viernes, 8 de mayo de 2015
Estudio bíblico de Amós 2:9-3:2
recorriendo el libro del profeta Amós. Y en nuestro programa anterior llegamos hasta el versículo 9 del capítulo 2 de esta profecía. En nuestro programa anterior, en el versículo 3 de este segundo capítulo, finalizamos la primera gran división de este libro, titulada "El juicio contra las naciones vecinas de Israel", que abarcaba el capítulo 1 y los 3 primeros versículos de este capítulo 2. En esa división vimos el juicio contra Siria, Filistea, Fenicia, Edom, Amón y Moab.
Después consideramos, en los versículos 4 y 5 de este capítulo, el juicio contra Judá por despreciar la Ley de Dios. En ese pasaje destacamos que Amós se dirigió a la nación de Israel con un método opuesto al que los otros profetas usarían más tarde. Ellos siempre mencionarían el juicio de Dios sobre Israel y después el juicio contra las naciones que se encontraban a su alrededor. Sin embargo, Amós se había ocupado de estas naciones primero, y después se dirigió a Israel, contra cuyo pueblo el juicio de Dios sería mayor. La razón para un juicio más severo era bastante obvia: el privilegio siempre crea responsabilidad. A mayor luz de revelación que uno recibe, corresponde una mayor responsabilidad ante Dios. Así que, al dejar el tema de las naciones vecinas, el profeta procedió a ocuparse de los pecados del pueblo de Dios. Comenzó con Judá, el reino del sur, del cual él mismo procedía. En el versículo 4 destacamos la frase porque menospreciaron la ley del Señor, no guardaron sus ordenanzas y los hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres. Esta frase resumió en pocas palabras lo que a los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel les llevó muchas páginas expresar. Dios juzgaría al reino del sur. ¿Y por qué? Porque ellos no obedecieron Sus mandamientos; despreciaron la ley de Dios. Incluso tenían el templo que se encontraba en Jerusalén. Y en consecuencia, Dios los juzgaría de acuerdo a la ley.
También vimos que después, a partir del versículo 6, el profeta expuso el juicio contra Israel por inmoralidad y blasfemia. Ellos también tenían la ley de Dios y habían sido enseñados de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios. Iba a tratar el tema de la Ley de Moisés. No hablaría de los Diez Mandamientos, como lo hizo con Judá, sino que se ocuparía de las leyes de Moisés que tenían que ver con la vida diaria de las personas. Los israelitas estaban cometiendo los mismos pecados que las naciones vecinas. En primer lugar se mencionó el maltrato a los pobres. En este libro encontramos referencias a este tema en el capítulo 4 versículo 1 y en el capítulo 5, versículo 11. El les había dado varias leyes sobre este tema y mencionamos simplemente una, registrada en Deuteronomio capítulo 16, versículo 19. Dios entregó esa ley para proteger a esa clase social. En aquellos días un hombre podía ser absolutamente inocente, pero su adversario podía hacerle llegar dinero al juez para recibir un veredicto favorable. Después, el profeta mencionó un problema de inmoralidad. Aparentemente, el profeta estaba hablando acerca de una sirvienta que era una prostituta, y tanto el padre como el hijo tenían relaciones con ella. Y Dios dijo que el adulterio profanaba Su santo nombre. Y el versículo 8 terminó con una denuncia contra la embriaguez.
Ahora, en el versículo 9 de este capítulo 2, de la profecía de Amós. Leemos:
"Yo destruí delante de ellos a los amorreos que eran altos como los cedros y fuertes como las encinas; destruí su fruto arriba y sus raíces abajo."
Observemos aquí el lenguaje expresivo y figurativo de este predicador rural que había llegado de Tekoa, en el desierto de Judá. Por medio del profeta Amós Dios estaba anunciando la destrucción de los amorreos, pueblo semítico enemigo de Israel. En Josué 24, versículo 8, dice 8Yo os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros, pero yo los entregué en vuestras manos; ocupasteis su tierra, porque yo los exterminé de delante de vosotros. Anteriormente dijimos que hoy no podríamos encontrar Moabitas y creemos que podemos decir lo mismo en cuanto a los Amorreos.
Dios le había dicho a Abraham que no podía colocarle en la tierra en aquel momento porque en ella se encontraban los amorreos, pueblo cuya maldad aun no había llegado a su punto culminante. Y Dios les iba a dar una oportunidad de volverse a Él, apartándose de los pecados que estaban cometiendo. Ahora, alguien quizá nos diga: "Después de todo, esas eran naciones paganas. No tenían la ley de Moisés y no sabían cómo debían comportarse". Leamos a continuación una declaración interesante que escribió el apóstol Pablo en su epístola a los Romanos, capítulo 2, versículos 12 al 14: 12Todos los que sin la Ley han pecado, sin la Ley también perecerán; y todos los que bajo la Ley han pecado, por la Ley serán juzgados, 13pues no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino que los que obedecen la Ley serán justificados. 14Cuando los gentiles (es decir, los no judíos) que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, ¿Por los no judíos, que no tienen la Ley, se abstienen de cometer un asesinato? ¿Por qué se abstienen de mentir, o de robar? Bueno, Pablo continuó escribiendo y el versículo 15 del capítulo 2, de la epístola a los Romanos dice: mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos. Ahora, usted y yo, estimado oyente, tenemos una conciencia, e incluso si nunca hubiéramos oído de los Diez Mandamientos, nuestra conciencia nos acusaría, o nos disculparía. Es decir, que reconoceríamos nuestra culpabilidad, o nos sentiríamos libres de cualquier sentimiento de culpa. Al ser humano se le ha dado un sentido de lo que está bien, o de lo que está mal.
Y fue en base a esto que Dios juzgó a los amorreos, porque ellos continuaron en el pecado. Dios le dijo a Abraham que iba a enviarlo a él y a su descendencia a Egipto durante 420 años, hasta que culminara la maldad de los Amorreos. Creemos que todos estaremos de acuerdo en que al concederles Dios ese período de tiempo tan prolongado, ese pueblo tuvo múltiples ocasiones de arrepentirse y rectificar. Pero, contra lo que podía esperarse, ese pueblo fue incrementando sus malvadas costumbres.
El hecho fue que los Amorreos no se volvieron a Dios. Cuando Josué al frente del pueblo de Israel cruzó el río Jordán, llegó a la tierra de los Amorreos. Jericó era una ciudad Amorrea, y Rahab, la ramera que protegió a los espías israelitas antes de la caída de la ciudad, pertenecía a ese pueblo. Ella y su familia fueron los únicos que no sobrevivieron a la conquista. Ahora, los Moabitas desaparecieron, pero Ruth, la Moabita, formó parte de la genealogía de Jesucristo. Los Amorreos, también desaparecieron hace mucho tiempo, pero Rahab también figuró en la línea de descendencia que conduciría al Mesías.
Y Dios les estaba diciendo a los israelitas que había juzgado a los Amorreos por los mismos pecados que ellos estaban cometiendo. El les había dado a los israelitas Su Ley, y ellos la habían desobedecido. Y en los versículos 10 y 11, de este capítulo 2 de Amós leemos:
"A vosotros os hice subir de la tierra de Egipto y os conduje por el desierto cuarenta años, para que tomarais posesión de la tierra del amorreo. Y levanté profetas entre vuestros hijos y nazareos entre vuestros jóvenes. ¿No es esto cierto, hijos de Israel?, dice el Señor."
Dios deseaba que ellos la hubieran servido en esa tierra, que educaran a sus hijos para que lo sirvieran, para que fueran profetas, y para que fueran Nazareos. Pero en cambio, ¿qué sucedió? Leamos el versículo 12 de este segundo capítulo:
"Mas vosotros disteis a beber vino a los nazareos, y a los profetas mandasteis diciendo: No profeticéis."
Un nazareo era un israelita que voluntariamente había hecho una promesa de dedicarse a Dios. Y había tres cosas que él no haría: (1) no cortaría su cabello. ¿Por qué? Bueno, el apóstol Pablo diría que para un hombre era vergonzoso tener el cabello largo, como vemos en la primera carta a los Corintios capítulo 11, versículo 14. Para los Nazareos, esa costumbre era una forma de soportar o compartir esa vergüenza con los demás.
(2) No les estaba permitido beber vino o tocar la fruta del viñedo. No debían comer las uvas, ni siquiera las pasas de las uvas. Los israelitas, al darles vino, estaban logrando que los Nazareos quebrantaran sus votos.
(3) El Nazareo no podía tocar un cuerpo muerto ni acercarse a él. Cuando un ser querido suyo moría, ni siquiera asistía al funeral. Tenían esa costumbre para poner en evidencia que Dios era la prioridad y ocupaba el primer lugar de su vida.
El versículo 12 continuó diciendo que ellos les dijeron a los profetas: no profeticéis. Ellos les estaban diciendo a los profetas que no querían escucharles. No querían recibir de los profetas ningún mensaje y así, se negaron a escuchar el mensaje de Dios.
Uno de los factores que se destacó en la caída del Imperio Romano fue que su destrucción no provino de un enemigo exterior. Esa ciudad y ese imperio cayeron por factores internos. Y lo mismo les ha sucedido y les sucede a varias naciones de todas las épocas y de nuestro tiempo. Aunque hayan sido fuertes en su economía y la abundancia de sus recursos humanos y materiales, son destruidas por elementos externos como, por ejemplo las armas de un enemigo, sino por graves problemas internos.
Hay dos factores que contribuyen a la decadencia de una nación; factores que actúan pos sí mismos, o agravando otros problemas internos de ese país. Uno de ellos es el abuso del alcohol, el alcoholismo y uso de las drogas. El alcoholismo es como una enfermedad que afecta a millones de personas en muchos países. No solo es éste el factor que produce la mayoría de los accidentes fatales en nuestras carreteras, sino también altera el comportamiento de las personas en la sociedad, en el mundo laboral y de manera especial, en la esfera familiar, donde provoca o agrava los sentimientos de agresividad y violencia entre los miembros de una familia.
EL otro factor, aunque generalmente no reconocido, es que la mayoría de las personas no quiere escuchar la Palabra de Dios. Esta actitud es simplemente una consecuencia del hecho evidente de que Dios ha sido dejado de lado en la sociedad secular y resulta significativo que ese alejamiento ha coincidido con el abandono de valores básicos para la convivencia entre los miembros de la sociedad. La pérdida de tales valores coincide pues con el gran aumento de trastornos psicológicos y con el incremento de la agresividad verbal y física en esferas tan diversas como la escuela, la política y el hogar. Y esta es una consecuencia de una secularización producida por la idea de que la Palabra de Dios ya no es relevante para transformar al ser humano y para crear una sociedad más justa. ¿No es acaso cierto que estamos presenciando la creación de una sociedad menos humana, y menos respetuosa de las leyes y de los derechos humanos fundamentales?
Lo mismo estaba sucediendo en Israel. La actitud de los israelitas haciendo incumplir sus promesas a los Nazareos, y prohibiéndoles a los profetas que declararan la Palabra de Dios, les estaba conduciendo al juicio de Dios. En aquella época las personas querían escuchar algo diferente, que las hiciera sentir bien, aunque estuviera alejado de la realidad. Pero escuchemos lo que el profeta dijo en el versículo 13 de este capítulo 2 de Amós:
"Por eso, yo os apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de gavillas"
Hay diferentes formas de traducir e interpretar este versículo. Una segunda versión lo traduce de esta manera: "He aquí, Yo estoy oprimido debajo de vosotros, como está oprimida una carreta llena de gavillas". Ahora, con respecto a esta traducción, algunos opinan que es un poco degradante pensar que Dios se encontraba oprimido de esta forma. Preferimos esta segunda traducción, que expresa que ellos le habían colocado a Él en una situación difícil. Porque Dios los había colocado a ellos, a los israelitas, en un territorio, expulsando de él a los Amorreos. Pero los israelitas estaban cometiendo los mismos pecados que los Amorreos. Y, por supuesto, El no iba a pasar por alto esos pecados sino que los juzgaría. Ahora, en nuestra Biblia en castellano, en la primera versión que hemos usado y como hemos leído se tradujo Yo os apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de gavillas. O sea que, en este caso, fue Dios quien estaba ejerciendo la presión y Él los iba a juzgar, como veremos al estudiar el capítulo 3. Continuemos leyendo ahora los versículos 14 al 16 de este segundo capítulo de Amós:
"El ligero no podrá huir, al fuerte no le ayudará su fuerza ni el valiente librará su vida; el que maneja el arco no resistirá, ni escapará el ligero de pies ni el jinete salvará su vida. El esforzado entre los valientes huirá desnudo aquel día, dice el Señor."
Algunos expositores Bíblicos creen que estos versículos, los últimos del capítulo 2 de la profecía de Amós, se refieren al terremoto mencionado en el primer versículo de esta profecía. No creemos que aquí haya ninguna referencia a algún terremoto. La idea aquí es que Israel era una nación fuerte. Dios había mantenido alejados a sus enemigos y ninguno de ellos había avanzado para conquistar su tierra. Pero en ese momento, todo se destruiría, incluso las murallas de la ciudad. El enemigo había entrado en su territorio y los que habían sido fuertes, ya no lo eran.
Estas palabras deberían llevarnos a una reflexión sobre las naciones en la actualidad. Grandes potencias han experimentado la grandeza por haber intervenido en asuntos mundiales. Junto con el orgullo y la seguridad de la capacidad de su fuerza que han sentido, han ido desarrollando el sentimiento de que ya no necesitaban a Dios. Y la verdad es que algunas han entrado en un proceso de decadencia. Y esa situación constituye una advertencia de Dios a todos los pueblos.
En nuestro pasaje Dios le dijo a Israel que se estaba convirtiendo en una nación débil, y que ese pueblo no se había dado cuenta de que Dios había comenzado a juzgarlos. Este fue el mensaje transmitido por el profeta Amós y no nos sorprende que la gente quisiera expulsarle de la ciudad. No nos asombra que no quisieran escuchar el mensaje que tenía para ellos. Y aún no había terminado. Y así llegamos al
Amós 3 - La acusación de Dios contra todo el pueblo de Israel
Dice el versículo 1 de este tercer capítulo de Amós:
"Oíd esta palabra que ha hablado el Señor contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto"
Ahora Dios pasó por alto el hecho de que la nación se había dividido y dijo que estaba hablando a la totalidad del pueblo de Israel, al que sacó de Egipto. Ante Sus ojos no había dos naciones sino solo una. Ante El, las doce tribus eran como una familia. Y dice el versículo 2 de este tercer capítulo:
"A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades."
Como vemos, Dios les estaba hablando de una forma clara y directa, acorde con la forma de ser del profeta. Él se andaba con rodeos no daba vueltas sino que se dirigía directamente al grano. Él no andaba con rodeos ni tenía pelos en la lengua, como se dice. Israel sería castigada por su maldad. Fue una desgracia que sus políticos y sacerdotes no le escucharan. Si lo hubieran hecho, la historia de aquel pueblo habría sido diferente.
El mensaje profético continuó diciendo en el versículo 2 a vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra. En el libro del Génesis podemos ver que después del desastre del diluvio, los seres humanos vivían en un estado de pecado y rebelión contra Dios, condición que se expresó en la torre de Babel. En aquel momento, toda la humanidad se alejó de Dios., produciéndose una apostasía total. Entonces, Dios se dirigió hacia Ur de los Caldeos y de aquella ciudad llamó a un hombre, a Abraham. Dios formaría a partir de él una nación, a quien entregaría una tierra. Eso fue lo que El quiso decir aquí en este versículo de Amós, al proclamar A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra.
Estudio bíblico de Amós 2:1-9
recorriendo el libro del profeta Amós y hoy nos corresponde comenzar con el capítulo 2. Desde el capítulo 1, versículo 3, hemos estado examinando los mensajes proféticos del juicio de Dios contra las naciones vecinas de Israel: nos referimos a Siria, Filistea, Fenicia, Edom, y Amón. Hoy veremos el último de estos mensajes proféticos: el dirigido contra Moab, en los versículos 1 al 3 de este segundo capítulo, e iniciaremos la segunda gran división de esta profecía de Amós, titulada "El juicio contra Judá e Israel", que abarcará desde el versículo 4 de este capítulo, hasta el capítulo 6, versículo 14. Comencemos entonces nuestra lectura del primer versículo de este segundo capítulo, que comienza a presentarnos el
Juicio contra los moabitas
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque quemó los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos."
Consideramos que aquel hombre, Amós, fue un gran predicador. No hubo otro como él. Como orador, usó expresiones poco comunes. Ya hemos aclarado que la expresión por tres pecados de Moab, y por el cuarto fue una forma de expresar que había muchas transgresiones ante Dios y como era habitual en él, solo mencionó específicamente uno de ellos.
Aquí la acusación contra Moab fue que quemó los huesos del rey de Edóm hasta calcinarlos. El juicio contra aquel pueblo fue por haber demostrado tener un terrible espíritu de venganza. Los Moabitas habían ganado una victoria a sus enemigos, los Edomitas, y habían matado a su rey. Uno habría pensado que para aquellos tiempos esta acción resultaría suficiente pero ellos quemaron los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos. Es decir, que llevaron hasta lo indecible su espíritu de venganza y entonces Dios dijo que los juzgaría por ello. Continuemos leyendo los versículos 2 y 3 de este segundo capítulo de Amós:
"Prenderé fuego a Moab y consumirá los palacios de Queriot; y morirá Moab en el tumulto, con estrépito y sonido de trompeta. Quitaré al juez de en medio de él y mataré con él a todos sus príncipes, dice el Señor."
Aquí nos llama la atención la frase morirá Moab en el tumulto. Es decir que terminarían como nación de golpe, repentinamente. Este orgulloso pueblo sería llevado a la misma extinción más tarde por el rey Nabucodonosor. A partir de ese momento, ya no pudieron encontrarse Moabitas.
Pero es interesante destacar que muchos años antes, y de esta nación tan pagana salió una mujer muy hermosa, una mujer tierna llamada Rut, quien llegó a ser la esposa de Booz. Su historia quedó registrada como uno de los libros más hermosos que tenemos en la Biblia. Y ella figuró en la línea de descendencia que conduciría hasta Jesucristo. Resultó significativo que procediera de un pueblo como Moab. Este pueblo era realmente pagano, con un comienzo histórico triste y lamentable, así como vivirían un triste y trágico final como nación. Pero la historia de Ruth reveló lo que la gracia de Dios puede hacer en la vida de un creyente si éste permite que esa gracia actúe en su vida. Y ahora llegamos a un nuevo párrafo titulado
El juicio contra Judá por despreciar la ley
Entonces Amós se dirigió a la nación de Israel con un método opuesto al que los otros profetas usarían más tarde. Ellos siempre mencionarían el juicio de Dios sobre Israel y después el juicio contra las naciones que se encontraban a su alrededor. Sin embargo, Amós se había ocupado de estas naciones primero, y después se dirigió a Israel, contra cuyo pueblo el juicio de Dios sería mayor. La razón para un juicio más severo era bastante obvia: el privilegio siempre crea responsabilidad. A mayor luz de revelación que uno recibe, corresponde una mayor responsabilidad ante Dios. Es evidente que usted y yo, estimado oyente, somos más responsables ante Dios que aquellos a quienes les ha resultado imposible leer la Biblia y que no están escuchando en absoluto la Palabra de Dios. Tenemos más responsabilidad que ellos. Con frecuencia juzgamos a otros por su incredulidad pero, ¿nos hemos detenido a pensar en la tremenda responsabilidad que usted y yo tenemos a causa de nuestro privilegio de poseer la Palabra de Dios? Nos enorgullecemos por tener la Biblia, pero lo realmente importante es nuestra obediencia personal a la Palabra de Dios, y si estamos haciendo algo para ayudar a que esa Palabra llegue a los demás.
Así que, al dejar el tema de las naciones vecinas, el profeta procedió a ocuparse de los pecados del pueblo de Dios. Comenzó con Judá, el reino del sur, del cual él mismo procedía. Leamos el versículo 4 de este segundo capítulo de Amós:
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Judá, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque menospreciaron la ley del Señor, no guardaron sus ordenanzas y los hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres."
Otra vez aquí se usó la frase típica del profeta para comunicar que él podía enumerar muchas transgresiones de las cuales ellos eran culpables, pero él destacaría una de ellas que era clave.
Aquí destacamos la frase porque menospreciaron la ley del Señor, no guardaron sus ordenanzas y los hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres. Esta frase resumió en pocas palabras lo que a los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel les llevó muchas páginas expresar. Dios juzgaría al reino del sur. ¿Y por qué? Porque ellos no obedecieron Sus mandamientos; despreciaron la ley de Dios. Incluso tenían el templo que se encontraba en Jerusalén. Y en consecuencia, Dios los juzgaría de acuerdo a la ley.
¿Ha observado usted que Dios no juzgó a ninguna de de estas otras naciones en base a lo mismo? El las juzgó por ciertos pecados específicos que son comunes a las personas como seres humanos. Como esas otras naciones ni poseían la ley de Dios, no fueron juzgadas de acuerdo con esa ley. Continuemos leyendo el versículo 5 de este segundo capítulo:
"Prenderé, por tanto, fuego a Judá, el cual consumirá los palacios de Jerusalén."
Como los demás profetas, Amós mencionó una y otra vez que habría un juicio por fuego. Cuando el rey Nabucodonosor avanzó contra la ciudad, incendió a Jerusalén completamente. Solo quedaron piedras, las cuales se encuentran en abundancia en esa zona en particular. Pasemos ahora a un nuevo párrafo que nos hablará sobre
El juicio contra Israel por inmoralidad y blasfemia
Recordemos que Amós estaba proclamando estos mensajes en Betel, en el reino del norte. Estaba hablando en la capilla del rey. Creemos que cada vez que se levantó para hablar, tomaría como tema a una de esas naciones, y pronunciaría el juicio de Dios sobre ella. Y en ese momento en que mencionó incluso a Judá, se estaba acercando mucho al pueblo en el que se encontraba. Sin embargo, las diez tribus del norte y las dos tribus del sur se encontraban en estado de guerra entre sí la mayor parte del tiempo. En varias ocasiones ellos llegaron a concertar alianzas, pero ello ocurrió únicamente por temor y por la necesidad de hacer frente a enemigos comunes. La mayor parte del tiempo, estos reinos del norte y del sur fueron enemigos. Por lo tanto, cuando el profeta Amós comunicó su mensaje de juicio contra el reino del sur, todos los presentes debieron asentir en conformidad, porque estaban de acuerdo en que Dios debería juzgar a Jerusalén y a Judá. Pero, ¿qué habría que decirle al reino del norte? Comenzando con el versículo 6 de este capítulo, el profeta hablaría al reino del norte. Betel era la ciudad en la que el rey adoraba, y este hombre estaba hablando en la capilla del rey. Así que Amós, con sus palabras de juicio, se estaba acercando a este pueblo del norte, con cuyo futuro iba a comenzar a entrometerse.
Y así, el profeta Amós iba a comenzar a hablar del pecado de la congregación que estaba frente a él. Ya no hablaría sobre los pecados de los Moabitas sino de los pecados del reino del norte. Ellos también tenían la ley de Dios y habían sido enseñados de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios. Escuchemos entonces lo que dijo el profeta Amós leyendo el versículo 6 de este segundo capítulo:
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos."
Dice aquí: Así dice el Señor. Debemos decir que no creemos que podamos ponernos en pie ante al púlpito para hablar a menos que podamos hablar en base a esta afirmación así dice el Señor. Lo que la Palabra de Dios tiene que decir debería ser la base de todo ministerio ante el púlpito y la congregación.
Aquí dice nuevamente: Así ha dicho el Señor: por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo. Había más transgresiones que éstas y Amós las mencionaría. Iba a tratar el tema de la Ley de Moisés. No hablaría de los Diez Mandamientos, como lo hizo con Judá, sino que se ocuparía de las leyes de Moisés que tenían que ver con la vida diaria de las personas.
Continúa diciendo el versículo porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Como ya dijimos, las diez tribus del norte tenían la ley de Moisés, pero estaban cometiendo los mismos pecados que las naciones vecinas. Era entonces un hecho que el mismo pueblo que Dios había removido de la tierra prometida, era culpable de los mismos pecados que Israel estaba cometiendo en aquella época.
En primer lugar se mencionó el maltrato a los pobres. Al leer este libro veremos que Amós tuvo mucho que decir sobre los pobres. En su capítulo 4, versículo 1 leemos: Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: "Traed de beber". Y en el capítulo 5 versículo 11 leemos: Por tanto, puesto que humilláis al pobre...
Al estudiar los profetas comprobamos, una y otra vez, que los pobres no van a ser tratados con justicia ni equitativamente en esta tierra hasta que en ella reine el Señor Jesucristo. La única esperanza de los pobres se encuentra en el Señor. Muchos han prometido ocuparse de las clases sociales menos favorecidas pero, una vez que tienen los medios para hacerlo, con frecuencia incumplen sus promesas y protegen únicamente sus privilegios. Por ello nos sentimos agradecidos de que haya alguien como el Señor Jesucristo que al fin traerá justicia para los pobres.
Así que quedó claro que Dios juzgaría a esta nación aquí por tratar mal a los pobres. El les había dado varias leyes sobre este tema y mencionaremos simplemente una, registrada en Deuteronomio capítulo 16, versículo 19, que dice: 19No tuerzas el derecho, no hagas acepción de personas ni tomes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. Dios entregó esa ley para proteger a esa clase social. En aquellos días un hombre podía ser absolutamente inocente, pero su adversario podía hacerle llegar dinero al juez para recibir un veredicto favorable. De paso, diremos que aquella práctica no parece haber pasado de moda. Otras costumbres han cambiado o evolucionado, pero ésta no. En aquellos casos en los cuales el dinero parece ser un factor determinante, resulta difícil que una persona sin recursos sea tratada con justicia. Amós estaba hablando de un problema pertinente de su tiempo, en los que incluso un par de zapatos pervertía un juicio y causaba sufrimiento a los pobres. Continuemos leyendo el versículo 7 de este segundo capítulo:
"Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos y tuercen el camino de los humildes. El hijo y el padre se allegan a la misma joven, profanando mi santo nombre"
La frase pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos podría tener varios significados, pero creemos que quería decir que los jueces ricos, egoístas y codiciosos. Lamentaban incluso que los pobres tuvieran suficiente polvo como para arrojárselo, sobre sus cabezas para lamentarse. Y podemos afirmar que Dios juzga a las naciones por la codicia, que es la idolatría de nuestro tiempo.
Y este versículo 7 continúa diciendo y tuercen el camino de los humildes. La justicia estaba siendo dejada de lado para perjudicar a las personas dóciles y pacíficas. ¿Por qué? Porque ellas no protestaban, no denunciaban esta injusticia. Realmente, en la actualidad los humildes no están heredando la tierra. La tierra, más bien, está siendo heredada por aquellos que son audaces, atrevidos, y que se echan mano de todos los bienes materiales que puedan acumular. Así que podemos comprobar que los pobres y humildes no estaban siendo tratados con justicia en Israel, ni tampoco están recibiendo justicia en la actualidad.
Destacamos también la frase El hijo y el padre se allegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. Aparentemente, el profeta estaba hablando acerca de una sirvienta que era una prostituta, y tanto el padre como el hijo tenían relaciones con ella. Y Dios dijo que el adulterio profanaba Su santo nombre. Tenemos que decir que la moralidad de nuestro tiempo no es nueva en absoluto. Los israelitas ya la estaban practicando y Dios dijo que la detestaba. Ellos estaban quebrantando las leyes que El había establecido para estos casos.
O sea, que podemos ver que el profeta Amós no iba a ser un personaje popular. El se puso de parte de los pobres y condenó las injusticias que ellos sufrían, así como también condenó la inmoralidad. Continuemos leyendo el versículo 8 de este segundo capítulo:
"Sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar, y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses."
Dice aquí sobre las ropas multadas se acuestan junto a cualquier altar. Dios tenía una ley muy entrañable para estos casos. En el Deuteronomio, capítulo 24, versículos 12 y 13, leemos: 12Y si el hombre es pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. 13Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir con su ropa y te bendiga; para ti será como una obra de justicia delante del Señor, tu Dios. Un hombre pobre no tenía nada que presentar como garantía para solicitar un pequeño préstamo, con excepción de su ropa, que necesitaba para abrigarse. De acuerdo con el pasaje leído, podía presentar esta garantía, pero no debía retenérsele la prenda de vestir durante la noche. Había que devolvérsela antes de la puesta del sol, para que pudiera cubrirse y abrigarse durante la noche. En el pasaje Bíblico de Amós, que estamos estudiando, Dios destacó que los israelitas habían quebrantado esta ley y que tampoco lo estaban obedeciendo en este asunto. Y así vemos que la Biblia tiene mucho que decir en cuanto a la situación y necesidades de las personas de pocos recursos.
El versículo continúa diciendo que se acostaban sobre ropa empeñada junto a cualquier altar. Dios le había dado a Israel solo un altar, y éste se encontraba en el templo de Jerusalén. Este detalle revelaba que ellos habían caído en la idolatría y tenía una gran cantidad de altares.
Y el versículo finaliza con la frase beben en la casa de sus dioses, que implica una condena a la embriaguez. Continuemos leyendo el versículo 9 de este segundo capítulo de Amós.
"Yo destruí delante de ellos a los amorreos que eran altos como los cedros y fuertes como las encinas; destruí su fruto arriba y sus raíces abajo."
Observemos aquí el lenguaje expresivo y figurativo de este predicador rural que había llegado de Tekoa, en el desierto de Judá. Por medio del profeta Amós, Dios estaba anunciando la destrucción de los amorreos, pueblo semítico enemigo de Israel. En Josué 24, versículo 8, dice 8Yo os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros, pero yo los entregué en vuestras manos; ocupasteis su tierra, porque yo los exterminé de delante de vosotros. Anteriormente dijimos que hoy no podríamos encontrar Moabitas y creemos que podemos decir lo mismo en cuanto a los Amorreos.
Estudio bíblico de Amós 1:4-15
En nuestro programa anterior, comenzamos el estudio en el primer capítulo. En el comienzo mismo de nuestro análisis dijimos que Amós era un hombre valiente con un mensaje de Dios. El profeta no solo era desconocido cuando llegó a Betel, en el reino del norte o de Israel, sino que también es bastante desconocido en la actualidad. En realidad, deberíamos asociar al Amós de los tiempos Bíblicos con Oseas, porque ambos profetas fueron contemporáneos y seguramente se conocieron entre sí. El mensaje de Oseas enfatizó el amor de Dios, pero presentando a un Dios de amor que también piensa juzgar. Y Amós habló sobre la elevada e inflexible justicia de Dios, que le lleva a juzgar el pecado.
Es sorprendente observar que Amós tenía una apreciación mundial de la situación, una concepción global. Él primero habló a las naciones vecinas de Israel. Habló a los grandes poderes mundiales de aquel día, lo cual no constituyó un hecho nuevo o único. Más adelante otros profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, también lo hicieron. Pero el método utilizado por los citados profetas fue el de hablar en primer lugar del juicio de Dios sobre la nación de Israel, y después, entonces, hablaron del juicio sobre las otras naciones. Ahora, Amós invirtió ese método. Él habló primero del juicio de Dios sobre las naciones vecinas y después, del juicio de Dios sobre Israel.
Cuando Amós habló primero en Betel, el santuario del rey, indicando que Dios iba a juzgar a Siria, Filistea, Fenicia, Edom, Amón y Moab, todos llenaron el santuario del rey. El profeta, en realidad, estaba reuniendo a gran cantidad de gente a su alrededor, porque a ellos les gustaba oír su predicación en cuanto a los pecados de los habitantes de Moab, porque de esa manera el profeta no estaba hablando de sus pecados como israelitas.
Finalizamos nuestro programa anterior comentando el juicio contra Siria en el versículo 3 de este capítulo y nos referimos a la frase porque trillaron a Galaad con trillos de hierro. Esta fue una atrocidad que Siria había cometido y por la cual esa nación iba a ser juzgada. Estos instrumentos para trillar eran agudos y se usaban para quebrantar la mies tendida en la era y separar el grano de la paja. Se creyó que con tales instrumentos ellos desgarraron los cuerpos de los habitantes de Galaad. En 2 Reyes capítulo 10, versículos 32 y 33, leemos: 32En aquellos días comenzó el Señor a cercenar el territorio de Israel. Hazael los derrotó en todas las fronteras, 33desde el oriente del Jordán, por toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer, que está junto al arroyo Arnón, hasta Galaad y Basán. Así que, según este relato de los libros históricos de la Biblia, Siria descendió primero para atacar a estas tribus y en realidad las destruyó.
Ahora, ¿qué quiso decir Amós con Galaad? Galaad estaba situada en la orilla occidental del río Jordán. Era la tierra que se extendía hasta el Mar de Galilea y en la cual las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés permanecieron cuando ocuparon el lado equivocado del Jordán. Siria estaba situada justamente al norte y descendió contra ellos. Incluso en nuestra época persisten la tensión entre Siria e Israel a causa de las alturas del Golán, que corresponden a la antigua tierra de Galaad. En aquellos tiempos, aquella nación del norte se acercó para atacar a los israelitas y los destruyó literalmente de la forma en que hemos descrito. En este pasaje el profeta dijo que Dios iba a juzgarlos por su crueldad y brutalidad.
Ahora, los versículos 4 y 5 de este primer capítulo de Amós, dicen:
"Prenderé fuego a la casa de Hazael y consumirá los palacios de Ben-adad. Quebraré los cerrojos de Damasco y destruiré a los moradores del valle de Avén y a los gobernadores de Bet-edén, y el pueblo de Siria será transportado a Kir, dice el Señor."
Ahora, aquí se anunció que el fuego caería sobre el rey Hazael y los palacios de Ben-adad. Si alguien ha ido a Damasco habrá observado que no se ve la ciudad original o su emplazamiento.
Se afirmó que era la ciudad más antigua del mundo, pero en realidad su ubicación se ha ido desplazando de un lugar a otro por esa área. En varias ocasiones ha sido arrasada por el fuego, y la destrucción aquí citada ocurrió en una de esas ocasiones.
El versículo 5 también incluyó la frase y destruiré los moradores del valle de Aven. Si hoy uno viaja de Beirut a Damasco, pasa por un lugar llamado Baalbek, situado en la llanura de Aven. Las ruinas que allí pueden contemplarse son espectaculares. Más adelante, los romanos trataron de colonizar el lugar porque en aquella época constituía un paisaje hermoso. Las ruinas del templo allí situado dan testimonio de las construcciones de aquel tiempo. Pero Baalbek fue destruida y la mayoría de su población ya no se encuentra en la zona.
Y el versículo 5 finalizó diciendo y el pueblo de Siria será transportado a Kir. Esta frase significa que ellos serían llevados cautivos por los Asirios. Kir era una provincia del imperio Asirio. Siempre decimos que es conveniente tener un conocimiento de la geografía de esa área, porque hace más comprensible el texto Bíblico. Tenemos que recordar que cuando uno examina la Biblia no está leyendo acerca de algo que nunca ha existido, sino de un lugar real; incluso cuando la Biblia habla sobre el cielo, está hablando de un sitio real.
Leamos ahora los versículos 6 al 8, que nos hablan sobre
El juicio contra Filistea por hacer esclavos
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque llevó cautivo a todo un pueblo para entregarlo a Edom. Enviaré fuego sobre la muralla de Gaza, y consumirá sus palacios. Destruiré a los moradores de Asdod y a los gobernadores de Ascalón; volveré mi mano contra Ecrón y el resto de los filisteos perecerá, ha dicho el Señor Dios."
Ya dijimos anteriormente que la frase por tres pecados de Gaza, y por el cuarto era una expresión idiomática que significaba que aquí se podían enumerar muchos pecados. Fue como si la copa de maldad se hubiera llenado.
Gaza se encontraba en Filistea, así que esta cita se refería a ese imperio.
El juicio contra los Filisteos se debió a que estaban haciendo esclavos. Los Filisteos tomaron un cierto número de esclavos israelitas y los vendieron al pueblo de Edón y a Fenicia. Los Fenicios que eran grandes comerciantes, a su vez, los vendieron como prisioneros de guerra para que fueran esclavos, enviándolos por todo el Mar Mediterráneo. Debido a esta situación, Dios dijo que iba a juzgar a Filistea.
Ahora, es muy interesante observar lo que está sucediendo hoy con la zona de Gaza, ya que está situada en la zona árabe pero bajo el control de Israel, y es un territorio que está enfrentando graves problemas e inestabilidad. Sin embargo, Asdod y Ascalón aún están en Israel. Los visitantes a esta zona verán que en Asdod hay una gran refinería y se ha construido un nuevo puerto. Algunos han pensado que con el tiempo se convertiría en un puerto para barcos de transporte más importante incluso que Haifa. Opinamos que Asdod está mejor situado que Haifa. Y Ascalón se encuentra al sur de Asdod. Allí pueden verse los restos del templo de Dagón, donde estuvo Sansón, como podemos leer en Jueces 16. Así que estos lugares geográficos Bíblicos pueden ser fácilmente identificados.
El juicio de Dios cayó sobre estos lugares exactamente como Dios lo había indicado. Él dijo; enviaré fuego sobre la muralla de Gaza, y consumirá sus palacios. En el registro histórico del reino de Ezequias, en 2 Reyes capítulo 18, versículo 8, leemos: 8 Ezequías también derrotó a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada. Y el relato continuó diciendo que Exequias destruyó toda esa área en particular. Así que podemos ver que la profecía de Amós se cumplió literalmente. Este ejemplo de profecía cumplida hace que esta sección sea especialmente significativa e interesante. Y también establece un modelo por el cual Dios cumplirá la profecía en el futuro.
Ahora llegamos a un párrafo titulado:
El juicio contra Fenicia por romper un tratado
El juicio contra Fenicia caería sobre esa nación no solo por vender esclavos - recordemos que los Filisteos vendieron esclavos a Fenicia y ésta, a su vez, los vendió al resto del mundo - sino también por romper su tratado con Israel. Hiram, rey de Tiro, había sido amigo personal de David y disfrutaron muchos años de amistad. Ningún rey de Israel o de Judá había hecho jamás un tratado de guerra con Fenicia. Pero después, Fenicia rompió el tratado. Leamos el versículo 9 de este primer capítulo de Amós:
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Tiro, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque entregaron a todo un pueblo cautivo a Edom y no se acordaron del pacto de hermanos."
Aquí tenemos una repetición de esa expresión figurativa, por tres pecados de Tiro, y por el cuarto, que significaba una referencia a muchos pecados. El Señor podía haber enumerado muchos, pero mencionó solo los más importantes.
Este versículo, en la frase entregaron a todo un pueblo cautivo a Edom y no se acordaron del pacto de hermanos, resaltó el rompimiento del tratado que los Fenicios tenían con Israel. Continuemos leyendo el versículo 10:
"Enviaré, pues, fuego sobre la muralla de Tiro y consumirá sus palacios."
Primero, fueron los asirios los que lucharon contra Tiro, la gran ciudad de los Fenicios, pero no fueron capaces de tomarla. Ha habido dudas sobre si Nabucodonosor conquistó la ciudad o no. Sin embargo, se admite que Nabucodonosor forzó a Tiro a retirarse a una isla que se encontraba en el mar a un kilómetro de distancia, y donde volvieron a edificar su ciudad. Nabucodonosor, entonces, destruyó la vieja ciudad que se encontraba en el continente. Y unos 250 años después, llegó Alejandro Magno, vio aquella ciudad en la isla, apreciando que era muy rica y próspera, y construyó una calzada o carretera elevada que llegara hasta dicha isla. Al hacerlo, cumplió la profecía de Ezequiel en la que Dios dijo que los invasores arrasarían y arrastrarían completamente el terreno de la ciudad antigua, arrojando los restos al mar (aquí podemos ver Ezequiel 26). Alejandro, entonces, utilizando la calzada que había construido tomo la ciudad nueva y la destruyó, dando por finalizada la historia de Tiro. Así que la profecía sobre Tiro se cumplió literalmente.
Ahora, llegamos al párrafo titulado
El juicio contra Edom por su espíritu vengativo
En el fondo de un sentimiento de venganza con frecuencia se encuentran los celos. Los Edomitas estaban celosos de sus hermanos. Es que Edom procedía de Esaú, e Israel de Jacob; Jacob y Esaú eran hermanos gemelos e hijos de Isaac. Leamos ahora los versículos 11 y 12 de este primer capítulo de Amós:
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque persiguió a espada a su hermano y violó todo afecto natural; en su furor le ha robado siempre y ha guardado perpetuamente el rencor. Prenderé fuego a Temán y consumirá los palacios de Bosra."
En Petra, ciudad emplazada en la roca, capital de Edom, situada en Temán, todo lo que se pudo incendiar quedó destruido. Los palacios de Bosra han sido destruidos y han desaparecido completamente. Así que la profecía contra Edom se cumplió literalmente. Como ya hemos dicho, el juicio cayó sobre ellos por su comportamiento vengativo, producido por los celos que sentían contra sus hermanos, los israelitas.
El párrafo siguiente nos habla sobre
El juicio contra Amón por sus crímenes violentos
Aquí vemos a Amón, nación de los Amonitas. Desde un punto de vista geográfico, podemos ver que el profeta se estaba moviendo en forma circular. Comenzó con Siria, después con Fenicia, Filistea, Edón en el sur y finalmente con Amón.
Este juicio se debió a un crimen violento. Leamos el versículo 13 de este primer capítulo de la profecía de Amós.
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de los hijos de Amón, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque para ensanchar sus tierras abrieron a las mujeres de Galaad que estaban embarazadas."
Los amonitas se encontraban en la ribera oriental del río Jordán, y se unieron a los sirios luchando contra las dos tribus y media de Israel que se habían instalado en la tierra de Galaad. Y lo hicieron para extender sus fronteras. Y, finalmente por hoy, leamos los versículos 14 y 15 de este primer capítulo de Amós:
"Encenderé fuego en el muro de Rabá y consumirá sus palacios con estruendo en el día de la batalla, con tempestad en día tempestuoso; y su rey irá en cautiverio con todos sus príncipes, dice el Señor."
En la frase encenderá fuego en el muro de Rabá y consumirá sus palacios vemos el trágico anuncio del juicio de Dios contra los Amonitas. Rabá era una gran ciudad, como capital de esta nación. Más adelante, los Griegos la llamaron Filadelfia. Recibió ese nombre en honor a Ptolomeo Filadelfo de Egipto. Hoy la conocemos como Amán, la capital de Jordania. En la actualidad pueden verse las ruinas de la gran civilización del pasado, que fue destruida completamente. La nación moderna de Jordania fue edificada sobre las ruinas de la nación de los Amonitas.
En 2 Reyes capítulo 8, versículos 12 y 13, podemos leer acerca del pecado que provocó el juicio de Dios contra ellos. Dice así el citado pasaje Bíblico: 12Entonces Hazael le preguntó: - ¿Por qué llora mi señor? Él respondió: -Porque sé el mal que vas a hacer a los hijos de Israel: Pegarás fuego a sus fortalezas, a sus jóvenes matarás a espada, estrellarás a sus niños y abrirás el vientre a las mujeres que estén encintas. 13Hazael dijo: -Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Eliseo respondió-El Señor me ha revelado que tú serás rey de Siria. En otras palabras, Eliseo le dijo a Hazael: "Tu dices que solo un perro haría semejante cosa, pero tu vas a hacerlo". Lo cierto fue que él hizo lo mismo que, según sus propias palabras, haría un perro. En estas palabras del segundo libro de los Reyes tenemos la evidencia de los crímenes violentos que aquel rey hizo cometió contra los israelitas. Aquí tenemos el anuncio de que aquel rey iba a estrellar a los niños de aquel pueblo y a abrir el vientre de las mujeres que estaban encintas. Y así sucedió en la realidad. Fue un crimen espantoso, horrible, y fue a causa de ese crimen que Dios juzgó a los Amonitas.
Estudio bíblico de Amós 1:1-3; 7:13-16
Estuvimos comentando que el ministerio profético de Amós tuvo lugar durante los reinados de Jeroboan II, rey de Israel y Uzías, rey de Judá. Fue contemporáneo de Jonás y de Oseas, que fueron profetas en el reino del norte o de Israel, y con Isaías y Miqueas, que fueron profetas en el reino del sur, o de Judá.
Dijimos que podíamos considerarlo un hombre que llegó a la ciudad procedente de un lugar muy alejado. Procedía de Tekoa, que estaba situado en una cadena de colinas desde la cual podía contemplarse un terrible desierto que continuaba hasta las orillas del Mar Muerto. Por lo tanto, nació en Judá, en el reino del sur, aunque fue un profeta ante el reino del norte. Su mensaje fue pronunciado en Betel, en la capilla del rey.
Inteligente y sutilmente, el sacerdote Amasías preparó un golpe maestro. Se dirigió a Jeroboan II y envenenó su mente contra el profeta Amós. Y él consiguió que el rey le apoyara porque creía que la iglesia y el estado, es decir, la religión y la política debían ayudarse mutuamente. Esto fue lo que sucedió: Leamos el capítulo 7 de este libro, versículos 10 y 11, que dicen: 10Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». Estimado oyente, ¿fue esto lo que había dicho Amós? No, él no había dicho tal cosa. Sus verdaderas palabras expresaron que Dios había dicho, como leemos en el versículo 9, 9me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam. Si usted sigue el registro histórico, encontrará que la declaración de Amós fue cierta. Fue una desgracia que el rey Jeroboán no hubiera creído a Amós porque más tarde su nieto fue muerto a espada, terminando con su línea de descendencia real. Fue cierto que Amós había dicho algo sobre la espada y sobre Jeroboán, pero el profeta no había dicho que Jeroboán personalmente moriría por herida de espada. El sacerdote Amasías era un político eclesiástico que estaba tergiversando la verdad, y esa es la peor clase de mentira.
Y Amasías, con un sarcasmo hiriente, intentando ridiculizarle, y con una actitud condescendiente le dijo a Amós: "Vidente, vete". Es decir, que él le estaba llamando a Amós, "pastor", se estaba burlando de él. Y lo que le dijo lo podemos ver aquí en el versículo 12, de este capítulo 7, donde leemos: Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá. En realidad le estaba diciendo: "¿Quién te dijo que eras un predicador? ¿Dónde está tu título? ¿A qué escuela fuiste? ¿Quién te ordenó para el ministerio? ¿Dónde predicabas antes de venir aquí? ¡Vete de aquí, vidente!" Y así le dijo, con otras palabras, que se perdiera de vista. Y después Amasías añadió: come allá tu pan. Aquí estaba insinuando a Amós que el profeta lo hacía simplemente por dinero y que no le quería ver más por allí.
Y después, leamos el versículo 13 para escuchar el máximo insulto de todos, pero no profetices más en Betel, porque es santuario del rey, y capital del reino. Esta fue la culminación de la insolencia y de la arrogancia de Amasías. El usó entonces una sátira que fue no solo mordaz, sino también perniciosa. Fue como si le hubiera dicho: "has hablado en el santuario principal del reino, en la capilla del rey, en el santuario del rey, y el rey está insatisfecho contigo. Tu mensaje lo inquieta. En realidad, hay mucha gente a quién no le gustas. No utilizas un método muy diplomático. No elogias ni halagas a la gente. No tratas con condescendencia a los ricos y poderosos. No eres respetuoso del orden establecido."
Estimado oyente, queremos que usted escuche la respuesta que este gran profeta de Dios presentó, este hombre que predicó la justicia de Dios y el juicio de Dios. Hubo quienes lo consideraron como un profeta ardiente como el fuego, pero observemos qué gentil y cortés realmente fue. Leamos entonces en este capítulo 7 de esta profecía, y concretamente, los versículos 14 y 15, que dicen: Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: - No soy profeta ni hijo de profeta, sino que soy boyero y recojo higos silvestres. Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Y después Amós continuó con su mensaje, en el cual tuvo palabras muy severas que decirle a aquel hombre llamado Amasías.
Ahora nos preguntamos, ¿suena la respuesta de Amós como la de un fanático? Sinceramente, tenemos una crítica que hacerle al profeta, y es que consideramos que fue demasiado ingenuo. Su respuesta fue sencilla, sin malicia. Podríamos decir que respondió con candidez. Allá en el desierto de Tecoa, sabía como debía comportarse. Podía evitar los peligros de aquel desierto que estaba lleno de bestias salvajes, pero en la jungla de asfalto se encontraba indefenso y perdido.
Y por cierto, digamos que en algunos aspectos el mundo en que vivimos se parece a una verdadera jungla, una jungla de asfalto. Figurativamente hablando, oigamos o no los rugidos de un león, siempre puede aparecer alguien dispuesto a destrozar, a destruir. Alguien de quien, por prudencia, uno debería permanecer lo más alejado posible o tratar con sumo cuidado. A veces nos parece oír a uno al hablar como si oyésemos el silbido de una serpiente, cuando vemos que alguien tiene una lengua venenosa. El apóstol Santiago en su carta, en el capítulo 3, versículo 8, habló de aquellos que tienen veneno oculto tras sus labios, en una lengua llena de veneno mortal. Algunas críticas pueden causar efectos e incluso daños irreversibles, más peligrosos que los de una mordedura de una serpiente física, efectos que a veces pueden neutralizarse con antibióticos si se tratan a tiempo.
Pero el profeta Amós en aquel momento de nuestro relato fue muy ingenuo en su reacción ante Amasías y sus insolentes e hirientes palabras, y reconoció que él no era un predicador, y que no era profeta ni hijo de profeta. Pero también reconoció que Dios lo había llamado. En el versículo 15 de este capítulo 7 dijo: 15Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Fue como si le hubiera dicho a Amasías: "¿Quieres ver mis credenciales? Pues aquí están. Dios me llamó."
Estimado oyente, debemos decirle que si usted difunde la Palabra de Dios, será puesto en duda y desafiado. El profesor McGee, autor de estos estudios, recibió en una ocasión una carta de un oyente que le preguntaba de donde, o de quién había él obtenido la autoridad para exponer las Sagradas Escrituras. Y el profesor recordó cuando, en los días de su juventud sintió que recibía un llamado de Dios para dedicarse a esta obra. Y en esos años él reconoció que su fe no era precisamente muy grande. Por ejemplo, no tenía suficiente fe como para estar seguros de que Dios le permitiría continuar sus estudios en la universidad. Lo que sí tenía, sin lugar a dudas, era un deseo irresistible de continuar con su preparación académica y Bíblica para servir a Dios. Después, al pasar los años, su fe fue creciendo y llegó el momento en que no tuvo ninguna duda de que había sido llamado por Dios, y de ese llamado divino provenía su autoridad para servirle enseñando y proclamando Su Palabra. Hemos dicho anteriormente que Amós fue ingenuo, pero lo cierto es que fue llamado por Dios y el Señor le estuvo guiando en todas sus actividades.
Amós fue un hombre de Dios que proclamó el mensaje de Dios. Simplemente por el hecho de que el pueblo de Israel practicaba una religiosidad superficial no garantizó que Dios no los juzgaría por sus pecados. Debido a que los israelitas rechazaron la Ley divina - especialmente en sus engaños, robos y violencia y oposición contra los pobres--- Dios les dijo que El despreciaba sus días de fiesta, aunque ellos le presentaban sus holocaustos y ofrendas de cereales, El no las aceptaría. Las canciones del pueblo se apagarían y el juicio de Dios descendería como las aguas, y Su justicia como un torrente poderoso.
Aquellos fueron días de una paz falsa. En el norte se encontraba Asiria, colgando sobre sus cabezas como una espada de Damocles, lista para caer sobre ellos de un momento a otro, y en el siguiente medio siglo, esa potencia destruiría a este pequeño reino del norte. Israel estaba tratando de ignorar ese peligro y continuaban hablando de paz. Pero el profeta Amós les dijo, como leemos en el capítulo 9 de esta profecía, en el versículo 8: Ciertamente, los ojos del Señor Dios están contra el reino pecador y yo lo borraré de la faz de la tierra. Al escuchar estas palabras comprendemos que Su mensaje no fuera popular, pues anunció a todo el pueblo la intención de Dios de castigar el pecado. Pasemos ahora a realizar una breve introducción al
Amós 1
Amós era un hombre valiente con un mensaje de Dios. El profeta no solo era desconocido cuando llegó a Betel, en el reino del norte o de Israel, sino que también es bastante desconocido en la actualidad. En realidad, deberíamos asociar al Amós de los tiempos Bíblicos con Oseas, porque ambos profetas fueron contemporáneos y seguramente se conocieron entre sí. El mensaje de Oseas enfatizó el amor de Dios, pero presentando a un Dios de amor que también piensa juzgar. Y Amós habló sobre la elevada e inflexible justicia de Dios, que le lleva a juzgar el pecado.
Es sorprendente observar que Amós tenía una apreciación mundial de la situación, una concepción global. Él primero habló a las naciones vecinas de Israel. Habló a los grandes poderes mundiales de aquel día, lo cual no constituyó un hecho nuevo o único. Más adelante otros profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, también lo hicieron. Pero el método utilizado por los citados profetas fue el de hablar en primer lugar del juicio de Dios sobre la nación de Israel, y después, entonces, hablaron del juicio sobre las otras naciones. Ahora, Amós invirtió ese método. Él habló primero del juicio de Dios sobre las naciones vecinas y después, del juicio de Dios sobre Israel.
Cuando Amós habló primero en Betel, el santuario del rey, indicando que Dios iba a juzgar a Siria, Filistea, Fenicia, Edom, Amón y Moab, todos llenaron el santuario del rey. El profeta, en realidad, estaba reuniendo a gran cantidad de gente a su alrededor, porque a ellos les gustaba oír su predicación en cuanto a los pecados de los habitantes de Moab, porque de esa manera el profeta no estaba hablando de sus pecados como israelitas. Y hay muchas personas hoy a quienes agrada escuchar que el predicador condene los pecados ajenos actuales o de otros tiempos. Pero cualquier predicador que hable en contra de los pecados propios y actuales de sus oyentes, se mete en problemas. Creemos que este hombre, Amós, hizo uso de mucha diplomacia al hablar primero de las otras naciones. Aunque era un predicador rural procedente de una zona desértica, se expresó con elocuencia y al leerle vemos que fue un gran orador. Leamos ahora el versículo 1 de este primer capítulo de la profecía de Amós:
"Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías, rey de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto."
El Jeroboan aquí mencionado era, por cierto, Jeroboan II, rey de Israel o del reino del norte.
Aquí también se habló de una fecha, porque dice dos años antes del terremoto. Este terremoto también fue mencionado por Zacarías unos 200 años más tarde. Según el historiador Josefo, tuvo lugar durante el reino de Uzías. Como quiera que fuera, lo importante es que este detalle nos ayuda a ver qué Amós era contemporáneo de Oseas, y que él fue uno de los primeros profetas, que profetizó para el reino del norte o de Israel. Ahora escuchemos lo que dice el versículo 2, del capítulo 1:
"Dijo: El Señor rugirá desde Sión, dará su voz desde Jerusalén, los campos de los pastores se enlutarán y se secará la cumbre del Carmelo"
Observemos la frase El Señor rugirá desde Sion. Esta expresión es, en muchas maneras, un lenguaje muy figurativo y elocuente. Recordemos que el profeta Joel también usó la misma expresión. Sugiere el rugido del león cuando se abalanza sobre su presa. Realmente, esta fue una forma llamativa de comenzar su mensaje. Nos habló del juicio de Dios que vendría sobre las naciones vecinas de Israel.
Y continuó diciendo el profeta en el versículo 2, Y los campos de los pastores se enlutarán, y se secará la cumbre del Carmelo. Aparentemente, vendría una sequía y hambre, una hambruna que afectaría a toda la tierra.
Ahora, si uno visita hoy esa zona del Carmelo, en la zona de Haifa, puede apreciar la belleza del paisaje. Hay hermosos arbustos y flores. Seguramente en el tiempo de Amós esa zona debe haber tenido también el mismo aspecto. Pero entonces, el profeta anunció que vendría una sequía tan severa que el hermoso monte Carmelo se secaría.
Y así llegamos a un párrafo que nos hablará sobre
El juicio sobre Siria a casua de su crueldad
Aquí comenzamos una sección de esta profecía que trató sobre los juicios de Dios sobre las naciones vecinas de Israel, aquellas naciones que la rodeaban. Ya dijimos que el profeta Amós tenía una concepción mundial, global. En este sentido diremos que la Palabra de Dios, incluso el Antiguo Testamento, nos muestra que Dios no solo es el Dios de la nación de Israel, sino que también es el Dios de todas las naciones de la tierra. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo fue el escritor que dejó en claro esta realidad. Y Dios juzga a las naciones. Aunque en esta época de la gracia Dios tiene un gran propósito, que es el de llamar a un pueblo que se reúna alrededor de Su nombre, ello no significa que El se ha desentendido de los asuntos de este mundo, porque no es así. El aún actúa con juicio sobre las naciones del mundo, y este libro de Amós tiene, en este sentido, un gran mensaje.
La primera nación considerada en esta profecía fue Siria, nación de la cual Damasco era su capital. Leamos entonces el versículo 3 de este primer capítulo del libro de Amós:
"Así ha dicho el Señor: Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque trillaron a Galaad con trillos de hierro."
Dice aquí por tres pecados de Damasco, y por el cuarto. Amós no estaba tratando de presentarnos una lista de sus transgresiones. En vez de mencionar un número determinado de pecados podía haber dicho "por muchos pecados". En otras palabras, fue una forma de decir que la copa de la maldad de ellos estaba llena y nada podía detener entonces el castigo de Dios que se aproximaba sobre esa tierra.
Veamos ahora la frase porque trillaron a Galaad con trillos de hierro. Esta fue una atrocidad que Siria había cometido y por la cual esa nación iba a ser juzgada. Estos instrumentos para trillar eran agudos y se usaban para quebrantar la mies tendida en la era y separar el grano de la paja. Se creyó que con tales instrumentos ellos desgarraron los cuerpos de los habitantes de Galaad. En 2 Reyes capítulo 10, versículos 32 y 33, leemos: 32En aquellos días comenzó el Señor a cercenar el territorio de Israel. Hazael los derrotó en todas las fronteras, 33desde el oriente del Jordán, por toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer, que está junto al arroyo Arnón, hasta Galaad y Basán. Así que, según este relato de los libros históricos de la Biblia, Siria descendió primero para atacar a estas tribus y en realidad las destruyó.
Ahora, ¿qué quiso decir Amós con Galaad? Galaad estaba situada en la orilla occidental del río Jordán. Era la tierra que se extendía hasta el Mar de Galilea y en la cual las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés permanecieron cuando ocuparon el lado equivocado del Jordán. Siria estaba situada justamente al norte y descendió contra ellos. Incluso en nuestra época persisten la tensión entre Siria e Israel a causa de las alturas del Golán, que corresponden a la antigua tierra de Galaad. En aquellos tiempos, aquella nación del norte se acercó para atacar a los israelitas y los destruyó literalmente de la forma en que hemos descrito. En este pasaje el profeta dijo que Dios iba a juzgarlos por su crueldad y brutalidad.
Estudio bíblico de Amós 1:1; 7:10-12
El ministerio profético de Amós tuvo lugar durante los reinados de Jeroboan II, rey de Israel y Uzías, rey de Judá. Fue contemporáneo de Jonás y de Oseas, que fueron profetas en el reino del norte o de Israel, y con Isaías y Miqueas, que fueron profetas en el reino del sur, o de Judá. Ahora diremos algo en cuanto al
Tema
Amós representó a Dios como gobernante de este mundo y declaró que todas las naciones eran responsables ante El. La medida de la responsabilidad de una nación era la luz o revelación que dicha nación recibió. La prueba final para cualquier nación (o individuo) se encuentra en el capítulo 3, versículo 3 de este libro y dice: ¿andarán dos juntos si no están de acuerdo? En una época de prosperidad, el profeta Amós anunció juicio. El juicio de Dios aguardaba a las naciones que estaban en el lujo o cayendo en la inmoralidad. Ahora digamos algo sobre
El escritor
Podemos considerarlo un hombre que llegó a la ciudad procedente de un lugar muy alejado. El conocerlo nos hará apreciarlo más y a conocer mejor su profecía. Encontraremos que nació en Judá, el reino del sur, aunque fue un profeta ante el reino del norte. Su mensaje fue pronunciado en Betel, en la capilla del rey. Fue algo fuera de lo normal que un hombre hubiera llegado de semejante país, de un lugar remoto, con un mensaje de juicio contra todas las naciones vecinas. Amós tenía un punto de vista global de la vida y del programa de Dios para todo el mundo - no solo para su tiempo presente sino también para el futuro. Todos estos factores hicieron de aquel hombre un profeta notable.
En el capítulo 1, versículo 1 de este libro leemos: 1Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías, rey de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto. Tecoa fue su lugar de nacimiento y en el cual se crió. A pocos kilómetros de Jerusalén se encontraba aquel pequeño pueblo del cual el profeta Miqueas dijo en su capítulo 5, versículo 2: Pero tú, Belén Efrate, tan pequeña entre las familias de Judá, de ti ha de salir el que será Señor en Israel; sus orígenes se remontan al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad. Belén se ha hecho famosa, pero había otro pueblo pequeño situado a unos 4 kilómetros, hacia el sur, llamado Tekoa, que no fue tan conocido. En realidad, Amós mismo ni siquiera fue mencionado en ningún otro lugar del Antiguo Testamento. En el Evangelio de Lucas, en la genealogía de María, se citó a un Amós, pero éste no tuvo ninguna relación con el profeta Amós. Y el pequeño pueblo de Tekoa, del cual él procedía, era un lugar prácticamente desconocido. Fue el lugar donde una profetisa se presentó ante David y le entregó un mensaje (como podemos ver en 2 Samuel 14); el rey David estaba familiarizado con esa zona porque era la región a la cual él huyó para esconderse del rey Saúl.
Tekoa estaba situado en una cadena de colinas desde la cual podía contemplarse un terrible desierto que continuaba hasta las orillas del Mar Muerto. Los animales salvajes aullaban durante la noche y lo único que se podía ver de día eran ciertos lugares en los que podían observarse restos de los campamentos beduinos. No se veía otra cosa que el suelo ennegrecido abandonado por nómadas y vagabundos del desierto, que se desplazaban por la zona. El Dr. Adan Smith dijo: "Los habitantes de Tekoa dominaban con la vista un mundo desolado e inhóspito". Hasta aquí la cita.
En la actualidad Israel ha construido una moderna autopista a lo largo del Mar Muerto, que conduce a Masada. La autopista regresa por Arad y asciende pasando por Hebrón y Belén. Pero esa vía de comunicación no llega hasta Tekoa porque este pueblo se encuentra en el desierto. Seguramente usted nunca oyó hablar de él, ni siquiera examinando sus buenos tiempos, porque nunca fue más que un lugar amplio junto al camino, un apeadero, un punto de partida. El nombre "Tekoa" significa zona de acampada. Realmente era solo una encrucijada lejana situada en la frontera. La única fama del pueblo consistió en ser el lugar de nacimiento del profeta Amós.
Tenemos que fijarnos en el capítulo 7 de este libro para tener una percepción personal de este hombre y de su ministerio allá en Samaria, en el reino del norte o de Israel. Allí, en los versículos 10 al 15 leemos lo siguiente: 10Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». 12Y Amasías dijo a Amós: -Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá; 13pero no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino. 14Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: -No soy profeta ni soy hijo de profeta, sino que soy cuidador de ovejas y recojo higos silvestres. 15Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel."
Aquí se nos habló de su oficio: Amós era boyero. En este pasaje se usó una palabra poco corriente que significa que él era el boyero de una raza peculiar de ovejas del desierto. Se trataba de animales de calidad inferior pero que daban una lana larga a causa del frío del invierno. También dijo el profeta que él recogía higos silvestres. Era un fruto parecido a un higo pequeño que crecía en arbustos del desierto. Estos árboles crecían poco y eran mucho más bajos que el árbol sicómoro que conocemos hoy.
Así vemos, entonces, que Amós tenía que viajar para realizar su trabajo. Era un obrero migratorio. Sus ovejas y sus sicómoros le hacían viajar muy lejos por el desierto. Era realmente un agricultor, un campesino rudo, que no había tenido oportunidad de formarse culturalmente. Era un predicador rural, un personaje tosco, que parecía un manazas entre los predicadores sincretistas que predicaban allí en Betel.
Pero antes de sonreír al contemplar este personaje, tenemos que decir que fue uno de los más grandes siervos de Dios, y un individuo extraordinario. Escuchemos lo que dijo en el capítulo 7 de su profecía, en el versículo 15: 15Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Dios envió a Amós desde la lejanía de aquel gran desierto hasta Betel, una de las ciudades capitales del reino del norte, donde vivían personas que, como habitantes de una ciudad, vivían de diferente forma. Dios lo llamó a predicar, le comunicó un mensaje y lo envió a Betel.
Al principio, Betel fue la capital del reino del norte, y el lugar donde el rey Jeroboan había erigido uno de sus becerros de oro. Era el centro de la cultura y del culto. La gente le había dado la espalda al Dios todopoderoso y adoraba al becerro de oro. Allí vivían personas de grandes recursos, refinadas y sofisticadas. Allí las personas estaban hastiadas, de vuelta de todo, y descaradas en sus prácticas. Aquella ciudad era también el centro intelectual del reino. Tenían una escuela de profetas. Si tal escuela existiera en la actualidad estaría promoviendo todas las teorías y teologías que negaran la inspiración de las Sagradas Escrituras.
Por otra parte, lo que se hacía en Betel influenciaba socialmente a gente de otros lugares y, en consecuencia, las personas seguían la moda que allí prevalecía en cuanto a forma de vestir, costumbres, adornos y artículos de uso
Y fue precisamente a semejante lugar a donde llegó este predicador rural, este profeta de Dios, con un mensaje - un mensaje extraño, diferente al de cualquier otro profeta. La forma de vestir de Amós no encajaba con el estilo que se llevaba en Betel, y tampoco su mensaje. El no pronunció la clase de mensaje que aquellas personas estaban acostumbradas a escuchar. En la capilla del rey solían hablar predicadores sofisticados, moderados, de buen nivel intelectual, pero manifiestamente no creyentes, que intentaban pronunciar palabras edulcoradas para consolar a la gente. Pero aquí apareció un hombre totalmente diferente. Cuando Amós llegó por primera vez, la gente lo miró con atención. Pero fueron indulgentes; por supuesto, tenían la mente abierta y tolerante, así que le sonrieron. Pero al observar su indumentaria y su aspecto general, todos, excepto el profeta, debieron sentirse incómodos. El no se avergonzó en absoluto y entonces causó sensación, un gran revuelo. Había salido del desierto y en ese momento se presentó en sociedad. Había salido de entre las ovejas para introducirse en un lugar elegante de Betel, rodeado de personas acicaladas. Había abandonado el mundo de la agricultura para introducirse en el mundo de la cultura.
Creemos que al principio casi todos fueron a escucharle. Debieron pensar que no sería capaz de predicar, pero acudieron a verle por curiosidad, convencidos de que no tendría ningún mensaje que comunicarles. Vinieron para entretenerse, pero salieron enfadados. Lo consideraron un predicador sensacionalista, porque sus sermones no estaban concebidos al estilo de Betel. Pero en la actualidad no encontraremos el registro de los artificiosos mensajes de los predicadores de aquella época pero, en cambio, sí tenemos los mensajes y la profecía de Amós.
El profeta Amós predicó la Palabra de Dios. Muchas personas se conmovieron y algunos se volvieron a Dios, pero el profeta inquietó a los elementos religiosos de aquel lugar. La religión organizada de Betel, la adoración del dios pagano Baal y del becerro de oro se habían unido y compartían los mismos objetivos, así como el mismo programa. O sea, que si usted no creía en nada, no había motivo para mantenerlo apartado. Y actualmente, muchos piensan de esta manera: por ejemplo, si yo no creo en nada, y usted comparte mi incredulidad - no creyendo tampoco en nada---entonces podemos reunirnos y disfrutar de cierto compañerismo. Y en ese sincretismo, propio también de los últimos tiempos, podemos ver que muchos tratan por todos los medio de conciliar doctrinas y creencias diferentes.
Así que Amós se encontró en medio de aquella religión organizada que tramaba silenciarlo y expulsarlo de la ciudad. Imaginamos que incluso habrán convocado una reunión para cambiar impresiones sobre como quitarlo de en medio o, en todo caso, hacerle llegar sutiles amenazas de retirarle su apoyo si no se avenía a cambiar su mensaje o, al menos, atenuar su vocabulario radical. Y así, todos los grupos que por incompatibilidad con el contenido de su mensaje, o por envidia ante el poder de convocatoria popular del profeta, trataron de socavar su figura y su ministerio profético. Pero aquel hombre fue aprobado y bendecido por Dios, y él no cedió ante las presiones, insinuaciones o amenazas directas y continuó predicando la Palabra de Dios.
Nos imaginamos también que todos los descontentos se reunieron y a pesar de su diversidad, todos compartían el mismo sentir de apartar al profeta Amós de su ministerio, tanto a nivel público como en el privado. Quizás fue Amasías, un sacerdote que se había entregado a la idolatría, el personaje nombrado para canalizar estos esfuerzos conspirativos. Y esta forma de actuar no sería única ni exclusiva, sino que se repetiría a lo largo de la historia humana frente a un personaje molesto, que se negara a negociar, a ser flexible, integrador y que no comprometiera sus creencias ante las presiones del poder establecido. En aquel tiempo, Amasías era una especie de funcionario o empleado del poder religioso de aquel reino. Era un hombre culto, refinado, diplomático, en fin, un clásico ejemplo de un santo falso.
Inteligente y sutilmente, Amasías preparó un golpe maestro. Se dirigió a Jeroboan II y envenenó su mente contra el profeta Amós. Y él consiguió que el rey le apoyara porque creía que la iglesia y el estado, es decir, la religión y la política debían ayudarse mutuamente. Esto fue lo que sucedió: Leamos el capítulo 7 de este libro, versículos 10 y 11, que dicen: 10Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». Estimado oyente, ¿fue esto lo que había dicho Amós? No, él no había dicho tal cosa. Sus verdaderas palabras expresaron que Dios había dicho, como leemos en el versículo 9, 9me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam. Si usted sigue el registro histórico, encontrará que la declaración de Amós fue cierta. Fue una desgracia que el rey Jeroboán no hubiera creído a Amós porque más tarde su nieto fue muerto a espada, terminando con su línea de descendencia real. Fue cierto que Amós había dicho algo sobre la espada y sobre Jeroboán, pero el profeta no había dicho que Jeroboán personalmente moriría por herida de espada. El sacerdote Amasías era un político eclesiástico que estaba tergiversando la verdad, y esa es la peor clase de mentira.
Y Amasías, con un sarcasmo hiriente, intentando ridiculizarle, y con una actitud condescendiente le dijo a Amós: "Vidente, vete". Es decir, que él le estaba llamando a Amós, "pastor", se estaba burlando de él. Y lo que le dijo lo podemos ver aquí en el versículo 12, de este capítulo 7, donde leemos: Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá. En realidad le estaba diciendo: "¿Quién te dijo que eras un predicador? ¿Dónde está tu título? ¿A qué escuela fuiste? ¿Quién te ordenó para el ministerio? ¿Dónde predicabas antes de venir aquí? ¡Vete de aquí, vidente!" Y así le dijo, con otras palabras, que se perdiera de vista. Y después Amasías añadió: come allá tu pan. Aquí estaba insinuando a Amós que el profeta lo hacía simplemente por dinero y que no le quería ver más por allí.
Y después, leamos el versículo 13 para escuchar el máximo insulto de todos, pero no profetices más en Betel, porque es santuario del rey, y capital del reino. Esta fue la culminación de la insolencia y de la arrogancia de Amasías. El usó entonces una sátira que fue no solo mordaz, sino también perniciosa. Fue como si le hubiera dicho: "has hablado en el santuario principal del reino, en la capilla del rey, en el santuario del rey, y el rey no está satisfecho contigo. Tu mensaje lo inquieta. En realidad, hay mucha gente a quién no le gustas. No utilizas un método muy diplomático. No elogias ni halagas a la gente. No tratas con condescendencia a los ricos y poderosos. No eres respetuoso con el orden establecido. No demuestras tener dignidad. Eres enérgico al predicar y no te expresas con gestos elegantes. Incluso el sonido de tu voz es desagradable y se nota que no has seguido un curso de comunicaciones ni leído escritos profundos".
Sería oportuno escuchar ahora la respuesta que este gran profeta de Dios presentó, este hombre que predicó la justicia de Dios y el juicio de Dios. Hubo quienes lo consideraron como un profeta ardiente como el fuego, pero observemos qué gentil y cortés realmente fue. Leamos entonces en este capítulo 7 de esta profecía, y concretamente, los versículos 14 y 15, que dicen: Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: - No soy profeta ni hijo de profeta, sino que soy boyero y recojo higos silvestres. Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Y después Amós continuó con su mensaje, en el cual tuvo palabras muy severas que decirle a aquel hombre llamado Amasías.
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