miércoles, 6 de mayo de 2015
Estudio bíblico de Oseas 2:17-3:3
nuestro recorrido por esta profecía de Oseas. Nos encontramos ahora en una sección de este libro, que es una parte muy personal; es decir, esta sección trata sobre la vida personal, la vida del hogar de este hombre a quien se le dijo que hiciera algo muy fuera de lo común. O sea que, él tenía que casarse con una ramera, aparentemente una muchacha de la cual él se había enamorado, y la cual anduvo por malos caminos. Y luego, veremos que ella sería nuevamente infiel, y Dios una vez más, insistiría en que este hombre fuera y la volviera a recibir como esposa. El profeta se encontraba angustiado y su hogar, en ruinas, Con ese sentimiento, aplicó su situación a la de la nación, acusándola del mayor pecado de todos, la infidelidad. Volvamos, pues, a examinar los versículos 14 y 15 de este segundo capítulo de la profecía de Oseas:
"Por eso voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Le daré sus viñas desde allí, y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. Y allí cantará, como en los días de su juventud, como en el día de su subida de la tierra de Egipto."
El valle de Acor significa literalmente el valle de los problemas. El relato retrocede al incidente registrado en Josué 7, Recordemos que cuando los israelitas entraron en la tierra prometida, se enfrentaron a tres enemigos principales en el centro de esa tierra que tenían que ser conquistados primero, para que Josué pudiera dividir al enemigo, para después concentrarse en ocupar una sección de la tierra a la vez. El primer enemigo fue Jericó; Jericó, desde un punto de vista espiritual, representa al mundo, y Dios les dio la victoria sobre esa ciudad. Después realizaron un ataque contra la ciudad de Hai, y pensaron que sería una victoria fácil porque se trataba de una ciudad pequeña. Esta ciudad, representa espiritualmente a la naturaleza carnal, y muchísimas personas creen que pueden vivir la vida Cristiana por sus propias fuerzas; es decir, por sus recursos carnales, los cuales siempre conducen a una derrota. Josué fue derrotado en la ciudad de Hai, pero allí los israelitas aprendieron una gran lección. Dios había instruido a los hombres en el sentido de no tomar ninguna de las cosas impuras en la destrucción de Jericó, pero uno de ellos desobedeció. Y el resultado fue que el ejército sufrió en Hai una gran derrota.
Entonces Josué se postró ante Dios y clamó ante Él. Quizás se sintió una persona piadosa, como nosotros nos sentimos algunas veces, cuando nos quejamos ante el Señor. El Señor le dijo: "Levántate, Israel ha pecado. Debes tratar ese pecado antes de poder obtener una victoria". Así que tuvieron que identificar al que había pecado y finalmente descubrieron que había sido Acán. Así que Acán y su propiedad fueron llevados al valle de Acor, donde fueron destruidos y enterrados. A partir de aquel momento, Israel alcanzó victorias bajo el mando del general Josué. Estimado oyente, cuando usted y yo tratamos con los pecados de nuestra naturaleza carnal, obtenemos la victoria en la vida Cristiana.
Dice este versículo 15 Y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. En efecto, Dios estaba diciendo: "Juzgaré vuestro pecado, y después de haberlo hecho, habrá una esperanza gloriosa y maravillosa para vosotros en el futuro."
Y continúa diciendo este versículo 15: Y allí cantará, como en los días de su juventud, como en el día de su subida de la tierra de Egipto. Estimado oyente, incluso en la actualidad en el territorio de Israel, usted no lo encontrará en ese estado. Aunque los israelitas estén de regreso en su tierra, esta zona en particular se encuentra cerca de Siquem, cerca del lugar donde fue enterrado José, que está controlado por los Arabes. El cumplimiento de esta promesa es aun futuro. Llegará el día en que Dios los bendecirá en aquel lugar. Continuemos ahora leyendo el versículo 16 de este segundo capítulo de Oseas:
"En aquel tiempo, dice el Señor, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali."
Aquí tenemos un detalle sumamente interesante relacionado con el significado de un término: Ishi significa "mi esposo", y Baali, está relacionado con Baal, y significa "mi señor y mi maestro". Es que el pueblo de Israel estaba colocando al Dios verdadero en el mismo nivel que Baal, y estaban tratando de adorar a ambos. Por supuesto, era imposible hacerlo, y Dios les dijo que llegaría el día en el cual los israelitas le llamarían a Él "mi esposo".
Ahora, reflexionemos sobre esto por un momento. La relación de esposo implica todo aquello que es íntimo y personal, y está basada en el amor. Es la relación más elevada de la familia humana. La expresión máxima de este amor se encuentra en el Cantar de los Cantares de Salomón, donde la novia dijo: "Yo soy de mi amado y mi amado es mío."
Cuando usted tiene esa relación en un matrimonio, tiene un hogar feliz. No tendrá que estar repasando instrucciones sobre cómo vivir como marido y mujer. El secreto es el amor; cuando usted no lo tiene, ya no le queda nada. Pero si usted tiene amor, tiene todo. Es decir, que si los miembros del matrimonio se aman, pueden resolver sus problemas financieros, pueden adaptar sus conflictos de personalidad, y como padres pueden trabajar juntos para tratar con sus hijos. Sin embargo, si no se aman, no pueden llevar a cabo nada en común.
Estimado oyente, es hermoso tener esa clase de relación con Dios. Podemos dirigirnos al Señor Jesús y decirle: "te amo y te pertenezco". Al existir esa clase de relación, el apóstol Pablo pudo decir en su primera carta a los Corintios capítulo 3, versículos 21 al 23, 21Así que, ninguno se gloríe en los hombres, porque todo es vuestro: 22sea Pablo, Apolos o Cefas, sea el mundo, la vida o la muerte, sea lo presente o lo por venir. Todo es vuestro, 23y vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios. ¿Puede usted decir que Cristo es suyo? ¿Le pertenece usted a Él, y le pertenece Él a usted? Si así es, usted está pasando por un buen momento y experiencia. No hay otra relación igual a ésta. Y, hablando del futuro, un día Israel le dirá a Dios: "Tu eres mi esposo."
Y termina diciendo el versículo 16, En aquel tiempo, dice el Señor, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. Como ya hemos visto, "Baali" estaba relacionado con el repugnante ídolo Baal, y significaba "mi señor", eso es todo lo que significaba. Recordemos que el Señor Jesús dijo en Mateo capítulo 7, versículos 21 al 23; 21»No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". 23Entonces les declararé: "Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!". Estimado oyente, lo más importante es establecer una relación personal con el Señor Jesucristo, y no susurrar tópicos sobre que El es su Señor ni andar afirmando que está llevando a cabo grandes cosas para El. Al final, todo se reduce a lo que Él le preguntó a Simón Pedro junto al Mar de Galilea: "¿Me amas? Continuemos leyendo el versículo 17 de este segundo capítulo de Oseas:
"Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres."
Según esta profecía, olvidarían incluso el nombre de Baal, porque se apartarían de la idolatría. Y continúa diciendo el versículo 18:
"En aquel tiempo haré en favor de ellos un pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y las serpientes de la tierra. Quitaré de la tierra el arco, la espada y la guerra, y te haré dormir segura."
En aquella tierra, así como en otros países, existe el peligro de extinción de muchas especies animales. Algunas de ellas ya se han extinguido. Dios creó los animales y los colocó en la tierra. Ellos tienen derecho a habitar en esta tierra y en aquel día futuro Él hará un pacto con ellos. En aquel día que suele denominarse como "el milenio", animales como el león y el cordero se acostarán juntos y en paz. En nuestro tiempo se percibe un notable interés por la ecología y en la conservación de la vida animal. ¿No ha usted observado que por toda la Biblia vemos que Dios considera a los animales? El también ha tenido en consideración a la tierra y habló de bendiciones sobre la tierra. El elemento contaminador es el hombre. El ser humano es un pecador interior y también exteriormente. El hombre contamina todo lo que toca. En muchas partes del mundo, tanto en las calles de las grandes ciudades, en su medio ambiente y fuera de ellas, podemos ver basura y elementos contaminantes, y todo ello se debe a la acción del hombre, Bien, Dios dijo que va a cuidar de esta tierra y podemos estarle agradecidos porque no creemos que el hombre sea capaz de hacerlo. Continuemos leyendo los versículos 19 y 20:
"Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás al Señor."
Llegamos ahora a una hermosa imagen. Esta palabra desposar significa literalmente "cortejar" a una virgen. Algunos de los que nos escuchar seguramente recordarán el día en que conocieron a sus esposas, fueron atraídos por su hermosura, y de cómo le expresaron sentidas palabras de admiración. Incluso, matrimonios que ya han entrado en la edad madura recuerdan con nostalgia la impresión recibida la primera vez que se vieron. Por ello la hermosa imagen de este pasaje nos recuerda el encanto de nuestros primeros tratos con una joven y las ansiedades de la espera durante las ausencias y la emoción de los encuentros. Y esto fue lo que Dios dijo que haría con Israel. Dios estaba indicando una nueva relación al decir Te desposaré conmigo en fidelidad.
Ahora, ¿cómo va Dios a hacer esto? Bueno, hemos leído, Te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Podemos apreciar que también había misericordia en la ley de Moisés. Podemos descubrir que también había amor en la ley, así como hay ley en el amor. Uno no puede separarlos completamente el uno del otro.
Hay otra razón por la cual no creemos que el retorno actual de Israel a su tierra sea un cumplimiento de la profecía. Este retorno seguramente no cumple los requisitos. Dios dijo que cuando Dios tuviera una nueva relación con Israel y la trajera de vuelta a su tierra, sería en justicia, en derecho, en misericordia y en compasión. Hoy Israel es exactamente como cualquier otra nación. Algunos creen que son innecesariamente crueles, pero el caso es que viven a la defensiva y su supervivencia depende de un sistema defensivo sólido. Pero no se encuentran de regreso en la tierra de Israel como un cumplimiento de la profecía. Aunque hayan logrado regresar, no han experimentado un retorno al Señor. Cuando lo hagan, entonces disfrutarán de bendiciones.
Destacamos la frase Te desposaré conmigo en fidelidad. Porque ellos nunca fueron fieles en el pasado. En realidad, en la actualidad y en general, se parecen a los llamados cristianos apóstatas de nuestro tiempo.
Y el versículo finaliza diciendo: y conocerás al Señor. Sin duda alguna, muchos de ellos no lo conocen en la actualidad. Y dice el versículo 21 de este capítulo 2 de Oseas:
"En aquel tiempo yo responderé, dice el Señor; responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra"
La frase En aquel tiempo es una expresión técnica que se refiere a los últimos días en lo que concierne a la nación de Israel, el período de la gran tribulación, y la venida de Cristo para establecer Su reino sobre la tierra.
Por lo que acabamos de leer, el cielo y la tierra estarán a tono, estarán conectados. Habrá sintonía entre ellos. Y el versículo 22 dice:
"Y la tierra responderá al trigo, al vino y al aceite, y ellos responderán a Jezreel."
Ahora, Jezreel aquí quiere decir que Dios los dispersará o los sembrará, pero en aquel día futuro, Dios los reunirá. Y el versículo 23, último versículo de este capítulo 2 de Oseas dice:
"La sembraré para mí en la tierra; tendré misericordia de Lo-ruhama (la que no recibió compasión) y diré a Lo-ammi (al que no era mi pueblo): ¡Tú eres mi pueblo!, y él dirá: ¡Dios mío!."
Este versículo final contiene un juego de palabras utilizando los nombres de los hijos de Gomer. No solo se trata de que Dios los reunirá, ya no serán más como Lo-ruhama, aquella hija de la prostitución que no recibió compasión. Dios tendrá misericordia de ellos. En nuestro tiempo podríamos describir a Israel en su conjunto como Lo-ammi, que significaba que ellos no son el pueblo de Dios. En aquel día futuro Dios dirá Tu eres mi pueblo y ellos dirán ¡Dios mío! Estimado oyente, ellos no están afirmando tal cosa hoy; no están volviendo a Dios. Esta es, por lo tanto, una profecía para el reino terrenal. Y así llegamos al
Oseas 3 - A Oseas se le mandó tomar nuevamente a Gomer
En este capítulo, Oseas descubrió que su esposa había resultado infiel, pero a él se le ordenó que fuera a buscarla y la trajera al hogar nuevamente. Dice el versículo 1 de este tercer capítulo de Oseas:
"Me dijo otra vez el Señor: Ve y ama a una mujer amada de su compañero y adúltera; así ama el Señor a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelven a dioses ajenos y aman las tortas de pasas."
La orden fue Ve y ama a una mujer, es decir, "ama a tu esposa; ella es tu mujer". Oseas la amaba aunque ella había sido infiel.
Esa mujer era una adúltera. Y el escritor continuó diciendo: así ama el Señor a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelven a dioses ajenos y aman las tortas de pasas. Esta fue una referencia a las tortas de pasas que eran utilizadas en las fiestas de sacrificio de los cananeos de aquellos tiempos. Eran parte de la adoración pagana de los ídolos, que había sido adoptada por los israelitas. Aquí vemos que Dios estaba haciendo una aplicación. En realidad, Él le estaba diciendo a Oseas: "Ahora sabes lo que yo siento; quiero que vayas y tomes nuevamente a Gomer. Ella te ha sido infiel, pero tú tienes que amarla y debes volverla a tomar como esposa". Y añadió Dios: "Esto es lo que yo voy a hacer con mi pueblo. Israel me ha sido infiel, y lo voy a castigar. Pero algún día lo traeré conmigo". Veamos ahora lo que dice aquí en el versículo 2, de este capítulo 3 de Oseas:
"Entonces la compré para mí por quince monedas de plata y una carga y media de cebada."
Aparentemente, ella se había vendido a algún grupo de personas que estaban a cargo de los prostíbulos de aquella región. Y Oseas tuvo que ir a comprarla para poder traerla de regreso al hogar. Por ello dijo el profeta la compré para mí.
Estimado oyente, ¿sabe que usted y yo hemos sido redimidos? La figura en este pasaje Bíblico no es muy atractiva, y ese es el motivo por el cual no es expuesta más en la predicación actual. A veces oímos hablar en algunos círculos cristianos sobre dedicación, sobre compromiso, y sobre la entrega de la vida al Señor. Pero, estimado oyente, lo primero que usted necesita hacer es venir a Dios como un pecador. El tiene que redimirle. Así como el profeta Oseas tuvo que ir a buscar a esa prostituta, de esa forma Dios nos redimió. Hasta que usted y yo veamos esto con claridad, no sabremos nada de lo que implica un verdadero compromiso con Dios.
Aquí se mencionó un precio: quince monedas de plata y una carga y media de cebada. Gomer no valía ese precio, y nosotros no valemos el precio de la redención que fue pagado por nosotros. Dijo el apóstol Pedro en su primera carta, capitulo 1, versículos 18 y 19: 18pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo. El tuvo que derramar Su sangre; tuvo que sufrir y morir para que usted y yo pudiéramos ser redimidos. ¿Por qué? Porque éramos pecadores perdidos, vendidos al pecado.
Un conocido predicador llegó hasta el punto de no mencionar al Evangelio en sus sermones. No decía que el hombre debe venir a Dios como un pecador. Todo lo que le decía a su auditorio era que debían amar a Jesús, que tenían que servir a Dios y obedecerle y otros consejos por el estilo. Pero, estimado oyente. Ese no es el punto donde hay que comenzar una relación con Dios. Sería tan absurdo como si usted fuera al cementerio a exhortar a los que allí se encuentran para que mejoren su nivel espiritual y se comprometan a entregar sus vidas al Señor. Pero, el problema es que allí están todos muertos y no pueden hacer nada al respecto. Así que hasta que hayamos venido ante Dios para recibir la salvación, usted y yo estamos espiritualmente muertos en nuestros delitos y pecados. No tenemos ninguna vida para entregarle a Él. Hasta que el problema del pecado haya sido solucionado, es decir, hasta que nazcamos de nuevo espiritualmente, recibiendo una nueva naturaleza, no podemos hacer nada que agrade a Dios. Continuemos leyendo el versículo 3 de este tercer capítulo de Oseas:
"Le dije: Tú serás mía durante muchos días; no te prostituirás ni te entregarás a otro hombre, y yo haré lo mismo contigo."
Los que aman a su compañero o compañera en el matrimonio y alguna vez descubrieron que él o ella había sido infiel, comprenderán el sufrimiento de los sentimientos heridos de este profeta y, lo que es más importante, los sentimientos de Dios. Es como si Dios le dijera a Su pueblo: "Eso es lo que habéis estado haciendo. Habéis actuado como la mujer adúltera. Me llamáis Señor, pero os habéis ido tras otros dioses. Os habéis apartado de mi y ya no me servís".
El Señor Jesús también dijo en Mateo capítulo 7, versículos 22 y 23, 22Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". 23Entonces les declararé: "Nunca os conocí. Y al pensar en este pasaje de Oseas diríamos que si una supuesta iglesia tienen en su púlpito a un hombre que niega la Palabra de Dios, niega la deidad de Cristo y niega que Él murió por los pecadores, entonces tal institución no constituye una iglesia sino más bien, desde un punto de vista espiritual y a la luz de esta historia acerca de la cual estamos leyendo, sería una casa donde se practica una forma de infidelidad. Y no somos nosotros los que hacemos esta comparación sino Dios mismo en esta profecía. El mensaje del profeta Oseas fue el más severo que uno podría imaginar. Realmente, en aquella época, Oseas nunca habría sido elegido "el hombre del año" en Israel; no hubiera ganado ningún concurso de popularidad en su ciudad natal, de ello podemos estar seguros. Le estaba diciendo a su pueblo: "como nación os habéis convertido en una casa donde se ejerce la prostitución. Os habéis entregado a la idolatría y os habéis apartado del Dios vivo y verdadero."
Los versículos 4 y 5 de este capítulo 3 son probablemente 2 de los más importantes versículos proféticos que proporcionan una respuesta a aquellos estudiantes de profecía que han comenzado a fijar fechas para la venida del Señor. Aunque este es un capítulo breve, que contiene solo 5 versículos, es uno de los grandes pasajes proféticos de la Palabra de Dios.
En relación con este pasaje, usted debería leer los capítulos 9 al 11 de la epístola a los Romanos. Hemos estudiado estos capítulos en la sección profética de esta epístola, que concierne a la nación de Israel. En el capítulo 9 tenemos los tratos de Dios con Israel en el pasado. En el capítulo 10 Sus tratos actuales con Israel y en el capítulo 11, sus tratos futuros con ellos.
Ahora, con respecto a Israel, dijo Oseas en el versículo 4 de este capítulo 3:
"Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin ídolos domésticos."
Al especificar que los israelitas estarían muchos días sin un rey, observamos que el profeta no dio un número específico de días. Esto es extraño porque a los israelitas se les dijo 3 veces que serían expulsados de su tierra, y que serían traídos de regreso 3 veces. En cada ocasión, Dios los expulsó de la tierra, les dijo cuando tiempo permanecerían fuera de ella, excepto en la última ocasión.
Estudio bíblico de Oseas 2:2-16
Este capítulo se inicia con la quinta y muy notable profecía sobre la nación de Israel. En los últimos dos versículos del capítulo precedente vimos que (1) Israel experimentará un gran incremento de población; (2) que en la nación habrá un gran retorno a Dios; (3) que los reino del norte y del sur se reunificarán para que las doce tribus formen otra vez una sola nación; (4) que nombrarán ellos mismos a un líder que será el Mesías; y (5) leamos el versículo 1 de este segundo capítulo de Oseas:
"Decid a vuestros hermanos: Pueblo mío, y a vuestras hermanas: Compadecida."
Pueblo mío corresponde a "Ammi" y Compadecida a "Ruhamah". Dios le estaba diciendo a la nación de Israel que iba a llegar el día en que Él diría "Vosotros sois mi pueblo". Estimado oyente, Dios no ha acabado con la nación de Israel, como veremos en el capítulo 3. Es muy importante entender esto. Aquellos que opinan que Dios ha terminado con Israel espiritualizan o descartan una gran parte del Antiguo Testamento. Si usted priva al Antiguo Testamento de su significado literal, ello le da a usted libertad para hacer lo mismo con el Nuevo Testamento. ¿Privaría usted a la epístola a los Romanos, o incluso al evangelio según San Juan capítulo 3, versículo 16 de su significado literal? Usted no puede hacer esto con el Nuevo Testamento y creemos que tampoco puede hacerlo con el Antiguo Testamento. Continuemos leyendo ahora el versículo 2 de este segundo capítulo de la profecía de Oseas:
"¡Contended con vuestra madre, contended, porque ella no es mi mujer ni yo su marido! Que aparte de su rostro sus prostituciones, y sus adulterios de entre sus pechos"
Aquí leemos la frase: Contended con vuestra madre. Este verbo conlleva la idea de una gran discusión o disensión, porque Gomer, como Israel, fue infiel y volvió a practicar la prostitución. Dios estaba aplicando el pecado de Gomer a la nación. Recordemos que Oseas se había casado con una joven que se había convertido en una prostituta. Y aún después de haber estado casada la pareja por algún tiempo, y de haber tenido tres hijos, ella volvió otra vez a practicar la prostitución. Y durante todo este tiempo este hombre llamado Oseas la había amado. El mayor pecado que uno puede cometer, opinando de acuerdo con lo que la Biblia enseña, es ser infiel a alguien que lo ama.
Aplicando esto a nuestras propias vidas, ¿cuál es el peor pecado que un cristiano puede cometer? Muchos pecados pueden pasar en este momento por nuestra mente, pero el mayor pecado es la infidelidad hacia Dios, que lo ha redimido a usted, y que le ama. Estimado oyente, no hay mayor pecado que éste.
Dios dijo: "Id a vuestra madre y contended con ella. Decidle que vuelva a mí. Decidle que se aparte de su idolatría". Continuemos leyendo el versículo 3:
"No sea que yo la despoje, la desnude y la deje como el día en que nació; haga de ella un desierto, la convierta en tierra seca y la mate de sed. O sea, que si ella no se arrepentía, Dios la juzgaría."
En lo que respecta a Oseas, la implicación es que él no era tan tierno y sensible como Jeremias. Imaginamos que él dijo: "Yo haré que ella muera apedreada si continúa en esta clase de vida. No tendré ninguna otra alternativa". Y aquí en versículo 4, de este capítulo 2 de Oseas, dijo:
"No tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostitución."
Dios dijo no tendré misericordia de sus hijos. Estaba aplicando el pecado de la nación a los individuos que componían la nación. Ellos eran, espiritualmente hablando, hijos ilegítimos, y Dios les juzgaría. En esta época en la historia de Israel, aparentemente, toda la nación se había entregado a la idolatría. Dios dijo que no tendría misericordia de los israelitas, porque los consideraba hijos de prostitución. Y añade el versículo 5 de este segundo capítulo de Oseas:
"Pues su madre se prostituyó, la que los dio a luz se deshonró, porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida."
Aquí vemos que ella estaba actuando así por dinero. Ya sabemos el dinero que mueve también hoy la prostitución. Este detalle puede implicar que Oseas no era un hombre rico, y entonces no se podía permitir los lujos que Gomer deseaba tener. Así que ella practicaba la prostitución para ganar algún dinero extra.
El pecado practicado por Israel era el mismo. La nación se había entregado a los ídolos, lo cual constituía un adulterio espiritual. Habían recurrido a los ídolos como si éstos fueran a proporcionarles lo que necesitaban. La frase que alude a que ella iba tras los amantes, especificó me dan mi pan y mi agua lo cual aludía a sus necesidades, La frase mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida se referían a sus lujos. Y paradójicamente, durante todo ese tiempo fue un Dios amante quien estaba proveyéndole a esa nación lo necesario.
Ah, estimado oyente, ¡cuan grande es la ingratitud de la raza humana, --y especialmente la de los que profesan ser cristianos-ante todo lo que Dios ha provisto! Hoy se oyen muchas quejas sobre al aumento del costo de la vida, a la vez que la gente se siente inquieta por la disminución de sus ingresos. A veces un cristiano debería detenerse por un momento a reflexionar y preguntarse: ¿Acaso no he podido comer hoy y no estoy razonablemente bien provisto de ropa? ¿Y no tengo algunas otras cosas que no son indispensables para la vida? ¿Y quien ha provisto todo esto? Quizás alguien, impulsado por la autosuficiencia pueda pensar:"Bueno, soy una persona inteligente, capaz y con gran capacidad de trabajo y puedo permitirme esto y aquello". En ese caso, tenemos noticias para usted. Dios le ha provisto todos estos bienes materiales. Él fue quien le dio inteligencia, una cierta salud, fuerzas para trabajar y un puesto de trabajo. En realidad, Él fue quien creó esta tierra, con una despensa bien provista, con aire y agua puros, y el calor del sol. Y a pesar de ello, la mayoría de la gente es ingrata. Es cierto que hoy se cometen horribles crímenes y abusos, pero a Dios también le afectan, y de una manera especial, los pecados cometidos por los cristianos que son ingratos. Somos conscientes de que esto que estamos diciendo no es aceptado con entusiasmo a nivel popular. Pero aquí en el libro de Oseas, esta fue la acusación contra el pueblo de Israel. Continuemos leyendo el versículo 6 de este segundo capítulo de Oseas:
"Por tanto, cerraré con espinos su camino, la cercaré con seto y no hallará sus caminos."
Es cierto que algunos países han sufrido depresiones económicas. Creemos que en muchos casos Dios habla a los pueblos en forma de juicios. Y también es cierto que si se hubiera escuchado la voz de Dios. Se habrían evitado muchos males. Detrás de muchos problemas actuales, que la humanidad se ha mostrado incapaz de resolver, es evidente una actitud de dar la espalda a Dios, de no reconocer Su lugar y de mantenerle fuera de la sociedad actual. Y el versículo 7 continúa diciendo:
"Seguirá a sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, pero no los hallará. Entonces dirá: Regresaré a mi primer marido, porque mejor me iba entonces que ahora."
Llega un día en el que la joven que se ha convertido en una prostituta ya no es hermosa, atractiva, y sus amantes pierden interés en ella, y ella, lógicamente se siente desplazada. Esto fue exactamente lo que le sucedió a la nación de Israel. Y entonces la gente estaba diciendo: Regresará a mi primer marido o, en otras palabras, "ahora volveremos a Dios". Y dicen los versículos 8 y 9 de este segundo capítulo de Oseas:
"Ella no reconoció que yo era quien le daba el trigo, el vino y el aceite, quien multiplicaba la plata y el oro que ofrecían a Baal. Por tanto, volveré y tomaré mi trigo a su tiempo y mi vino en su estación; le quitaré mi lana y mi lino que le había dado para cubrir su desnudez."
Dios dijo que juzgaría a Israel. Creemos que lo mismo podría aplicarse a otros pueblos de la tierra. Hemos llegado a ser tan sofisticados en todos los aspectos, que lo somos hasta en el lenguaje. Hay una tendencia a matizar lo que se dice, para que el lenguaje de la Biblia no resulte ofensivo para nadie. Existen enormes esfuerzos para contextualizar lo dicho por Dios a cierto tiempo y circunstancias especiales, para evitar que las personas de nuestro tiempo se sientan aludidas directamente. Ah, y sobre todo, ¡que no se sientan ofendidas! Ahora, en los versículos 10 al 13, de este capítulo 2, de Oseas, leemos:
"Ahora descubriré su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mis manos. Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas, sus sábados y todas sus solemnidades. Haré talar sus vides y sus higueras, de las cuales dijo: Este es el salario que me dieron mis amantes. Las convertiré en un matorral y se las comerán las bestias del campo. La castigaré por los días en que quemaba incienso a los baales, cuando se adornaba con sortijas y collares y se iba tras sus amantes olvidándose de mí, dice el Señor."
Estos pasajes presentan el olvidarse de Dios como el peor pecado que existe. Y los versículos 14 y 15 de este capítulo 2, de Oseas añaden:
"Por eso voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Le daré sus viñas desde allí, y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. Y allí cantará, como en los días de su juventud, como en el día de su subida de la tierra de Egipto."
El valle de Acor significa literalmente el valle de los problemas. El relato retrocede al incidente registrado en Josué 7. Recordemos que cuando los israelitas entraron en la tierra prometida, se enfrentaron a tres enemigos principales en el centro de esa tierra que tenían que ser conquistados primero, para que Josué pudiera dividir al enemigo, para después concentrarse en ocupar una sección de la tierra a la vez. El primer enemigo fue Jericó; Jericó, desde un punto de vista espiritual, representa al mundo, y Dios les dio la victoria sobre esa ciudad. Después realizaron un ataque contra la ciudad de Hai, y pensaron que sería una victoria fácil porque se trataba de una ciudad pequeña. Esta ciudad, representa espiritualmente a la naturaleza carnal, y muchísimas personas creen que pueden vivir la vida Cristiana por sus propias fuerzas; es decir, por sus recursos carnales, los cuales siempre conducen a una derrota. Josué fue derrotado en la ciudad de Hai, pero allí los israelitas aprendieron una gran lección. Dios había instruido a los hombres en el sentido de no tomar ninguna de las cosas impuras en la destrucción de Jericó, pero uno de ellos desobedeció. Y el resultado fue que el ejército sufrió en Hai una gran derrota.
Entonces Josué se postró ante Dios y clamó ante Él. Quizás se sintió una persona piadosa, como nosotros nos sentimos algunas veces, cuando nos quejamos ante el Señor. El Señor le dijo: "Levántate, Israel ha pecado. Debes tratar ese pecado antes de poder obtener una victoria". Así que tuvieron que identificar al que había pecado y finalmente descubrieron que había sido Acán. Así que Acán y su propiedad fueron llevados al valle de Acor, donde fueron destruidos y enterrados. A partir de aquel momento, Israel alcanzó victorias bajo el mando del general Josué. Estimado oyente, cuando usted y yo tratamos con los pecados de nuestra naturaleza carnal, obtenemos la victoria en la vida Cristiana.
Dice este versículo 15 Y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. En efecto, Dios estaba diciendo: "Juzgaré vuestro pecado, y después de haberlo hecho, habrá una esperanza gloriosa y maravillosa para vosotros en el futuro."
Y continúa diciendo este versículo 15: Y allí cantará, como en los días de su juventud, como en el día de su subida de la tierra de Egipto. Estimado oyente, incluso en la actualidad en el territorio de Israel, usted no lo encontrará en ese estado. Aunque los israelitas estén de regreso en su tierra, esta zona en particular se encuentra cerca de Siquem, cerca del lugar donde fue enterrado José, que está controlado por los Arabes. El cumplimiento de esta promesa es aun futuro. Llegará el día en que Dios los bendecirá en aquel lugar. Continuemos ahora leyendo el versículo 16 de este segundo capítulo de Oseas:
"En aquel tiempo, dice el Señor, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali."
Aquí tenemos un detalle sumamente interesante relacionado con el significado de un término: Ishi significa "mi esposo", y Baali, está relacionado con Baal, y significa "mi señor y mi maestro". Es que el pueblo de Israel estaba colocando al Dios verdadero en el mismo nivel que Baal, y estaban tratando de adorar a ambos. Por supuesto, era imposible hacerlo, y Dios les dijo que llegaría el día en el cual los israelitas le llamarían a Él "mi esposo".
Ahora, reflexionemos sobre esto por un momento. La relación de esposo implica todo aquello que es íntimo y personal, y está basada en el amor. Es la relación más elevada de la familia humana. La expresión máxima de este amor se encuentra en el Cantar de los Cantares de Salomón, donde la novia dijo: "Yo soy de mi amado y mi amado es mío."
Cuando usted tiene esa relación en un matrimonio, tiene un hogar feliz. No tendrá que estar repasando instrucciones sobre como vivir como marido y mujer. El secreto es el amor; cuando usted no lo tiene, ya no le queda nada. Pero si usted tiene amor, tiene todo. Es decir, que si los miembros del matrimonio se aman, pueden resolver sus problemas financieros, pueden adaptar sus conflictos de personalidad, y como padres pueden trabajar juntos para tratar con sus hijos. Sin embargo, si no se aman, no pueden llevar a cabo nada en común.
Estimado oyente, es hermoso tener esa clase de relación con Dios. Podemos dirigirnos al Señor Jesús y decirle: "te amo y te pertenezco". Al existir esa clase de relación, el apóstol Pablo pudo decir en su primera carta a los Corintios capítulo 3, versículos 21 al 23, 21Así que, ninguno se gloríe en los hombres, porque todo es vuestro: 22sea Pablo, Apolos o Cefas, sea el mundo, la vida o la muerte, sea lo presente o lo por venir. Todo es vuestro, 23y vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios. ¿Puede usted decir que Cristo es suyo? ¿Le pertenece usted a él, y le pertenece Él a usted? Si así es, usted está pasando por un buen momento y experiencia. No hay otra relación igual a ésta. Y, hablando del futuro, un día Israel le dirá a Dios: "Tu eres mi esposo."
Y termina diciendo el versículo 16, En aquel tiempo, dice el Señor, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. Como ya hemos visto, "Baali" estaba relacionado con el repugnante ídolo Baal, y significaba "mi señor", eso es todo lo que significaba. Recordemos que el Señor Jesús dijo en Mateo capítulo 7, versículos 21 al 23; 21»No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". 23Entonces les declararé: "Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!". Estimado oyente, lo más importante es establecer una relación personal con el Señor Jesucristo, y no susurrar tópicos sobre que Él es su Señor ni andar afirmando que está llevando a cabo grandes cosas para Él. Al final, todo se reduce a lo que Jesús le preguntó a Simón Pedro junto al Mar de Galilea: "¿Me amas?"
Estudio bíblico de Oseas 1:1-2:1
Continuamos hoy con nuestro estudio de la profecía de Oseas. Durante los dos programas anteriores, hemos hecho una introducción al estudio de esta profecía de Oseas.
Al llegar a la profecía de Oseas nos encontramos con uno de los grandes libros de la Biblia, y con un hombre que fue un notable profeta. A nosotros personalmente no nos agrada clasificar a los profetas entre profetas mayores y profetas menores, como se suele hacer. Cada uno de aquellos profetas, ya fuera que escribiese una profecía extensa o breve, fue un hombre sobresaliente. Por ejemplo, uno no llamaría a Elías un profeta menor, simplemente porque él nunca escribió una profecía, ¿no es cierto? Y Juan el Bautista, el último de los profetas, nunca escribió nada, y sin embargo fue un profeta de Dios que anunció la venida del Salvador y de Su misión redentora al mundo.
Los profetas no fueron agrupados como Mayores o Menores en la Biblia Hebrea. Fueron ordenados tal como los tenemos por la iglesia, aproximadamente en el siglo tercero. En realidad, al arreglar el orden de los libros en la Biblia, debieron haber colocado a cada profeta junto al libro histórico que le correspondía. Usted observará que los mensajes de casi todos los profetas que escribieron pertenecieron al período del reino dividido. Cuando los reyes fracasaron, entonces Dios levantó profetas para que hablaran a la nación.
Cronológicamente, entonces, la profecía de Oseas debe situarse antes de la de Jeremías. Oseas fue contemporáneo de Isaías, Miqueas, y Joel, su compatriota del reino del norte. Oseas y Joel fueron profetas del reino del norte o Israel, mientras que Isaías y Miqueas lo fueron en el reino del sur o Judá.
En muchos aspectos, Oseas puede compararse con Jeremías. Jeremías fue el último profeta antes de que el reino del sur fuera llevado al cautiverio, pero más de cien años antes de este evento, Oseas había sido un profeta en el reino del norte. Este último ocupó la misma posición que ocupó Jeremías, con la misión de advertir a la nación de su inminente cautiverio. Ambos profetas hablaron impulsados por una experiencia personal desgarradora, aunque la de Jeremías fue más pública. La experiencia de Oseas fue vivida en su hogar, mientras que la de Jeremías fue vivida en la nación. Jeremías amaba a su nación y el tener que comunicar un mensaje tan grave le quebrantó el corazón. Pero Dios eligió a un corazón muy sensible para desempeñar esa tarea. Quizás Oseas no era tan sensible como Jeremías, pero más adelante veremos que él surgió de la experiencia de un hogar deshecho, con un corazón quebrantado. Su propia esposa le fue infiel y se convirtió en una ramera. Él la amaba tanto que fue tras ella y la recibió nuevamente en el hogar. Y después, ella volvió a comportarse como una ramera. Así que en medio de esta experiencia familiar, este hombre salió para presentarse ante la nación de Israel, con sus mejillas humedecidas por las lágrimas, y dijo: "Quiero comunicaros como se siente Dios con respecto a vosotros, porque yo me siento de la misma manera. He tenido una experiencia personal en mi propio hogar". Y como el corazón de este hombre había sido quebrantado, pudo comunicar el mensaje de Dios a su nación.
El bosquejo del libro es muy simple; en realidad sólo tiene dos divisiones principales. En los primeros tres capítulos de Oseas tenemos un énfasis en el aspecto personal, porque se incluye la historia del profeta y Gomer, su esposa infiel. La segunda parte es profética y se extiende desde el capítulo 4 hasta el 14. En esta sección vemos al Señor frente a la nación infiel de Israel.
Llegamos, pues, ahora al capítulo 1, y leeremos el primer versículo, que inicia un párrafo que relata
El matrimonio de Oseas y Gomer, la ramera
"Palabra que Jehová dirigió a Oseas hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel."
Aquí se mencionaron a los reyes del sur, o de Judá, en esa época en particular; los otros fueron los reyes del norte, o de Israel. Cabe destacar la mención de Jeroboam, ya que no hubo otro rey peor que él en el reino del norte. Continuemos leyendo el versículo 2:
"Comienzo de la palabra que el Señor habló por medio de Oseas. Dijo el Señor a Oseas: Ve, toma por mujer a una prostituta y ten hijos de prostitución con ella, porque la tierra se prostituye apartándose del Señor."
Lo que el Señor le pidió al profeta fue algo muy llamativo y algunos intérpretes no lo aceptan literalmente. El Dr. Scofield, con cuya opinión en este caso no estamos de acuerdo, comentó con respecto a este versículo: "Dios no le ordenó a Oseas que tomara una esposa inmoral, sino que le permitió llevar a cabo su deseo de casarse con Gomer, advirtiéndole que ella le sería infiel, y usó esta triste experiencia del profeta como base para la presentación de lecciones sobre la relación de Dios con Israel". Hasta aquí la cita. Creemos que esta es una buena forma de quitar a Dios de una situación problemática, pero no necesitamos recurrir a este extremo, porque Dios asumió la responsabilidad plena por ello.
Nosotros entendemos este versículo en base a que Dios le dijo a Oseas: Ve. Es decir, que lo interpretamos como una orden, como un mandato. Cuando Dios le dijo a Oseas "ve", no estaba simplemente dándole permiso para casarse con Gomer; fue un mandato para que así lo hiciera. Oseas era probablemente un joven que vivía probablemente en el país de Efraim del reino del norte. Allí conoció a una hermosa joven y se enamoró de ella, quien después se comenzó a comportarse como una ramera. Naturalmente, él quiso apartarse de ella. Quizás se habría casado con ella, pero no se atrevió a hacerlo en un pueblo pequeño, y la ley de Moisés establecía que ella debía ser apedreada. ¿Qué podía hacer entonces? Y Dios le dijo: "Ve y cásate con ella". Dios, en realidad, le estaba pidiendo a Oseas que quebrantara la ley mosaica. Y alguien podría pensar que fue una orden terrible. Pero no fue así porque fue Dios mismo quien se lo pidió. Creemos que Dios le aconsejó que, teniendo en cuenta que el joven estaba enamorado de ella, no debía abandonarla sino, más bien, casarse con ella, quien sería una esposa infiel y con hijos de prostitución. Aparentemente, había informes que hablaban de antecedentes de infidelidad la familia de Gomer.
Aquí al principio mismo, el Señor le dejó en claro a Oseas que Él iba a usar esta experiencia en la vida del profeta y dijo, como así lo expresa el versículo 2: porque la tierra se prostituye apartándose del Señor. Él estaba comparando ahora aquello que era adulterio físico, con aquello que era adulterio espiritual.
Y esta lección se aplica al creyente en la actualidad. Usted puede llevar una vida de libertinaje frente a Dios; en ese caso, para Él será como una ramera espiritual, como un creyente infiel. Este fue el lenguaje que Dios usó en esta historia, y como podemos comprobar, utilizó un lenguaje claro. Desearíamos que el púlpito de nuestro tiempo fuera un poco más enérgico de lo que realmente es. A veces nos parece que todos estamos tratando de ser amables, de agradarnos unos a otros y, por consiguiente, algunas veces no nos expresamos con la fuerza y la energía con que lo hace la Palabra de Dios. Ahora, los versículos 3 al 5 de este capítulo 1 de Oseas, dicen:
"Fue, pues, y tomó a Gomer, hija de Diblaim, la cual concibió y le dio a luz un hijo. Entonces el Señor le dijo: Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú a causa de la sangre derramada en Jezreel, y haré cesar el reinado de la casa de Israel. Aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel"
Aquí podemos ver que no sólo el matrimonio, sino también los hijos iban a presentar una verdadera lección espiritual para la nación de Israel. (Recordemos que los hijos de Isaías también tuvieron un mensaje espiritual para la nación). Ahora, Jezreel era el nombre del hijo, y significaba "Dios esparcirá". Dios dijo: "Yo vengaré la sangre de Jezreel". Jezreel era el nombre de una ciudad y también de una famosa llanura, la llanura de Armagedón, o el Valle de Esdraelon. Tuvo una historia expensa y sangrienta en el pasado, y la tendrá en el futuro como el lugar en el que finalizará la última guerra. En este pasaje, Dios estaba diciendo que dispersaría al reino del norte. Y continúa diciendo el versículo 6 de este primer capítulo de Oseas:
"Concibió Gomer otra vez y dio a luz una hija. Dios dijo a Oseas: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, ni los perdonaré."
A esta niña Dios la llamó "Lo-ruhama", que significaba "indigna de compasión", o sea, que ella nunca conoció la compasión de un padre. No era el caso de una hija huérfana, sino que ella no sabía quién era su padre. Esta situación nos revela el escándalo que sufrió el hogar de Oseas, Y a través de esta circunstancia Dios le estaba diciendo al pueblo del reino del norte, o de Israel, que había caído en la idolatría. Fue como si les dijera: "No conoceréis mi compasión, porque yo no soy vuestro padre."
Siempre ha surgido la cuestión sobre la posibilidad de que una persona cruce una línea, es decir, que caiga tan bajo en el pecado que la gracia de Dios no pueda alcanzarla. Aunque nosotros creemos que usted nunca podría llegar a un lugar en el cual Dios por su gracia no pudiera salvarle, también creemos que si usted persiste en rechazar la gracia y misericordia de Dios, llegará el día en que usted cruzará esa línea. Esto no significa que la gracia de Dios no pueda alcanzarle, pero sí quiere decir que no habrá nada en usted de lo cual la gracia de Dios pueda apropiarse.
Permítanos referirnos a una ilustración que ya hemos utilizado recientemente. En cierta ocasión, una señora deseaba que su Pastor fuera a visitar a su esposo enfermo y moribundo. El Pastor fue a verle y le presentó el evangelio. Este hombre era una persona muy cortés y escuchó con atención todo lo que le dijo el Pastor. Al final, dirigiéndose al Pastor, le dijo: "Pastor, yo diría que sí aceptaría a Cristo como mi Salvador. En efecto, voy a hacerlo; pero, - dijo él - quiero decirle que yo he jugado, es decir que he tratado mis asuntos con Dios con poca seriedad, he prometido serle fiel en muchas ocasiones y después, me he apartado de Él. Y nunca he sido sincero. Francamente, no puedo decirle ahora mismo, cuando le digo que acepto a Cristo, si soy sincero o no". Y todo lo que el Pastor pudo hacer en el funeral de aquel hombre al mirarlo fue orar diciendo: "Oh Dios, espero que haya sido sincero, espero que haya hablado en serio, que realmente haya querido reconocer al Señor como su Salvador. Espero que Tu Gracia le haya alcanzado y tocado".
Estimado oyente, usted puede actuar con ligereza frente a Dios. La nación de Israel lo hizo así, y finalmente llegó un día en el que Dios dijo: No me compadeceré más de vosotros". Ahora, el versículo 7, de este capítulo 1, de Oseas, dice:
"Pero de la casa de Judá tendré misericordia: los salvaré por el Señor, su Dios. No los salvaré con arco, ni con espada, ni con guerra, ni con caballos ni jinetes."
Sin embargo, Dios manifestó que aun no estaba listo para juzgar a la casa de Judá. Ahora, ¿por qué perdonaría Él a Judá y no a Israel? Bueno, por causa de David. Dios había dicho que por David, El no dividiría el reino bajo el reinado de Salomón. Una y otra vez Él dijo que por amor a David, salvaría al reino del sur, o de Judá. Alguien podría criticar esta postura y considerar que no fue justa. Bueno, no sabemos si desde nuestro criterio humano podemos decidir si es justa o no, pero le agradecemos a Dios que haya mostrado su compasión y misericordia con nosotros, que Él haya sido paciente, y que haya continuado mostrándonos su misericordia. Y aun hoy, continúa haciéndolo.
Sin embargo, Dios dijo, como vemos en el versículo 7, los salvaré por el Señor, su Dios. No los salvaré con arco, ni con espada, ni con guerra, ni con caballos ni jinetes». En efecto, Dios dijo: "No voy a salvarlos por el hecho de que tengan una gran fuerza militar". Si usted lee el segundo libro de los Reyes 19 e Isaías 37, comprobará como en aquel tiempo Dios liberó milagrosamente al pueblo del reino del sur, o de Judá. Pero, Él no liberó al reino del norte, o de Israel. Ahora, en el versículo 8, de este capítulo 1 de Oseas, leemos:
"Después de haber destetado a Lo-ruhama, Gomer concibió y dio a luz un hijo."
En aquel país demoraban hasta 2 o 3 años en destetar a un niño. Cuando Lo-ruhama superó ese período, Gomer tuvo otro hijo. Y dice el versículo 9 de este primer capítulo de Oseas:
"Y dijo Dios: Llámalo Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo ni yo seré vuestro Dios."
El tercer hijo fue llamado Lo-ammi, que significaba "pueblo ajeno". Poniendo la frase en singular diría "hijo ajeno". Había una pregunta sobre el segundo hijo; pero no había preguntas con respecto a éste. Y Dios le estaba diciendo a la nación de Israel: "No sois mi pueblo y yo no seré vuestro Dios". Si éste fuera el único versículo de la Biblia, estaríamos de acuerdo con los que dicen que Dios ha terminado sus tratos con la nación de Israel. Todos tenemos que ser muy cuidadosos y evitar dirigirnos a la Biblia para escoger un versículo aquí o por allí, y decir que se está cumpliendo. Si se lee la totalidad de la profecía de Oseas, nadie puede realmente argumentar que Dios ha terminado con la nación de Israel. El versículo siguiente lo deja bien en claro; leamos entonces este versículo 10 de Oseas 1:
"Con todo, el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois mi pueblo, se les dirá: Sois hijos del Dios viviente."
Este pueblo sería diezmado una y otra vez por las persecuciones y las guerras. Sin embargo, aquí tenemos una extraordinaria profecía que anunció que Dios iba a aumentar su número.
Y finaliza la profecía anunciando que en el lugar donde se les dijo no sois mi pueblo se les diría: Sois hijos del Dios viviente. En aquel día habrá un gran retorno hacia Dios. Dios no ha finalizado con Israel y ese hecho resulta evidente cuando usted lee la totalidad de la Palabra de Dios. Y dice el versículo 11, último de este capítulo 1 de Oseas:
"Se congregarán los hijos de Judá y de Israel, nombrarán un solo jefe y se levantarán de la tierra, porque grande será el día de Jezreel."
Este versículo anunció que la nación se reuniría. Por cierto, que no hay "10 tribus perdidas de Israel".
Y añade que nombrarán un solo jefe. Ese jefe, aun no lo tienen hoy, ni todos están de acuerdo con el liderazgo que tienen. Ese jefe mencionado en la profecía de Oseas será, por supuesto, el Mesías.
Termina este versículo diciendo y se levantarán de la tierra, porque grande será el día de Jezreel. Sin embargo, el profesor McGee no está de acuerdo con el punto de vista de que el retorno a Israel sea un cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. Trataremos este tema con mayor detalle al ir avanzando por el libro de Oseas.
Llegamos ahora, al
Oseas 2
Este capítulo se inicia con la quinta y muy notable profecía sobre la nación de Israel. En los últimos dos versículos del capítulo precedente vimos que (1) Israel experimentará un gran incremento de población; (2) que en la nación habrá un gran retorno a Dios; (3) que los reino del norte y del sur se reunificarán para que las doce tribus formen otra vez una sola nación; (4) que nombrarán ellos mismos a un líder que será el Mesías; y (5) leamos el versículo 1 de este segundo capítulo de Oseas:
"Decid a vuestros hermanos: Pueblo mío, y a vuestras hermanas: Compadecida."
Pueblo mío corresponde a "Ammi" y Compadecida a "Ruhamah". Dios le estaba diciendo a la nación de Israel que iba a llegar el día en que Él diría "Vosotros sois mi pueblo". Estimado oyente, Dios no ha acabado con la nación de Israel, como veremos en el capítulo 3. Es muy importante entender esto. Aquellos que opinan que Dios ha terminado con Israel espiritualizan o descartan una gran parte del Antiguo Testamento. Si usted priva al Antiguo Testamento de su significado literal, ello le da a usted libertad para hacer lo mismo con el Nuevo Testamento. ¿Privaría usted a la epístola a los Romanos, e incluso, al Evangelio de Juan capítulo 3, versículo 16, de su significado literal? Usted no puede hacer esto con el Nuevo Testamento y creemos que tampoco puede hacerlo con el Antiguo Testamento.
Estudio bíblico de Oseas Introducción 2
la introducción que estamos haciendo a este libro de Oseas y que no logramos concluir en nuestro programa anterior y del cual destacaremos solo unos breves párrafos.
Oseas fue contemporáneo de Amós, otro profeta de Israel. También fue contemporáneo de Miqueas e Isaías, profetas del reino de Judá. Su ministerio se extendió durante medio siglo, y vivió para ver el cumplimiento de su profecía en el cautiverio de Israel.
Este profeta puede ser comparado con el profeta Jeremías del reino del sur. Jeremías advirtió al pueblo del reino del sur que ellos serían conducidos al cautiverio en Babilonia, y vivió para verlo. Oseas advirtió al reino del norte que ellos serían llevados al cautiverio de Asiria, y también vivió para verlo. Así que Jeremías y Oseas tuvieron muchas cosas en común.
Esta historia que existe tras la profecía de Oseas es la tragedia de un hogar roto, de un hogar destruido. La experiencia personal de Oseas es el trasfondo de su mensaje. Él sale de un hogar desecho para hablar a la nación, con un corazón que está quebrantado. Él sabía exactamente cómo se sentía Dios, porque él mismo se sentía de la misma manera.
En el país de Efraín, en uno de los tantos pueblos pequeños que no figuran en los mapas del mundo, vivían dos jóvenes. Uno era un muchacho llamado Oseas y la otra era una niña de nombre Gomer. Ellos se enamoraron, repitiendo así la vieja historia que se ha repetido desde el principio de la historia por millones de veces, historia que no ha pasado de moda con el transcurso de los siglos. Y después, por alguna razón inexplicable, Gomer escogió el mal camino y recurrió a la profesión más antigua que la humanidad conoce. Oseas quedó con el corazón quebrantado y la vergüenza inundó su alma. Le quedaba el recurso a la Ley Mosaica. Podría haber llevado a su esposa ante los ancianos de la ciudad y exigir que se cumpliera la ley. En ese caso ella habría sido apedreada, porque lo había traicionado. Y él habría quedado justificado al actuar de esa manera.
¿No le recuerda este incidente otra historia que ocurrió unos 700 años más tarde en la misma zona montañosa, cuando un hombre llamado José estaba comprometido con una joven llamada María? La diferencia principal entre ambas historias era que la información que poseía José estaba equivocada, y un ángel descendió del cielo para corregirla; pero la información que tenía Oseas era correcta, porque Gomer era culpable.
En ese preciso momento de los acontecimientos se inició el relato de Oseas. Dice el capítulo 1, versículo 2, Comienzo de la palabra que el Señor habló por medio de Oseas. Dijo el Señor a Oseas: "Ve, toma por mujer a una prostituta y ten hijos de prostitución con ella, porque la tierra se prostituye apartándose del Señor. Ahora, hay maestros de la Biblia que adoptan la posición de que este relato no es más que una alegoría, es decir, que nunca ocurrió en la realidad. Pero ese trato poco serio del texto de la Palabra de Dios lo suaviza hasta el extremo de exponer una solución inofensiva que es más deprimente que estimulante. ¡Enfrentemos el aspecto problemático del asunto! Dios le mandó a Oseas que quebrantara la ley de Moisés. La ley ordenaba apedrearla, pero Dios le dijo que se casara con ella. Lo que Dios le mandó a Oseas que hiciera debió conmover cada fibra de su ser. Pero Oseas no puso objeciones, sino que obedeció explícitamente, tomó a Gomer en santo matrimonio, le dio su nombre, y ella entró en su hogar como su esposa. Escuchemos lo que dijo el apóstol Pablo sobre semejante relación, en su primera carta a los Corintios capítulo 6, versículo 16: ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella?, porque ¿no dice la Escritura: «Los dos serán una sola carne»?
Amigo oyente, podemos estar seguros que en aquella pequeña comunidad la situación dio origen a una gran variedad de chismes. La casa de Oseas se convirtió en una isla desierta en medio de un mar de críticas. Fue como una sala de aislamiento en una sociedad local. Un caso de lepra en un hogar no habría interrumpido el contacto con el mundo exterior más efectivamente. ¡En qué lamentable situación se encontraba Oseas!
Después en esa familia llegaron los hijos. Nacieron tres. Fueron dos niños y una niña. Sus nombres y el significado de los mismos relatan esta triste historia. Y es esa historia que se transmitió un mensaje para la nación de Israel.
El primero fue Jezreel. Su nombre significa "Dios esparcirá, y Dios vengará". Según Dios le explicó a Oseas, la referencia se dirigía directamente a la casa de Jehu. Aunque Jehu había llevado a cabo las instrucciones de Dios de destruir a la casa de Acab, él lo había hecho por odio con un gran sentimiento de venganza personal. Por ello, Dios Dijo: "Yo juzgaré. Esparciré a Israel, pero habrá misericordia en mi juicio."
Luego, nació una niña, a quien Dios dijo que se le diera el nombre de Lo-ruhama, que significaba que ella nunca conoció la compasión de un padre. No quería decir que ella fuera huérfana, sino que ella no supo quien era su padre. ¡Qué escándalo para la casa de Oseas! A través de esta circunstancia, Dios le estaba diciendo al pueblo del reino del norte que había caído en la idolatría. El mensaje divino podría expresarse así: "Vosotros no conoceréis mi compasión, porque yo no soy vuestro padre."
El tercer hijo recibió el nombre de "Lo-ammi", que significa "no son mi pueblo". Ahora, si usted lo pone en singular, quiere decir: "No es hijo mío". ¡Qué mensaje para la época de Oseas! ¡Y qué mensaje para nuestro tiempo, en el que algunos teólogos críticos afirman que todos son hijos de Dios! Dios dice que están equivocados. El no tiene hijos ilegítimos. Dios dice: "Yo sé quiénes son mis hijos. ¿Creéis que mis hijos son el fruto de una unión hecho con seres humanos? ¡Absolutamente no! Una persona solo se convierte en hija mía por medio de la fe en Jesucristo". Y el Señor Jesús les dijo q los hombres de Su tiempo que afirmaban ser hijos de Abraham: Vosotros sois de vuestro padre el diablo. Ellos no podían reclamar el ser hijos de Dios.
Estimado oyente, ¿es usted un hijo como aquel que se llamó "lo-ammi"? ¿Es usted un hijo de Dios, es usted, espiritualmente hablando, un hijo de Dios? Podemos asegurarle que usted puede convertirse en un hijo de Dios. Como dijo el evangelista Juan en su capítulo 1, versículo 12: Más a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
La historia del hogar de Oseas fue triste, y la historia continuó. Gomer abandonó el hogar. Ella volvió a su antigua profesión y se convirtió en una prostituta común. Sin duda alguna, pensaríamos que Dios iba a decirle a Oseas: "Ya has hecho podo lo que podías. Intentaste reformar a esta mujer, pero no sirvió de nada, Déjala ir". Pero no fue así. Dios dijo: "Ve, búscala y tráela de regreso a tu hogar". Y Oseas fue tras ella. Pero ella se negó a regresar. Entonces Oseas envió a sus hijos para que le suplicaran a su madre. Pero aún así, ello no regresó. Entonces, como las mujeres de esa clase hacían en aquellos días, ella se vendió a sí misma como esclava. Pero Oseas fue hasta donde ella se encontraba, la compró y la trajo nuevamente al hogar.
¡Ah, estimado oyente, qué imagen tenemos aquí de nuestro Salvador! Él nos creó y nosotros le pertenecemos. Pero después somos culpables de apartarnos de Él y dar todo nuestro amor, nuestro afecto, nuestro tiempo, a las cosas que integran el sistema del mundo. Y sin embargo, mientras éramos aun pecadores, descendió a esta tierra y nos compró en nuestra lamentable condición, para poder hacernos Sus hijos legítimos, ¡Qué amor el que nos mostró!
Y después de esta experiencia, ¿se convirtió Gomer en una esposa fiel? El relato no nos lo dice. Pero vemos a Oseas, salir de su casa marcado por la cicatriz de la vergüenza, tras una nación, con un corazón quebrantado. Su aflicción era intolerable, y con lágrimas ardientes cayendo por sus mejillas, denunció a Israel diciendo: "Habéis sido infieles a Dios. Yo sé cómo se siente Dios, porque yo me siento de la misma manera. Habéis quebrantado el corazón de Dios". ¡Qué imagen elocuente y dramática!
Oseas denunció a la nación. El pronunció un veredicto de culpabilidad por el crimen supremo de todos los crímenes. Pudo decir con sencillez, pero específicamente que ese pecado era tan negro como podía ser, y que podían esperar el castigo de Dios. Este pueblo que había conocido a Dios, al cual Dios había redimido de Egipto, a quien había dicho: "Habéis visto lo que hice a los egipcios y cómo os llevé sobre alas de águila, y os traje a mí mismo", le dio la espalda a Dios y se fabricaron un becerro de oro. Y aun en el tiempo de Oseas, no habían aprendido su lección, porque en aquellos días, en el reino del norte, permanecían erigidos dos becerros de oro. El pueblo se había apartado del Dios vivo y verdadero para entregarse a la adoración del becerro de oro. Israel estaba desempeñando espiritualmente el papel de una mujer infiel (ramera). Su pecado, era el peor pecado del mundo.
Ahora, algunos podrían decir: "bueno, yo creo que la incredulidad es el mayor pecado". En cierto sentido así es, la incredulidad es el mayor pecado, pero no es un acto, es un estado. Todos nosotros nacemos en ese estado de rebelión contra Dios. Pero gracias a Dios, la muerte de Cristo pagó el castigo de nuestro pecado. Y si usted y yo ejercitamos la fe en el Señor Jesucristo, Él nos salvará. Es cierto que la incredulidad es un pecado terrible para el cual no hay remedio humano, porque el remedio es confiar en Cristo. Pero cuando usted continúa en ese estado de incredulidad, usted está rechazando el remedio.
Además, hay otro pecado al que es posible que usted considere el peor del mundo: se trata del pecado contra la luz. Tener la luz del evangelio de Jesucristo y rechazarla es pecar contra la luz. Sinceramente, preferiría presentarme ante el trono del juicio de Dios como un idólatra de un lugar remoto del mundo, que como un miembro de iglesia que ha escuchado en repetidas ocasiones el evangelio, y lo ha rechazado. Pero éste no es el peor pecado.
El peor pecado del mundo es pecar contra el amor. Este es peor que todos los demás, y éste fue el mensaje del profeta Oseas. Gomer no fue solo culpable de romper el voto matrimonial, lo cual era ya muy grave, ella pecó contra aquel que la amaba. Ese es el pecado en su peor expresión. Estimado oyente, el pecado contra el Dios y el Salvador que le ama a usted es peor que el animismo y el carácter animalesco del mundo pagano. El pecado del paganismo no es nada comparado con el pecado de aquellos que pecan contra el amor de Dios. Es más profundo y más oscuro que la inmoralidad del bajo mundo, del submundo, y del demonismo de dicho mundo.
Oseas sabía lo que era el pecado, y sabía lo que era el amor. El pecado contra el amor agravaba el pecado.
Israel conoció el amor de Dios, como ninguna otra nación lo había conocido. Supo lo que significó la liberación, la redención, la protección, el perdón, la revelación, y el amor de Dios. Sin embargo, Israel se volvió a sus ídolos mudos, entregándose a ellos. Este fue el pecado en su peor versión.
Sin embargo, Dios no los abandonaría. El amor triunfaría. Permítanos elegir solo 3 versículos de la profecía de Oseas que nos contarán la historia de Dios.
El primero se encuentra en el capítulo 4, versículo 17, que dice: Efraín es dado a ídolos, ¡déjalo! El nombre Efraín es sinónimo del nombre Israel, y él acusó a Israel de adulterio espiritual.
Después observemos la gran pasión vibrante del Dios infinito, en Oseas, capítulo 11, versículo 8, donde leemos: "¿Cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré hacerte como a Adma, o dejarte igual que a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. Dios estaba diciendo que el no podría abandonar a Israel. La amaba demasiado. Fue por esta razón que envió a Oseas para recuperar a Gomer una segunda y una tercera vez. El quiso que Oseas supiera cómo se sentía con respecto a Israel.
Luego, el tercero y último versículo que deseamos destacar, anuncia una victoria; se encuentra en Oseas, capítulo 14, versículo 8, donde leemos: Efraín dirá: "¿Qué tengo que ver con los ídolos?" Yo lo oiré y velaré por él; yo seré para él como un pino siempre verde; de mí procederá tu fruto". Llegará un día en el que Israel volverá a Dios. Esto nos lleva a creer que finalmente Gomer cambió y se convirtió en una buena esposa y madre. No podemos estar seguros de ello, pero sí podemos estar seguros de que Israel un día regresará a Dios con todo su corazón.
Ahora, ¿hay aquí alguna aplicación para usted y para mí?" ¿Encaja esta impactante descripción del adulterio espiritual con creyente de nuestro tiempo? Sí, la tiene. Bueno, la iglesia es descrita como la novia de Cristo. El apóstol Pablo dijo a los cristianos de Corinto en su segunda epístola, capítulo 11, versículo 2: ...os he desposado con un sólo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Y a la iglesia en Éfeso el Señor Jesucristo le dijo: Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos.... Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor (como vemos en Apocalipsis, 2:2 y 4).
Estimado oyente, no es suficiente el tener una doctrina o teología correcta y estar activo en algún servicio para Cristo. Estos factores son importantes y ocupan su lugar; pero el factor esencial es el amor. ¿Ha dejado usted su primer amor? ¿Ama hoy usted al Señor?
El nombre Oseas, significa salvación; es otra forma lingüística para "Josué", que es el nombre Hebreo para la forma griega "Jesús". La Iglesia es la novia del Oseas del Nuevo Testamento. ¡Pero el Oseas de nuestro relato estaba unido a una ramera espiritual!
En Apocalipsis capítulo 17 encontramos la más espantosa figura de la Biblia. Personifica a la Iglesia y la llama el misterio de la gran ramera, la gran Babilonia. Esta es en nuestro tiempo la tendencia seguida por un sector de la iglesia organizada. Muchos creyentes, simplemente permaneciendo activamente ocupados, están ocultando su frustración tras una falta de realidad en su experiencia espiritual. Esa actividad no es otra cosa que una inquietud nerviosa. Por debajo de ese activismo, en su interior, no pueden decir sinceramente que aman al Señor y que le son fieles. Con lágrimas, el Señor acusó a la iglesia de ser tibia, poco entusiasta. Él le dijo, como vemos también en Apocalipsis: "¡Ojalá fueras fría o caliente!".
Permítanos ser muy personales estimado oyente, al preguntarle sobre su relación con Cristo. ¿Se ha interpuesto alguna nube entre su alma y su Salvador? Se cuenta que en cierta ocasión, el famoso predicador Spurgeon se detuvo repentinamente en la calle y se puso a orar. Cuando terminó de hacerlo, su acompañante le preguntó acerca de su actitud y la respuesta de Spurgeon fue: "Una nube se interpuso entre mi alma y Cristo, y yo no podía permitir que se quedara allí, hasta que yo llegara al otro lado de la calle". Antes de encomendarle una actividad y responsabilidad, el Señor le formuló a Simón Pedro una incisiva pregunta: ¿Me amas?" Esta pregunta es tan conmovedora y pertinente ahora como lo fue en aquel amanecer junto al Mar de Galilea.
Estimado oyente, cuando usted le da la espalda a Aquel que amó tanto al mundo que entregó a su único Hijo, usted no está solamente actuando mal, no está simplemente alejándose de Él con incredulidad, sino que está cometiendo el mayor pecado de todos. Se está apartando de un Dios que le ama y murió por usted. No hay otro pecado que pueda igualarse a ese.
Estudio bíblico de Oseas Introducción 1
nuestro estudio en el libro de Oseas en el Antiguo Testamento. Comenzando con Oseas y concluyendo con Malaquías, hay una serie de doce libros, a los cuales se les llama "los profetas menores", mientras que a Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, se les llama "los profetas mayores". Los profetas menores fueron así llamados considerando el tamaño de los libros, y no su contenido. Sin embargo, incluso ese criterio de división de los profetas no es completamente exacto, ya que Oseas es más extenso que el libro del profeta Daniel. En realidad, los así llamados "profetas menores" no son menores en ninguno de sus aspectos. Cada uno de ellos transmite un mensaje de gran importancia por sí mismo.
Los Profetas Menores fueron extremadamente nacionalistas, aunque no eran aislacionistas. Ellos trataron el hecho de que el pueblo de Dios había quebrantado la ley de Dios, es decir, los Diez Mandamientos. Este tema necesariamente colocó el énfasis sobre las obras, sobre las buenas obras. Por tal motivo, algunos teólogos críticos y promotores de un evangelio social han utilizado mucho a los Profetas Menores. Lamentablemente, ellos han perdido el mensaje principal de estos profetas. Veremos algo de esto cuando nos introduzcamos en la profecía de Oseas. Los Profetas menores advirtieron contra las alianzas impías con otras naciones. Eran extremadamente patrióticos y denunciaron la corrupción política y moral. Advirtieron a Israel contra su aislamiento con respecto a Dios. A continuación diremos algo sobre
El escritor
Oseas fue un profeta que vivió durante la época del reino dividido. Fue un profeta enviado al reino del norte, que fue llamado el reino de Israel, diferenciado del reino del sur, conocido como el reino de Judá. Ahora haremos algunas consideraciones sobre
El tiempo en que surgió este libro
El primer versículo del capítulo 1, de Oseas dice:
"Palabra que el Señor dirigió a Oseas hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel."
Oseas mencionó primero a los cuatro reyes de Judá, y después mencionó al rey de Israel, el reino del norte. Como ellos eran todos contemporáneos de Oseas, el profeta los mencionó a todos. Él era un profeta ante el reino del norte de Israel, como lo revela el contenido del libro.
Oseas fue contemporáneo de Amós, otro profeta de Israel. También fue contemporáneo de Miqueas e Isaías, profetas del reino de Judá. Su ministerio se extendió durante medio siglo, y vivió para ver el cumplimiento de su profecía en el cautiverio de Israel.
Este profeta puede ser comparado con el profeta Jeremías del reino del sur. Jeremías advirtió al pueblo del reino del sur que ellos serían conducidos al cautiverio en Babilonia, y vivió para verlo. Oseas advirtió al reino del norte que ellos serían llevados al cautiverio de Asiria, y también vivió para verlo. Así que Jeremías y Oseas tuvieron muchas cosas en común. Ahora abordaremos el asunto del
Tema del profeta Oseas
El tema de este libro es una súplica a volver al Señor. Tenemos un mensaje titulado "El pecado más grande en todo el mundo", que enfatiza el gran tema de este libro. Lo utilizaremos como introducción a esta hermosa profecía de Oseas. Consideremos pues
El mayor pecado del mundo
Algunas veces se ha expresado la acusación de que el púlpito del día presente es débil e incierto. Además, se le acusa de que, en vez de ser "una voz en el desierto", el púlpito moderno se ha instalado cómodamente para convertirse en una caja de resonancia para los caprichos y deseos de un pueblo indiferente que siente desazón al oír. Ahora, si la acusación es cierta, y en muchos casos lo es, se debe a que el púlpito se muestra reticente a enfrentarse con los grandes problemas de la vida. Esta vacilación surge de un deseo de evitar críticas y del temor de llegar a ser ofensivo ante las sensibilidades más delicadas. Con mayor frecuencia, creemos que es un temor cobarde a encarar las duras realidades de la vida, y luchar con este Leviatán, con este monstruo, de los problemas de la vida actual. El púlpito hoy cita a la poesía y rocía a sus oyentes con agua perfumada. Vive en una tierra de fantasía en vez de decir: "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo".
El teatro, las revistas semanales y mensuales y otras agencias de comunicación tratan sobre la vida desprovista de sus sutilezas. Estos instrumentos para alcanzar y enseñar a las masas se quitan los guantes y confrontan los problemas que nos llegan diariamente.
Pero no así el púlpito. El púlpito ha evitado estos hechos, estas realidades. Al llegar a la profecía de Oseas, no podemos evitar el tratar con los problemas y hechos de la vida, porque esa es la historia que yace tras los titulares de la profecía de Oseas. No es una historia hermosa, pero debemos entenderla, si vamos a comprender el mensaje de Oseas.
Y esa historia que existe tras la profecía de Oseas es la tragedia de un hogar roto, de un hogar destruido. La experiencia personal de Oseas es el trasfondo de su mensaje. Él sale de un hogar desecho para hablar a la nación, con un corazón que está quebrantado. Él sabía exactamente cómo se sentía Dios, porque él mismo se sentía de la misma manera.
El hogar es la Roca que sirve de fundamento a la sociedad y ha desempeñado ese papel en todos los pueblos. Dios le dio el hogar a la humanidad. Se lo dio al mismo comienzo de la historia. Es la unidad más importante en la estructura social. Es para la sociedad lo que el átomo es para este universo físico. Se nos ha dicho que el pequeño átomo es el elemento esencial, el componente básico del Universo. Bueno, el hogar hoy es ese elemento esencial, ese componente básico de la sociedad. El carácter y color de un edificio está determinado por el de los ladrillos individuales con que ha sido construido. Ninguna nación hoy es más fuerte que lo que lo sean los hogares que la componen, porque el hogar determina el color y la tez de la sociedad. El hogar es la cadena que mantiene unida una nación, una cadena en la que cada eslabón individual es importante.
El hogar es donde vivimos, nos movemos y vivimos nuestra existencia. Es en el hogar donde somos realmente nosotros mismos. Cuando salimos de él nos vestimos física y psicológicamente. A veces nos preparamos como una especie de fachada cuando atravesamos la puerta de calle y salimos a la calle. Pero es dentro de las paredes del hogar donde nos quitamos nuestra máscara, y nos mostramos como somos en realidad.
Debido a la posición estratégica del hogar, Dios ha colocado alrededor de él ciertas defensas para protegerlo. Lo ha rodeado con ciertos baluartes debido a su importancia. Uno de estos es el matrimonio. Dios ha dedicado más atención a la institución del matrimonio que la que ha dedicado a cualquiera otra institución que haya en este mundo. La sociedad nunca hizo el matrimonio. La sociedad encontró el matrimonio. Fue Dios quien hizo el matrimonio y Él fue quien lo entregó a la humanidad; y el matrimonio descansa, se apoya sobre su Palabra directa. "...por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". Dios celebró la primera ceremonia matrimonial. Él entregó la primera novia. Él bendijo a la primera pareja. El matrimonio es más que un contrato legal, más que un arreglo económico, más que una unión de dos seres que se aman mutuamente. ¡Es un acto de Dios! Se apoya sobre la autoridad de Su mandamiento. Muchos jóvenes que se aman hoy creen que todo lo que se necesita para casarse es tener un certificado del juzgado y un predicador o una determinada ceremonia. Amigo oyente, para que su matrimonio sea un éxito, usted tiene que tener a Dios. Si Dios no interviene en la preparación de ese matrimonio, éste se estrellará contra las rocas, estará encaminado al fracaso.
Dios ha dado una energía, una motivación a la raza humana para reproducirse dentro del marco del matrimonio, y eso es lo que hace el hogar. Él dijo que "...los dos serán una sola carne". Antes de que el hombre saliera del jardín de Edén, Dios le dio esta institución. Además de las pieles que Adán y Eva llevaban puestas, lo único que tenían era un certificado de matrimonio entregado por Dios. Eso era todo. Esa fue la única institución que salió del jardín del Edén.
El matrimonio, amigo oyente, es una relación sagrada; es una unión santa. El Nuevo Testamento resume la mente de Dios en este tema cuando dijo, en la epístola a los Hebreos, capítulo 13, versículo 4: Honroso sea en todos el matrimonio... Por tanto el matrimonio no puede romperse sólo por algún sencillo acto legal. No puede romperse por una simple explosión de mal genio. No puede deshacerse por voluntad propia. Personalmente, creemos que hay sólo dos actos que pueden disolver un matrimonio, es decir, un verdadero matrimonio.
El primer acto es la muerte, por supuesto, que automáticamente corta la relación.
El segundo acto es la infidelidad, ya sea de parte del hombre o de parte de la mujer. Este acto rasga la relación en dos. En el Antiguo Testamento, la parte culpable de adulterio, era tratada en una de las maneras más rígidas y severas que se pueda imaginar. En primer lugar leamos en el libro de Levítico, capítulo 20, versículo 10, para ver la importancia que Dios dio a este asunto. Allí leemos: Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos. Ahora, para una mujer soltera acusada de adulterio la ley dijo lo que podemos leer en Deuteronomio, capítulo 22, versículos 20 y 21: .. 20»Pero si resulta ser verdad que no se halló virginidad en la joven, 21entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad hasta que muera, por cuanto cometió una vileza en Israel al prostituirse en casa de su padre. Así extirparás el mal de en medio de ti.
Ahora, creemos que es necesario decir aquí unas pocas palabras a modo de explicación. En primer lugar, hay muchos cristianos estrictos hoy que utilizan el pasaje que tenemos en la epístola a los Romanos, capítulo 7, versículo 2, como base para el punto de vista extremo de que una persona divorciada cuya anterior compañero o compañera viva, nunca se puede volver a casar. El citado versículo 2 dice: La mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley que la unía a su marido. Y estos creyentes olvidan que bajo la ley la persona casada que había resultado ser culpable de fornicación o inmoralidad era apedreada hasta la muerte y la parte inocente, bajo la ley, ya no tenía vivo al ex componente de su pareja.
No estamos seguros pero el Apóstol Pablo incluyó al abandono en el apartado de la infidelidad mencionada en la primera carta a los Corintios capítulo 7, versículo 15, cuando escribió: 15Pero si el no creyente se separa, sepárese, pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a vivir en paz nos llamó Dios.
Ahora, otro asunto relacionado con la ley que necesita ser ampliado es la referencia en el libro de Deuteronomio, que parece excluir al hombre de cualquier acusación o culpa. Alguien podría preguntar: "¿Pero, por qué se señala a la mujer; acaso no es el hombre culpable también?" Sí, estimado oyente, pero hay dos cosas que usted necesita tener en cuenta. Una, es que la palabra utilizada es siempre el término genérico, que es "Anthropos" en el griego, que significa humanidad y no tiene relación con el sexo, pudiendo referirse tanto al hombre como a la mujer. Hacemos la misma distinción en la terminología legal. Quizá usted haya notado que en algunos lugares al elaborar un contrato se dice, refiriéndose a una de las partes, que si "él" hace eso, o si "él" promete aquello, o si "él" concuerda con esto o aquello, en fin, algunas veces ese "él" resulta ser "ella". O sea, que el término se use indistintamente para cualquiera de las dos partes, indiferentemente de su sexo. También debemos recordar que el matrimonio es una figura de Cristo y la Iglesia, y Él nunca es culpable. Pero la iglesia lo es. De manera que la Biblia no enseña una norma doble. Pero creemos que enseña una norma diferente.
Personalmente creemos que Dios ha creado a la mujer más delicada que al hombre. Por tal motivo, cuando ella es arrastrada por una mala conducta, llega más lejos de lo que llega el hombre. No es que el pecado de uno sea peor que en el otro, pero los resultados del pecado son mucho más perjudiciales. Muchos pastores han visto a lo largo de su ministerio que hay niños que se sobreponen a las desventajas de haber tenido un padre que no supo ser buen padre, pero nunca han visto niños que se hubieran sobrepuesto a las desventajas de haber tenido una mala madre. Por otra parte, un padre lamentable constituye una desventaja seria para un niño, pero una buena madre compensa esa situación con creces. La madre es el centro del hogar. Permítanos decir, amigo oyente, que Dios puso a la mujer en el hogar y la hizo sumamente importante en ese lugar.
Cada mujer fue alguna vez una niña pequeña muy parecida a la descripción compuesta por Alan Beck, titulada "¿Qué es una niña?" Dice así: "Las niñas pequeñas son las cosas más bellas que le ocurren a la gente. Nacen con un poco de resplandor angelical en ellas, y aun cuando se esfume algunas veces, siempre queda lo suficiente como para cautivar a su corazón, incluso aunque estén sentadas en el barro, o se encuentren derramando lágrimas de enojo, o desfilando por la calle en los mejores vestidos de mamá.
Una niña pequeña puede ser más dulce (y más mala) con más frecuencia, que ninguna otra persona en el mundo. Ella puede temblar de miedo, andar dando fuertes pisotones, hacer ruidos divertidos y agotar sus nervios, pero sin embargo, cuando apenas uno abre la boca, allí está ella, tímida, algo coqueta, con esa mirada especial en sus ojos. Una niña es la inocencia jugando en el barro, la belleza parándose sobre la cabeza, y la maternidad arrastrando a una muñeca por los pies.
Dios le pide prestado a muchas criaturas para hacer a una niña pequeña. Él usa el trino de un ave, el chillido de un cerdo, la terquedad de una mula, las travesuras de un mono, la viveza agilidad de un saltamontes, la curiosidad de un gato, la picardía de una zorra, la suavidad de un gato. Y por encima de todo, la misteriosa mente de una mujer.
A una niña pequeña le gustan los zapatos nuevos, los vestidos de fiesta, los animales pequeños, las muñecas, la fantasía, los helados, el maquillaje, el ir de visita, las fiestas, y un chico. No le interesan mucho los visitantes, o los chicos en general, o los perros grandes, o que le ayuden a bajarse, o las sillas derechas, o las verduras, o los vestidos para la nieve, o el quedarse en el patio del frente. Ella habla más alto cuando uno está pensando; se ve más hermosa cuando lo provoca a usted, está más ocupada a la hora de acostarse; más tranquila cuando uno quiere destacarla ante los demás, y lo más coqueta posible cuando no deba en absoluto conseguir otra vez lo mejor de usted.
Ella puede desordenar su casa, su cabello, y su dignidad --gastar su dinero, su tiempo y su genio-- y entonces, cuando su paciencia está a punto de terminarse, muestra el resplandor de su mirada y usted está nuevamente perdido.
Sí, ella es un fastidio que atormenta los nervios, un pequeño y ruidoso paquete de travesuras. Pero cuando los sueños de uno se desmoronan y el mundo se encuentra en desorden, cuando parece que uno, después de todo, es casi un tonto, ella puede hacerle sentir a usted como un rey cuando se sube a sus rodillas y susurra: "te quiero más que a nadie". Hasta aquí la cita.
Y así, Dios forma de esta encantadora niña pequeña, hasta que llegue a ser un instrumento fino y delicado, una mujer. Pero cuando una mujer opta en la vida por el mal camino, la tragedia resulta incalculable.
El trasfondo de la profecía de Oseas es la historia de una mujer caída y un hogar deshecho. Es una historia de aquello que debe ser contrastado con el ideal de Dios en cuanto al matrimonio y a la condición de la mujer. Dios utilizó este libro para contarnos Su propia historia.
PROFETAS menores
Oseas-Joel-Amos-Abdias-Jonas,Miqueas,Nahum,Habacuc,Sofonias,Hageo-Zacarias-Malaquias.
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