemos que Dios hizo que lloviera en una ciudad y no en otra. Dios actuó de esta manera para demostrarles que no llovía por casualidad sino por Su voluntad soberana. La sequía fue tan grave que la gente de una ciudad se desplazaba a otra ciudad donde había agua, y desde allí la transportaban a sus hogares en jarros y odres o recipientes de cuero. Estas penurias debieron hacerlos volver a Dios, pero ya leímos que El dijo: Con todo, no os volvisteis a mí. Lo sucedido había sido una advertencia de Dios pero ellos no le prestaron atención. Decía el versículo 9 de este cuarto capítulo:

"Os herí con viento del este y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, vuestros higuerales y vuestros olivares, pero nunca os volvisteis a mí, dice el Señor."

Dice aquí Os herí con viento del este y con oruga. Los cultivos fueron arrasados por el viento abrasador del desierto, Y la oruga (o el "añublo" según otra versión, que es una especie de hongo) se formó a causa de sequía excesiva y no por la humedad. Aquí también se hace referencia a una plaga de langostas que devoró lo que había quedado. Y leemos otra vez la misma conclusión por parte del Señor: pero nunca os volvisteis a mí. Leamos ahora el versículo 10 de este cuarto capítulo de la profecía de Amós:

"Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto; maté a espada a vuestros jóvenes, vuestros caballos fueron capturados e hice subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os volvisteis a mí, dice el Señor."

Aquí hay una dramática mención al hedor de los cadáveres que fueron víctimas de la peste o de la guerra. Sin embargo y a pesar de estas calamidades extremas para la supervivencia, el pueblo mantuvo su actitud de rebeldía y no se volvió al Señor, como este mensaje reiteró una y otra vez. Ahora, la próxima plaga que se mencionó en este capítulo, la encontramos en el versículo 11 de este capítulo 4 de Amós, donde dice:

"Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego; mas no os volvisteis a mí, dice el Señor."

Algunos estudiosos de la Biblia opinan que este versículo es una especie de resumen de las plagas anteriores. Nos permitimos dudarlo, porque por el libro del profeta Jonás sabemos que en esa época los Asirios, estaban realizando incursiones en el reino del norte (o de Israel). Atacaban en diversos lugares y a veces capturaban a toda una comunidad y la conducían al cautiverio. Dios estaba permitiendo que los Asirios actuaran como un pájaro, dando picotazos esporádicos en uno y otro lugar en el territorio del reino. Esta situación debería haber sido como una advertencia para todo el pueblo, de que algún día la totalidad del reino podría ser conquistado. Pero ellos no aceptaron esa advertencia de Dios y continuaron practicando la maldad. Y la conclusión del Señor, como en los casos anteriores fue expresada en la frase divina pero no os volvisteis a mí. Continuemos leyendo el versículo 12 de este cuarto capítulo de Amós:

"Por eso, Israel, haré lo mismo contigo; y porque te he de hacer esto, prepárate, Israel, para venir al encuentro de tu Dios."

Observemos que en este pasaje Dios no les dijo lo que iba a hacer. Simplemente les dijo: haré lo mismo contigo; y porque te he de hacer esto... Sería una sorpresa.

Desde nuestra perspectiva sabemos que serían los Asirios quienes vendrían a atacarlos repentinamente y los conducirían al cautiverio. En otras palabras, el pueblo de Israel simplemente no creyó en Dios y no restableció su relación con El.

Y lo interesante fue que Dios fue más allá del castigo del cautiverio que sufrirían bajo los Asirios, les dijo: Prepárate, Israel, para venir al encuentro de tu Dios, Porque cuando Asiria descendió contra ellos, no se llevaron a toda la gente al cautiverio. Muchos de ellos fueron muertos. Esto significó que se iban a encontrar con Dios a través de la muerte, que es un hecho que todo individuo debe afrontar. Algún día, todos nosotros tendremos que presentarnos ante Dios en el momento de nuestra muerte. Así que el mensaje dirigido a Israel, resumido en las palabras Prepárate para venir al encuentro de tu Dios es, incluso hoy, el mensaje de advertencia para cada persona.

Cierto hombre, a quién Dios había tratado de una manera muy severa debido al pecado que existía en su vida, contaba cómo Dios había tratado con él. Y dijo que el juicio, el severo castigo que le había venido por lo que había hecho, era algo que, como ser humano, podía soportar. El pastor de su congregación le estaba consolando, y entonces aquel hombre le dijo: "Lo que me inquieta, lo que me preocupa enormemente no es el castigo que ha caído sobre mí, sino el hecho de que aun tengo que presentarme ante Dios, y ello me hace temblar:" Y el pastor le respondió: "Bueno, usted sabe que yo también voy a tener que presentarme ante Dios. Y si tuviera que estar ante Él tal como soy, entonces, por cierto, estaría aterrorizado. Pero no voy a presentarme ante Él como si fuera simplemente yo mismo. Yo estoy en Cristo, unido a Cristo, y Dios va a ver en mí a Cristo. Yo he sido aceptado en el Amado, en mi Salvador". Y este hombre entonces respondió: "Sí, este es el único consuelo que me queda hoy a causa de la clase de vida que he vivido."

Estimado oyente, este mensaje que hemos leído, Prepárate para venir al encuentro de tu Dios es también para usted. Prepárese para encontrarse con su Dios. Supóngase que en este mismo momento usted pasara a la presencia de Dios - y algunos de nosotros quizá lo hagamos pronto Supóngase que su vida ha terminado; y le aseguramos que las cosas que eran para usted importantes aquí en la tierra ya no tendrán más importancia. Y como la vida ha llegado a su fin, usted se encuentra en la presencia de Dios. ¿Cómo va a presentarse ante El? Quizá usted ha vivido para agradar a la gente, para llevarse bien con todos y para pasarlo lo mejor posible, igual que la mayoría de las personas. Pero ahora esa etapa en la tierra ha concluido. ¿No sabe usted que no puede presentarse ante El por sus propias fuerzas, por los méritos supuestamente acumulados por su propio carácter y por la forma en que vivió? Usted y yo no tenemos nada que ofrecer a Dios porque, espiritualmente, estamos en bancarrota, en quiebra. Como dice la Biblia, concretamente el apóstol Pablo, estamos espiritualmente muertos en nuestros pecados y transgresiones. La única forma en que usted y yo podemos presentarnos ante la presencia de Dios es unidos a Cristo. Y como también dijo San Pablo, EL fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, para que usted y yo podamos presentarnos ante Dios justificados. De esta manera, nos presentaremos ante Dios con la justicia de Cristo.

Volviendo ahora al pasaje Bíblico del profeta Amós que nos ocupa, veremos que este predicador rural nos explicaría quién es este Dios ante quien debemos presentarnos. Estas palabras del profeta constituyen una de las declaraciones más majestuosas e inspiradoras de la Palabra de Dios. Leamos el versículo 13 de este cuarto capítulo de esta profecía:

"Ciertamente el que forma los montes y crea el viento, el que anuncia al hombre su pensamiento, hace de las tinieblas mañana y pasa sobre las alturas de la tierra: El Señor, Dios de los ejércitos, es su nombre."

Aquí el profeta Amós nos presentó a Dios como el Omnipotente, Omnisciente y el Omnipresente. El es el Creador Omnipotente. Él tiene todo el poder. Fue Él quien formó las montañas y creó el viento. Él es Omnisciente y conoce nuestros pensamientos desde lejos. Y Él es Omnipresente; dice aquí que Él pasa sobre las alturas de la tierra. No importa donde usted vaya, estimado oyente, aun si fuera hasta la luna o a los planetas más lejanos, no podría alejarse de Él. Quizás en esta vida usted ha logrado mantener una buena imagen para que sus familiares, vecinos y amigos le consideren una buena persona. Pero en Su presencia, en el cielo, Dios le verá tal como así lo describió Moisés en su oración del Salmo 90, versículo 8, que dice: Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. O sea, que la Biblia nos indica claramente que Dios le conoce a usted, me conoce a mí. Es inútil tratar de mantener ante El una fachada, una vida de apariencias, tratando de ocultar nuestra realidad interior. Puede usted entregarse a Él sin reservas, porque El conoce su estado espiritual, sus transgresiones. Como solía decir el Dr. Chafer en sus clases, "el pecado secreto en la tierra, es un escándalo público en el cielo". Podemos decir sin exagerar que El nos conoce hasta la médula. Pero El también conocía personalmente a la gente a la cual estaba hablando el profeta Amós. Así con intensos sentimientos hacia ellos, el profeta les instó a que se prepararan para encontrarse con su Dios. Y así llegamos al

Amós 5 - Israel será castigado en el futuro por su maldad

El capítulo anterior concluyó abruptamente, con una sensación de llegar a un punto final. Fue como si Dios hubiera cerrado la puerta, que el juicio o castigo era inevitable, y que no había ninguna esperanza para Israel. Aunque el capítulo 5 se proyectó hacia el futuro y dejó bien en claro que Dios castigaría a aquel pueblo por su maldad, veremos que en los primeros 15 versículos Dios le rogó a Israel para que ese pueblo lo buscara poder así evitar el juicio. Mientras El no señaló que había llegado el anuncio final del castigo, juicio que consistió en el cautiverio del pueblo, aun habría esperanza para ellos. Escuchemos pues, lo que dice el primer versículo de este capítulo 5:

"Oíd esta palabra de lamentación que yo levanto sobre vosotros, casa de Israel."

Fue como si El estuviera entonando una lamentación, un canto fúnebre muy triste. Entonces habló de ellos con ternura. Continuemos leyendo el versículo 2 de este quinto capítulo de Amós:

"Cayó la virgen de Israel y no podrá levantarse ya más; postrada quedó sobre su tierra y no hay quien la levante."

Recordemos que cuando el profeta Oseas comenzó su profecía, habló de la experiencia que había tenido en su hogar. Él se había casado con una prostituta y Dios le envió a predicar al reino del norte, o de Israel, diciéndoles a sus habitantes: "Sois como una prostituta, pero Dios aun os ama". Y aquí en nuestro pasaje el profeta Amós dijo: "Eras como una virgen, y Dios contrajo matrimonio contigo". Esta es hoy una figura de cada creyente. El apóstol Pablo incluso les escribió a los Corintios en su segunda carta, capítulo 11, versículo 2: Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo, Cuando acudimos a Él, nuestros pecados son perdonados y comenzamos una nueva vida unidos a Cristo. Pero, ¿qué podríamos decir de usted, estimado oyente? ¿Cómo ha sido su relación con El durante los últimos años? ¿Habrá usted actuado como aquel pueblo de Israel? ¿Ha sido usted fiel a Él? ¿No se habrá usted alejado de Aquel que lo ama? ¿Se habrá usted extraviado por influencia de los valores del mundo, y de las tendencias que todos compartimos y que forman parte de nuestra naturaleza humana? ¿No le estará el enemigo de Dios arrastrando de un lugar para otro? En la actualidad, muchísimos cristianos se encuentran en esa situación, que solo puede inspirar en el profeta la siguiente canción triste, una lamentación, que leemos en este versículo: Cayó la virgen de Israel y no podrá levantarse ya más; postrada quedó sobre su tierra y no hay quien la levante.

Continuemos leyendo el versículo 3 de este quinto capítulo:

"Porque así ha dicho el Señor Dios: La ciudad que salga con mil, volverá con cien, y la que salga con cien volverá con diez, en la casa de Israel."

El profeta Amós realmente estaba diciendo: "Prepárate para venir al encuentro de tu Dios. ¡Mira cuántos van a morir!" Este versículo nos informa de que iba a morir un número muy elevado de personas, un elevado porcentaje de la población. Aquí se refirió a aquellos que no irían al cautiverio, sino que quedarían en la tierra, aunque muchos de ellos resultarían muertos en ese ataque.

Escuchemos aquí al profeta. Estas palabras fueron como un último llamado a aquella nación: Leamos el versículo 4 de este quinto capítulo:

"Pero así dice el Señor a la casa de Israel: Buscadme y viviréis"

Y aquí vemos que la invitación aun seguía abierta. La Palabra de Dios había sido comunicada. Dios estaba llamando a aquellos habitantes del reino para que se volvieran a Él. Si lo hubieran hecho incluso en aquel último momento, habrían vivido. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 5 de este quinto capítulo de la profecía:

"Mas no busquéis a Bet-el ni entréis en Gilgal ni paséis a Beerseba, porque Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha."

Y aquí vemos la advertencia mas no busquéis en Betel. Betel era la ciudad en la que se había instalado uno de los dos becerros de oro. Por cierto, hoy es difícil localizar a Betel. Los guías turísticos tratan de identificarla con uno o dos lugares, así que no podemos estar seguros de la situación concreta de aquella ciudad. La ubicación general de la zona es bien conocida, pero señalar el lugar concreto con precisión sería un problema.

El profeta también les dijo que no entraran en Gilgal. Gilgal fue el lugar en el cual el pueblo de Israel acampó cuando cruzaron el río Jordán, cuando entraron por primera vez en la tierra bajo la dirección de Josué. Allí instalaron el tabernáculo o tienda de reunión, y fue la zona en que organizaron su marcha contra la ciudad de Jericó. Se convirtió en un lugar sagrado. En realidad, Dios les había dicho que les contaran a sus hijos que aquel había sido el lugar en el que El, los había librado. En cambio, este pueblo había caído en la idolatría y estos lugares que habían sido sagrados para Dios se convirtieron en lugares para erigir ídolos.

Además, el profeta les dijo que no pasaran a Beerseba. Beerseba se encontraba lejos, en el reino del sur o de Judá, en el Negev. Era otro lugar famoso. Fue en Beerseba donde el patriarca Abraham y Abimelec (príncipe Filisteo de Gerar) hicieron un pacto, y después, Abraham invocó el nombre del Señor, como podemos ver en Génesis 21. La expresión "desde Dan hasta Beerseba" fue usada en la Biblia para designar a todo el territorio de Israel, desde el norte hasta el sur. En los días del profeta Amós, el pueblo del reino del norte estaba realizando peregrinaciones a Beerseba para adorar a los ídolos.

Y en este versículo 5 el profeta dijo Gilgal será llevada en cautiverio y Bet-el será deshecha. ¿Por qué en aquel momento Amós no mencionó a Beerseba? Porque Beerseba no estaba en el reino del norte, sino en el del sur. Pasarían más de 100 años antes de que Beerseba fuera conducida al cautiverio con el reino del sur. Sin embargo, estas dos ciudades del reino del norte, Gilgal y Betel, estaban a punto de ser llevadas cautivas. Realmente, el profeta Amós fue exacto en su profecía. 

Estudio bíblico de Amós 4:1-10

finalizamos el capítulo 3 de este libro describiendo el lujo fastuoso del palacio que los reyes Acab y Jezabel, se hicieron construir en la cumbre de la montaña de Samaria. Pero Dios dijo que El destruiría ese lugar y éste dejaría de existir. Y en realidad, no hay hoy un lugar más desolado que las ruinas de Samaria en la cumbre de ese monte. Por cierto, Dios ha cumplido esa profecía. Aunque en el día de hoy no veamos profecías cumplidas en aquellas tierras, podemos ver que muchas profecías se han cumplido en el pasado. Sin embargo, reiteramos que, con toda seguridad, el escenario se está actualmente preparando para el cumplimiento futuro de profecías referentes a la tierra de Palestina. Y así, en este libro de Amós llegamos al capítulo cuatro, que estudiaremos desde su mismo principio.

Vamos a recordar que en nuestro estudio hemos llegado a una serie de 3 capítulos que tratan específicamente sobre Israel, es decir, sobre las 10 tribus del reino del norte. En el capítulo 4 se nos recordará que en el pasado, Dios castigó a Israel por su maldad. Después, en el capítulo 5 veremos que en el futuro Israel será castigado también por su maldad. Finalmente, en el capítulo 6 veremos como el profeta Amós amonestó a su generación para que se apartara de la maldad. Así que esta sección tiene una aplicación práctica para nosotros, así como la tuvo para el pueblo de Israel en el tiempo de Amós.

Cuando Amós estaba intentando llamar al pueblo para que se volviera a Dios, usó en su lenguaje un sarcasmo que fue realmente mordaz. Leamos ahora el versículo 1 de este cuarto capítulo de la profecía de Amós.

"Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed de beber."

Basán era un territorio situado al este del río Jordán, entre las montañas de Galaad en el sur, y el Monte Hermón en el norte. Fue colonizado por las 10 tribus que permanecieron en el lado equivocado del Jordán, y fue una parte del reino del norte de Israel. Era una zona muy fértil y conocida por su excelente raza de ganado. Las vacas de Basán eran fuertes y tenían un aspecto impecable debido a la exuberancia de los pastos de aquella tierra.

Ahora, ¿a quienes se estaba dirigiendo el profeta? ¿Quiénes eran las vacas de Basán? Como la palabra "vacas" es femenina, algunos expositores Bíblicos creen que estaba hablando a las mujeres, que estaban viviendo rodeadas de lujo, bien alimentadas, bien vestidas y bien arregladas. Para que ellas pudieran disfrutar de esa riqueza, los pobres eran oprimidos. En realidad, Amós dijo que oprimían a los pobres y maltrataban a los necesitados. En general, una nación revela su posición moral y su nivel de vida por la forma en que visten las mujeres y muchos hombres. El uso de ropa cara y alhajas suele ser un dato indicador de que la población de un país pasa por un período de riqueza. Así que es posible que Amós se estuviera refiriendo a las mujeres de Basán. El profeta acusó a las mujeres de la clase social más adinerada y se refirió de manera burlona a sus maridos utilizando una palabra que no era comúnmente usada para los esposos y que significa "señores" o "amos". De esta forma habló de ellos con desprecio, ya que debiendo ellos haber actuado como señores, en realidad obedecían a sus mujeres como siervos. Así que, aunque el profeta Amós implicó que las mujeres fueron acusadas de llevar a cabo la opresión de los pobres, lo hacían utilizando y dominando a sus maridos. Y los verbos "quebrantar" y "oprimir" describen amenazas y acoso físico para arrebatar dinero a los necesitados.

Ahora, en el versículo 2, del capítulo 4 de Amós, leemos:

"El Señor Dios juró por su santidad: Sobre vosotras vienen días en que os llevarán con garfios, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador"

Dios usó la figura de tener un garfio colocado en la mandíbula del reino del norte para arrastrarlos al cautiverio. A veces hemos hablado de personas que están "enganchadas" o adictas a las drogas. Una persona puede quedar atrapada por cualquier pecado que la acose. Dios dijo que aquel pueblo estaba enganchado para el juicio. Serían arrastrados fuera de su tierra y conducidos cautivos por un garfio fijado a la nariz. Sigamos leyendo el versículo 3 de este cuarto capítulo de Amós:

"Saldréis por las brechas una tras otra y seréis echadas del palacio, dice el Señor."

En efecto, Dios estaba diciendo: "Si pensáis que porque sois ricos, o porque tenéis a un gobernante viviendo en el palacio seréis perdonados, estáis equivocados". Y en el registro histórico podemos leer que cuando Asiria finalmente llegó y los condujo al cautiverio, el rey también fue capturado. Esto también fue cierto en el reino del sur (o de Judá) cuando fueron llevados al cautiverio de Babilonia.

Ahora llegamos a una expresión llamativa. Leamos los versículos 4 y 5 de este cuarto capítulo

"¡Id a Bet-el y pecad! ¡Aumentad en Gilgal la rebelión! Traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres días. Ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado y proclamad, publicad ofrendas voluntarias, pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice el Señor Dios."

Seguramente somos conscientes de que Amós estaba usando un amargo sarcasmo cuando los invitó a ir a Betel (el lugar a donde iban a adorar al becerro de oro) diciéndoles ¡Id a Bet-el y pecad! ¡Aumentad en Gilgal la rebelión! La Palabra Gilgal significa "círculo" o "rodar". Y éste fue el primer lugar, al que llegaron los israelitas, cuando cruzaron el río Jordán bajo el mando de Josué, lugar que llegó a ser un lugar sagrado para ellos. Más adelante se convirtió en un centro de idolatría. Así que Amós los invitó a seguir pecando en Gilgal. Fue como si hoy alguien invitara a ir a la iglesia para pecar. Obviamente uno asiste a la iglesia con el propósito opuesto. Amós estaba usando una sátira mordaz y un reproche burlón. Se expresó con una frase tan irónica y ridícula para alertar al pueblo contra lo que ya estaban realmente haciendo.

A veces el enemigo espiritual tratara de influenciar a la gente que va a la iglesia, para estorbar y anular esa obra todo lo que pueda, porque allí acuden las personas para escuchar la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios. Deberíamos orar por todos aquellos maestros y pastores que predican y enseñan la Palabra de Dios. El enemigo espiritual no necesita ocuparse de los cultos y sectas que niegan la autenticidad de esa Palabra, porque esos lugares ya se encuentran bajo su influencia: por lo tanto debe concentrar sus esfuerzos en aquellos lugares donde existe vida espiritual y la Palabra de Dios es proclamada.

En este sentido sería oportuno recordar que, cuando el Señor Jesucristo estaba cerca de Su muerte en la cruz y sus enemigos estaban tramando los detalles de Su ejecución, El pasó unos momentos con sus 12 discípulos en la sala alta de una casa. Uno podría pensar que aquel era en aquellos instantes el lugar más sagrado de todo el mundo. Uno podría pensar que el diablo estaba ocupado con aquellos que estaban tramando la muerte de Jesús. Pero ¿sabe usted dónde se encontraba el diablo en aquella noche? Pues, ¡estaba allí en aquella sala! El no había sido invitado pero estaba allí. Satanás había entrado en el corazón de Judas Iscariote para traicionar al Señor. Y entró en aquel lugar junto con Judas. Sería trágico dejar de reconocer al enemigo espiritual e ignorar sus estratagemas. No olvidemos la advertencia del apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 5, versículos 8 y 9, que dicen: 8Sed sobrios y estad alertas, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. 9Resistidlo firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

En los días del profeta Amós el pueblo de Israel estaba acudiendo al lugar de la adoración con una actitud muy piadosa. Amós señaló que estaban ofreciendo sacrificios de alabanza con pan leudado. Si usted nos ha acompañado en el estudio del libro de Levítico podrá pensar que era extraño que los israelitas estuvieran usando la levadura en sus ofrendas, ya que en la Biblia la levadura representa al mal - mala doctrina o una vida de maldad---. En el sistema Levítico, en la Fiesta de la Pascua, era la Fiesta del pan sin levadura y en la Fiesta de las primicias o primeros frutos, el uso de la levadura estaba prohibido. Sin embargo, en la Fiesta de Pentecostés se presentaba al Señor una ofrenda que consistía de dos panes hechos con flor de harina y cocidos con levadura (como podemos leer en Levítico 23). La fiesta de Pentecostés tenía que describir o representar el principio y origen de la iglesia. Nunca ha habido una iglesia en la cual no existiera una pequeña cantidad de levadura - es decir, un cierto margen de error o de pecado. Por esta razón la levadura fue incluida en la ofrenda presentada en el Día de Pentecostés.

Ahora, la levadura también se usaba en la ofrende de Acción de Gracias. El capítulo 7 de Levítico, versículo 12, nos describió la ley del sacrificio de Acción de Gracias. Dice el citado versículo: Si se ofrece en acción de gracias, se ofrecerá, además del sacrificio de acción de gracias, tortas sin levadura amasada con aceite, hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite. Ahora, este era el lado de Dios de esta ofrenda. Es que, estimado oyente, el Señor Jesucristo hizo la paz con Dios por nosotros. Así fue que, como representaba a Cristo, no había levadura en esta primera ofrenda. Esta verdad se aclaró en el Nuevo Testamento. El Apóstol Pablo dijo en su epístola a los Romanos, capítulo 5, versículo 1: Justificados, pues, por la fe (no por obras - nunca podríamos haber sido justificados por algo que no fuera la fe) tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Ahora, aunque la primera ofrenda representaba a Cristo y no contenía levadura, la segunda representaba el lado humano (y por lo tanto tenia levadura); aquel que estaba ofreciendo el sacrificio de Acción de Gracias se ofrecía a sí mismo a Dios. Dice Levítico capítulo 7, versículo 13: Con tortas de pan leudado presentará su ofrenda en el sacrificio de acciones de gracias y de paz.

Podemos hacer una aplicación de este rito a nuestras propias vidas. Usted y yo podemos dedicar nuestras vidas al Señor. A veces este acto se lleva a cabo en una reunión llamada "reunión de consagración". Ya que el significado literal de la consagración es separar algo por ser santo, el nombre para esa clase de rito resulta realmente impropio. Porque nunca podremos presentarnos santos o perfectos ante Dios. Siempre llevaremos, figurativamente hablando, algo de "levadura". Así que presentémonos como un sacrificio vivo a Dios, como se nos aconsejó en el capítulo 12:1 de Romanos. Pero nunca pensemos que podemos presentarnos perfectos ante Dios. Si usted está esperando llegar a ese estado de perfección antes de sentir que puede presentarse ante Dios, estará esperando durante toda su vida.

Cuando el profeta Amós, de forma sarcástica, invitó al pueblo de Israel a venir a Betel y Gilgal para continuar pecando, fue muy significativo que les dijera Ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado (como leímos en el versículo 5 de Amós 4). El profeta ni siquiera mencionó la primera parte de la ofrenda que excluía la levadura. ¿Por qué? Porque el pueblo se había alejado totalmente del Dios vivo y verdadero. Por lo tanto, lo único que podían hacer era ofrecer maldad a Dios. Por supuesto, Dios no aceptaría tal ofrenda en absoluto. Este profeta Amós sería simplemente un predicador rural, pero estaba muy al día sobre la situación. Fue un destacado predicador de la Palabra de Dios.

Estimado oyente, esperamos que usted interprete la forma sarcástica en que se expresó Amós cuando invitó al pueblo a pecar. No les estaba pidiendo que así lo hicieran, sino que con una gran ironía les estaba diciendo que eso era precisamente lo que hacían cuando iban a Betel o a Gilgal. En vez de adorar a Dios, venían para pecar.

El próximo domingo por la mañana, cuando usted se esté preparando para ir a la iglesia, sería bueno que se arrodillara y le pidiera a Dios que examine la condición de su propio corazón. ¿Irá usted a la iglesia con un corazón limpio? ¿Irá usted con labios que no digan nada que pueda perjudicar a la causa de Cristo? El mensaje de Amós es muy pertinente para nuestro tiempo. Necesitamos predicadores como él. A veces solemos escuchar solamente mensajes de consolación y sobre cómo resolver problemas personales. Alguien tendría que hablar claro y fuerte sobre el pecado en el corazón de las personas. Estimado oyente, el pecado actúa de forma galopante dentro y fuera de los ambientes cristianos, así como, en su corazón y en el mío. El mayor problema que usted y yo tenemos es vencer al pecado que está presente en nuestras vidas. No serviría de nada el intentar ocultarlo por medio de la asistencia a la iglesia, o asistiendo a cursillos y seminarios. Lo verdaderamente esencial es tener una confrontación, un encuentro frente a frente con el Señor Jesucristo para enderezar, para resolver nuestra relación con El. Continuemos leyendo el versículo 6 de este cuarto capítulo de la profecía de Amós:

"Os hice pasar hambre en todas vuestras ciudades y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice el Señor."

Otra versión traduce Y también os he dado limpieza de dientes en todas vuestras ciudades. Fue una forma de decir que tenían los dientes limpios porque no tenían nada para comer. Dios los había castigado con el hambre, pero esta situación no los había despertado a su condición espiritual. La Palabra de Dios fue categórica, al decir mas no os volvisteis a mí. El sufrimiento no los sensibilizó con respecto a su verdadero estado. Ahora los versículos 7 y 8 continúan diciendo:

"También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; hice llover sobre una ciudad y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió se secó. Venían entonces dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban. Con todo, no os volvisteis a mí, dice el Señor."

Después Dios les envió una sequía. Él es quien controla la lluvia y en aquella ocasión la retuvo durante 3 meses, antes del tiempo de la cosecha, lo cual constituyó un desastre. Y observemos que Dios hizo que lloviera en una ciudad y no en otra. Dios actuó de esta manera para mostrarles que no llovía por casualidad sino por Su voluntad soberana. La sequía fue tan grave que la gente de una ciudad se desplazaba a otra ciudad donde había agua, y desde allí la transportaban a sus hogares en jarros y odres o recipientes de cuero. Estas penurias debieron hacerlos volver a Dios, pero ya leímos que El dijo: Con todo, no os volvisteis a mí. Lo sucedido había sido una advertencia de Dios pero ellos no le prestaron atención. Continuemos leyendo el versículo 9 de este cuarto capítulo:

"Os herí con viento del este y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, vuestros higuerales y vuestros olivares, pero nunca os volvisteis a mí, dice el Señor."

Dice aquí Os herí con viento del este y con oruga. Los cultivos fueron arrasados por el viento abrasador del desierto, Y la oruga (o el "añublo" según otra versión, que es una especie de hongo) se formó a causa de sequía excesiva y no por la humedad. Aquí también se hace referencia a una plaga de langostas que devoró lo que había quedado. Y leemos otra vez la misma conclusión por parte del Señor: pero nunca os volvisteis a mí. Y ahora leamos, finalmente por hoy, el versículo 10 de este cuarto capítulo del libro de Oseas:

"Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto; maté a espada a vuestros jóvenes, vuestros caballos fueron capturados e hice subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os volvisteis a mí, dice el Señor."

Aquí hay una elocuente mención al hedor de los cadáveres que fueron víctimas de la peste o de la guerra. Sin embargo y a pesar de estas calamidades extremas para la supervivencia, el pueblo mantuvo su actitud de rebeldía y no se volvió al Señor, como este mensaje reiteró una y otra vez. 

Estudio bíblico de Amós 3:7-4:1

Y volvemos, al capítulo tres de esta profecía, para continuar a partir del versículo 7. Para situarnos en el bosquejo general del libro que presentamos en la introducción, diremos que nos encontramos en la segunda gran división de la profecía de Amós, que reúne los mensajes de juicio y castigo de Dios sobre los reinos de Israel (o del norte) y de Judá (o del sur). Esta división se extiende desde el capítulo 2, versículo 4, hasta el capítulo 6, versículo 13.

En nuestro programa anterior destacamos la importancia de las siete preguntas formuladas por el profeta Amós. Preguntas que ilustran el principio universal de que por cada hecho existe una causa, y que el juicio de Dios que se aproxima no es un hecho accidental, circunstancial o que depende del azar. Ese juicio es, sencillamente, la consecuencia, es el resultado causado por el pecado de los seres humanos, Esta fue la consecuencia anunciada en los tiempos del profeta Amós, y esta será la consecuencia de todas las personas que desprecien y rechacen la misericordia y el amor de Dios.

En el versículo 7 de este capítulo 3 del libro de Amós, leemos:

"Porque no hará nada el Señor Dios, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas."

Amós estaba diciendo que Dios no actuaría con juicio hasta que entregara Su mensaje a los profetas. El les haría saber a ellos lo que iba a llevar a cabo. En el versículo 8, leemos:

"Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla el Señor Dios, ¿quién no profetizará?"

Había un hecho innegable. Los profetas estaban transmitiendo el mensaje de Dios al pueblo de Israel.

El problema de nuestro tiempo no consiste en que la gente no tenga una palabra de parte de Dios. El problema es que las personas no escuchan la Palabra de Dios. Sus advertencias se encuentran en Su Palabra. En este sentido podemos decir que la Biblia se encuentra más al día que el periódico de mañana. Después de todo, el periódico habrá perdido actualidad cuando aparezca una nueva edición al día siguiente. Pero la Palabra de Dios estará tan al día mañana, como al final de los tiempos.

El método de Dios siempre ha consistido en revelar a aquellos que son Suyos información sobre el juicio futuro. Recordemos que en los días de Noé Dios le anunció al patriarca que vendría el juicio de un diluvio y le dio 120 años para advertir a su generación. Pero el mundo de aquel entonces, no prestó atención a su mensaje. Recordemos también que Dios permitió que Abraham se enterara con anticipación de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Y fue bueno que lo hiciera, porque si no lo hubiera hecho así, Abraham habría tenido un punto de vista equivocado en cuanto al Dios Todopoderoso. Así que vemos que el hecho de revelar información sobre el futuro a los Suyos siempre ha sido el método de Dios. Cuando se encontraba en esta tierra, el Señor Jesús les dijo a los Suyos, en el aposento alto de una casa, lo que leemos en el evangelio según San Juan, capítulo 15, versículo 15, que dice: no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. Hay muchos ejemplos de esta actitud por toda la Biblia. Por ejemplo, El le advirtió a José en Egipto sobre los siete años de hambre que vendrían sobre la tierra. También el profeta Elías fue advertido de la sequía que tendría lugar en Israel. El profeta se dirigió a la corte de los reyes Acab y Jezabel, y les habló en los términos que leemos en 1 Reyes capítulo 17, versículo 1: Vive el Señor, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, hasta que mi boca lo diga. Una vez dicho esto salió de la corte y desapareció de la vista por más de tres años. Y teniendo en cuenta que el método de Dios consistió en advertir sobre un juicio inminente, cuando el Señor Jesús se reunió con Sus apóstoles en el Monte de los Olivos, les dijo que Jerusalén sería destruida hasta tal punto que no quedaría una piedra sobre otra, como podemos leer en el evangelio según San Mateo, capítulo 24, versículo 2, que dice ¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Así que fue siguiendo el procedimiento de Dios de advertir sobre juicios inminentes que Amós se limitó a comunicar estos mensajes, aunque sus contemporáneos fueron críticos con él. A la gente no le agrada oír hablar sobre juicios. Parece que muchas personas prefieren esconder su cabeza bajo la tierra como el proverbial avestruz. Algunas personas se resisten incluso a acudir al médico porque no quieren saber que algo en su organismo no funciona bien. Así que en general, la familia humana no quiere enterarse de las malas noticias que anuncian un juicio que se aproxima. Si alguien predica y enseña la verdad, la gente dirá que es pesimista, un aguafiestas, Sin embargo, Dios sigue el principio de que por cada efecto hay una causa y, en consecuencia, Dios envía juicio solo sobre los que pecan rebelándose contra El.

Dios también dejó en claro que los profetas estaban obligados a comunicar el mensaje Divino, indiferentemente de cual fuera dicho mensaje. En realidad, ellos debían sentir temor si dejaban de transmitir el mensaje de Dios al pueblo. Sinceramente, lamentamos que algunos que han estudiado la Biblia se nieguen a comunicar fielmente el mensaje de Dios. Deberían sentir temor ante esa omisión. Dice el texto Bíblico en el versículo 8, Si el león ruge, ¿quién no temerá? Ya que Dios ha hablado, comuniquemos lo que El tiene que decir. Deberíamos ser consecuentes y dejar de enfatizar únicamente los aspectos sociales del Evangelio, que, por cierto, son innegables. No caigamos en una utopía alejada de la realidad individual y social. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Al examinar las reflexiones sobre el futuro que nos comunican observadores que no son cristianos, ¿vemos evidencias de que, realmente, nos estamos encaminando hacia una edad de oro? ¿No le parece, estimado oyente, que este viaje está resultando demasiado largo y que la ruta que conduce a ese futuro imaginario se presenta cada vez más sombría y con menos visibilidad? El verdadero problema es que la mayoría de las personas no es consciente de la presencia del pecado en el corazón humano. Continuemos leyendo el versículo 9 de este tercer capítulo de la profecía de Amós:

"Proclamad en los palacios de Asdod y en los palacios de la tierra de Egipto, y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria y ved las muchas opresiones en medio de ella y las violencias cometidas en su medio."

Aquí se mencionó a Asdod, que se encontraba en el país de los Filisteos. De paso diremos que esta localidad, se encuentra actualmente en el territorio de Israel. Allí se han construido edificios de apartamentos, un puerto, así como también una gran refinería, por lo cual llega mucho petróleo a esa zona.

Cierto maestro de la Biblia especializado en profecía intenta encontrar profecía cumplida en la Palestina actual. Cuando los oleoductos llegaron al puerto de Haifa en la zona norte de Israel, donde una refinería estaba funcionando y los petroleros estaban descargando su combustible, este maestro lo vio como un cumplimiento de la profecía de que Aser hundiría sus pies en petróleo. Sin embargo, el oleoducto fue cortado y el único petróleo que llegaba a Haifa era traído por los petroleros. Ahora se ha instalado un oleoducto a través del Neguev, que procede del Mar Rojo y llega hasta Asdod. El petróleo es entonces canalizado por tuberías desde los petroleros hasta la refinería de Asdod. Y parecería entonces que fuera la tribu de Dan la que se moja con sus pies en petróleo. Así que este maestro de profecía ya no menciona más el cumplimiento de esta profecía en particular porque puede ver que no se aplica a la realidad. Por nuestra parte, no creemos que esa profecía esté siendo cumplida en esa tierra. Sin embargo, podemos ver la preparación del escenario que traerá el cumplimiento de la profecía. No tiene sentido escoger estas profecías breves y específicas e insistir en que se están cumpliendo en la actualidad.

Pero cuando Amós estaba comunicando esta profecía, Asdod era una ciudad importante de los Filisteos, y en este versículo 8 en particular figuró como representante de toda Filistea. Aquí se mencionaron los palacios de la tierra de Egipto. Dios estaba instruyendo a Sus profetas para que difundieran esta palabra en los palacios de Asdod y Egipto. Ahora, observemos como era la invitación.

Dice aquí "Reuníos sobre los montes de Samaria y ved los muchos tumultos en medio de ella y las violencias cometidas en su medio". Samaria era la capital del reino del norte de Israel y en esa ciudad estaba situado el palacio de los reyes Acab y Jezabel. Estaba edificada sobre una montaña, aunque había otras montañas alrededor de la ciudad. Desde estas montañas la gente podía ver lo que ocurría en la ciudad. El pecado hacía allí grandes progresos. Los muchos tumultos se referían a disturbios causados por la opresión de los pobres. Continuemos leyendo el versículo 10 de este tercer capítulo:

"No saben hacer lo recto, dice el Señor; atesoran rapiña y despojo en sus palacios."

Es decir que Samaria estaba almacenando en sus palacios lo que habían estado robando al pueblo. Y dice el versículo 11:

"Por eso, el Señor Dios ha dicho: Un enemigo vendrá por todos lados de la tierra y derribará tu fortaleza, y tus palacios serán saqueados."

En la actualidad los palacios de Samaria, se encuentran en ruinas. Veamos ahora lo que dice el versículo 12, de este capítulo 3 de Amós:

"Así ha dicho el Señor: De la manera como el pastor libra de la boca del león dos piernas o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel que moran en Samaria, que se sientan en un rincón del diván, en un cómodo lecho."

Después de que el juicio de Dios cayera sobre Samaria, el remanente que quedó fue comparado con dos patas y un pedazo de oreja, que era todo lo que quedaba de un cordero que había sido devorado por un león. Es que el juicio de Dios fue severo porque Samaria tenía la iluminación de la revelación divina, que hizo que su responsabilidad fuera mayor. Leamos ahora los versículos 13 y 14 de este tercer capítulo:

"Oíd y testificad contra la casa de Jacob, dice el Señor, Dios de los ejércitos: El día que castigue las rebeliones de Israel, castigaré también los altares de Bet-el; los cuernos del altar serán cortados y caerán a tierra."

Aquí la mención a los altares de Betel señalaba a la adoración al becerro de oro. En la frase los cuernos del altar serán cortados Dios estaba diciendo que El quitaría la burda idolatría de Su tierra. Y dice el versículo 15, el último de este tercer capítulo de esta profecía:

"Derribaré la casa de invierno junto con la casa de verano, y las casas de marfil desaparecerán. Muchas casas serán destruidas, dice el Señor."

Aquí se anunció que las casas de marfil desaparecerían. Casas que los reyes Acab y Jezabel habían construido en la cima de la montaña de Samaria. Su grandioso palacio se encontraba en un hermoso paraje. El palacio cubría toda la cumbre de la montaña. Desde allí se puede apreciar una vista panorámica que se extiende hacia cualquier dirección. Mirando hacia el oeste, en un día claro, puede verse el Mar Mediterráneo. Si uno mira hacia el este, puede ver el valle del río Jordán. Mirando al norte, puede verse el Valle de Esdraelon, con el Monte Hermón en la distancia. Hacia el sur, un observador podría contemplar la ciudad de Jerusalén.

Allí los reyes construyeron un palacio de marfil. Por supuesto, los enemigos de aquellos días se llevaron el hermoso marfil que encontraron en esa zona. Pero allí los judíos han realizado excavaciones. Los guías turísticos dicen se han encontrado varios vasos de marfil muy delicados. Algunos se usaban para el perfume y también probablemente para el vino. Así que el color del marfil predominaba en la combinación de colores del palacio. Fue el material más utilizado. Aparentemente, los reyes Acab y Jezabel lograron que el mejor decorador de interiores del período trabajara para ellos. Era un palacio sumamente lujoso.

Pero Dios dijo que El destruiría ese lugar y éste dejaría de existir. Y en realidad, no hay hoy un lugar más desolado que las ruinas de Samaria en la cumbre de ese monte. Por cierto, Dios ha cumplido esa profecía. Aunque en el día de hoy no veamos profecías cumplidas en aquellas tierras, podemos ver que muchas profecías se han cumplido en el pasado. Sin embargo, reiteramos que, con toda seguridad, el escenario se está actualmente preparando para el cumplimiento futuro de profecías referentes a la tierra de Palestina. Y así, en este libro de Amós llegamos al

Amós 4

Comenzando con este capítulo, tenemos una serie de 3 capítulos que tratan específicamente sobre Israel, es decir, sobre las 10 tribus del reino del norte. En el capítulo 4 se nos recordará que en el pasado, Dios castigó a Israel por su maldad. Después, en el capítulo 5 veremos que en el futuro, Israel será castigado por su maldad. Finalmente, en el capítulo 6 veremos que el profeta Amós amonestó a su generación para que se apartara de la maldad. Así que esta sección tiene una aplicación práctica para nosotros, así como la tuvo para el pueblo de Israel en el tiempo de Amós.

Cuando Amós estaba intentando llamar al pueblo que se volviera a Dios, usó en su lenguaje un sarcasmo que fue realmente mordaz. Leamos ahora el versículo 1 de este cuarto capítulo de la profecía de Amós.

"Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed de beber."

Basán era un territorio situado al este del río Jordán, entre las montañas de Galaad en el sur, y el Monte Hermón en el norte. Fue colonizado por las 10 tribus que permanecieron en el lado equivocado del Jordán, y fue una parte del reino del norte de Israel. Era una zona muy fértil y conocida por su excelente raza de ganado. Las vacas de Basán eran fuertes y tenían un aspecto impecable debido a la exhuberancia de los pastos de aquella tierra.

Ahora, ¿a quienes se estaba dirigiendo el profeta? ¿Quiénes eran las vacas de Basán? Como la palabra "vacas" es femenina, algunos expositores Bíblicos creen que estaba hablando a las mujeres que estaban viviendo rodeadas de lujo, bien alimentadas, bien vestidas y bien arregladas. Para que ellas pudieran disfrutar de esa riqueza, los pobres eran oprimidos. En realidad, Amós dijo que oprimían a los pobres y maltrataban a los necesitados. En general, una nación revela su posición moral y su nivel de vida por la forma en que visten las mujeres y muchos hombres. El uso de ropa cara y alhajas suele ser un dato indicador de que la población de un país pasa por un período de riqueza. Así que es posible que Amós se estuviera refiriendo a las mujeres de Basán. El profeta acusó a las mujeres de la clase social más adinerada y se refirió de manera burlona a sus maridos utilizando una palabra que no era comúnmente usada para los esposos y que significa "señores" o "amos". De esta forma habló de ellos con desprecio, ya que debiendo ellos haber actuado como señores, en realidad obedecían a sus mujeres como siervos. Así que, aunque el profeta Amós implicó que las mujeres fueron acusadas de llevar a cabo la opresión de los pobres, lo hacían utilizando y dominando a sus maridos. Y los verbos "quebrantar" y "oprimir" describen amenazas y acoso físico para arrebatar dinero a los necesitados.