lunes, 4 de mayo de 2015
Estudio bíblico de Ezequiel 6:1-7:2
Estamos hoy estudiando la profecía de Ezequiel, y vamos a continuar nuestro estudio con el capítulo 6. El libro de Ezequiel es una obra muy ordenada y hasta este momento, hemos considerado profecías que concernían mayormente a Jerusalén. Sin embargo, el profeta en este momento orientaría su atención hacia la totalidad de la tierra de Israel; el juicio iba a venir sobre toda la tierra.
Ezequiel se encontraba con la segunda delegación del pueblo que fue conducida cautiva por Nabucodonosor. Eran esclavos del gobierno de Babilonia, trabajando en la zona agrícola situada junto al río Quebar, el gran canal que fluía del Río Éufrates. Sin embargo, la mayor parte de la gente se encontraba aun en la tierra y Jerusalén todavía no había sido destruida. Los profetas falsos continuaban asegurando al pueblo que las cosas iban a salir muy bien y que los cautivos podrían regresar dentro de poco tiempo. Mientras tanto, Jeremías estaba diciendo que el cautiverio duraría 70 años; pero ellos no le prestaron atención. Escucharon a los profetas falsos porque el mensaje que ellos difundían sonaba mejor y era muy optimista.
En cuanto a nuestro tiempo, y a través de los años de nuestro ministerio, hemos encontrado la misma actitud entre la gente. EL profesor McGee nos contaba que después de haber predicado una serie de mensajes sobre los juicios de Dios incluidos en los libros de los profetas, un destacado miembro que formaba parte de su iglesia en aquellos días, le dijo: "Yo voy a la Iglesia para ser consolado, y no estoy siendo consolado". El no quería escuchar la Palabra de Dios. Más tarde, el Dr.McGee descubrió que en sus tratos comerciales no necesitaba ser consolado; pero los mensajes sobre el juicio eran buenos y apropiados para él, pues estaban dirigidos a su parte más sensible, a la situación espiritual en la que se encontraba. Es que a nadie le gusta que le pongan el dedo en su llaga. Y añadió el profesor que otro miembro de su iglesia dejó de asistir a la misma porque decía que los mensajes del pastor lo hacían sentir mal y entonces comenzó a asistir a otra iglesia porque, según él, en este caso el pastor le hacía sentirse muy bien. Es que asistía a las reuniones de una secta cuyo mensaje consistía en cómo hacer amigos e influenciar a la gente, enfatizando el poder del pensamiento positivo que, expresado en pocas palabras transmitía la idea de que si uno se siente bien acerca de algo, esto resultará bueno y positivo. Permítanos decirle que este no es el mensaje de la Palabra de Dios.
En los capítulos 6 y 7 podemos ver dos mensajes de juicio. Ezequiel se disponía a hablar de aquello que concernía a toda la tierra, y su mensaje era que los idólatras morirían y que la tierra quedaría desolada.
Leamos ahora el versículo 1 de este sexto capítulo de Ezequiel, que comienza un párrafo que nos indica que
La espada estaba a punto de caer sobre Jerusalén
"Vino a mí palabra del Señor, diciendo"
Este versículo inicia el primero de los 2 mensajes; el segundo mensaje, en el capítulo 7, comienza de la misma manera, diciendo: Vino a mi palabra del Señor diciendo: (Ezequiel 7:1). El pueblo no aceptaría lo que Ezequiel había dicho, pero Ezequiel en realidad les dijo: "No os estoy diciendo lo que creo, ni lo que yo espero, ni lo que me gustaría que ocurriera. Os estoy diciendo lo que Dios dice".
Es interesante observar que cada uno de estos mensajes finalizó diciendo: "Y conocerán que Yo soy el Señor". Dios envió este juicio sobre ellos para que el pueblo supiera que El era el Señor; uno de los propósitos del juicio es que las personas sean conscientes de que Dios es un Dios santo.
En el día de hoy, el mundo necesita conocer que Dios es un Dios santo. Hemos escuchado con mucha frecuencia enfatizar el hecho de que Dios es amor. Aunque es cierto que Dios es amor, esa es solo la mitad de la verdad. Necesitamos mirar a la otra cara de la moneda. Dios es santo, y Dios castigará el pecado. Si usted se aleja de él, si usted le desobedece, si usted se niega a recibir su mensaje y no acepta Su salvación, solo queda una alternativa: el juicio. Las personas hoy tratan de justificarse; no quieren reconocer que son pecadoras. Los seres humanos intentan hoy dejar de lado a Dios, eliminándolo del universo, afirmando que El ni siquiera existe.
En cierta ocasión, hace ya muchos años, un joven hebreo, que era el capellán de la universidad de Pittsburg, en Estados Unidos, intentó demostrar que Dios no existía. Su argumento estaba basado en la premisa de que el Dios de la Biblia Hebrea había sido descrito como un fiel protector de Su pueblo elegido, pero al menos 6 millones de judíos habían muerto en manos de los nazis. Este joven dijo: "Para creer en el Dios del Pacto hoy uno debe afirmar que el Creador de la nación de Israel usó a un dictador como la vara de Su ira para enviar a Su pueblo a los campos de exterminio, y yo me siento incapaz de creer esto. Aun el salto de fe de los existencialistas, no puede resucitar a este Dios muerto después del campo de concentración de Auschwitz". Hasta aquí la cita. Este joven rabino hablaba de la muerte de Dios como un evento cultural. Tristemente, llegó a la conclusión de que no había Dios, porque el Dios del pacto era un Dios que protegería a Israel y nunca permitiría que les ocurriera nada malo. Debemos destacar que este joven nunca tomó en consideración, como lo hizo Ezequiel, que podía haber algo malo en ese pueblo sobre el cual vino el juicio. Ellos le habían dado la espalda a Dios, le habían rechazado. Habían recibido un privilegio especial, y aquel privilegio había creado una responsabilidad. Y ellos no habían estado a la altura de esa responsabilidad.
Volviendo a nuestro relato, Ezequiel les estaba entonces diciendo que era Dios quien les estaba enviando ese juicio, para confirmarles que El era un Dios santo. Su juicio era algo terrible. El Apóstol Pablo escribió lo siguiente en 2 Corintios 5:11: "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres". Como Ezequiel fue consciente de la santidad de Dios en el principio de su ministerio, dedicó su vida al ministerio de "persuadir a los hombres". Con estos antecedentes en mente escuchemos lo que él dijo entonces en el versículo 2 del capítulo 6,
"Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos"
Aquí podemos ver que se deja en claro que el juicio vendría sobre toda la tierra de Israel: Y dice el versículo 3:
"Dirás: ¡Montes de Israel, oíd palabra del Señor Dios! Así ha dicho el Señor Dios, a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aquí que yo, yo mismo, haré venir sobre vosotros espada y destruiré vuestros lugares altos."
La palabra "monte" en la Escritura se usó figurativamente, y habla del gobierno. Pero uno tiene que determinar si estaba siendo utilizada literalmente o figurativamente. Creo que Ezequiel estaba hablando de aquella tierra, la tierra firme, allí donde había abundancia de suciedad.
Veamos la frase. Destruiré vuestros lugares altos. Se refiere a que en aquella nación, debajo de toda clase de árboles, se encontraba un altar pagano, alrededor del cual se practicaban altos de gran inmoralidad. Eso es lo que los paganos hacían, los gentiles llamados gentiles. Pero en aquellos años, el pueblo elegido de Dios, se había entregado a la misma idolatría. Dios les dijo entonces, "El juicio está viniendo sobre vosotros". Y la palabra profética continuó en los versículos 4 y 5, que dicen:
"Vuestros altares serán asolados, vuestras imágenes del sol serán quebradas; haré que vuestros muertos caigan delante de vuestros ídolos. Pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos, y vuestros huesos esparciré alrededor de vuestros altares."
Fue una lástima que los judíos en Alemania no hubieran leído el libro de Ezequiel, antes que entregarse a un dictador, tal como hizo al principio la totalidad de la nación. Ellos debían haber recurrido al Dios vivo y verdadero, y haberse familiarizado con Su método de tratar a las personas. Uno no puede jugar con Dios, estimado oyente. Porque el juicio puede venir.
Muchos pueblos hoy, en vez de resolver sus problemas, los están acumulando. ¿Por qué? Porque Dios juzga. ¿Cómo se imagina usted a Dios? ¿Cómo un anciano venerable, bondadoso y lejano, en las nubes, que se lamenta por lo que sucede en la tierra, pero pasa todo por alto? Amigo oyente, Él es un Dios santo. En el capítulo 1 vimos que Ezequiel vio a un Dios santo: aquellas ruedas dentro de otras ruedas describían la energía de Dios a medida que El avanzaba para cumplir Sus propósitos, y el fuego y el remolino de viento mostraban que Dios estaba y está actualmente actuando con juicio sobre la tierra en que vivimos. El entender a Dios de esa manera puede ser verdaderamente una píldora amarga. Es que estamos tratando con un Dios santo y El no está equivocado; nosotros somos los que estamos equivocados. ¿Está usted dispuesto a admitir esta realidad?
Dios estaba diciendo: "Voy a juzgar a Israel y no va a resultar fácil". Y era evidente que aquel pueblo no estaba dispuesto a admitir que estaban equivocados.
Leamos ahora el versículo 8 de este sexto capítulo, que nos habla del
Remanente que sería salvado
"Pero dejaré un resto, de modo que tengáis entre las naciones algunos que escapen de la espada, cuando seáis esparcidos por las tierras."
Pero había algunos en aquel pueblo que permanecieron fieles a Dios. La nación, como tal y en su conjunto, se había alejado de Dios, pero había un remanente creyente. Esto es también cierto en la iglesia actual. Hay ciertas tendencias teológicas que han influenciado decisivamente a una buena parte, o a la mayoría del cristianismo organizado, pero hay también muchos miembros del pueblo de Dios que han permanecido fieles a Él. Y Dios toma nota de los fieles y verdaderos creyentes. Y escuchemos lo que Dios continuó diciendo en el versículo 9:
"Los que de vosotros escapen, se acordarán de mí entre las naciones en las cuales serán cautivos; porque yo me quebranté a causa de su corazón adúltero que se apartó de mí, y a causa de sus ojos que se prostituyeron tras sus ídolos. Se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones."
Observemos que se refirió algunos diciendo los que de vosotros escapen, se acordarán de mi entre las naciones en las cuales serán cautivos. ¿Y qué iba a hacer aquel remanente? Ellos iban a ser testigos de Dios.
Y dijo también: Porque yo me quebranté a causa de su corazón adúltero que se apartó de mí. Otra versión traduce mejor esta frase y lo hace de la siguiente manera: cuando haya yo quebrantado su corazón infiel que se apartó de mí. Hay personas que pertenecen a Dios, pero que se han prostituido espiritualmente, han cometido un adulterio espiritual. El cristianismo organizado que permanezca en la tierra cuando Cristo recoja a Su verdadera iglesia, fue también comparado a una ramera en Apocalipsis 17. Ese es probablemente el capítulo más terrible de la Palabra de Dios, porque presenta una imagen espantosa.
Y dijo también Dios: Se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones. Ese es uno de los resultados del juicio, pero nosotros no vemos este resultado hoy en el mundo. Esto significa simplemente que habrá más juicio, y que el juicio va a venir durante el período de la gran tribulación. La Biblia habla de que en ese tiempo las personas llegarán a morderse la lengua a causa del juicio de Dios, para describir gráficamente la intensidad del mismo. Uno podría pensar que habría un gran movimiento de arrepentimiento, pero entre esa gente no lo habrá.
En los días de Ezequiel hubo algunos que se avergonzaron, se arrepintieron porque aun se encontraban cerca de Dios. Esto siempre será cierto del pueblo de Dios. Si usted no se detesta a sí mismo siempre que sirve al diablo, entonces usted no debe ser un integrante del pueblo de Dios. Y continuó diciendo en el versículo 10:
"Y sabrán que yo soy el Señor; no en vano dije que les había de hacer este mal."
Esta frase: Y sabrán que Yo soy el Señor, se pronunció 3 veces en este capítulo y constituyó otro resultado del juicio. Nuevamente observamos que no vemos este resultado ocurriendo en nuestro propio tiempo. En vez de reconocer la mano de Dios, muchísimas personas están diciendo que El ni siquiera existe. Alegan que si El existiera, siempre las ayudaría. Pero, estimado oyente, ¿de dónde han sacado esa idea? Dios está juzgando el pecado. La gente se rebela contra esta afirmación, porque no quiere a un Dios que juzga. Pues, bien, amigo oyente, si usted quiere, puede hacerse un Dios a su medida, que se le parezca. Pero el Dios santo aun se encuentra allí. Quizás usted desearía que El se retirara de la escena, que se fuera, pero El no se va a retirar. El continuará juzgando. Y continuó hablando en el versículo 13, diciendo:
"Sabréis que yo soy el Señor, cuando sus muertos estén en medio de sus ídolos, alrededor de sus altares, sobre todo collado alto, en todas las cumbres de los montes, debajo de todo árbol frondoso y debajo de toda encina espesa, lugares donde ofrecieron incienso a todos sus ídolos."
Hemos sabido que las persecuciones sufridas en la segunda guerra mundial condujeron a muchos judíos a Dios. Y en Europa, especialmente, surgieron entre ellos muchos creyentes como resultado de aquella tragedia. Solemos olvidarnos de ellos, y sobre ellos se ha hablado muy poco. En cierta ocasión, uno de ellos, una joven cuyos padres habían muerto en la cámara de gas, testificó sobre el hecho de que esa horrible experiencia había sido el medio que Dios usó para su salvación. Tenemos que reconocer la mano de Dios actuando, porque El es un Dios santo. Si no personó ni a Su propio Hijo, sino que permitió que muriera en la cruz cuando llevó nuestros pecados, ¿por qué a los pecadores se les ocurre pensara que ellos escaparán al juicio divino?
Y aquí habló también de sus altares....en todas las cumbres de los montes. Dios explicó detalladamente las razones por las cuales El los juzgó en aquella tierra. Estimado oyente, el juicio de Dios aun se encuentra sobre esa tierra. A muchos les agrada describirla como una tierra "que fluye leche y miel", es decir, rica en agricultura y ganadería. Pues no es exactamente así hoy. La gente no se está volviendo a Él y, en consecuencia, el juicio divino continúa actuando en aquella tierra. Y además dijo aquí en el versículo 14, de este capítulo 6 de Ezequiel:
"Extenderé mi mano contra ellos, y dondequiera que habiten dejaré la tierra más asolada y devastada que el desierto hacia Diblat; y conocerán que yo soy el Señor."
No sabemos cómo es el desierto hacia Diblat, pero sabemos cómo es la zona entre Jerusalén y Jericó en la actualidad, y creemos que prácticamente nadie estaría interesado en comprar una finca en esa zona. Si no fuera por motivos estratégicos o de defensa, creemos que Israel estaría dispuesto a devolverlo a los árabes.
Y al terminar el capítulo encontramos nuevamente la frase y conocerán que yo soy el Señor. Y reiteramos que este es uno de Sus tremendos propósitos al juzgar. Y así llegamos al
Ezequiel 7
Este capítulo contiene el segundo de los 2 mensajes de juicio contra toda la tierra de Israel. En los capítulos 4 y 5, los mensajes de Ezequiel se habían referido a Jerusalén, pero en este momento del relato, los mensajes se dirigieron a la totalidad de la tierra. Jerusalén aun no había sido destruida, y aunque la mayoría de sus habitantes habían sido trasladados fuera de la tierra, mucha gente aún permanecía allí. Sin embargo, los eventos que ya habían ocurrido, no los impulsaron a volverse a Dios. Leamos entonces el versículo 1, que comienza el párrafo que nos presenta
La profecía de la destrucción final de Jerusalén
"Vino a mí palabra del Señor, diciendo"
Ezequiel estaba comunicando al pueblo de Israel lo que Dios tenía que decir. El primer mensaje, pronunciado en el capítulo 6, se inició con las mismas palabras. Y continuó diciendo Dios en el versículo 2:
"Tú, hijo de hombre, anuncia que así ha dicho el Señor Dios a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra."
El juicio iba a venir sobre aquella tierra y, por supuesto, incluiría al pueblo de la tierra. La tierra de Israel y la nación de Israel siempre fueron consideradas conjuntamente en la Palabra de Dios.
En este mensaje se añadió un nuevo elemento a la profecía de Ezequiel. Esta era en ese momento la profecía de la destrucción final de la tierra y de Jerusalén. Entonces tendría lugar la deportación final y la ciudad sería destruida.
Estudio bíblico de Ezequiel 3-5
vamos a continuar con nuestra reflexión sobre el capítulo 3, que comenzamos en nuestro programa anterior. Interrumpimos nuestro estudio en el párrafo formado por los versículos 15 al 19, en el cual el profeta Ezequiel fue convertido por Dios en un centinela del pueblo de Israel, para advertir a Su pueblo sobre las consecuencias de su desobediencia y rebelión contra Dios.
Bien, como dijimos anteriormente cuando estudiamos el libro de Isaías, el centinela, o el atalaya, tenía una responsabilidad y debía tener una buena visibilidad. Tenía que ser capaz de distinguir al enemigo en la oscuridad. Hoy en día podemos decir que el ministro cristiano ha de ser el centinela, el atalaya de su comunidad. Tendría que ser capaz de advertir a tiempo sobre el peligro. Es decir, que es responsable de comunicar esa clase de mensaje.
Leamos ahora el versículo 20 de este tercer capítulo, en el que Dios continuó diciéndole a Ezequiel:
"Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, y yo pongo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no lo amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no serán tenidas en cuenta; pero su sangre demandaré de tu mano."
Este versículo ha sido utilizado como argumento para afirmar que un creyente puede caer de la gracia, una enseñanza que no se encuentra en la Palabra de Dios. Gálatas 5:4 es el único pasaje en el que encontramos la expresión de la gracia habéis caído. Pero allí el apóstol no estaba hablando de la salvación sino de aquellos que han sido salvados por la gracia pero han caído a un nivel legal de intentar vivir la vida cristiana por medio de la ley en vez de vivirla por la gracia. La gran enseñanza de Gálatas es que somos salvados por la gracia, y hemos de continuar viviendo por la gracia de Dios.
Aquí en Ezequiel tenemos a un hombre que estaba viviendo en la época de la ley. Su vida estaba determinada por sus actos, o hechos justos. Bajo circunstancias normales, las acciones justas que él podría hacer, parecerían muy buenas. Pero en tiempos en que se encontrara bajo tensión o presión, el podría alejarse de Dios y ser juzgado por ello. No hemos de interpretar que una vez él fue salvo. El sería examinado al final de su vida para determinar si era un hijo de Dios o no.
Pero en el presente, amigo oyente, usted y yo estamos viviendo bajo la gracia, y la justicia es determinada de una manera un poco diferente. Nosotros somos justificados hoy por fe en el Señor Jesucristo. Somos salvos por gracia, por medio de la fe. En la epístola a los Romanos, capítulo 4, versículo 5 dijo el apóstol Pablo: 5pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. El creyente verdadero puede caer en pecado, pero él deliberadamente no practicará el pecado ni vivirá en él. Dijo el apóstol Juan en su primera carta 3:9, Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado. Si un creyente cae en el pecado, Dios ha hecho una provisión por Su gracia. Tenemos un Abogado ante el Padre, y podemos acudir a Él y confesarle nuestros pecados.
El énfasis en Ezequiel no recae tanto sobre este hombre viviendo bajo la ley, sino sobre la responsabilidad del centinela. El centinela ha de advertir a ese hombre que se ha apartado de las buenas obras para vivir de una manera que se ajusta a las normas del enemigo. Escuchemos ahora las instrucciones de Dios para el profeta. Leamos el versículo 22 de este tercer capítulo:
"Vino allí la mano del Señor sobre mí, y me dijo: Levántate y sal al campo, y allí hablaré contigo."
Habiéndole dicho que él debía ser un centinela, Dios entonces le dijo a Ezequiel que apartarse de aquella gente. Por siete días había estado sentado con ellos, abrumado al apreciar cuán lejos habían llegado en su apostasía y se habían alejado de Dios. Así que recibió instrucciones de dejarlos. Y dijo el profeta en el versículo 23 de este tercer capítulo:
"Me levanté y salí al campo; y allí estaba la gloria del Señor, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro."
El tema de la gloria de Dios aparecerá una y otra vez en el libro de Ezequiel. Por cierto, ¿qué es "gloria"? Algunos dirán que la gloria es algo que uno no puede ver, algo intangible. Creo que es un concepto totalmente equivocado. La gloria es algo que produce una sensación sobre todos nuestros sentidos. La "gloria" tiene un tamaño. ¿Cuán grande es? ¿Es cuadrada o redonda? Diremos que la gloria tiene el tamaño, la dimensión de la infinidad del espacio. La Palabra de Dios nos dice en el Salmo 19:1, que Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. La gloria de Dios se puede ver en este tremendo universo en el cual vivimos. Ahora, la gloria también tiene una belleza inherente. Dijo Isaías en 28:1, y de la flor marchita de su gloriosa hermosura. La gloria es hermosa y el cielo va a ser un hermoso lugar. Será hermoso estar allí. La gloria también tiene que ver con el adorno. En Isaías 63:1 leemos acerca de Aquel que está vestido con esplendidez, que marcha en la grandeza de su poder. Hay una majestad en la gloria. El Salmo 8:1 declara: ¡Señor, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos! Esta es la majestad de Dios; es brillante, luminosa, hermosa y pura. Finalmente, la gloria también expone honor y dignidad. Daniel dijo en 5:18, 18»El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor, tu padre, el reino, la grandeza, la gloria y la majestad. (Y en Daniel 7:14 apareció alguien como un hijo de hombre, y dice el texto que le fue dado dominio, gloria y reino para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran.) El mismo nombre de Dios sugiere Su dignidad, Su gloria. Y Ezequiel vio la gloria del Señor. Y continuó diciendo el profeta en los versículos 24 y 25, del capítulo 3 de Ezequiel:
"Entonces entró el espíritu en mí, me afirmó sobre mis pies, me habló y me dijo: Entra y enciérrate dentro de tu casa. En cuanto a ti, hijo de hombre, he aquí que pondrán cuerdas sobre ti, y con ellas te atarán y no podrás salir para estar entre ellos."
La interpretación usual de este versículo es que el enemigo ataría a Ezequiel para poder sacarlo de la casa. Sin embargo, él quería permanecer en esa casa y no saldría aunque lo hubieran atado.
En vez de hablar mucho, Ezequiel iba a representar parábolas que Dios le daría. Esta era una de ellas: el entraría en la casa y se encerraría en ella. ¿Por qué? Para mostrar que Dios había rechazado a este pueblo rebelde. Y en los versículos 26 y 27, continuamos leyendo:
"Haré que se te pegue la lengua al paladar, y estarás mudo, y no serás para ellos un hombre que reprende, porque son casa rebelde. Pero cuando yo te haya hablado, abriré tu boca y les dirás: Así ha dicho el Señor Dios: El que escucha, que escuche; y el que no quiera escuchar, que no escuche, porque casa rebelde son"
La tarea de Ezequiel era decir: "Así ha dicho el Señor Dios". En el capítulo 2, en la primera parte del versículo 7, habíamos leído: Les hablarás, pues, mis palabras. Este hombre tenía que comunicar la Palabra de Dios a esta gente, y esa era la única ocasión en que él les hablaría. En otras ocasiones, estaría mudo. Solo tenía la Palabra de Dios para comunicarles. Y así llegamos al
Ezequiel 4
En los capítulos 4 y 5 Ezequiel iba a usar ciertas señales y representar ciertas parábolas ante la gente. En ese tiempo Jerusalén aún no había sido destruida, y los profetas falsos estaban diciendo al pueblo de Israel que iban a tener paz. Estaban diciendo que los judíos que ya se encontraban en el cautiverio de Babilonia regresarían pronto a su tierra. Pero Ezequiel iba a confirmar las palabras de Jeremías, que les había dicho que no regresarían, y que Jerusalén sería destruida.
Chesterton ha dicho: "Esta es la edad del pacifismo, pero no es la edad de la paz". Hasta aquí la cita. A través de la historia, el hombre se ha implicado en unas 15.000 guerras y ha firmado unos 8.000 tratados de paz; sin embargo el hombre, durante 5 o 6.000 años de historia, nunca ha disfrutado de más de 200 o 300 años de verdadera paz. Amigo oyente, el hombre es una criatura belicosa, nos guste o no reconocerlo. Recordemos que el Apóstol Pablo escribió en 1 Tesalonicenses 5:3, 3Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Amigo oyente, tenemos que decirle que solo hay sólo un Príncipe de Paz, el Señor Jesucristo. Y así es, entonces, que llegamos a un nuevo párrafo que hemos titulado
El juicio de Jerusalén
Ezequiel iba a mostrar a este pueblo que no iba a haber ninguna paz y que Jerusalén iba a ser destruida. Escuchemos ahora lo que tuvo que hacer leyendo aquí en el capítulo 4, versículo 1:
"Tú, hijo de hombre, tómate un adobe, ponlo delante de ti y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén."
Estos ladrillos de adobe eran el material que usaba la gente de Babilonia para escribir. En estos ladrillos guardaban sus archivos. Muchos de estos ladrillos han sido descubiertos, conteniendo escritos grabados en ellos. Eran casi cuadrados y medían aproximadamente 35 x 30 cm.
Lo que tuvo que hacer Ezequiel fue dibujar la ciudad de Jerusalén en el ladrillo (y no sabemos cómo lo hizo), y después tenía que romperlo para mostrar que la ciudad iba a ser destruida. Y continúa diciendo el versículo 3:
"Toma también una plancha de hierro y ponla en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmarás luego tu rostro contra ella, y será en lugar de cerco y la sitiarás. Es una señal para la casa de Israel."
Tenía que tomar también una plancha de hierro y colocarla como un muro entre él y el dibujo de la ciudad que él había preparado, para mostrar que Dios había puesto un muro entre El mismo y la ciudad de Jerusalén. La destrucción de la ciudad era inevitable; no podría ser detenida. ¡Que forma tremenda de comunicar el mensaje de Dios a este pueblo!
La señal del ladrillo describió el sitio de Jerusalén. La segunda señal del recipiente mostraría las privaciones del juicio divino, pues la gente iba a pasar por terribles sufrimientos. Una tercera señal describiría castigos adicionales que caerían sobre Jerusalén. Fue la señal del pan contaminado. Leamos entonces los versículos 9 al 13 de este cuarto capítulo:
"Toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y avena; ponlos en una vasija y hazte pan de ellos para el número de los días que te acuestes sobre tu lado: trescientos noventa días comerás de él. La comida que comerás será de peso de un cuarto de kilo al día; de tiempo en tiempo la comerás. Y beberás el agua por medida, medio litro; de tiempo en tiempo la beberás. Y comerás pan de cebada cocido debajo de la ceniza. Lo cocerás a vista de ellos en fuego de excremento humano. Dijo el Señor: Así comerán los hijos de Israel su pan inmundo, entre las naciones a donde yo los arrojaré."
Estas instrucciones resultarían agobiantes para la mayoría de nosotros, pero para Ezequiel fueron especialmente difíciles de seguir porque él era un sacerdote y nunca había comido nada impuro. Escuchemos su reacción leyendo el versículo 14 de este cuarto capítulo:
"Yo dije: «¡Ah, Señor, Dios!, mi alma no es impura, ni nunca desde mi juventud hasta este tiempo comí cosa mortecina ni despedazada, ni nunca en mi boca entró carne inmunda."
Sin embargo, ésta tenía que ser una señal del Señor acerca del hambre que el pueblo sufriría en el tiempo de la destrucción de la ciudad de Jerusalén. A pesar de las continuas promesas de los profetas falsos, la ciudad y el pueblo iban a ser destruidos. Así que estas diferentes señales describían los horrores que vendrían sobre ellos. Y así llegamos al
Ezequiel 5
En el cual tenemos
La señal del profeta afeitando su cabello
Este capítulo se inicia con Ezequiel representando aun otra señal para el pueblo. Leamos los versículos 1 al 3 de ese quinto capítulo:
"Tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo, una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma después una balanza de pesar y divide los cabellos. Una tercera parte quemarás en el fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplan los días del asedio; tomarás otra tercera parte y la cortarás con espada alrededor de la ciudad, y la otra tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainaré espada en pos de ellos. Tomarás también de allí unos cuantos y los atarás en la falda de tu manto."
¿Pero cuál era el significado de todo esto? Tenía que afeitarse la cabeza y la barba, lo cual era una acción inusual para un sacerdote. Esto era algo muy extraño de hacer de parte de un sacerdote. Nos imaginamos que el pueblo se reunió alrededor de él para observarlo mientras Ezequiel se afeitaba en público.
Después de afeitarse, Ezequiel separó cuidadosamente su cabello en tres partes. Luego tomó una tercera parte del cabello y la quemó dentro de la ciudad. Esto representó al pueblo que iba a permanecer sitiado y quemado con fuego dentro de la ciudad en el momento de su destrucción. Y esto fue exactamente lo que les sucedió. Después tomó la segunda tercera parte de los cabellos y los cortó, los desmenuzó. Este acto describió lo que le ocurriría al pueblo que viviera en el momento del sitio; caerían muertos a espada. Y la última tercera parte debía ser esparcida; esto incluiría a aquellos que descendieron a Egipto llevándose a Jeremías en el grupo. Y el pequeño remanente del pueblo de Dios que finalmente regresaría a la ciudad fue ilustrado por los pocos cabellos que fueron atados al borde del manto de Ezequiel. Y la explicación continuó en el versículo 12 de este tercer capítulo:
"Una tercera parte de ti morirá de peste y será consumida de hambre en medio de ti; una tercera parte caerá a espada alrededor de ti, y otra tercera parte esparciré a todos los vientos; y tras ellos desenvainaré espada."
Este fue el mensaje que Ezequiel comunicó, y transmitió su significado con toda claridad. Finalmente por hoy leamos el resto del mensaje en el versículo 17 de este quinto capítulo:
"Enviaré, pues, sobre vosotros hambre y bestias feroces que te destruyan; peste y sangre pasarán por en medio de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo, el Señor, he hablado."
La advertencia de Ezequiel al pueblo fue desatendida. La destrucción de Jerusalén y el sufrimiento soportado por el pueblo deberían ser para nosotros una advertencia de la realidad del juicio divino. Pero estamos muy alejados en el tiempo de aquellos terribles acontecimientos y muy pocas personas hoy conocen verdaderamente la Palabra de Dios. (El mayor pecado entre los cristianos es la ignorancia de la Palabra de Dios). Dios comunicó esta advertencia al pueblo de Jerusalén, pero Sus palabras tienen también un mensaje para nosotros, como lo tiene toda la Biblia. Estimado oyente, cuando el juicio de Dios comience, va a ser demasiado tarde para que usted tome una decisión. Por ello le decimos que hoy, cuando usted escuche Su voz, El le dice, como escribió San Pablo en 2 Corintios 6:2, Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación. Se habla de una generación que cuestiona el cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace recaer el énfasis en la intencionalidad de los actos. Pero aquellos que realmente realizan un acto de consecuencias seculares y espirituales, y de alcance eterno, es decir, un acto que afecte la existencia más allá de esta vida terrenal, son aquellos que no han postergado su decisión, sino que ya han aceptado la salvación de Dios.
Y nos detenernos aquí por hoy. En nuestro próximo programa continuaremos el recorrido por la Biblia, en el capítulo 6 del libro de Ezequiel, cuya lectura le sugerimos para que esté mejor informado sobre su contenido.
Estudio bíblico de Ezequiel 2-3
en nuestro recorrido bíblico, al segundo capítulo de este libro de Ezequiel. Acabamos de completar nuestro estudio del primer capítulo con la grandiosa visión que allí se presentó sobre la gloria de Dios. De modo que, comenzamos nuestra lectura de este capítulo 2, de Ezequiel con el versículo 1 que comienza un párrafo que hemos titulado
El llamamiento del profeta e investidura de poder para su ministerio
"Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies y hablaré contigo."
Aparentemente, después de la visión que Ezequiel había contemplado, no estaba en pie. Se había postrado sobre su rostro bajo el impacto de lo que había visto. Pero, ahora él recibiría su llamado y comisión, y también recibiría el poder para llevar a cabo el ministerio profético que Dios le había llamado a hacer.
Vemos que Dios se dirigió a él llamándole hijo de hombre. Ahora, este título se encuentra exactamente 100 veces en el libro de Ezequiel. Y uno también puede comprobar que Daniel fue llamado hijo de hombre. Estos fueron los únicos dos hombres del Antiguo Testamento que fueron llamados con ese título. Y ese fue también el título que el Señor Jesucristo usó para sí mismo. En el Nuevo Testamento, encontramos que el Señor Jesucristo se refirió a Sí mismo por medio de este título unas 86 veces. Y este título nos habla de Él en Su rechazo, en Su humillación, y también en Su exaltación. El es el hijo del hombre.
Ezequiel pasó verdaderamente por muchos sufrimientos. Si alguien me preguntara cuál posición no preferiría tener, eligiendo entre la de Daniel, la de Jeremías y la de Ezequiel, diría que no quisiera pasar por la experiencia de Ezequiel. Seguramente Daniel se encontró en peligro en la corte de Babilonia -¡recordemos que pasó una noche en el foso de los leones! Si Dios no hubiera intervenido, Daniel habría sido devorado por los leones. Pero yo preferiría su posición a la de Ezequiel porque Daniel, al menos, tuvo lujosas instalaciones para vivir en el palacio del rey de Babilonia. También Jeremías, en ese tiempo, estaba prácticamente retirado, aunque había corrido grave peligro durante su ministerio activo hasta la deportación del pueblo y su conducción al cautiverio. Sin embargo, este hombre, Ezequiel, fue enviado a realizar una tarea difícil, una labor muy difícil. El tuvo la misión de hablar a un pueblo apóstata. Fue enviado a un pueblo que creía ser el pueblo de Dios, pero en realidad se encontraban en rebelión contra Dios.
Así que el Espíritu de Dios vino entonces sobre Ezequiel y lo preparó para su ministerio. Leamos ahora el versículo 2 de Ezequiel 2.
"Después de hablarme, entró el espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba."
Así que el Espíritu de Dios le dio a Ezequiel el poder para realizar su tarea que El le había encomendado hacer. Creo que cuando Dios le llama a usted a realizar una tarea, El le dará el poder para llevar a cabo ese trabajo. En realidad, la obra de Dios solo puede realizarse con el poder de Dios. Si Dios lo ha llamado a hacer algo, El le dará el poder para realizarlo. La mejor posición a la cual usted puede llegar es reconocer que, por sus propias fuerzas, no es capaz de realizar la tarea que el Señor le ha asignado. Recordemos que Moisés, después de 40 años en el desierto, finalmente llegó a la conclusión de que él mismo no podía liberar al pueblo. Entonces Dios le dijo: "Yo puedo hacerlo por medio de ti". Así que cuando Dios lo llamó para liberar al pueblo, él pudo cumplir esa misión, no porque hubiera algo especial en él, sino por los muchos recursos que Dios tenía.
Y creemos que esta verdad es hoy muy práctica para nosotros; funciona en el ministerio, en los que se sientan en los bancos de la iglesia y en el campo de misión. Precisamente en el campo misionero hemos observado, que algunos han ido a otros países pensando que habian sido llamados a ese ministerio. Pero al cabo de un tiempo han regresado reconociendo su fracaso y creyendo que Dios los había abandonado. Una vez hemos estado en contacto con un caso así, y les hemos dicho: ¿No han pensado ustedes alguna vez que si Dios los hubiera llamado al campo misionero, El les habría dado el poder para realizar esa tarea? Y entonces nos respondieron que nunca habían considerado el asunto desde ese punto de vista. Por eso insistimos en que tenemos que llegar al punto de reconocer que, si hemos sido llamados por Dios, El va a darnos el poder para llevar a cabo la misión que nos ha encomendado. Y lo importante entonces es asegurarnos, si hemos sido verdaderamente llamados por Dios para hacer cierto trabajo.
Ezequiel fue llamado por Dios para hacer una tarea más difícil que la que les encomendó a otros hombres que podamos recordar. Dios le iba a explicar a él en qué consistiría esa tarea. Pienso que si Dios me hubiera dicho algo semejante cuando comencé mi ministerio, le habría dicho: "Señor, ahora mismo presento mi dimisión. Voy a continuar en mi responsabilidad actual y trataré de progresar en ella". Así que me alegro porque no me dijo a mí lo que le dijo a Ezequiel, porque habría afrontado esa tarea con mucho temor. Pero admiramos a Ezequiel. Y escuchemos lo que Dios le dijo acerca de su misión. Leamos los versículos 3 y 4, de este capítulo 4 de Ezequiel:
"Me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón, y les dirás: Así ha dicho el Señor Dios."
Esta fue una declaración tremenda por parte de Dios. Lo estaba enviando a una nación rebelde, a un pueblo obstinado y terco. La palabra rebeldes aparece una y otra vez en el libro de Ezequiel. Ese pueblo estaba realmente en rebelión contra Dios.
Ahora, esa palabra que fue traducida como "nación" no fue la palabra que Dios por lo general usó para Su pueblo elegido. La palabra en Hebreo es "goi", y fue la palabra que los israelitas utilizaban para referirse a las naciones no judías, a las naciones paganas. Lo que había ocurrido fue que Israel se había hundido al mismo nivel de las naciones paganas que le rodeaban. Y Dios dijo entonces, que eran una nación de rebeldes. Se habían rebelado contra El.
Y, amigo oyente, las personas más difíciles de alcanzar en el mundo hoy con el evangelio son aquellos que formal y oficialmente figuran como cristianos o miembros de una iglesia. Son nominalmente cristianos y están incluidos en la lista de membresía de una comunidad cristiana, pero en su interior han rechazado el evangelio y a la Palabra de Dios. Les agrada vivir un cristianismo superficial, un cristianismo relajante, cómodo, que se exprese en una relación social entretenida y tranquila, y sin tener problemas con los demás. Ellos no quieren que alguien venga a decirles que son pecadores perdidos, que necesitan ser salvos y ser obedientes a Dios. Son personas muy difíciles de alcanzar. Aquellos pastores y predicadores que desarrollan un ministerio entre ellos tienen ante sí una situación muy difícil. Por ello aconsejamos a cualquier joven que esté considerando dedicarse al ministerio cristiano, que se asegure de haber recibido un llamado de Dios al respecto. Y si no está seguro de su llamamiento, debería dedicarse a otras tareas. Estar trabajando hoy en el ministerio es difícil, si usted a de permanecer firme en proclamar las verdades de la Palabra de Dios. Escuchemos ahora lo que Dios le dijo a Ezequiel, aquí en el versículo 5, de este capítulo 2:
"Acaso ellos escuchen; pero si no escuchan, porque son una casa rebelde, siempre sabrán que hubo un profeta entre ellos."
Aquí vemos que si ellos no escuchaban, Dios iba a asegurarse que supieran, que hubo un profeta entre ellos. Después de que Ezequiel se hubiera ido, y aunque hubieran estado en desacuerdo con él, la gente reconocería que un profeta de Dios había estado verdaderamente entre ellos.
Y, sinceramente hablando, a mi y a cualquiera de nosotros nos agradaría que después de que nos hayamos ido, la gente pueda decir que hemos predicado la Palabra de Dios lo mejor que pudimos. Eso es lo realmente importante. Y continuamos escuchando lo que Dios le dijo al profeta en el versículo 6 de este segundo capítulo:
"Pero tú, hijo de hombre, no los temas ni tengas miedo de sus palabras. Aunque te hallas entre zarzas y espinos, y habitas con escorpiones, no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son una casa rebelde."
Estas palabras revelan que, aparentemente, Ezequiel iba a encontrarse en peligro, pero Dios le animó diciéndole que no tuviera temor de ellos ni de sus palabras. Aquí vemos que el Señor realmente le explicó exactamente a Ezequiel como iba a ser su ministerio. Y llegamos así al
Ezequiel 3
Y en este capítulo tenemos
La preparación del profeta
Y esta fue una preparación para una labor muy dura y difícil. Jeremías tenía un carácter diferente al de Ezequiel. Jeremías era el profeta del corazón quebrantado, con lágrimas que le humedecían su rostro. En aquel momento crucial de la historia, Dios necesitaba a Jeremías para decirle a Su pueblo que le quebrantaba el corazón enviarlos al cautiverio. En ese momento, ellos ya habían sido llevados cautivos y estaban en una actitud de amargura y rebeldía. Sin embargo, en aquel tiempo el templo de Jerusalén aun no había sido quemado, ni la ciudad destruida. Esa destrucción no tendría lugar sino hasta siete años después, que este grupo de cautivos llegara a Babilonia. Por lo tanto, los profetas falsos aun les estaban diciendo que ellos eran el pueblo de Dios y que regresarían a su propio hogar. Entonces, fue como si le dijeran a Ezequiel: "¿Quién te crees que eres para decirnos estas cosas? Nosotros somos el pueblo de Dios y vamos a regresar a nuestra tierra. No vamos a estar en la cautividad por mucho tiempo". Pero Dios le dijo a Ezequiel: "Tu les debes decir a ellos que no van a regresar. Van a estar en el cautiverio por 70 años, tal como dijo Jeremías. Y van a tener que trabajar duramente a lo largo de los canales, labrando la tierra y construyendo edificios. Será una tarea muy pesada para ellos". Ahora, en el versículo 1, de este capítulo 3, leemos:
"Me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes ante ti; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel."
Aquí vemos nuevamente que "Hijo de hombre" fue el título que el Señor le dio al profeta en esta tarea difícil, ante el sufrimiento que experimentaría.
Nos llama la atención la frase come lo que tienes ante ti, como este rollo. Esta era una dieta diferente. Tenía que comer el mensaje de Dios. La Palabra de Dios debería convertirse en una parte de nosotros, estimado oyente. Nadie debería predicar hoy la Palabra cuyo corazón no esté en ella, y que no crea cada palabra que pronuncie. Alguien que no tuviera esa actitud, debería abandonar el ministerio cristiano. El púlpito no es un lugar para lucir la elocuencia, el lenguaje florido, fluido y la riqueza del vocabulario. El púlpito ha de ser el lugar en el que se comunica la Palabra de Dios. Escuchemos ahora lo que dijo Ezequiel en los versículos 2 y 3 de este segundo capítulo:
"Abrí mi boca y me hizo comer aquel rollo. Me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel."
Esta es una buena dieta; estudiar la Palabra de Dios. Amigo oyente, hemos hecho la siguiente pregunta una y otra vez. "¿Ama usted a la persona de Cristo?" Quizá deberíamos preguntarle primero: ¿Ama usted la Palabra de Dios? Nunca llegará a amarle a Él a no ser que ame la Palabra de Dios.
Cierto profesor le preguntó a un predicador: ¿Qué teoría de inspiración mantiene usted?" "Bueno, - le contestó el predicador, - la teoría que mantengo no es ninguna teoría, en absoluto. Simplemente, amo este Libro". Usted tiene que amar la Palabra de Dios, antes de que ésta pueda ser significativa para usted. La Palabra de Dios le revela a una Persona, y entonces, usted llega a amar a esa Persona. Ahora, Ezequiel dijo fue en mi boca dulce como la miel. Es decir, que él amaba la Palabra de Dios. Leamos ahora los versículos 4 y 5 de este capítulo 3, de Ezequiel:
"Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel y háblales con mis palabras. Porque no eres enviado a un pueblo de habla misteriosa ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel"
Ezequiel no fue enviado a hablar a extranjeros, sino a su propio pueblo. El no iría como un misionero, que tiene que estudiar un idioma extranjero y difícil. Dios lo envió, como dice aquí, a la casa de Israel. Y continuó diciéndole en los versículos 6 y 7:
"No a muchos pueblos de habla misteriosa ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; pero si a ellos te enviara, ellos te escucharían. Pero la casa de Israel no te querrá oir, porque no me quiere oir a mí; porque toda la casa de Israel es terca y obstinada de corazón."
Fue como si le hubiera dicho: "Ezequiel, te voy a enviar a una congregación que es insolente, que está en rebelión contra mí. No quieren escucharme. Tampoco querrán escucharte a ti". Y continuó diciéndole en los versículos 8 y 9:
"Yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. Como el diamante, más fuerte que el pedernal he hecho tu frente; no los temas ni tengas miedo delante de ellos, porque son una casa rebelde."
Ahora, en el caso de Jeremías, Dios no le endureció el carácter. Jeremías tenía un corazón tierno, y no podía soportar los problemas con los que se enfrentaba. En una ocasión incluso se dirigió al Señor con la intención de retirarse. Pero Ezequiel no renunciaría a su misión. Otra versión expresa de esta manera lo que Dios le dijo en este versículo: "Te haré tan terco y obstinado como ellos. ¡Te haré inquebrantable como el diamante, inconmovible como la roca!"
Ahora Dios le diría a Ezequiel lo que tendría que hacer. Leamos los versículos 15 al 19, de este capítulo 3 de Ezequiel, donde le hablaría de
Su ministerio como centinela, como atalaya
"Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté junto con ellos. Allí, durante siete días, permanecí atónito entre ellos. Aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, mi palabra, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo diga al impío: De cierto morirás, si tú no lo amonestas ni le hablas, para que el impío sea advertido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestas al impío, y él no se convierte de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu vida."
Dios le encomendó a Ezequiel la tarea de ser un centinela para advertir a Su pueblo. Quizá ellos no lo querrían, pero él tenía que prevenirles. Dios le estaba diciendo que si no los prevenía, ellos morirían en sus pecados y entonces el profeta sería responsable ante Dios. En cambio, si les advertía y ellos continuaban en su desobediencia y morían como resultado de sus pecados, entonces él ya no sería responsable.
Amigo oyente, detestaría estar en el lugar de un ministro cristiano que no expone la Palabra de Dios. Me desagradaría estar en su posición y algún día tener que presentarme ante el Señor para ser juzgado. Una persona que tiene la Palabra de Dios, debería tener la fortaleza interior para exponerla y comunicarla a los demás. Esta fue la responsabilidad de Ezequiel y Dios escogió al hombre adecuado para esa tarea. Tenía una voluntad y un carácter inquebrantable.
Ahora, un centinela, o atalaya, era una persona que ocupaba una posición muy importante en el mundo antiguo, en aquella época de ciudades amuralladas. Las ciudades tenían estas murallas para su protección y las puertas de la ciudad se cerraban al caer la noche. Luego los centinelas subían a las murallas para comenzar la vigilia de esa larga y oscura noche. Con mirada penetrante, los centinelas trataban de escudriñar las tinieblas impenetrables que rodeaban a la ciudad. Con un oído entrenado y alerta ante cualquier ruido, escuchaban atentamente por si se aproximaba el peligro y se acercaba el enemigo.
Ahora, la Biblia tiene mucho que decir en cuanto a centinelas y atalayas. En el libro de Isaías, capítulo 62, versículo 6, leemos: Sobre tus muros, Jerusalén, he puesto guardas que no callarán ni de día ni de noche. Y en el Salmo 127, versículo 1, dice: Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan lo que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.
En la cultura hebrea, por la noche, los centinelas funcionaban en tres turnos. Estos turnos tenían lugar: desde que oscurecía hasta alrededor de la media noche; luego, desde la media noche hasta que cantara el gallo, que quizás serían las 2 o 3 de la mañana; y luego desde ese momento hasta el amanecer. El centinela del turno de la mañana era el que anunciaba el amanecer. Los romanos, por su parte, tenían 4 turnos de vigilancia durante la noche.
Podríamos pensar que la costumbre de tener centinelas pertenece a una época antigua ya pasada, y que al comienzo de la civilización tenía su propósito y utilidad, pero que ya no es una práctica necesaria hoy. Sin embargo, nos encontramos nuevamente con la necesidad de tener vigilancia. Por ello, en nuestras ciudades, la policía patrulla las calles durante la noche. Ellos son nuestros centinelas.
Bien, como dijimos anteriormente cuando estudiamos el libro de Isaías, el centinela, o el atalaya, tenía una responsabilidad y debía tener una buena visibilidad. Tenía que ser capaz de distinguir al enemigo en la oscuridad. Hoy en día podemos decir que el ministro cristiano ha de ser el centinela, el atalaya de su comunidad. Tendría que ser capaz de advertir a tiempo sobre el peligro. Es decir, que es responsable de comunicar esa clase de mensaje.
Estudio bíblico de Ezequiel 1:5-28
Ezequiel 1:4-28
En nuestra introducción al capítulo 1 dijimos que la visión de Ezequiel de la gloria del Señor bien podría ser la clave o la llave para todas las visiones de la totalidad de la Palabra de Dios; con toda seguridad es la clave para el resto del libro de Ezequiel. Muchos consideran que el libro de Apocalipsis está apoyado en la profecía de Daniel y en el discurso del Señor en el Monte de los Olivos. Esto es cierto, pero yo creo que se apoya principalmente en el Apocalipsis de Ezequiel; usted encontrará una notable similitud entre la visión de Ezequiel 1 y los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis.Lo que en realidad tenemos aquí es una visión de la Gloria del Señor. En el libro de Isaías encontramos los principios del trono de Dios; en Jeremías, tenemos la práctica de ese trono; pero en Ezequiel, tenemos a la persona que está en el trono. Pero quiero apresurarme a aclarar que no tenemos a Dios mismo expuesto en esta visión (no es como un escaparate de El). Algunos consideraron en un principio que ésta era una visión de Dios, pero no es así. Es, en cambio, una visión de la gloria de Dios, una visión de la presencia de Dios.
Tenemos aquí una visión del carro de Dios que avanza triunfante e irresistiblemente a través del tiempo. Aquí tenemos algo que cuando lo descubrimos nos sorprendió mucho; esta carroza está vacía. Nosotros habíamos dado por sentado que Dios se encontraba allí. Allí tenemos estos cuatro seres vivientes, los querubines, que están conectados con el carro, pero sin embargo, son distintos a él. Y sobre todo este conjunto se encuentra un trono, y sobre ese trono hay un hombre. Y esta es la visión más elevada de Dios que nos fue dada, y es muy difícil de comprender.
Al considerar el versículo 3 destacamos que Ezequiel pertenecía a la tribu de Leví, aparentemente a la rama sacerdotal y probablemente a los hijos de Coat. Se nos dice que era hijo de Buzi.
Quebar era el canal principal que salía del Río Eufrates, que regaba la zona. Evidentemente, los cautivos judíos habían sido colocados allí para labrar la tierra. Esta área estaba alejada unos cuantos kilómetros de la ciudad de Babilonia, y esa podría ser la razón por la que Daniel y Ezequiel no tuvieron la ocasión de encontrarse. Es posible que Daniel hubiera visitado la zona, pero dudamos que a Ezequiel se le hubiera permitido visitar a Daniel.
Veamos pues, lo que dice el versículo 4 de este primer capítulo de Ezequiel:
"Miré, y vi que venía del norte un viento huracanado y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente"
Dice aquí venía del norte un viento huracanado. Hay muchas personas que hablan mucho en cuanto al norte, y de que allí existe un lugar vacío y que esa es la dirección que conduce a la presencia de Dios. Pero los radiotelescopios electrónicos con sus grandes antenas parabólicas han mostrado que allí hay estrellas y no hay ningún espacio vacío. Sin embargo, el "norte" se usa en la Biblia para señalar al trono de Dios. En Isaías 14:13, donde se habla de la caída de Satanás, leemos lo siguiente: Tu que decías en tu corazón: "Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte. Creemos que la idea es que en vez de señalar al polo norte, hemos de mirar hacia arriba. El trono de Dios se encuentra allá a lo lejos, sin relación con ninguna dirección en absoluto. Después de todo, su ubicación no es algo que usted y yo podamos comprender. En Lucas 21.28 se nos dijo: Levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. Esa es la dirección en la cual se debería concentrar hoy nuestra atención.También en el Salmo 75:5-7, leemos: no hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con cerviz erguida", porque ni de oriente ni de occidente ni del desierto viene el enaltecimiento, pues Dios es el juez; a este humilla y a aquel enaltece. La única dirección no mencionada es el norte, y diríamos que la idea es que se refiera a "arriba". El trono de Dios está allá lejos, incluso más allá del espacio.
El viento huracanado que venía del norte indica, entonces, un tremendo movimiento que procede del trono de Dios. Es un juicio de Dios.
Después en el versículo 4 se habla de un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente. Esto es lo primero que nos llama la atención. Una luz, un resplandor, revelando, pero también ocultando. Ocultando pero realzando donde pudiera ser vista, se vio una luz más brillante que el sol. Quizás podría ser comparada con la parte interior de una explosión atómica. Era incandescente, como un relámpago.
La Palabra de Dios dice en Hebreos 12:29, que nuestro Dios es fuego consumidor, y en 1 Juan 1:5 que Dios es luz. El apóstol Pablo dijo, en Los Hechos 26:13, que en el momento de su conversión él vio una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol. Todo esto nos habla de la inaccesible presencia de Dios (Podemos leer también los versículos 13 y 14 de este primer capítulo de Ezequiel, que dicen: 13En cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos. Parecían antorchas encendidas que se movían entre los seres vivientes. El fuego resplandecía, y de él salían relámpagos. 14Los seres vivientes corrían y regresaban a semejanza de relámpagos.)
Leamos ahora el versículo 5 de este primer capítulo de Ezequiel;
"Y en medio de todo vi la figura de cuatro seres vivientes. Esta era su apariencia: había en ellos un parecido a seres humanos."
Este versículo y el 26, que menciona la semejanza, como de un hombre, nos hablan sobre la encarnación de Cristo, del hecho de que Dios se convirtió en un hombre. Dijo Juan 1:14, Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. E Isaías 52:7 nos dice: ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: "Tu Dios reina!" Dios vino a la tierra como un hombre, caminó por los caminos polvorientos de Palestina y, finalmente, clavos fueron clavados en sus pies. Leamos ahora el versículo 10 de este primer capítulo de Ezequiel:
"El aspecto de sus caras era como una cara de hombre y una cara de león al lado derecho de los cuatro, y como una cara de buey a la izquierda de los cuatro. Además los cuatro tenían una cara de águila."
Estos cuatro rostros (que podemos comparar con Apocalipsis 4:6-8) nos recuerdan a los cuatro Evangelios en los cuales Cristo fue revelado en cuatro aspectos: Su realeza (Mateo) simbolizada aquí por el león; Su servicio (Marcos) simbolizada por el buey; Su perfecta humanidad (Lucas), simbolizada por el rostro de un hombre; y Su deidad (Juan) simbolizada por un águila volando.
Las cuatro criaturas vivientes se parecen a la descripción que tenemos de los querubines que estaban en el jardín del Edén para guardar el camino al árbol de la vida. Ellos no excluían al hombre de la presencia de Dios; mantenían el camino abierto. ¿Qué vieron Adán y Eva cuando miraron hacia atrás, a medida que salían del jardín? Vieron un animal muerto cuyas pieles ellos estaban usando. Y vieron a los querubines oscureciendo, pero manteniendo abierto el camino a Dios. Es la sangre, la que hace expiación por el pecado del hombre. Recordamos aquí al arca del pacto, que simbolizaba la presencia divina de Dios en medio de Su pueblo. Cuando Moisés hizo el propiciatorio (tapa del arca) colocó querubines sobre ella que miraban hacia abajo, hacia esa tapa, a la sangre de los sacrificios -lo mismo que habían visto Adán y Eva. A través de la sangre pasa el único camino por el cual el hombre se puede acercar a Dios. El Señor Jesús dijo en Juan 14:6, Nadie viene al Padre sino por mí. Y continúa diciendo el versículo 12 de este primer capítulo de Ezequiel:
"Cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu los llevaba, ellos iban, y no se volvían al andar."
Dios está avanzando hoy directamente, sin desviarse, sin vacilar, hacia la conclusión de Su propósito en el mundo. Absolutamente nada lo disuadirá, ni le desviará. Y dicen los versículos 13 y 14 de este primer capítulo de Ezequiel:
"En cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos. Parecían antorchas encendidas que se movían entre los seres vivientes. El fuego resplandecía, y de él salían relámpagos. Los seres vivientes corrían y regresaban a semejanza de relámpagos."
La Escritura nos dice que Dios es luz. Esta es una tremenda visión de la gloria de Dios, una visión que procede de la Persona de Dios. El Señor Jesús dijo en Juan 8:12, Yo soy la luz del mundo. ¿Qué nos revela esto? Nos revela la justicia y santidad de Dios. Dijo el apóstol Juan en su primera carta 1:7, 7Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. Nosotros seríamos consumidos por la santidad de Dios si no hubiéramos sido redimidos por la sangre de Cristo y cubiertos por Su justicia.
Dios no fue expuesto en esta visión. El fue representado, Aun es cierto que nadie ha visto jamás a Dios. Moisés le dijo Te ruego que me muestres tu gloria. Y Dios lo escondió en la hendidura de una roca, así que Moisés solo vio la gloria de Dios, no la Persona de Dios. El Señor le dijo; No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo, (como podemos ver en Éxodo 33:18-23). Al hombre se le prohibió que hiciera una imagen de Dios (ver Éxodo 20:4). No sabemos como es, qué aspecto tiene. Ni siquiera sabemos qué aspecto tenía el Señor Jesús, que se convirtió en hombre. Pero en el corazón humano hay un anhelo por ver a Dios. Creemos que cada ídolo atestigua ese deseo humano. Aunque los ídolos son representaciones pervertidas y profanas, revelan que el hombre quiere ver a Dios. Sin embargo Dios no ha optado por revelar Su Persona al hombre. Continuemos nuestra lectura con los versículos 15 y 16:
"Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre el suelo, junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. El aspecto de las ruedas y su estructura era semejante al color del crisólito. Las cuatro tenían un mismo aspecto; su apariencia y su estructura eran como una rueda metida en otra."
Nuevamente enfatizamos que ésta no es una profecía de la época mecánica contemporánea; ni siquiera de la invención de la rueda. Tenemos que continuar leyendo para obtener una cierta comprensión de estas ruedas encajadas dentro de otras ruedas. Dice el versículo 18:
"Sus aros o llantas eran altas y espantosas, y llenas de ojos alrededor en las cuatro."
Dios es un Dios de propósitos inteligentes. Usted y yo no estamos viviendo en un universo que se está moviendo hacia el futuro sin rumbo fijo y sin un propósito. Dios tiene un propósito para cada átomo que ha creado y en Su plan y programa, tiene un propósito para usted, estimado oyente. El mismo hecho de que usted y yo estemos hoy con vida, revela que hemos de llevar a cabo un propósito para Dios. Dios está realizando Su propósito en el mundo de una manera inteligente. Continuemos leyendo los versículos 19 y 20:
"Cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se elevaban de la tierra, las ruedas se elevaban. Hacia donde el espíritu las llevaba, ellas iban; hacia donde las llevaba el espíritu, las ruedas también se elevaban tras ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas."
Ahora podemos ver más claramente que estas ruedas nos hablan de la actividad incesante y de la energía de Dios. Nuestro Dios es omnipotente. El Señor Jesús dijo en Mateo 28:18, Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra. Dios está avanzando y el concluirá Su propósito.
En Apocalipsis 4, leemos nuevamente acerca de estos cuatro seres vivientes de la visión de Ezequiel. Ellos están colocados para custodiar el trono de Dios, y al hacerlo, cumplen dos funciones: (1) Protegen el trono en el sentido de que no permiten que el hombre en su pecado se acerque a la presencia de Dios; y (2), Indican el camino por el que el hombre ha de venir. No hay otra forma de llegar al hogar celestial que no sea el camino de la cruz. Así que los querubines señalan el camino.
Sin embargo, creemos que Ezequiel vio algo infinitamente más grande. El vio a los querubines sobre el mundo, extendiendo compasión y misericordia, a esta pequeña tierra contaminada que está volando a través del espacio. Alguien ha dicho que el hombre "no es más en el mundo que una erupción en la epidermis de un planeta de segunda clase". Pero Dios convirtió a todo el mundo en un propiciatorio (que era la tapa del arca del pacto) cuando Cristo murió aquí en la tierra, y Dios está atento a lo que sucede hoy en el mundo, preparado para recibir a cualquier pecador que venga a El a través de Cristo. Leamos ahora los versículos 26 y 27 de este primer capítulo de Ezequiel.
"Sobre la bóveda que estaba sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro, y sobre la figura del trono había una semejanza, como de un hombre sentado en él. Y vi una apariencia como de bronce refulgente, como una apariencia de un fuego dentro de ella en derredor, desde la parte de sus caderas hacia arriba; y desde sus caderas hacia abajo, vi que parecía como fuego y que tenía un resplandor alrededor."
En un fondo azulado, celeste, podemos contemplar un trono de color de ámbar. Un trono incrustado de zafiros que reflejan la luz como un diamante con los colores del arco iris. Y la luz enceguece y oscurece. Y ese trono está lleno de energía, como un cohete listo para despegar. Se está desplazando como un carro. Y no está saliendo de la tierra, sino que está viniendo a la tierra. Vemos a los querubines sobre el mundo, vemos una cruz, un Cordero y la sangre. Vemos el propiciatorio; allí está la misericordia del Señor.
En Romanos 9:15 el apóstol Pablo escribió: pues a Moisés dice: «Tendré misericordia del que yo tenga misericordia y me compadeceré del que yo me compadezca». Pero en Ezequiel 18:20 también se nos dice: El alma que peque, esa morirá. Dios nos está diciendo a nosotros --no solo al pueblo de Israel-"Podéis venir a mí". Finalmente por hoy, leamos el versículo 28 de este primer capítulo de Ezequiel:
"Como el aspecto del arco iris que está en las nubes en día de lluvia, así era el aspecto del resplandor alrededor."
Esta fue la visión de la semejanza de la gloria del Señor. Cuando la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.
Aquí dice Esta fue la visión de la semejanza de la gloria del Señor. Bueno, Ezequiel vio más que lo que vio Moisés, más de lo que David, Isaías o Daniel pudieron ver. Él vio una visión de la gloria de Dios -no de Su Persona, sino de Su gloria. La presencia de Dios estaba allí.
Veamos la frase de Ezequiel: Cuando la vi, me postré sobre mi rostro. La visión tuvo un efecto tremendo sobre Ezequiel, y debería tener el mismo efecto sobre nosotros. Un impacto que nos llevara a decir: "Oh Dios, yo estoy deshecho, estoy perdido y te necesito. Me vuelvo a ti y te acepto".
Por todo el Antiguo Testamento encontramos que cuando los hombres vinieron a la presencia de Dios, cayeron sobre sus rostros, se postraron. Esto fue cierto en la experiencia de Isaías cuando dijo en 6:5, "¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Señor de los ejércitos". En la presencia del Señor, este hombre se encontró postrado sobre el suelo. Esa fue la posición en la que también se colocó Daniel. Fue la postura que adoptó Juan en la isla de Patmos, como vemos en Apocalipsis 1:17, que dice: Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto,
¡Que imagen de nuestro Dios santo tenemos aquí! Debo decir que yo me encuentro simplemente en el borde, agradecido por estar escondido en la hendidura de la roca. Algún día voy a contemplar el rostro de mi Salvador. No se cómo es, o que aspecto tiene. Pero espero con ansia ese día.
Y aquí nos detenemos por hoy. Esperamos seguir contando con su compañía porque, Dios mediante, en el próximo programa iniciaremos el estudio del capítulo 2 del profeta Ezequiel, y le recomendamos leer todo este capítulo para estar así mejor informado de su contenido.
Estudio bíblico de Ezequiel 1:1-4
llegamos al libro de la profecía de Ezequiel, y hay varias cosas que deseamos mencionar a manera de introducción en cuanto a este libro. Esperamos que esto nos oriente en este libro de Ezequiel y en el período en el cual vivió este profeta.
El escritor
En primer lugar debemos decir que Ezequiel era un sacerdote, eso se nos dice en el versículo 3 del primer capítulo; sin embargo, él nunca llegó a ejercer ese cargo porque fue llevado cautivo a Babilonia, durante el reinado de Joaquín, que fue el rey de Judá que sucedió a Joacim. Si usted desea informarse en cuanto a dicho evento, puede leerlo en el Segundo Libro de los Reyes, capítulo 24, los versículos 10 al 16. Fue durante el reinado de 11 años de Joacim cuando tuvo lugar la primera deportación en la que Daniel fue llevado cautivo. Después llegó Joaquín al trono y reinó solamente por unos tres meses. Y entonces, alrededor del año 597 A.C., tuvo lugar la segunda deportación, y durante esa deportación Ezequiel fue llevado prisionero.
El profeta Ezequiel fue contemporáneo de los profetas Jeremías y Daniel. Jeremías era ya un hombre anciano en esta ocasión. Recordemos que había comenzado su ministerio profético como un joven durante el reinado del también joven rey Josías. El había permanecido con el remanente en su tierra; después, fue llevado por ellos a Egipto. Por lo tanto su ministerio en esa época se limitó al remanente que había ido a Egipto. Pues bien, Daniel había sido llevado a la corte del rey de Babilonia y se había convertido en su Primer Ministro, Entonces, Ezequiel se encontraba con los cautivos que habían sido llevados a los ríos de Babilonia. Los cautivos habían sido colocados junto al gran canal que salía del Río Eufrates, que estaba a varios kilómetros de distancia de la misma ciudad de Babilonia. El ministerio de Ezequiel se desarrolló entre aquella gente.
El Salmo 137 es el salmo del remanente que se encontraba cautivo junto a los ríos de Babilonia. El versículo 1, de ese Salmo 137, dice: Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces, en medio de ella, colgamos nuestras arpas. Pero al mismo tiempo Ezequiel escribió: Los cielos se abrieron y vi visiones de Dios. ¡Qué contraste! Mientras aquellos cautivos habían colgado sus arpas en los sauces y se sentaban para llorar, este hombre, Ezequiel, estaba contemplando visiones de Dios. Ahora diremos algo con respecto a
Su mensaje
Jeremías, Ezequiel y Daniel eran todos profetas, pero cada uno de ellos tenía un ministerio particular y peculiar entre cierta grupo de personas, y aparentemente nunca entre ellos. Del relato del libro de Daniel uno no llegaría a la conclusión, de que Daniel visitó alguna vez a su pueblo en Babilonia, donde se encontraba Ezequiel, y sin embargo tenía una gran preocupación por ellos y, en efecto, los defendió. Pero, ¿llegaron a conocerse Daniel y Jeremías? Bueno, por su libro sabemos que Daniel estaba familiarizado con las profecías de Jeremías. Yo tengo la impresión de que como joven adolescente, él escuchó a Jeremías en Jerusalén. Y en cuando a Ezequiel, era también un hombre joven cuando fue llevado cautivo, y él también probablemente escuchó a Jeremías, aunque no conoció personalmente a Daniel.
El mensaje de Ezequiel fue el más espiritual de todos los profetas, porque trató particularmente con la Persona de Dios. Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: "Ezequiel fue el profeta del Espíritu, así como Isaías fue el profeta del Hijo, y Jeremías fue el profeta del Padre."Durante los primeros años del cautiverio, los profetas falsos estaban aún diciendo a la gente que ellos iban a regresar a Jerusalén, y que la ciudad no sería destruida. La ciudad no fue destruida aun durante el tiempo de la segunda deportación. No fue hasta el año 587 ó 586 A.C., cuando Nabucodonosor se dirigió contra la ciudad por tercera vez, y en ocasión él incendió y destruyó Jerusalén. En consecuencia, por un período aproximado de 10 años, aquellos profetas falsos estuvieron diciendo que el pueblo regresaría y que la ciudad no sería destruida. Jeremías había enviado un mensaje a Babilonia diciendo que la ciudad sería destruida, y Ezequiel confirmó su mensaje. El advirtió al pueblo que debían volverse a Dios antes de que pudieran regresar a Jerusalén. Cuando llegó el tiempo, un remanente muy pequeño se volvió a Dios, y regresaron a Jerusalén muy desanimados. Veamos ahora otra faceta del profeta Ezequiel,
Su método
Ezequiel comenzó su ministerio cinco años después de ser llevado cautivo, y entonces él tenía unos treinta años de edad. De muchas maneras él habló en los días más tenebrosos de la nación. Fue como si hubiera estado en la parte más profunda del valle y en el lugar más oscuro. Tuvo que hacer frente a la esperanza falsa dejada por los profetas falsos, a la indiferencia, y al pesimismo surgidos en los días de pecado y desastre. El pueblo no escucharía su mensaje. Por lo tanto, el recurrió a un método nuevo.En lugar de hablar en parábolas como hizo el Señor Jesucristo, Ezequiel representó las parábolas. En realidad, representó algunas escenas muy interesantes. En su libro, 24:24, leemos: Ezequiel, pues, os será por señal. Según todas las cosas que él hizo, haréis; cuando esto ocurra, sabréis que yo soy el Señor. La gente no escucharía sus palabras, así que él las representó y de esa manera atrajo mucha atención.
Y la gente hace eso en el día de hoy. Es por eso que la gente marcha por las calles y lleva carteles, pancartas, banderas, en fin, todo aquello que pueda llamar la atención del público y de los medios de difusión, para obtener publicidad. Este también fue el método de Ezequiel. En una ocasión entró en una casa, se encerró en ella, luego se abrió paso cavando un túnel y salió en el medio de la calle. Ahora, quizá en nuestras ciudades esto no sería nada nuevo ya que los empleados municipales están excavando con mucha frecuencia en las calles. Pero en los días de Ezequiel, cuando un hombre surgía de la tierra en medio de una calle, la gente naturalmente se reunía a su alrededor para preguntarle qué hacía y por qué. Ezequiel tenía un mensaje para ellos y se lo comunicó, como veremos en Ezequiel 12:8-16. Finalmente, en nuestra introducción, diremos algo sobre
Su significado
Ezequiel fue el profeta de la gloria del Señor. Hubo tres profetas de Israel que hablaron cuando se encontraban fuera de su tierra. Fueron Ezequiel, Daniel y Juan, que escribió desde la isla de Patmos. Cada uno de estos tres escribió lo que llamamos un Apocalipsis. Todos ellos utilizaron un lenguaje muy simbólico, pero sin embargo, vieron la luz más brillante y mantuvieron la esperanza más alta de todos los profetas. Ezequiel pudo contemplar la gloria Shekinah, del Señor saliendo del templo de Salomón. Pero también vio el regreso de la gloria del Señor que fue proyectada hacia el futuro y se hará realidad durante la época del reino milenario.
Ahora, el significado de Ezequiel se puede ver en la venida de la gloria durante la época del reino. Ezequiel contempló el futuro más allá de los sufrimientos de Cristo, hacia la gloria que los seguiría. Como el apóstol Pedro dijo de los profetas en su primera carta 1:11, que contemplaron los sufrimientos y vieron la gloria que vendría después de éstos. Creo que Ezequiel vio este panorama futuro mejor que cualquiera de los demás profetas.
Presentaremos un bosquejo general con los principales títulos o divisiones principales, para tener una idea de una estructura del libro. Son entonces cuatro divisiones principales:
1. La Gloria del Señor, la comisión del profeta. Capítulos 1 al 7.
2. La Gloria del Señor, el cautiverio total de Jerusalén e Israel, la partida de la Gloria. Capítulos 8 al 24.
3. La Gloria del Señor, el juicio de las naciones. Capítulos 25 al 32.
4. La Gloria del Señor y el Reino futuro. Capítulos 33 al 48.
Y ahora nos aproximamos al
Ezequiel 1 - Despliegue de la gloria del Señor
La visión de Ezequiel de la gloria del Señor bien podría ser la clave o la llave para todas las visiones de la totalidad de la Palabra de Dios; con toda seguridad es la clave para el resto del libro de Ezequiel. Muchos consideran que el libro de Apocalipsis está apoyado en la profecía de Daniel y en el discurso del Señor en el Monte de los Olivos. Esto es cierto, pero yo creo que se apoya principalmente en el Apocalipsis de Ezequiel; usted encontrará una notable similitud entre la visión de Ezequiel 1 y los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis.
Esta es una visión muy difícil de entender. Juan Calvino dijo en cuanto a ella: "Si alguien pregunta que si la visión es clara, yo confieso su oscuridad y que apenas la entiendo". Estamos de acuerdo con esta apreciación porque nosotros tampoco entendemos esta visión claramente.
Sin embargo, estamos seguros de lo que visión no es: no es una visión de la época mecánica actual. La visión de Ezequiel de ruedas dentro de ruedas no es una profecía del avión. Cuando aparecieron los primeros aviones a hélice, varios maestros de profecías decían que esta visión era una profecía de tales aparatos. Este tipo de interpretaciones desacredita a la profecía.
Lo que en realidad tenemos aquí es una visión de la Gloria del Señor. En el libro de Isaías encontramos los principios del trono de Dios; en Jeremías, tenemos la práctica de ese trono; pero en Ezequiel, tenemos a la persona que está en el trono. Pero quiero apresurarme a aclarar que no tenemos a Dios mismo expuesto en esta visión (no es como un escaparate de El). Algunos consideraron en un principio que ésta era una visión de Dios, pero no es así. Es, en cambio, una visión de la gloria de Dios, una visión de la presencia de Dios. Tenemos aquí una visión del carro de Dios que avanza triunfante e irresistiblemente a través del tiempo. Aquí tenemos algo que cuando lo descubrimos nos sorprendió mucho; esta carroza está vacía. Nosotros habíamos dado por sentado que Dios se encontraba allí. Allí tenemos estos cuatro seres vivientes, los querubines, que están conectados con el carro, pero sin embargo, son distintos a él. Y sobre todo este conjunto se encuentra un trono, y sobre ese trono hay un hombre. Y esta es la visión más elevada de Dios que nos fue dada, y es muy difícil de comprender. Observaremos solo algunos de los aspectos más impresionantes. Leamos el versículo 1 de este primer capítulo de Ezequiel:
"Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos, junto al río Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios."
Aquí dice aconteció en el año treinta. Esto parece indicar que Ezequiel tenía 30 años de edad. Sin embargo, muchos eruditos creen que esa fecha fue fijada de acuerdo con un calendario un poco diferente al nuestro. No vamos a entrar en detalle en cuanto a esto, porque es un asunto complejo y no creemos que sea esencial.
Destacamos la frase vi visiones de Dios. Mientras los cautivos de Babilonia se habían sentado y lloraban junto a los ríos de Babilonia (ver Salmo 137:1), Ezequiel estaba contemplando visiones de Dios. ¡Que contraste tenemos aquí; visiones y llanto! Continuemos leyendo el versículo 2 de este primer capítulo de Ezequiel:
"En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes"
Podemos apreciar aquí que aún no había llegado el tiempo de la destrucción de Jerusalén, que tendría lugar durante el reino de Sedequías. Continuemos leyendo el versículo 3:
"Vino palabra del Señor al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar. Vino allí sobre él la mano del Señor."
Ezequiel pertenecía a la tribu de Leví, aparentemente a la rama sacerdotal y probablemente a los hijos de Coat. Se nos dice que era hijo de Buzi.
Quebar era el canal principal que salía del Río Eufrates, que regaba la zona. Evidentemente, los cautivos judíos habían sido colocados allí para labrar la tierra. Esta área estaba alejada unos cuantos kilómetros de la ciudad de Babilonia, y ésta podría ser la razón por la que Daniel y Ezequiel no tuvieron la ocasión de encontrarse. Es posible que Daniel hubiera visitado la zona, pero dudamos que a Ezequiel se le hubiera permitido visitar a Daniel. Continuemos leyendo el versículo 4 de este primer capítulo de Ezequiel:
"Miré, y vi que venía del norte un viento huracanado y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente"
Dice aquí venía del norte un viento huracanado. Hay muchas personas que hablan mucho en cuanto al norte, y de que allí existe un lugar vacío y que esa es la dirección que conduce a la presencia de Dios. Pero los radiotelescopios electrónicos con sus grandes antenas parabólicas han mostrado que allí hay estrellas y no hay ningún espacio vacío. Sin embargo, el "norte" se usa en la Biblia para señalar al trono de Dios. En Isaías 14:13, donde se habla de la caída de Satanás, leemos lo siguiente: Tu que decías en tu corazón: "Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte. Creemos que la idea es que, en vez de señalar al polo norte, hemos de mirar hacia arriba. El trono de Dios se encuentra allá a lo lejos, sin relación con ninguna dirección en absoluto. Después de todo, su ubicación no es algo que usted y yo podamos comprender. En Lucas 21.28 se nos dijo: Levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. Esa es la dirección en la cual se debería concentrar hoy nuestra atención.
También en el Salmo 75:5-7, leemos: ...no hagáis alarde de vuestro poder; no habléis con cerviz erguida", porque ni de oriente ni de occidente ni del desierto viene el enaltecimiento, pues Dios es el juez; a este humilla y a aquel enaltece. La única dirección no mencionada es el norte, y diríamos que la idea es que se refiera a "arriba". El trono de Dios está allá lejos, incluso más allá del espacio. El viento huracanado que venía del norte indica, entonces, un tremendo movimiento que procede del trono de Dios. Es un juicio de Dios.
Después en el versículo 4 se habla de un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente. Esto es lo primero que nos llama la atención. Una luz, un resplandor, revelando, pero también ocultando. Ocultando pero realzando donde pudiera ser vista, se vio una luz más brillante que el sol. Quizás podría ser comparada con la parte interior de una explosión atómica. Era incandescente, como un relámpago.
La Palabra de Dios dice en Hebreos 12:29, que nuestro Dios es fuego consumidor, y en 1 Juan 1:5 que Dios es luz. El apóstol Pablo dijo, en Los Hechos 26:13, que en el momento de su conversión él vio una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol. Todo esto nos habla de la inaccesible presencia de Dios (podemos ver también los versículos 13 y 14 de este primer capítulo de Ezequiel.
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