sábado, 2 de mayo de 2015

ESTUDIO BIBLICO DE JEREMIAS 7-9



continuamos nuestro viaje por el libro del profeta Jeremías y llegamos al séptimo capítulo, y creemos que es necesario que nos orientemos nuevamente en este Libro para comprender mejor su significado.

Vimos en los capítulos 2 hasta el capítulo 6, las profecías que Jeremías pronunció durante los primeros cinco años de su ministerio. Como un joven de alrededor de 20 años de edad, él comunicó aquellas severas predicciones, condenando a su pueblo y pronunciando juicio sobre ellos.

Ahora las profecías de los capítulos 7 al 10 fueron entregadas después que la Ley del Señor había sido descubierta en el templo durante el tiempo de limpieza dispuesto por el joven rey Josías. Este rey estaba muy preocupado por su pueblo, lo cual reveló que él, como joven, tenía una relación personal con Dios. El rey y Jeremías, que tenían aproximadamente la misma edad, eran ambos entusiastas creyentes en Dios y, probablemente buenos amigos. El sacerdote Hilcías, que era evidentemente el padre de Jeremías, fue el que encontró el libro de la Ley del Señor. El templo fue limpiado y recuperado para su uso, lo cual fue, por supuesto, un gran acontecimiento. Entonces Jeremías se situó en la puerta de la casa del Señor y comunicó una profecía a su pueblo. Y de esta manera se inició el capítulo 7. Leamos entonces los versículos 1 y 2 de este séptimo capítulo de Jeremías.

"Palabra del Señor que vino a Jeremías, diciendo: Ponte a la puerta de la casa del Señor y proclama allí esta palabra. Diles: "Oíd palabra del Señor, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor."

Veamos la frase Ponte a la puerta de la casa del Señor. Algunas personas piensan que ésta es muy similar a la profecía que se encuentra en el capítulo 26 de Jeremías. La profecía es similar, pero usted observará que fue comunicada en el "atrio" de la casa del Señor; él ya no se encontraba en la puerta sino que había entrado al atrio, y además fue pronunciada durante el reinado de otro rey. Sin embargo, el mensaje era mayormente el mismo; Jeremías no había cambiado su punto de vista.

Ya que el templo había sido reparado y el Libro de la Ley había sido encontrado, le gente estaba regresando al templo en tropel. Ir nuevamente al templo era considerada una actitud popular, y estaban hablando de retornar a Dios. El joven Jeremías oyó las conversaciones de la gente y entregó el siguiente mensaje. Leamos entonces el versículo 3 de este séptimo capítulo de Jeremías, a partir del cual se presentó

Un alegato para que corrigieran sus caminos

"Así ha dicho el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré habitar en este lugar"

Fue evidente que aunque estaban asistiendo al templo y regresando a la adoración en el templo, no había un verdadero cambio en sus vidas. Aun estaban viviendo como cuando estaban adorando a los ídolos. En esta ocasión su cambio solo era una reforma exterior. Llegaría el tiempo en que su cambio fuera más real, pero en ese momento se trataba solo de un movimiento superficial.

Ahora podemos ver la actitud del pueblo, que era lo que preocupaba al profeta Jeremías. Leamos el versículo 4:

"No fiéis en palabras de mentira, diciendo: ¡Templo del Señor, templo del Señor, templo del Señor es este!"

Usted se puede imaginar cómo se sintió la gente acerca de lo que estaba sucediendo. Seguramente se decían unos a otros: "¡Mira este templo! ¿No es hermoso? ¿Verdad que hicieron un trabajo magnífico al repararlo? ¡Qué alegría poder volver al templo; es como en los viejos tiempos! Es que había un entusiasmo generalizado acerca del templo, pero no había un verdadero retorno a Dios. Y el profeta Jeremías era consciente de esa situación, así que les dijo que no confiaran en esas palabras engañosas que estaban pronunciando, porque estaban actuando como si el simplemente regresar al templo fuera la experiencia más grande del mundo.

Si usted retrocede a 2ª.Crónicas y lee los capítulos 34 y 35, le resultará de mucha ayuda para entender lo que estaba ocurriendo en ese momento de la historia. Lo que sucedió fue verdaderamente extraordinario. Hilcías entregó el libro de la Ley a Safán, que lo leyó delante del rey. El rey reunió a todos los ancianos de Judá y Jerusalén, y leyó la Ley a todo el `pueblo. Después hicieron un pacto con Dios para vivir conforme a Su voluntad y celebraron una Pascua en Jerusalén. Dice 2 Crónicas 35:18 y 19, No se había celebrado una pascua como esta en Israel desde los días del profeta Samuel; ni ningún rey de Israel celebró pascua tal como la que celebró el rey Josías, con los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban presentes, junto con los habitantes de Jerusalén. Esta pascua fue celebrada en el año dieciocho del rey Josías. Reanudaron los servicios del templo con todos los sacrificios y fiestas. Eso fue bueno y hermoso. Pero entonces, ¿cuál era el problema? El problema fue que no estaban cambiando su forma de vida. Continuaron viviendo tal como habían vivido hasta ese momento. Las palabras del profeta no se referían concretamente a los Diez Mandamientos, sino a todas las instrucciones que el Señor les había dado después de los Diez Mandamientos. Las instrucciones que encontramos en Éxodo 21 al 23, que se aplicaban a la vida diaria de Israel y a las relaciones personales entre ellos.

Continuemos leyendo los versículos 9 y 10 de este séptimo capítulo de Jeremías:

"Hurtáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal y vais tras dioses extraños que no habíais conocido, ¿y ahora venís y os presentáis delante de mí en esta Casa sobre la cual es invocado mi nombre, y decís: Somos libres, para seguir haciendo todas estas abominaciones?"

Aunque el pueblo estaba hablando de lo hermoso que era el templo, aun seguían adorando al dios pagano Baal. Su filosofía era que, ya que el templo había sido reparado, y al menos cumplían con Dios en el día del reposo, El les protegería. Ahora, es cierto que cuando el pueblo se volviera verdaderamente a Dios El los protegería. Pero ellos estaban apoyándose en un hecho que no se aplicaba a ellos. Habían recolectado una ofrenda considerable para la reedificación del templo y la gente que había contribuido generosamente, creyó que con ello habían cumplido con todo lo necesario para que Dios los bendijera.

No conocemos otro libro que, como este libro del profeta Jeremías, se adapte tan bien a la hora presente con un mensaje para nosotros. Después de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos y en otros países se produjo una pequeña ola de de renovación espiritual. Surgieron predicadores y se reunieron multitudes. Durante aquel tiempo el profesor McGee comenzó con su programa de estudios Bíblicos, que eran los que reunían a una mayor cantidad de gente en un servicio religioso que se celebraba a la mitad de la semana. Los pastores comentaban que la asistencia a las iglesias se había duplicado y triplicado. Tuvieron que aumentar la capacidad de los edificios de las iglesias y construir otras nuevas. Muchas iglesias comenzaron obras nuevas en los suburbios de las grandes ciudades, Por supuesto, un movimiento de esta naturaleza dejó resultados positivos, pero muchos confundieron el crecimiento numérico, con el crecimiento y desarrollo espiritual. Y esa fue el tema de la queja de Jeremías.

Ahora Jeremías dijo algo más. En realidad, el Señor le citó en Su día. Leamos el versículo 11 de este capítulo 7 de Jeremías.

"¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta Casa, sobre la cual es invocado mi nombre? Esto también yo lo veo, dice el Señor."

Esta fue la misma acusación que el Señor pronunció cuando limpió el templo siglos mas tarde. En los días de Jeremías él profeta lo llamó cueva de ladrones porque la gente se pasaba la semana robando a sus hermanos y después venían piadosamente al templo. No había habido ningún cambio en los hábitos comerciales ni en las relaciones personales entre ellos.

Hay diversidad de opiniones sobre las grandes concentraciones o congresos. Lo cierto es que no se debe confundir al entusiasmo por un movimiento del Espíritu de Dios. Tales reuniones no constituyen necesariamente una muestra de una auténtica renovación. No se produce una renovación espiritual a menos que ésta transforme vidas.

EL movimiento Wesleyano, en Inglaterra, por ejemplo, cambió muchas vidas. Afectó al consumo de alcohol en mucha gente, cambió las condiciones laborales en las fábricas y se promulgaron leyes laborales que protegieron los derechos de los menores de edad. Aquel fue un movimiento espiritual que influenció en las vidas de las personas. Hoy necesitamos esa clase de renovación, que afecte en profundidad a las vidas de las personas tanto a nivel personal en su relación con Dios como en relación con sus semejantes en el aspecto social. Debido a la falta de esos tipos de renovación de gran alcance comunitario, muchas veces las reformas sociales en muchos países se malogran a causa de la deshonestidad, corrupción y apropiación indebida de fondos.

Ese fue el mensaje de Jeremías en su tiempo. Usted puede imaginarse lo popular que el profeta habrá sido, al permanecer en pie a la puerta del templo proclamando el mensaje de Dios. Podemos visualizarlo con la imaginación, un joven solitario, que estaba comunicando su mensaje con el corazón quebrantado. Pero él estaba expresándolo fielmente, y causó una renovación parcial.

Leamos ahora el versículo 16, que comienza un párrafo que nos habla sobre

El juicio por la idolatría

"Tú, pues, no ores por este pueblo; no eleves por ellos clamor ni oración, ni me ruegues, porque no te oiré."

Aquí fue como si Dios le hubiera dicho: "Jeremías, no necesitas orar por este pueblo hasta que ellos se vuelvan a mí". Este es un versículo tremendo, al decir Dios que sería inútil orar por aquella gente. La nación se había alejado mucho de Dios y, a menos que se volvieran a El, no habría esperanza para ellos. (En cierta ocasión, un predicador fue a visitar a un miembro de su Iglesia que estaba en el hospital enfermo, y decidió orar por él.Un hombre que estaba a su lado le dijo: ¿podría usted orar por mí también? Y el Pastor a su vez le preguntó: "¿Es usted creyente?" Y este hombre le contestó: "No, pero creo en Dios". El pastor le dijo entonces: "Bueno, eso no hace de usted un creyente. Y entonces procedió a explicarle el evangelio y le pidió que depositara su fe en el Señor Jesucristo. El otro enfermo respondió que no podía hacerlo, pero insistía en que orara por él. Entonces el pastor le dijo: "Bueno, yo voy a orar por usted, pero no de la forma en usted quiere que ore. Usted quiere que yo ore para que usted se sane y reciba la bendición de Dios, pero yo voy a orar para que usted se salve; ésta es la única oración que yo puedo hacer por usted". Es que a veces oramos para que algunas personas sean bendecidas por Dios, cuando deberíamos estar orando para que se salven).

Ahora, eso fue lo que Dios le estaba diciendo a Jeremías: "No te quedes allí en el templo orando para que esas personas no vayan al cautiverio. Ora para que se vuelvan a mí. Les estás comunicando un mensaje mío, en el cual les digo, cual es la actitud importante que deben adoptar". Eso era lo que comúnmente se dice "ir al grano", ¿no le parece? Y nos afecta también a nosotros. Dios no está tan interesado en el ritual que usted sigue el día domingo en la iglesia, como lo está en su comportamiento durante la semana. El lugar o la ocasión para juzgar si un cristiano es o no auténtico, no es observarle en la iglesia el domingo, sino verle en su vida diaria durante los días de la semana. Continuemos leyendo el versículo 23 de este séptimo capítulo de Jeremías.

"Pero esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien."

Aquí vemos que Dios afirmó claramente que El quería la obediencia de ellos. Era bueno y hermoso acudir al templo, pero no era un substituto para la obediencia.

Se ha dicho que algunas personas van a la iglesia para observar a los demás, y otras, para cerrar sus ojos. Puede que esto sea cierto en muchos casos. El propósito de estas personas no es el de adorar a Dios. Sus vidas no han sido transformadas. Critican a otros cristianos y en cuanto a su vida en el mundo, se parecen a los creyentes del tiempo de Jeremías, que además de ir al templo, iban aun al altar de Baal y a los ídolos. La diferencia con aquellos antiguos israelitas, sería la nueva identidad de los ídolos de nuestra época, y la coincidencia con aquellos israelitas, estaría en vivir vidas sin un testimonio activo para el Señor. Por supuesto que tiene importancia el testimonio de asistir a la iglesia, pero el testimonio que cuenta es el que presentamos en nuestra vida pública ante el mundo. Así que este mensaje fue muy real y personal y continúa siéndolo, ¿no le parece? Y el mensaje de Dios continuó en los versículos 26 y 27:

"Pero no me escucharon ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su corazón e hicieron peor que sus padres. Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te escucharán; los llamarás, pero no te responderán."

Como otros predicadores, Jeremías no pasó por la experiencia de ver gente acercarse para identificarse con Dios. Su mensaje fue desatendido. Sin embargo, su responsabilidad era entregar ese mensaje. Dios le dijo que cumpliera esa tarea, que difundiera Su Palabra, incluso si no hubiera respuesta al mismo. Para nosotros lo importante no debe ser contar las personas que escuchan y evaluar la respuesta a nuestro mensaje. Lo fundamental es el informe que debemos presentar ante Dios, ser fieles en comunicar Su Palabra, y respaldarla con nuestras vidas. Y el versículo 29 de este capítulo 7 de Jeremías continúa diciendo:

"¡Córtate el cabello, arrójalo y levanta llanto sobre las alturas, porque el Señor ha aborrecido y dejado a la generación objeto de su ira!"

Aquí vemos que Dios los llamó la generación objeto de su vida. Fue como un anuncio que el juicio vendría sobre Jerusalén. Dice el versículo 31:

"Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar en el fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé ni me pasó por la mente."

Tofet era el lugar alto pagano del valle de Hinom, donde los niños eran sacrificados sobre los brazos de bronce previamente calentados del ídolo Moloc. Y ahora podremos ver que

Nadie se arrepentió de su maldad

Este capítulo continúa con el mensaje de Jeremías, pronunciado desde la puerta de la casa del Señor.

Leamos ahora el versículo 9 de este

Jeremías 8

"Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; aborrecieron la palabra del Señor; ¿dónde, pues, está su sabiduría?"

La culminación de su pecado fue que estaban rechazando la Palabra del Señor.

Hoy muchas naciones tratan de protegerse de enemigos externos acumulando armas. Aunque la defensa sea legítima, no olvidemos que cualquier nación, iglesia o individuo se desintegra desde su interior. Lo fundamental no es lo que sucede en el exterior, sino dentro de nosotros mismos. Este es el problema decisivo.

Jeremías penetró profundamente en los sentimientos de su pueblo, compartiendo con ellos este lamento. Leamos los versículos 20 al 22 de este capítulo 9 de este libro:

"¡Pasó la siega, se acabó el verano, pero nosotros no hemos sido salvos! ¡Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; abrumado estoy, el espanto se ha apoderado de mí! ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hubo sanidad para la hija de mi pueblo?"

Aunque Dios había hecho una provisión adecuada para la restauración de ellos, ellos rechazaron el remedio. Veamos un nuevo capítulo y párrafo

Jeremías 9 - Jeremías compartió la angustia con Dios

Este capítulo se inició con una expresión de la congoja personal de Jeremías a medida que él veía que el pueblo rechazaba la tierna solicitud de Dios. Dice el versículo 1 de este capítulo 9 de Jeremías:

"¡Ay, si mi cabeza se hiciera agua y mis ojos fuentes de lágrimas, para llorar día y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!"

Este fue el efecto que tuvo en Jeremías. ¿Cómo entregó El su mensaje? ¿Era él un hombre con un carácter duro, a quién le gustaba criticar a los demás y excluirlos? No, el permaneció allí entregando el mensaje mientras las lágrimas corrían por su sus mejillas. El mensaje que tuvo que comunicar quebrantó su corazón. Siglos más tarde, el pueblo de Israel vio a Jesús llorando sobre la ciudad de Jerusalén, cuando El tuvo que comunicar a aquella ciudad un duro mensaje, y entonces los judíos recordaron a Jeremías, el profeta que lloraba, y algunos incluso pensaron que Jesús era Jeremías que había regresado. Y continuó el mensaje en el versículo 2 de Jeremías 9,

"¡Ay, quién me diera en el desierto un albergue de caminantes, para abandonar a mi pueblo y apartarme de ellos!, porque todos ellos son adúlteros, una congregación de traidores."

El profeta ansiaba retirarse a un lugar desértico donde no tuviera que ver el pecado de su pueblo, que estaba conduciendo la nación a la ruina. Y en los versículos 23 y 24 de este capítulo 9 de Jeremías continuó diciendo:

"Así ha dicho el Señor: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice el Señor."

Estos son 2 hermosos versículos de la Biblia. Pueden considerarse separados y han sido frecuentemente citados solos. Sin embargo, necesitamos recordar que fueron pronunciados ante un pueblo que había rechazado la Palabra de Dios.

Nos llaman la atención las palabras del v. 24, Más alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y en conocerme. Lo que necesitamos desesperadamente son líderes cuyo conocimiento llegue más allá de la filosofía actual que excluye a Dios. Necesitamos a personas que conozcan a Dios, que conozcan Su Palabra, y que la obedezcan. La gran necesidad de nuestras sociedades es un retorno a Dios. Debemos dejar a un lado nuestra hipocresía, nuestra sofisticación, y nuestra ilusión de ser gente tan inteligente que ya lo sabe todo. Nos jactamos de nuestros logros, de nuestros éxitos, cuando nuestra mayor necesidad es vivir de una manera que honre y traiga gloria a Dios.

En nuestro próximo programa comenzaremos con el capítulo 10, que concluyó el mensaje de Jeremías pronunciado a la puerta de la casa del Señor, y que comienza una sección (formada por los capítulos 10-12) sección que nos hablará de la reforma y renovación espiritual, que se produjo después del hallazgo del Libro de la Ley. 

ESTUDIO BIBLICO DE JEREMIAS 4.1;6.30


Estos capítulos nos presentan a Jeremías haciendo frente a la reincidencia y rebelión del pueblo. Nos encontramos en ese período en el que el rey Josías estaba llevando a cabo una reforma, pero antes de que la Palabra de Dios fuera encontrada en el templo. Por lo tanto, se trataba de una reforma, no de una renovación espiritual. Los cambios que estaban teniendo lugar eran poco profundos, Josías era sincero y seguramente se estaba acercando a Dios. Había escuchado al profeta Jeremías. Pero el pueblo no estaba volviéndose a Dios de una manera genuina, aun considerando que Jeremías dirigió específicamente al pueblo las profecías que había pronunciado.

Nos encontramos en el segundo mensaje pronunciado por Jeremías, mensaje que comenzó en el capítulo 3 y continúa hasta incluir el capítulo 6, y cuyo tema es la rebeldía del pueblo. EL 3:10 dice, 10Con todo esto, su hermana, la rebelde Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice el Señor». Ellos se estaban volviendo a Dios solamente de una manera exterior. Estaban concurriendo al templo y cumpliendo los rituales, pero su corazón no estaba identificado con su actitud externa. Esto era algo que el rey Josías estaba tratando que se produjera. Esta actitud nos revela que puede haber una reforma sin una renovación espiritual. La reforma sin una renovación en profundidad, nunca constituye un cambio verdadero.

No estamos seguros de que lo que hoy estamos viendo en algunos lugares puede ser considerada una verdadera renovación. Este renovado interés en la Palabra de Dios podría convertirse en una renovación espiritual, pero también podría ser que muchas personas estén viviendo meramente, una experiencia emocional o superficial. Está por ver si están verdaderamente convertidas o no.

Aunque en los días de Jeremías hubo una reforma, antes que un verdadero retorno a Dios, fue suficiente como para impulsar al profeta a pronunciar una profecía tremenda en 3:16-18. El dijo que en aquel tiempo todas las naciones se reunirían en la casa de Dios en Jerusalén. Incluso ese hecho tendría que haber alertado al pueblo de Judá a no convertir la adoración del templo, en un mero ritual. Pero ellos no reaccionaron ante esa apelación. Sin embargo el Señor continuó apelando y diciéndoles en 3:22:

"¡Convertíos, hijos rebeldes, y os sanaré de vuestras rebeliones!"

En el comienzo del capítulo 4 encontramos una expresión de la respuesta de Dios a cualquier movimiento por parte del pueblo hacia El. Leamos el versículo 1:

"Si te has de volver, Israel, dice el Señor, vuélvete a mí. Si quitas de delante de mí tus abominaciones y no andas de acá para allá"

El Señor estaba vitalmente interesado en ellos y quería restaurarlos a una relación apropiada con El. Les dijo que si solo se volvían a El, no les quitaría de la tierra. Y continuamos leyendo los versículos 2 y 3:

"Y si con verdad y conforme al derecho y la justicia juras: Vive el Señor, entonces las naciones serán benditas en él, y en él se gloriarán. Porque así dice el Señor a todo hombre de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros y no sembréis entre espinos."

En otras palabras, la reforma no era buena. Uno puede sembrar la semilla en la tierra, pero la tierra necesita estar preparada para ello, y no merece la pena sembrar entre espinos. Y el Señor lo expresó de una manera diferente en Mateo 7:6, diciendo: No echéis vuestras perlas delante de los cerdos. Creemos que hay ciertos momentos, y ciertos lugares en los que no tiene sentido exponer la Palabra de Dios. Hay ocasiones en las cuales algunos intentan evangelizar porque les parecen oportunidades espectaculares y sensacionales. Pero Dios dijo. Arad campo, (es decir, que hay que abrir surcos, preparar ese terreno no labrado, no cultivado). EL Dr. Ironside dijo: "La reja del arado de la convicción debe remover, revolver el terreno endurecido del corazón."

En el resto de esta sección, encontraremos la primera acusación contra el pueblo. Dios pronunciaría un juicio sobre ellos y les llamaría para que regresaran al Señor. Finalmente, habrá una clara predicción de juicio. Realmente, Jeremías no tenía pelos en la lengua al tratar este tema.

Creemos que en nuestro tiempo debería escucharse más del mensaje de los profetas, antes que el mensaje de consuelo que generalmente se escucha. El Terreno duro necesita ser quebrado. Espiritualmente hablando, nuestra sociedad está en peligro. Ninguna nación actual puede considerarse invencible o invulnerable a una caída por causas internas. Babilonia cayó en una noche; Alejandro Magno murió en una noche y todo el imperio se desmoronó. El Imperio Romano cayó por causas internas. Y lo mismo le puede suceder a cualquier sociedad que tenga una cierta imagen de solidez, pero que se esté consumiendo interiormente por causa de un creciente deterioro moral. En este pasaje se establece un principio básico de restauración espiritual, comenzando por evitar el sembrar en un terreno espinoso, y preparando el terreno, resquebrajando su dureza en una actitud de humillación ante Dios.

Dios continuó ofreciendo al pueblo de Judá una oportunidad para regresar a El, Y dijo en el versículo 4:

"Circuncidaos para el Señor, quitad el prepucio de vuestro corazón, hombres de Judá y moradores de Jerusalén, no sea que mi ira salga como fuego, que se encienda y no haya quien la apague a causa de la maldad de vuestras obras."

Ellos estaban cumpliendo el rito exterior de la circuncisión, que era la señal del pacto, que mostraba que pertenecían a la nación de Israel, pero Dios no había dado esa señal simplemente como una forma ritual o una ceremonia. Se ha demostrado que la circuncisión tiene un valor terapéutico concreto, pero lo importante era su valor espiritual. Sus corazones necesitaban volverse hacia Dios.

Entonces el profeta Jeremías les informó que vendría una potencia del norte, que sería Babilonia, que finalmente los destruiría. Veamos lo que nos dicen los versículos 6 al 8:

"Alzad bandera en Sión, huid, no os detengáis, porque del norte hago yo venir mal y quebrantamiento grande. El león sube de la espesura, el destructor de naciones está en marcha; ha salido de su lugar para poner tu tierra en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y sin morador. Por eso, vestíos con ropas ásperas, lamentaos y gemid, porque la ira del Señor no se ha apartado de nosotros."

El pueblo de Judá había visto que las 10 tribus del norte (o sea el reino de Israel) habían sido llevadas al cautiverio. Entonces Jeremías les estaba pidiendo que consideraran ese trágico hecho como una advertencia. Dios estaba permitiendo el surgimiento de una nueva potencia en el norte, y esa potencia descendería y finalmente destruiría al pueblo de Judá.

El hombre natural, normal, no puede producir ninguna justicia. Por tal motivo el profeta llamó al pueblo para que aplicaran la circuncisión a sus corazones. Pero aquí vemos que la gente se negó a volverse a Dios. Cuando una nación, una iglesia o un individuo rechazan a Dios, entonces, Dios también los rechaza. Recordemos que el Señor Jesús vino y se ofreció a Sí mismo como rey de Israel. Cuando los israelitas le rechazaron, El a su vez los rechazó. Y entonces les dijo, en Mateo 23:38, Vuestra casa os es dejada desierta. Le sugerimos leer todo el capítulo 23 de Mateo; si su lectura no le hace sentir temor, nada lo hará. No vale la excusa de presentar a Jesús solo como un ser de carácter apacible y tierno. Los judíos le rechazaron como su Rey, y entonces El los rechazó a ellos.

Amigo oyente, usted es libre para rechazar a Dios, en el ejercicio de su libre voluntad, pero, recuerde; si usted rechaza a Dios, Dios lo rechazará a usted. El es misericordioso y compasivo, bueno y paciente. Le da a usted amplias oportunidades para volverse a El. Pero resulta aleccionador ver lo que le sucede a un pueblo privilegiado que rechaza a Dios, sea Israel o la iglesia. Dios finalmente los rechazará a ellos, y los demás los consideran como réprobos, como desechados, como inútiles.

Hay demasiadas personas que presumen hoy de ser seguidoras del Dios vivo y verdadero. Muchos de ellos son miembros de iglesias e incluso, por su cantidad a veces se consideran miembros de sociedades o pueblos cristianos. Pero si no hay un énfasis en la Palabra de Dios, y no están siguiendo realmente al Dios vivo y verdadero es solamente una apariencia.

Hace mucho tiempo apareció un artículo en una conocida revista titulado "El libro que casi nadie lee". Por supuesto, se estaban refiriendo a la Biblia. Y estamos de acuerdo con ese título, y en desacuerdo total con el contenido del artículo, que decía lo siguiente: "Resumiendo, una forma de describir la Biblia, escrita por muchas manos diferentes durante un período de 3.000 años o más, sería decir que es una colección desordenada de unos 60 libros extraños, que con frecuencia son aburridos, toscos, oscuros, y en los que abundan contradicciones e inconsistencias. Es como un libro compuesto por una mezcla de residuos, un estofado irlandés de poesía y propaganda, de ley y legalismo, y de mito y oscuridad, de historia e histeria". Hasta aquí la cita. El hombre que escribió este artículo no tiene la menor idea del contenido de la Palabra de Dios. Podemos decir que estaba proyectando la frustración de su vida interior, su propia confusión, y su fracaso humano. ))

Las generaciones actuales están en la misma condición y posición en que se encontraba aquel pueblo en los días del profeta Jeremías. La nación de aquel tiempo había rechazado a Dios, pero la gente fingía seguirle. Fue por ese motivo que se encontraron con que Dios los rechazó.

Vamos ahora a destacar algunos puntos a medida que examinemos este mensaje. Leamos el versículo 22 de Jeremías 4:

"Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y faltos de entendimiento; son sabios para hacer el mal, pero no saben hacer el bien."

Una persona que tenga una buena formación intelectual y que no sea creyente, al no conocer a Dios, no podrá entender ni explicar a otros el contenido de la Palabra de Dios. (Es el caso del autor que citamos antes y que no era competente para escribir evaluando la Biblia).El tiene que conocerle primero, tener una relación con El para conocer y comprender Su Libro. Resulta interesante comprobar que usted puede leer un libro humano y entenderlo, sin conocer al autor del libro. O sea, que un libro humano escrito por un autor humano, puede ser leído y comprendido por otro ser humano. Pero si usted quiere conocer la Biblia, necesita conocer a su Autor y tenerle como su maestro. Porque solo el Espíritu de Dios puede hacer que la Palabra de Dios sea real para usted. Pasemos ahora al

Jeremías 5

Leamos el versículo 1, en el cual

Jeremías explicó algunos pecados específicos

"Recorred las calles de Jerusalén, mirad ahora e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis un solo hombre, si hay alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo lo perdonaré."

Algunos seguramente recordarán la historia que se contó sobre el filósofo griego Diógenes. El era un hombre algo excéntrico, que iba por las calles de Atenas con un farol. Cuando le preguntaron qué estaba buscando respondió: Estoy buscando a un hombre honrado". Y al parecer no encontró ninguno.

Dice aquí el versículo que acabamos de leer, si hay alguno que practique la justicia. . . lo perdonaré. ¿Por qué el patriarca Abraham no continuó intercediendo ante Dios por las ciudades de Sodoma y Gomorra? El dejó de orar después de haber pedido a Dios que perdonara a la ciudad por causa de 10 hombres justos. Dios habría salvado a la ciudad si hubiera habido en ella 1 justo. El tenía que hacer salir de la ciudad a un hombre, a Lot, antes que pudiera destruirla.

Veamos ahora cómo Dios habló al pueblo. Leamos el versículo 8 de este quinto capítulo de Jeremías.

"Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo."

Este es uno de los grandes pecados. El pecado de la llamada libertad sexual. No se describe de esa manera tan cruda, sino como una nueva forma de entender la sexualidad y la moralidad en general. Pero Dios aun califica al adulterio como pecado. En realidad en este pasaje vemos que usó un sarcasmo de primera categoría al hablar de los caballos bien cebados y fogosos que relinchan por la mujer ajena. Este bien podría ser una imagen de nuestra cultura contemporánea. Y la descripción continúa en el versículo 27 de este quinto capítulo de Jeremías, que dice:

"Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se han hecho poderosos y ricos."

En nuestra generación hemos visto a muchos jóvenes abandonar sus hogares debida a las situaciones que se viven en tantas familias. Hemos hablado con muchos de estos jóvenes y creemos que este versículo nos presenta una evaluación válida de lo que está ocurriendo. Y a partir de ahora veremos que

Judá se negó a escuchar

Ahora, el profeta Jeremías concluyó su mensaje en este capítulo al cual llegamos, el capítulo 6. Leamos entonces el versículo 13 de este

Jeremías 6

"Desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores."

Aquí vemos que la totalidad de la nación estaba obsesionada por la codicia. Y la codicia, es el pecado de nuestra sociedad. Para muchas personas, aunque no lo reconozcan abiertamente, el objetivo en la lucha por la vida es la acumulación de riquezas, la fama, el poder, y la capacidad de dar rienda suelta a las pasiones sexuales. A estas preferencias se reduce la vida de tantas personas. Leamos ahora el versículo 14, del capítulo 6 de Jeremías:

"Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: "Paz, paz", ¡pero no hay paz!"

Como dijimos antes, se estaba llevando a cabo una reforma superficial. La sanidad era incompleta, se limitaba a un leve alivio de la enfermedad. Era como aplicar talco sobre una grave herida o un tumor canceroso, y después decir que estaba curado. Y con respecto a los deseos de paz que manifestaban en aquel tiempo, sin que hubiera paz, podríamos decir que hoy también oímos hablar a muchos de paz, e incluso con buenas intenciones, Sin embargo, mientras resuena la palabra "paz" por todos los rincones de la tierra, el mundo parece estar preparándose para el conflicto final. Continuemos escuchando los anuncios de juicio leyendo el versículo 19 de este sexto capítulo de Jeremías:

"Oye, tierra: Yo traigo el mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos, porque no escucharon mis palabras y desecharon mi Ley."

Es decir, que al rechazar la Palabra de Dios, ellos rechazaron a Dios. Y cuando los hombres rechazan a Dios, siempre se producen consecuencias. Leamos, finalmente por hoy, el versículo 30 de este capítulo 6 de Jeremías.

"Plata desechada los llamarán, porque el Señor los desechó."

Fue como si Dios le hubiera dicho al pueblo de Judá: "Habéis rechazado mi ley, y entonces, yo os rechazaré. Y cuando yo os rechace, las personas del mundo os van a rechazar también". Esta afirmación es interesante. Sucedió de esa manera en los días de Jeremías, y ha estado ocurriendo de la misma forma en nuestro tiempo. Estimado oyente, éste es un solemne mensaje, porque tiene que ver con nuestra relación con Dios. Haríamos bien en prestar atención a estas serias advertencias, y no considerarlas a la ligera, con frivolidad. Sería bueno escuchar y asimilar estas lecciones y ejemplos que Dios nos ha venido dando a través de la historia, para que recurramos a El. 

Estudio bíblico de Jeremías 3:1-25

En el primer mensaje de Jeremías, comenzado en el capítulo 2, Dios había condenado a Judá por dos motivos: Habían rechazado al Señor y habían creado sus propios dioses. Los primeros versículos de este capítulo 3 continúan con este tema. Los mensajes de los capítulos 2 al 6 fueron dados durante los primeros cinco años del ministerio de Jeremías, antes de que se hallara el Libro de la ley. Sin embargo, durante ese tiempo, Josías, un joven como Jeremías, estaba buscando al Señor e instituyendo ciertas reformas en la nación. Principalmente, estaba intentando limpiar a Judá de la idolatría. En realidad, esa nación había abandonado al Dios viviente y se había entregado a la idolatría. Podemos ver que los esfuerzos combinados de este joven rey y del joven profeta Jeremías tuvieron un efecto tremendo sobre la nación.

El pueblo se había inclinado hacia la idolatría porque era la forma de vida más fácil y más popular. Pero era un sendero que conducía a rebajar sus normas y los hizo descender a un nivel moral bajo. El versículo 1 del capítulo 3, dice lo siguiente:

"Dicho está: Si alguno deja a su mujer, y esta se va de él y se junta a otro hombre, ¿volverá de nuevo a ella? ¿No será tal tierra del todo mancillada?. Tú, pues, que has fornicado con muchos amigos, ¿habrás de volver a mí?, dice el Señor."

Como podemos apreciar, el reino de Judá había caído a un nivel muy bajo y había una gran inmoralidad en ese pueblo. Sin embargo Dios estaba pidiendo a aquella gente que volviera a El. En el versículo 2 el profeta les dijo:

"Alza tus ojos a las alturas desoladas, y ve si hay algún lugar donde no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como un árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y tu maldad has contaminado la tierra."

Cuando hablamos de idolatría, no estamos simplemente hablando acerca de hacer una imagen pequeña para adorarla. Cualquier cosa a la cual el hombre se entrega incondicionalmente, es idolatría. La Biblia enseña que la codicia es idolatría, porque cuando una persona codicia algo, dedica su tiempo y su energía para lograrlo. Especialmente en estos últimos tiempos vemos a muchísima gente dedicada a cometer cualquier tipo de pecado, y la energía que dedican a ello es tremenda. Pero, es que en el momento en que el hombre se aparta, se aleja del Dios viviente, se volcará en cualquier cosa. Será algo que él ha ideado o hecho, que se convertirá en su dios, en su ídolo.

El Dr. Campbell Morgan ha escrito con mucha claridad la siguiente declaración sobre la naturaleza de la idolatría, y sobre la adoración del verdadero Dios. "Cuando un hombre hace un dios según las normas o modelo de su propio ser, él hace un dios como él mismo; es una ampliación o extensión de su propia imperfección. Más aún, el dios que el hombre hace para sí mismo, demandará de él aquello que está de acuerdo con su propia naturaleza. . . Los hombres son fieles a aquellos dioses que no les piden nada que no esté en armonía con los deseos de sus propios corazones. Cuando Dios llama al hombre, es el llamado de un Dios santo; de un Dios de pureza; de un Dios de amor. Y Él demanda que el hombre se eleve a la altura de Él. Él no puede acomodarse a la depravación de la naturaleza de los seres humanos. Él no consiente las cosas que ellos desean en su interior y que sean impureza y maldad. Él quiere elevar a los hombres, para que lleguen aun más alto, hasta que alcancen la altura de la perfecta conformidad con Su santidad. El llamado de Dios a la humanidad es siempre primero puro y después pacífico; primero santo y luego feliz; primero justo y luego alegre". Hasta aquí la declaración del Dr. Campbell Morgan.

Así que Dios dijo claramente que la generación de Jeremías en el reino de Judá, se había entregado incondicionalmente a la idolatría. Y como resultado, había una gran inmoralidad en aquel pueblo. Cuando El dijo: Alza tus ojos a las alturas desoladas uno debe entender cuan escandalosamente inmorales eran aquellos lugares altos. Un lugar alto era un bosquecillo de árboles en el que se había edificado un altar. Allí se celebraban toda clase de orgías sexuales y excesos alcohólicos. Realmente, el pueblo de Judá había caído muy bajo.

Y nuevamente la analogía es evidente, ¿no le parece? La sociedad contemporánea en general, ha abandonado al Dios vivo y verdadero, lo cual resulta obvio en la condición moral de muchas personas, para quienes las únicas limitaciones en esa área son las que permitan las circunstancias. La falta de respeto a las leyes, evidentes en los subterfugios para burlar mas normas jurídicas, la deshonestidad y la corrupción parecen extenderse en muchos sectores sociales. La conversación y el vocabulario descienden de nivel y reflejan la tendencia que estamos describiendo, incluso a partir de la niñez y la adolescencia. Y Dios dijo en el versículo 3:

"Por esta causa las aguas fueron detenidas y faltó la lluvia tardía. Te has mostrado como una prostituta, y no has querido avergonzarte."

Aquí vemos que Dios les dijo que ya había comenzado a juzgarlos reteniendo las lluvias. Incluso en el día de hoy aquella tierra es seca y casi tienen más necesidad de agua que de petróleo. En el desierto del Neguev no encontraron petróleo pero sí agua, y la valoran muchísimo. Creemos que cuando los judíos regresen a Israel bajo la guía y bendición de Dios, van a tener toda el agua que necesiten. Dios ha dicho que El la supliría.

Creemos que podemos ver el juicio de Dios en la gran cantidad de calamidades a gran escala que se están sufriendo en diferentes regiones del mundo, ( y en las que se anuncian para los años venideros. Es como si Dios permitiera que los resultados de los crecientes excesos del egoísmo y la maldad humanas fueran cada vez más evidentes en el mundo de la naturaleza, para que se ponga en evidencia que, como dice Gálatas 6:7, Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. ) Pero desgraciadamente, estos desastres no parecen despertar a los seres humanos para hacerlos volver a El. Ahora llegamos a la segunda sección de esta división del libro titulada

La acusación de reincidencia y rebeldía durante el reinado de Josías

que se extiende desde este 3:6 y abarca también todo el capítulo 6. Y así llegamos al segundo mensaje de Jeremías. En este mensaje Dios acusó al pueblo de reincidir. La palabra rebeldía se utilizó 8 o 9 veces en este capítulo y algunas versiones la traducen dando la idea de infidelidad. En este capítulo encontramos más de la mitad de las citas de la totalidad de este libro. Y en Jeremías encontramos esta palabra o idea usada más que en todo el resto de la Biblia. /h4>

La palabra, ya sea que se exprese como rebelión o como infidelidad, no contiene solo la idea de recaer, de reincidir. Dios nos presentó una imagen viva de lo que quiso decir en este versículo cuando dijo en el libro de Oseas 4:16ª, Porque como novilla indómita se apartó Israel. Si usted ha tenido oportunidad de trabajar en el campo y de intentar que las novillas subieran a los camiones para ser transportadas de un lugar a otro, sabrá lo que es tratar con estos animales. Cuando ellas se rebelan y no quieren subir al camión endurecen sus patas, se ponen tan rígidas como pueden y se obstinan de tal manera, que resulta poco menos que imposible obligarlas a moverse y andar. Y al tratar de empujarlas, al no querer avanzar, comienzan a resbalarse hacia atrás, se dejan deslizar hacia atrás de tal manera que es prácticamente imposible hacerlas andar. Esta es la imagen con la que Dios ilustró la rebeldía.

La rebeldía es negarse a seguir el camino de Dios, es negarse a escucharle a El. Y cuando nosotros actuamos como las novillas, cuando afirmamos nuestra voluntad contra la voluntad de Dios, terminamos haciendo lo mismo que esos animales, es decir, retrocediendo en vez de avanzar. Si nos rebelamos contra el Señor y Su voluntad, solo conseguimos alejarnos cada vez más de El. Leamos entonces el versículo 6 de este capítulo 3 de Jeremías:

"Me dijo el Señor en días del rey Josías: «¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Se ha ido a todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y allí ha fornicado."

Dios le estaba diciendo al reino de Judá que aprendiera la lección del reino de Israel, que ya había sido conducido al cautiverio. Y les recordó que Israel había hecho exactamente lo que ellos estaban haciendo. Había sido obstinada y rebelde como una novilla. Pero Dios había tratado de que Israel regresara a El, y ellos no lo hicieron así. Como resultado, fueron llevados al cautiverio. Así que lo que le sucedió a Israel les debería servir como lección y como advertencia al reino de Judá.

En el versículo 1 de este capítulo, Dios estaba preguntándole a Judá: ¿Habrás de volver a mí? En otras palabras les estaba diciendo: "Aunque os habéis prostituido, me pertenecéis a mí. Si regresáis, os recibiré". Y esa es la razón por la que, como sucedió en la parábola del hijo pródigo, cualquier hijo pródigo, o cualquier hija pródiga, o cualquier familia pródiga, o cualquier Iglesia pródiga, o cualquier nación pródiga, puede regresar a Dios. El recibirá a cualquiera que regrese a El. El hijo pródigo de la parábola no recibió ningún castigo cuando regresó a la casa de su padre. Los castigos los recibió en el país distante. En cambio, al regresar recibió besos. Casi se había muerto de hambre en lejanas tierras, pero al regresar al hogar su padre le preparó un banquete.

Pero Israel no había regresado a Dios. Se entregaron a la idolatría y Dios los envió al cautiverio. Y en este pasaje le estaba diciendo al pueblo de Judá: "Que esto sea una lección para vosotros". Y continuó diciéndoles en el versículo 7:

"Y dije: "Después de hacer todo esto, se volverá a mí", ¡pero no se volvió! Y lo vio su hermana, la rebelde Judá."

Dios dijo: "Yo le he dado a ella la oportunidad de que se vuelva a Mí. Yo la hubiera recibido, pero ella no quiso regresar", - y lo vio su hermana la rebelde Judá. El pecado de Judá fue extremadamente grave. Su cautiverio fue mucho peor que el de las 10 tribus del norte (o de Israel). La razón es bien evidente. Judá tuvo el cautiverio de Israel como un ejemplo a no seguir y, sin embargo, se negó a beneficiarse de él.

Esa es la tragedia de muchos países, países donde se tiene la Biblia. Pero, ¿cuántas personas la están leyendo? Judá no regresó a Dios, aún cuando tuvo el ejemplo de lo que le sucedió al reino de Israel. Dios juzgará a aquellos que tuvieron todas las facilidades para leer Su Palabra y no lo hicieron. El juzgará a cada uno según las oportunidades que tuvo. Ahora, en el versículo 9, de este capítulo 3 de Jeremías, leemos:

"Y sucedió que por juzgar ella cosa ligera su fornicación, la tierra fue contaminada, pues adulteró con la piedra y con el leño."

Es decir que ellos hicieron ídolos de esos materiales. Luego, en el versículo 10, añadió:

"Con todo esto, su hermana, la rebelde Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice el Señor»."

El movimiento de reforma que tuvo lugar bajo el rey Josías constituyó una renovación, no hay duda sobre ello. Mucha gente se volvió a Dios. Pero fue tan popular porque para muchos no fue otra cosa que un retorno superficial a Dios. En general, en lo que concierne a la nación, fue una experiencia superficial con Dios.

Creemos que en el día de hoy, existe un renovado interés por la Palabra de Dios y creemos también que, más cantidad de gente está siendo salvada en el presente que en cualquier otra época. Pero tengamos cuidado. No se trata de una renovación espiritual. Mucho de lo que vemos es superficial. Y que nadie se engañe por la asistencia masiva a eventos de todo tipo o por los informes que hablen del número de personas que se han entregado a Cristo. Solo Dios sabe cuántos se han verdaderamente convertido. O sea que en la actualidad vemos una renovación superficial, a la vez que una renovación genuina. Y continúa diciendo el versículo 11 de Jeremías 3:

"Y me dijo el Señor: «Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la traidora Judá."

Observemos que Dios estaba dejando en claro que el pecado de Judá era peor que el pecado de Israel. Las 10 tribus del norte (o de Israel) no habían tenido la misma oportunidad que las tribus del sur (o de Judá). Las tribus del norte no tuvieron el templo, y tampoco tuvieron una copia de la Palabra de Dios. Por lo tanto, el juicio sobre Judá sería mayor. Y dijo en el versículo 12:

"Ve y proclama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, rebelde Israel, dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor; no guardaré para siempre el enojo."

Dios le estaba diciendo a Israel (al pueblo cautivo del norte) que les traería de regreso a su tierra si se volvían a El. Aquí vemos la gracia y la compasión de Dios. Y en el versículo 13 continuó diciendo:

"Reconoce, pues, tu maldad, porque contra el Señor, tu Dios, te has levantado, y has fornicado con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no has escuchado mi voz, dice el Señor."

Hoy el gran problema es la falta de confesión de pecado. Encontramos que en algunos movimientos que se consideran espirituales falta el arrepentimiento.

Estimado oyente, ¿dice usted que es un cristiano? ¿Qué quiere decir usted con ello? Quizás usted profesa haber confiado en Cristo. Pero ¿ha confiado para qué? Aun podría usted decir que ha confiado en El como su Salvador. Muy bien. Nos agrada oírlo. ¿Le salvó El del pecado? Recuerde que El murió en la cruz para salvarle del pecado, no para darle una nueva personalidad o para convertirle en una persona de éxito. El murió para salvarnos a todos de nuestros pecados. El fue entregado por nuestras ofensas -todos nosotros fuimos muy ofensivos hacia Dios. La palabra de Dios a través de Jeremías fue: Reconoce, pues, tu maldad. Y esas palabras fueran dirigidas no solo a Judá, sino también a nosotros. Y dijo también en el versículo 14:

"Convertíos, hijos rebeldes, dice el Señor, porque yo soy vuestro esposo; os tomaré, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y os introduciré en Sión."

Esta invitación resalta de una manera especial la gracia de Dios, que continuó diciendo en el versículo 15:

"Os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y con inteligencia."

Amigo oyente, si usted tiene un Pastor que enseña bien la Biblia, debería mostrarle su afecto, orar y protegerle, porque es una persona muy valiosa. Luego, en el versículo 16, leemos:

"Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice el Señor, no se dirá más: ?¡Arca del pacto del Señor!?. No vendrá al pensamiento ni se acordarán de ella, no la echarán de menos ni será hecha de nuevo."

EL principio del versículo se refiere al reino de Cristo en la tierra. Por todo el libro de Jeremías encontramos estos rayos de luz. ¿Ha estado usted fuera en un día nublado y, de repente, el sol atraviesa las nubes y puede verse un arco iris? Pues, bien, así lo veremos a través de este libro, al leer acerca de estas gloriosas profecías del futuro.

Continuemos leyendo los versículos 17 y 18:

"En aquel tiempo llamarán a Jerusalén Trono del Señor, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre del Señor, a Jerusalén; y no andarán más tras la dureza de su malvado corazón. En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres."

Dios ha colocado aquí una gloriosa profecía en cuanto al futuro. Es como una pequeña joya. Luego, al final del versículo 19 dijo:

"Me llamaréis Padre mío"

Ningún israelita en forma individual, jamás llamó a Dios "su Padre". Él era el Padre de la nación de Israel. Y en Exodo 4:22 dijo Israel es mi hijo., Pero Él nunca llamó a David, Su hijo; en el Salmo 89:3 lo llamó: David, mi siervo. El nunca llamó a Moisés, Su Hijo; en Josué 1:12 lo llamó: Mi siervo Moisés. Es solo en esta época de la gracia que somos llamados los hijos de Dios. ¡Qué privilegiados somos! Dijo el evangelista Juan en 1:12; Más a todos los que le recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Aquellos que hacen ni más, ni menos que sencillamente confiar en Su nombre, se convierten en hijos de Dios. Estimado oyente, ¿es El su Salvador del pecado? Si lo es, usted no es simplemente un pecador salvado, usted es un hijo de Dios. Y aquí en nuestro pasaje, El continuó su invitación en el versículo 22 de Jeremías 3:

"¡Convertíos, hijos rebeldes, y os sanaré de vuestras rebeliones! Aquí estamos, venimos a ti, porque tú, Señor, eres nuestro Dios."

El Señor dijo que El sanaría. Podemos decirle que si usted ha sido rebelde ante El, tiene una pequeña llaga en un lugar muy prominente. Pero Dios dijo: "Te sanaré si vuelves a mí". Y el versículo 23 añade:

"Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel."

Y en el Salmo 121:1-2, el rey David dijo: Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. La ayuda no les vendría de aquellos lugares altos de la idolatría en las montes. La ayuda vendría del Señor. Y finalmente por hoy, leamos el versículo 25 de Jeremías 3:

"Yacemos en nuestra vergüenza, nuestra humillación nos cubre; porque pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios."

El pueblo de Judá no confesó su pecado. Jeremías confesó los pecados de ellos y también los suyos propios.

No nos haría daño expresar a Dios alguna confesión de pecado. Oímos hablar de dones especiales y acerca de la bendición de Dios en forma especial. Y es hermoso escuchar esas buenas noticias. Deberíamos agradecer a Dios porque El nos bendice de tantas maneras. Pero ¿ha oído usted una confesión que exprese que no alcanzamos la gloria de Dios? ¿Se ha presentado usted ante El y le ha dicho que se encuentra lejos de la presencia gloriosa de Dios? Realmente, estimado oyente, necesitamos humillarnos ante El. Judá no fue humilde ante Dios y Dios envió al pueblo al cautiverio. A veces me pregunto si el Señor no se estará preparando para castigarnos. Por ello necesitamos presentarnos humildemente ante El. Quiera Dios que nuestra reacción, nuestra respuesta, pueda expresarse con las palabras de la última parte del versículo 22, en la cual el pueblo respondió: Aquí estamos, venimos a ti, porque tu, Señor, eres nuestro Dios.

ESTUDIO BIBLICO DE JEREMIAS 2.1-37


nuestro recorrido por el libro de Jeremías. Con el capítulo 2 y según nuestro bosquejo o esquema general, comenzamos hoy la segunda división del libro de Jeremías, titulada "Profecías para Judá y Jerusalén anteriores al reino de Sedequías", división que se extiende desde el capítulo 2 hasta el 20. Dentro de esta gran división, comenzamos la primera sección, que hemos titulado "Doble condenación de Judá", que abarca desde el capítulo 2:1-3:5. Veremos que esa condenación doble se debió a que rechazaron al Señor, y a que crearon sus propios dioses.

Y en nuestro estudio anterior, cuando considerábamos el capítulo 1, vimos allí el impresionante llamado al servicio y la misión encomendada al profeta. Dios llamó a Jeremías cuando era un joven de unos 20 años de edad. También sabemos que el rey Josías tenía 21 o 22 años de edad cuando Dios llamó a Jeremías. Así que aquí tenemos a dos jóvenes en la tierra de Israel; un rey joven y un profeta joven.

Jeremías dejó bien en claro que él se sentía incapaz e indigno de semejante llamado divino. Sintió que no estaba a la altura de ese ministerio de profeta y presentó este sentimiento como una excusa. Dios le respondió que El pondría Sus palabras en la boca del profeta. El estaría comunicando las palabras de Dios y no las suyas propias.

Los capítulos 2 al 6 ofrecen el relato de los primeros 5 años del ministerio de Jeremías. Y considerando que él comenzó a profetizar en el décimo tercer año del reinado de Josías, estos mensajes fueron pronunciados en aquellos 5 años transcurridos antes del descubrimiento del libro de la Ley en el templo. Los mensajes de los capítulos 7 al 9 tenían que ver con la limpieza del templo y el descubrimiento del libro de la Ley, que tuvo lugar en el décimo octavo año del reinado de Josías. Después, entre los capítulos 10 y 12 se encuentran los mensajes que surgieron en el período de reforma y renovación que tuvo lugar después del descubrimiento del libro de la Ley. Encontraremos que la renovación fue más bien superficial porque no se colocó un énfasis adecuado sobre la Palabra de Dios.

Estimado oyente, tenemos que recordar que nunca se producirá una gran renovación o reforma hasta que se coloque un énfasis verdadero sobre la Palabra de Dios.

Para orientarnos en este período de historia, necesitamos estudiar la misma, junto con los libros proféticos. Por lo tanto retrocederemos hasta el capítulo 34 de 2 Crónicas, para encajar los mensajes de Jeremías en este momento específico de la historia. Dice 2 Crónicas 34:1-2, 1Tenía Josías ocho años cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. 2Hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en los caminos de David, su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda. Aquí tenemos a un rey sobresaliente que reinó en el ocaso del reino de Judá.

Continúa diciendo 2 Crónicas 34:3, 3A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David, su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas e imágenes fundidas. Entonces vemos que los primeros 5 años de profecía de Jeremías, transcurrieron durante este período.

Y el relato continúa. Dice 2 Crónicas 34: 4-8, 4Fueron derribados en su presencia los altares de los baales, e hizo pedazos las imágenes del sol que estaban puestas encima; despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, las desmenuzó y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. 5Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares y limpió a Judá y a Jerusalén. 6Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados alrededor. 7Después de derribar los altares y las imágenes de Asera, quebrar y desmenuzar las esculturas, y destruir todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén. 8A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y la Casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías, gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, el canciller, para que repararan la casa del Señor su Dios. Fue durante este tiempo de limpieza y reparaciones en la casa del Señor que el sacerdote Hilcías encontró un libro de la Ley tal como había sido dado a Moisés. En aquellos días había probablemente solo 2 copias, una era para el rey y la otra para el sumo sacerdote. Es que, antes de que Josías llegara al trono, Judá había descendido a un nivel aun inferior bajo los reinados malvados e impíos de su abuelo Manasés, y de su padre Amón. Ellos no habían tenido ningún interés por Dios o por Su Palabra, y la copia o copias de la ley en existencia finalmente acabaron perdidas entre la basura y escombros que se acumularon en un templo descuidado y abandonado.

El primer mensaje de Jeremías (2:1-3:5) fue dirigido a este pueblo que había abandonado al Dios vivo y verdadero. Sería difícil encontrar alguna porción de la Biblia que la supere en patetismo y ternura. Es una súplica elocuente y ferviente a Dios, quien había sido olvidado e insultado. Su gracia y compasión hacia la nación culpable, se mezclaron con advertencias solemnes sobre los terribles días que vendrían, si sus corazones no se volvían a El. Este es una de los grandes discursos de la Palabra de Dios. El joven rey Josías estaba buscando verdaderamente al Señor, pero él no disponía de la Palabra de Dios. Sin embargo, sabía que la idolatría debía ser eliminada. En ese momento el profeta era un hombre joven un profeta joven que le animaría a solucionar su problema.

Comencemos nuestra lectura de este segundo capítulo de Jeremías con los versículos 1 al 3, que empiezan el párrafo titulado,

El Señor rechazado

"Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Anda y proclama a los oídos de Jerusalén, diciendo que así dice el Señor: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel al Señor, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que lo devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice el Señor."

Dios estaba haciendo verdaderamente hermoso. Le estaba pidiendo a Israel que recordara la época de la primavera de su relación con El, cuando El los sacó de la tierra de Egipto, como siguieron a la columna de fuego por la noche y la columna de nube durante el día. Y en aquel desierto terrible y espantoso ellos buscaron al Señor y Dios se lo recordó. Después de que Dios les había bendecido y entregado una buena tierra, se apartaron de El. Como dijo el profeta Oseas hablando del reino del norte, En Deuteronomio 32:15 encontramos esta expresión, hablando de Israel Pero engordó Jesurún, y tiró coces. En su sociedad cómoda y sofisticada, ellos se apartaron del Dios vivo para servir a los ídolos.

Amigo oyente, aquí no podemos evitar el notar, que existe una analogía aquí entre el reino de Judá y la sociedad contemporánea de las naciones que suelen vivir en la abundancia, sociedades en las que Dios ha sido puesto a un lado. Y así como en los tiempos Bíblicos y como relató Hechos 19:28, los Efesios gritaban "¡Grande es Diana de los Efesios!", multitudes de personas de nuestro tiempo aclaman al dios del dinero, el poder y el consumismo, y se inclinan ante todos los ídolos que esta sociedad crea continuamente.

En el pasaje que hemos leído, en el versículo 2, Dios dijo Me he acordado de ti. Ellos se habían olvidado de Dios, pero El no los había olvidado. Aquí vemos la magnitud de la compasión de Dios.

Y también destacamos Su nostalgia, Su anhelo en estas palabras del versículo 3: Santo era Israel al Señor, Dios les estaba recordando su condición pasada, cuando eran conscientes de que pertenecían al Señor, le seguían y eran guiados por El. Dice el versículo 4 de este segundo capítulo de Jeremías:

"¡Oíd la palabra del Señor, casa de Jacob y todas las familias de la casa de Israel!"

Aunque las diez tribus habían sido llevadas conquistadas y cautivas por los Asirios, aun se encontraban por allí. No se perdieron como algunos creen, solo que es casi imposible encontrarlas hoy. Aquí en este pasaje, Dios se dirigió a la casa de Jacob y a todas las familias de Israel. El mensaje de Dios fue para ellos en aquel tiempo aunque estuvieran viviendo bajo el cautiverio de los Asirios. Y el versículo 5, de este capítulo 2 de Jeremías, dice:

"Así dice el Señor: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se volvieron vanos?"

Sin ninguna duda, este es uno de los grandes pasajes de las Sagradas Escrituras. Observemos la forma tierna en que Dios se dirigió a ellos, al decirles: "¿Qué mal les hice para que se apartaran de mí?"

Y en lo que se refiere a nuestro tiempo, ¿Qué problema hay con Dios para que tantas personas no estén interesadas en El? ¿Por qué tantas personas en el día de hoy no le están sirviendo? ¿Está Dios haciendo algo mal en el día de hoy? En aquel día de Jeremías Su pregunta fue: ¿Qué maldad hallaron en mi vuestros padres? Continuemos leyendo el versículo 6:

"No dijeron: "¿Dónde está el Señor, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón ni habitó en ella hombre alguno?"

La gente simplemente no acostumbraba a pasar por aquella tierra, y tampoco hay muchos que pasan por allí hoy. Pero Dios mantuvo a Su pueblo en aquella región inhóspita por 40 años, y allí les cuidó.Leemos en el versículo 7:

"Os introduje en tierra de abundancia, para que comierais su fruto y sus bienes; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad."

En la actualidad se oye hablar mucho sobre la ecología y la necesidad de aumentar y preservar la higiene de la tierra. Y ello es bueno, y muy necesario. Pero reconozcamos que se está acumulando a nuestro alrededor una gran cantidad de suciedad, de impureza moral, un enorme nivel de degradación y un deterioro del carácter de las personas. Y este fue el tema que Dios estaba tratando en este pasaje. Ellos habían contaminado la tierra de Dios. Dios tenía la intención de que ellos fueran testigos de El; en cambio, fueron tan malvados como la gente que se encontraba con ellos en esa tierra. Y continúa diciendo el versículo 8:

"Los sacerdotes no dijeron: "¿Dónde está el Señor?", y los que tenían la Ley no me conocieron; los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaron en nombre de Baal y anduvieron tras lo que no aprovecha."

Aquí vemos que Dios hizo responsables a los líderes espirituales. Creemos que el problema de un país comienza en la actitud o condición de los cristianos en su conjunto. Ninguna nación cae, hasta que primero cae espiritualmente. Primero se produce una apostasía espiritual, después una degradación moral y finalmente un estado de anarquía política. Esa es la forma en que cada nación deja de ser una gran nación.

Observemos la frase: Los sacerdotes no dijeron: "¿Dónde está el Señor?" Lamentablemente puede darse el caso que cristianos que ocupen un lugar de liderazgo en la enseñanza no conozcan bien la Palabra de Dios. Y como resultado, personas que no conocen la Palabra de Dios, tampoco conocen realmente a Dios. Es necesario conocer la Palabra de Dios para conocerle a El. Y el versículo 9 nos dice:

"Por tanto, pleitearé aún con vosotros, dice el Señor. Con los hijos de vuestros hijos pleitearé"

Dios dijo: "Aún no he roto mis relaciones con vosotros. Aún voy a continuar rogando". ¡Que grandeza vemos aquí en la actitud de Dios! Y Dios continuó diciendo en el versículo 13:

"Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua."

Aquí se resumen los dos males cometidos por los israelitas. En primer lugar, habían rechazado al Señor, la fuente del agua de vida. En segundo lugar, cavaron cisternas para ellos mismos, cisternas rotas que no podían retener el agua.

¡Cuántas personas hoy han cavado sus pequeñas cisternas, y beben el agua de sus propias cisternas! Por supuesto, no están encontrando satisfacción. Algunos son buscadores de dinero, y otros de la fama. Pero una vez que prueban lo uno y lo otro, nunca encuentran lo suficiente como para satisfacerse.

En este pasaje vemos que Dios continuó tratando con esa gente, mencionándoles por primera vez su recaída, su reincidencia. Finalmente por hoy, leamos el versículo 19 de este segundo capítulo de Jeremías:

"Tu maldad te castigará y tus rebeldías te condenarán; reconoce, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú al Señor, tu Dios, y no tener temor de mí, dice el Señor, Dios de los ejércitos."

En el capítulo 3 veremos que la resistencia se menciona en un solo capítulo tantas veces como en el resto de la Biblia; así que debe tratarse de un tema importante para Dios.

Los versículos 20-37, último párrafo de este capítulo, podría resumirse en la frase

Ellos crearon sus propios dioses

Y es que el resto del capítulo 2 constituye una polémica contra la idolatría, que continuará en el capítulo 3. Antes que citar detalladamente esta sección, estimado oyente, recomendamos que usted la lea en su totalidad. A medida que usted se familiarice con la profecía de Jeremías, se sorprenderá al ver que este pasaje se convierte para usted en un mensaje hermoso y apropiado.

Resulta interesante comprobar que cuando un ser humano rechaza a Dios, siempre creará un ídolo. Cuando las personas elaboran su propio dios, lo hacen a la medida de sus deseos, de sus pasiones, de sus inclinaciones. Ellas hacen un dios cuyas demandas puedan satisfacer. En otras palabras, ese dios es realmente una proyección de la viaje naturaleza del ser humano.

Nos detenemos, pues, en nuestro estudio, en el final del capítulo 2. En nuestro próximo programa comenzaremos a estudiar el capítulo 3 de este libro de Jeremías y esperamos contar con su compañía. Como usted mismo ya habrá observado, este libro contiene un mensaje sorprendentemente actual para nuestro tiempo, para nuestra generación. Este mensaje divino y sus advertencias para aquella generación, tiene una vigencia para nosotros en el día de hoy y nos lleva a enfrentarnos con conclusiones muy serías en cuanto a nuestra condición de cristianos, y en relación con el estado de la sociedad en que vivimos.

ESTUDIO BIBLICO DE JEREMISD 1.1-19


Jeremías 1:4-19

En el día de hoy, amigo oyente, regresamos a nuestro libro de Jeremías. En nuestro programa anterior presentamos un esquema general de este libro, en el cual dijimos que el capítulo 1 contenía el llamado del profeta durante el reino de Josías, rey de Judá. Después describimos la sucesión de reyes bajo los cuales Jeremías profetizó, culminando con Sedequías. Cuando éste se rebeló, Nabucodonosor vino y destruyó Jerusalén enviando a Sedequías cautivo a Babilonia. A Jeremías se le permitió continuar en la tierra de Judá y allí continuó su ministerio entre el remanente de israelitas que había quedado en Jerusalén. Pero ellos obligaron al profeta a ir con ellos a Egipto, donde Jeremías continuó su ministerio hasta el día de su muerte. Dijimos al final que hubo dos cosas que caracterizaron a la vida de Jeremías: sus lágrimas y su soledad. Podemos decir que esas son las señales del ministerio cristiano en las vidas de aquellos que sirven a Dios.

Ahora, en el versículo 4, de este capítulo 1 de Jeremías, leemos:

"Vino, pues, palabra del Señor a mí, diciendo"

Y así llegó la palabra del Señor a Jeremías. Nunca podríamos enfatizarlo demasiado. Tenemos que estar dispuestos a escucharla, porque es un mensaje de la Palabra de Dios. No nos proponemos explicar cómo Dios la hizo llegar al profeta, pero se la comunicó, y ha quedado registrada para nosotros como la Palabra de Dios. Continuemos leyendo el versículo 5:

"Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te di por profeta a las naciones."

Nos alegramos que la madre de Jeremías no creyera en el aborto, pues este gran profeta entonces no habría nacido. El fue una persona desde el mismo momento en que fue concebido. En el Salmo 139:15 el rey David dijo: No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Es decir, que él fue formado en el vientre de su madre, y en ese momento, su vida comenzó. Porque hay un gran desarrollo del feto en el mismo comienzo del proceso de gestación. El aborto es un crimen, a no ser que se lleve a cabo para salvar una vida. Esa es la forma en que la Palabra de Dios considera este tema. Dios le dijo a Jeremías, antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifiqué, te consagré.

Ahora, ¿por qué le habló Dios de esta manera a Jeremías? Estimado oyente, es que Dios le iba a pedir a Jeremías que comunicara un mensaje al pueblo de Judá que sería rechazado. El profeta iba a ser encarcelado debido a su identificación pública del lado de Dios. Su mensaje quebrantaría su propio corazón porque él amaba a su pueblo, y detestaba decirles lo que les iba a suceder.

Pero Dios quería un hombre como éste, un hombre tierno. Para comunicar al pueblo Su mensaje. A la corte de los antiguos reyes Acab y Jezabel Dios había enviado a un profeta duro llamado Elías. Pero antes de que el reino de Judá fuera conducido al cautiverio, Dios quiso que Su pueblo supiera que El los amaba, y que quería salvarlos, quería librarlos. Por tal motivo escogió a este hombre Jeremías.

Por lo tanto Dios le estaba hablando de esta manera a Jeremías para animarle. Le dijo que El era el que lo había llamado y lo había consagrado y nombrado profeta.

La palabra santificar simplemente significa "apartar, separar para el uso de Dios". Aquellas vasijas viejas que había en el tabernáculo o tienda del desierto y en el templo, que habían sido rozados y golpeados por el uso durante tantos años, fueron llamados "vasos santos" "vasos santificados". Y, teniendo en cuanta que el aspecto de tales vasos indicaba claramente que debían ser cambiados por otros nuevos, ¿por qué eran llamados "santos"? Porque estaban dedicados al uso de Dios. Cualquier cosa que esté separada, dedicada al uso de Dios se considera santificada.

Fue como si Dios le hubiera dicho a Jeremías: "Antes de que nacieras, te consagré para mi uso. Así que no te preocupes por el efecto de tu mensaje. Tu simplemente comunícalo".

Francamente, Dios espera lo mismo de mí y de cada uno de nosotros. Yo me siento cómodo al preparar estos mensajes y no ando con rodeos sino que digo las cosas directamente. Estamos presentando la Palabra de Dios tal como ella es. Esa es mi responsabilidad. Y digo esto con el mayor respeto. Yo no me siento responsable ante usted, estimado oyente, sino ante Dios, a quien tengo que rendirle cuentas. Lamento mucho si en alguna ocasión lo que yo diga no es de su agrado, aunque yo querría que lo fuera. Y conviene aclarar que la Palabra habla para todos. En ese sentido estamos todos en el mismo nivel y suele hablarnos primero a quienes la comunicamos a los demás; y a veces, esa Palabra señala áreas de nuestro carácter, de nuestra vida, que no nos agrada escuchar. Así que una vez que nos hemos examinado a nosotros mismos frente a ella, somos responsables ante Dios de comunicarla a los demás, porque hemos sido dedicados a este ministerio. Y a veces, las personas se resienten contra el mensajero, por causa del mensaje, porque el mensaje les molesta, les incomoda.

Y Dios continuó diciendo, como vemos en el versículo 5, te di por profeta a las naciones. Estas palabras le dieron autoridad a Jeremías. Le proporcionaron ánimo que le ayudaría a soportar los días oscuros que iba a vivir.

Veamos ahora la respuesta del profeta. Leamos el versículo 6:

"Yo dije: ¡Ah, ah, Señor Dios! ¡Yo no sé hablar, porque soy un muchacho!."

En aquellos días Jeremías tenía probablemente unos 20 años de edad, pero ante las palabras de este versículo no nos lo imaginamos con esa edad. En realidad, él no era un niño en la forma en que usted y yo pensamos de un niño. La palabra "niño" aquí es la misma palabra que se tradujo "joven" en Zacarías 2:4, donde el ángel le dijo a Zacarías: Corre, habla a este joven En verdad, Jeremías era un hombre joven y lo que quería decir era lo siguiente: "Yo soy joven, una persona sin experiencia. No soy capaz de llevar a cabo semejante tarea. No me considero preparado para ello."

Ahora, ¿se ha dado usted cuenta de que la persona que Dios usa, es la que piensa que no puede hacer las cosas? Si usted piensa que puede hacerlas hoy, entonces, estimado oyente, no creemos que Dios pueda a usarlo a usted.

En cierta ocasión, una persona que desempeñaba cierto ministerio cristiano fue a ver a un siervo de Dios veterano, de gran experiencia, para quejarse, lleno de celos hacia otra personas, y le dijo: "Yo tengo más capacidad que tal persona, mejor preparación, mayor facilidad de palabra, y me gustaría saber por qué Dios está usando a esa persona, y no a mí". El veterano maestro le respondió: "Su problema es que usted se considera capaz y competente para hacerlo todo. La otra persona, a quien usted se refiere, cree que no puede llevar a cabo su ministerio para Dios, por sí misma. Y el caso es que Dios siempre utiliza a esa clase de personas, Dios elige a las personas que son conscientes de su debilidad."

Jeremías se sintió insuficiente, incapaz, poco preparado. Escuchemos la respuesta que Dios le dio. Leamos el versículo 7, de este primer capítulo del libro de Jeremías:

"Me dijo el Señor: No digas: "Soy un muchacho", porque a todo lo que te envíe irás, y dirás todo lo que te mande."

Tomemos nota de la frase dirás todo lo que te mande. Son precisamente las comunidades e iglesias cristianas que creen en la Biblia las que están creciendo numéricamente y en desarrollo espiritual, y en donde se vive una dinámica de testimonio y expansión. Allí los maestros y predicadores creen lo que están diciendo, y no se dejan llevar por ideas o teorías que suelen pasar con el tiempo, para dar lugar a otras. En estas palabras a Jeremías, vemos que el profeta proclamaría su mensaje con una autoridad dada por Dios mismo. Por ello estas palabras que le sirvieron de ánimo y de consuelo a él, son válidas también para todos aquellos que difundimos la Palabra de Dios. Continuemos leyendo el versículo 8;

"No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice el Señor."

Aquí vemos la seguridad que transmiten estas palabras no temas delante de ellos. Esa seguridad convierte la tarea de proclamar la Palabra de Dios en una labor agradable. Por ello Dios le dijo que fuera a donde El le enviara para comunicar Su mensaje con convicción y valor. La palabra nunca volverá vacía, sino que cumplirá el propósito para el cual Dios la envió.

Cada vez se necesitan más personas que hablen con autoridad de lo que Dios ha escrito en Su Palabra. Esto es todo lo que El nos pide que hagamos. En un sentido, es una tarea sencilla y en otro sentido, es una labor muy difícil

Dios le dijo a Jeremías, No temas. . . porque contigo estoy para librarte. Es como si le hubiera dicho: "¡Tranquilo, que estoy de tu parte!" Martín Lutero dijo: "Una sola persona con Dios, constituye una mayoría". Y esto siempre ha sido cierto. Como cristianos podremos pensar que estamos en minoría, pero a la hora de la verdad estamos en la mayoría. Continuemos leyendo en este primer capítulo de Jeremías, el versículo 9:

"Extendió el Señor su mano y tocó mi boca, y me dijo el Señor: He puesto mis palabras en tu boca."

He puesto mis palabras en tu boca. Esta es una frase muy importante, Dios ha inspirado las palabras de las Sagradas Escrituras, no simplemente los pensamientos o las ideas de la Escritura. Por ejemplo, el diablo no fue inspirado por Dios para contar una mentira, pero el registro de la Biblia que relata que el diablo dijo una mentira, es inspirado.

Esta idea a veces no ha sido bien entendida y por tal motivo a veces no pueden recomendarse algunas llamadas "traducciones" de la Biblia que, en realidad, pueden ser buenas interpretaciones, pero como traducciones son deficientes, porque las mismas palabras de las Sagradas Escrituras son inspiradas.

Y esta verdad confirmó la autoridad del mensaje de Jeremías. De ahí la importancia de que Dios le dijera al profeta: he puesto mis palabras en tu boca. Y luego, en el versículo 10, dijo:

"Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y destruir, para arruinar y derribar, para edificar y plantar."

Jeremías profetizó durante los reinados de Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías. Todos estos reyes tenían varias oficinas y proyectos de gobierno. Todos tenían la intención de mejorar Jerusalén. Iban a tratar los problemas para la ecología y el estado de los barrios bajos. Cada uno tenía programas de asistencia social para los necesitados. Pero ninguno de ellos prestó mucha atención al profeta Jeremías, más bien lo ignoraron. Ahora, han transcurrido casi 3.000 años. ¿Podría hoy alguien mencionar alguno de aquellos proyectos gubernamentales? ¿Podemos recordar algo digno de mención que haya hecho el rey Sedequías? ¿O algún hecho meritorio realizado por Joacim y Joaquín? En la historia no ha quedado nada bueno sobre ellos registrado. Sin embargo en su tiempo, todos creyeron que estaban actuando bien y gozando de la aceptación popular. Sin embargo, Jeremías fue ignorado. Pero, ¿acerca de quien han leído innumerables creyentes de todas las épocas y leemos en la actualidad? Pues acerca de Jeremías.

El libro de Jeremías, estimado oyente, es la Palabra de Dios. Ha sobrevivido y va a perdurar en nuestra época. Usted y yo estamos viviendo en un mundo donde ya no se escucha a Dios. Su voz ya no se escucha en los centros de decisión política, en las aulas de las universidades o en colegios, y entre muchos científicos. Pero Dios continúa hablando y Su Palabra sobrevivirá.

Dios le estaba diciendo a Jeremías que le asignaría la responsabilidad de comunicar Su Palabra al reino de Judá. Y el pobre Jeremías quería retirarse incluso antes de comenzar su tarea.

Después Dios le presentó a Jeremías dos grandes figuras relacionadas con su ministerio profético. Leamos el versículo 11 de Jeremías 1.

"La palabra del Señor vino a mí, diciendo: «¿Qué ves tú, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una vara de almendro»."

El almendro era conocido como el "despertador" o el "observador". Era el primer árbol que aparecía después de la larga noche del invierno con las flores de la primavera. Este era en realidad el primer árbol que salía de la larga noche del invierno en el cual brotaban las flores de la primavera. Y como el almendro, Jeremías tenía que ser como un reloj despertador. El iba a tratar de despertar espiritualmente a la gente, pero ellos no querían que se les despertara. A nadie que esté durmiendo le agrada que se le despierte. Un reloj despertador es uno de los objetos más impopulares del mundo. Hay personas que incluso descargan su primer impulso agresivo del día al despertarse y tratar de acallar ese sonido inoportuno. Y Jeremías iba a actuar como un despertador para la nación de Judá. Y dijo en el versículo 12:

"Dijo el Señor: «Bien has visto, porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra»."

Dios estaba diciendo que la palabra que le iba a dar al profeta los iba a despertar, les sacudiría arrancándolos de su sueño profundo. Y en el versículo 13, leemos:

Vino a mí la palabra del Señor por segunda vez, diciendo: «¿Qué ves tú?». Yo dije: «Veo una olla hirviendo, que se vierte desde el norte».

¿Cuál era esa olla hirviendo? En los días de Jeremías, Egipto y Asiria ya no constituían un peligro para el reino del sur, o de Judá, pero alrededor de la llamada "media luna fértil", en el norte, se había estaba gestando algo comparable a una olla hirviendo. Y se trataba del creciente poder de Babilonia, que finalmente destruiría a Judá. La tarea de Jeremías consistiría en advertir constantemente a su pueblo lo que le iba a suceder a su nación. Continuemos escuchando las palabras del Señor en los versículos 14 y 15:

"Me dijo el Señor: Del norte irrumpirá el mal sobre todos los moradores de esta tierra. Porque yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice el Señor; vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, junto a todos sus muros en derredor y contra todas las ciudades de Judá"

Un siglo antes, Dios había librado a Jerusalén de un enemigo, y en los días de Jeremías todos los falsos profetas estaban yendo por todas partes diciendo que Dios los iba a librar otra vez.

Todos los profetas de Dios del pasado, Oseas, Joel, Amos, Miqueas y Nahum, todos aquellos que habían sido contemporáneos del profeta Isaías, habían desaparecido de la escena. Creemos que Sofonías y Habacuc aun vivían. Los profetas Ezequiel y Abdías también eran contemporáneos de Jeremías, pero no iban a profetizar hasta que los cautivos estuvieran realmente en Babilonia. EL profeta Daniel también profetizaría más adelante. Pero en ese tiempo, Jeremías estuvo solo, y él tuvo que anunciar estos juicios que vendrían sobre la nación.

Y, ¿cuál sería la reacción al mensaje? Leamos, finalmente por hoy, el versículo 19 de este primer capítulo del libro de Jeremías.

"Pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo, dice el Señor, para librarte."

Fue como si el Señor le hubiera dicho: "Sigue adelante Jeremías. Ellos se te van a resistir, no querrán escuchar tu mensaje, pero tú tienes que comunicarlo". Jeremías se sintió incapaz e indigno del oficio de profeta, y había expresado ese sentimiento como una excusa. Pero Dios le dijo: "Voy a poner mis palabras en tu boca, y tu estarás expresando mis propias palabras."

Creemos que nadie debería subirse a un púlpito y pronunciar un mensaje hasta que tenga la seguridad de que va a comunicar la Palabra de Dios. Si alguien tuviera dudas al respecto, o si siente que debería expresar sus propias ideas, ideas que eludan mencionar o desnaturalicen los puntos claves del evangelio, debería mantenerse alejado del púlpito. Indiferentemente de su grado de conocimiento de las técnicas de la predicación, de cuanta conozca sobre la ciencia de la interpretación, de cuanta teología, o del nivel de entrenamiento sofisticado que haya recibido, debería de abstenerse de decir que va a exponer la Palabra de Dios, su realmente no va a hacerlo. En el caso de Jeremías, él pudo tener la convicción y confianza de que iba a expresar las mismas palabras de Dios.

Estimado oyente, en nuestro próximo encuentro comenzaremos nuestro estudio de Jeremías, y esperamos que nos acompañe. Le sugerimos que lea el capitulo 2 de este libro para tener una idea general de su contenido.

ESTUDIO BIBLICO DE JEREMIAS


Estudio bíblico de Jeremías Introducción

Jeremías - Introducción - 1:3

Jeremías, el profeta del corazón quebrantado, es el autor de este libro que lleva su nombre. Es uno de los libros más notables de la Biblia. Cada libro de la Biblia es notable, pero este libro de Jeremías lo es de una forma poco habitual. La mayoría de los profetas se ocultan a sí mismos y mantienen un carácter de anonimato. Es decir que, ellos mismos no se proyectan a sí mismos en las páginas de sus profecías. Pero aquí tenemos a un profeta cuya profecía es, en gran parte, autobiográfica. El nos ha dejado mucho de su propia historia personal. Vamos a repasar por un momento su vida a través de una lista de hechos sobre él, para que usted pueda conocer a este hombre, a quien nos encontraremos en este libro.

1. En primer lugar, el nació sacerdote, en la ciudad de Anatot, al norte de Jerusalén. (Jeremías 1:1)

2. Fue elegido para ser profeta antes de haber nacido (1:5)

3. Fue llamado a profetizar cuando era muy joven (1:6)

4. Dios le encomendó la misión de ser profeta (1:9-10)

5. Él comenzó su ministerio durante el reinado del rey Josías y fue uno de los que expresó su dolor en el funeral de dicho rey (2 Cron.35:25)

6. Se le prohibió casarse a causa de la época tan terrible en la que vivió (16:1-4).

7. El nunca logró que alguien se convirtiese. Fue rechazado por su pueblo (11:18-21); (12:6); (18:18). Fue odiado, golpeado, colocado en el cepo (20:1-3); fue puesto en la cárcel y acusado de ser traidor (37:11-16).

8. Su mensaje quebrantó su propio corazón. (9:1).

9. Quiso dimitir de su cargo, pero Dios no se lo permitió (20:9).

10. Vio la destrucción de Jerusalén y el cautiverio en Babilonia. El capitán de las fuerzas Babilónicas le permitió permanecer en su tierra. Cuando el remanente quiso huir a Egipto, Jeremías profetizó contra ese deseo (42:15-43:3). Fue obligado a ir con el remanente a Egipto (43:6-7) y murió allí. Según la tradición, fue apedreado por el remanente de israelitas.

Así que solo con estos datos podemos comprobar que fue un hombre notable. Se le ha llamado "El Profeta Llorón", pero no en un sentido despectivo. Pasó la mayor parte de su vida derramando lágrimas. Dios eligió a este hombre, que tenía un corazón maternal, una voz temblorosa, y ojos llenos de lágrimas, para comunicar un mensaje severo de juicio. El mensaje que tuvo que proclamar quebrantó su propio corazón. Este hombre fue un gran siervo de Dios. Hablando sinceramente, creo que usted ni yo habríamos elegido a esta clase de hombre para comunicar un mensaje tan severo. En cambio, habríamos escogido a alguna persona dura para transmitir esa clase de mensaje, ¿no es cierto? Pero Dios no eligió a ese tipo de hombre, sino que escogió a un hombre con un corazón tierno y compasivo.

Quisiéramos presentar ahora dos declaraciones en cuanto a este profeta Jeremías, declaraciones pronunciadas por hombres en el pasado.

Lord MacCaulay dijo en cuanto a Jeremías: "Es difícil concebir una situación más dolorosa que la de un gran hombre, condenado a observar la lenta agonía de un país agotado, para cuidarlo espiritualmente durante los arrebatos alternados de estupefacción y delirio que preceden a su disolución, y a observar como los síntomas de vitalidad desaparecen uno por uno, hasta que no queda sino frialdad, oscuridad y corrupción". Hasta aquí la cita. Esta fue la posición y el llamado de Jeremías. Él estuvo allí y pudo ver a su pueblo conducido al cautiverio.

La otra declaración que quisiéramos leer en cuanto a Jeremías fue pronunciada por el Dr. Morehead, que nos presentó una imagen muy gráfica del profeta. Dijo el Dr. Morehead: "A Jeremías le tocó profetizar en una época cuando todas las cosas en Judea se estaban precipitando hacia una catástrofe trágica y final; cuando la conmoción política se encontraba en su punto culminante; cuando las peores pasiones dominaban a las diferentes partes y los consejos más funestos eran los que prevalecían. A él le correspondió interponerse en el camino por el cual su nación se estaba precipitando de cabeza hacia la destrucción; hacer un esfuerzo heroico para detenerla y para revertir el proceso; fracasar, ser obligado a apartarse a un lado y ver a su propio pueblo, a quien él amaba con la ternura de una mujer, lanzarse al precipicio, hacia una ruina enorme y cenagosa". Hasta aquí la cita.

Usted y yo amigo oyente, estamos quizá viviendo en una época que probablemente se parece a la de Jeremías. Vemos a grandes naciones que han logrado grandes avances tecnológicos. El hombre ha emprendido la conquista del espacio y ha creado armas de enorme poder destructivo. Sin embargo dentro de esas grandes potencias se encuentra la corrupción, que realmente las conducirá al desmembramiento y al desastre. Y ese final no parece encontrase muy lejano. Ahora, sabemos que, lo que estamos diciendo no es muy popular, no tiene buena prensa. Los medios de difusión, de forma creciente, están poniendo al descubierto la corrupción, destacan su incremento en todos los órdenes, pero no saben, o no quieren extraer conclusiones en cuanto a las consecuencias, que este proceso irreversible tendrá para la humanidad. Cada vez se oye hablar menos de cómo evitar la corrupción y de cómo resolver ese grave problema para mejorar la sociedad. Dios ha sido dejado totalmente fuera de la escena contemporánea, y cuando los que no creen en El lo mencionan, lo hacen con una sonrisa irónica o una mueca de desprecio. Y aquellos que sí creen en El son marginados. Es por tal motivo, que hemos dicho anteriormente que nos encontramos en gran medida en la misma posición en la que se encontró Jeremías, Por todo ello, tenemos la convicción que este libro va a comunicarnos un mensaje apropiado para nuestro tiempo.

Otro autor ha escrito lo siguiente sobre Jeremías: "No era poderoso como Elías, elocuente como Isaías, pobre y humilde como Ezequiel, sino un hombre tímido, vergonzoso, consciente de su impotencia, ansioso por recibir compasión y amor que nunca iba a conocer: Tal fue el instrumento por medio del cual la Palabra del Señor llegó a esa época tan corrupta y degenerada".

Mateo 16:13-14 dice, AL llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, `preguntó a sus discípulos, diciendo: -¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas. Había diferencia de opiniones, y ninguno de ellos parecía saber realmente quien era. Algunos tenían buenas razones para pensar que era Elías y también buenos motivos para creer que era Juan el Bautista. Ahora, hubo quienes creyeron que era Jeremías, y tenían una muy buena razón para creerlo, porque Jeremías era un varón de dolores, experimentado en el sufrimiento. La diferencia entre él y el Señor Jesús fue que el Señor Jesús, estaba llevando nuestros dolores y nuestra pena, mientras que Jeremías estaba llevando su propia carga, y ello estaba quebrantando su corazón. Una vez se dirigió al Señor diciéndole: "No puedo continuar. Este asunto me está destrozando. Estoy a punto de sufrir una crisis nerviosa. Sería mejor que recurrieras a otra persona". Y el Señor, en cierta forma fue como si le hubiera dicho: "Muy bien, pero mantendré tu dimisión sobre mi escritorio porque creo que volverás". Y Jeremías regresó y dijo en su capítulo 20:9, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos. Traté de resistirlo, pero no pude. Y comunicó el mensaje, pero ello quebrantó su corazón. Dios quiso tener esa clase de hombre, porque era el hombre apropiado para entregar un mensaje tan severo. Dios quiso que los israelitas supieran que, aunque los estaba enviando al cautiverio y al hacerlo los estaba juzgando, ese hecho estaba quebrantando Su corazón divino. Como dijo Isaías en 28:21, el juicio es la obra extraña de Dios.

Jeremías comenzó su ministerio aproximadamente un siglo después que Isaías. Empezó su obra durante el reinado del rey Josías y la continuó durante el cautiverio en Babilonia. El fue el que predijo los 70 años de cautiverio en Babilonia. El también vio, más allá de la oscuridad del cautiverio, la luz, Ningún otro profeta habló tan brillantemente, con tanto entusiasmo, sobre el futuro. Tendremos ocasión de comprobarlo a medida que avanzamos en nuestro estudio de esta hermosa profecía.

El mensaje de Jeremías fue el más desagradable jamás comunicado a un pueblo, y fue rechazado. Fue considerado un traidor a su país porque dijo que había que rendirse a Babilonia. El profeta Isaías, casi un siglo antes de él, había hablado de resistir, ¿Por qué este cambio? En los días de Jeremías solo quedaba una cosa por hacer: rendirse. En la economía de Dios, la nación estaba acabada. Los tiempos de las naciones ya habían comenzado con Babilonia, como la cabeza de oro de la gran imagen descrita en Daniel 2.

La palabra "reincidir" fue la característica del mensaje de Jeremías, que aparece 13 veces. Fue una palabra usada solo 4 veces en el Antiguo Testamento; 1 vez en el libro de Proverbios y 3 veces en el de Oseas. Es que el mensaje del profeta Oseas fue también dirigido a una nación reincidente.

El nombre propio que predomina en el libro fue "Babilonia", que aparece 164 veces, más que en la totalidad de los pasajes de la Biblia combinados. Babilonia se convirtió en el enemigo.

Para tener una visión panorámica del libro de Jeremías vamos a incluir un sencillo esquema de los principales títulos o temas que, por otra parte, coinciden con las etapas de la vida del profeta.

1. Llamado del profeta durante el reino de Josías. Capítulo 1.

2. Profecías para Judá y Jerusalén, anteriores al reinado de Sedequías: capítulos 2 al 20.

3. Profecías durante el reino de Sedequías. Capítulos 21 al 29.

4. Profecías en cuanto al futuro de las 12 tribus y sobre el inminente cautiverio de Judá. Capítulos 30 al 39.

5. Profecías para el remanente que quedó en Judá después de la destrucción de Jerusalén. Capítulos 40 al 42.

6. Profecías durante los últimos días de Jeremías en Egipto. Capítulos 43 al 51

7. Cumplimiento de la profetizada destrucción de Jerusalén. Capítulo 52.

Y llegamos así al

Jeremías 1

El tema es "El llamado del profeta durante el reino de Josías. Será de ayuda para nuestra comprensión de los profetas entrelazar los libros correspondientes desde 1 Samuel hasta 2 Crónicas; que son los libros históricos que abarcan el mismo período de tiempo. Los profetas profetizaron durante el período histórico cubierto por esos libros históricos, con la excepción de los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías, que profetizaron después del exilio (y que a su vez encajaron en el período abarcado por los libros históricos de Esdras y Nehemías). Leamos entonces el primer versículo de este primer capítulo del libro del profeta Jeremías:

"Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que residieron en Anatot, en tierra de Benjamín."

Aquí hay una referencia a Hilcías, que fue el padre de Jeremías. Hilcías fue el sumo sacerdote que encontró el libro de la ley de Moisés, durante la época del rey Josías. El descubrimiento de la Ley del Señor entregada a Moisés, provocó una renovación espiritual durante el reinado de Josías. Los movimientos de renovación no son causados por los hombres, sino por la Palabra de Dios. Nunca ha sido un hombre el que los originó, sino un libro. La Palabra de Dios es responsable de cada movimiento de renovación que ha tenido lugar en la iglesia. Es cierto que Dios ha usado hombres, pero fue la Palabra de Dios la que trajo esa renovación. El registro de esta renovación se conserva en los libros históricos: en el Segundo Libro de Reyes, capítulo 22, y también en el Segundo Libro de Crónicas, capítulo 34.

Anatot era la ciudad natal de Jeremías. Se encontraba a pocos kilómetros al norte de Jerusalén.

Continuemos leyendo el versículo 2:

"Palabra del Señor que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado."

Josías tenía 8 años cuando accedió al trono, y reinó por 31 años. Jeremías comenzó su ministerio cuando Josías tenía 22 años. Aparentemente Jeremías, tenía también 20 años de edad; así que ambos eran jóvenes y probablemente, amigos. Jeremías profetizó durante 18 años del reinado de Josías y fue uno de los que expresó su dolor en el funeral del rey (como podemos ver en 1 Crónicas 35:25).

En cuanto a Josías podemos decir que había actuado de manera insensata, lo que nos lleva a deducir que hasta los hombres de Dios a veces cometen insensateces. Él fue a luchar contra el faraón de Egipto en Karkemis, aunque el faraón no había ido allí para luchar contra Judá. Pero por alguna razón extraña, Josías salió a luchar contra él en el valle de Esdraelón (o Armagedón, en Megido) y allí Josías resultó muerto. Jeremías lamentó su muerte porque Josías había sido un buen rey. La última renovación espiritual se produjo bajo el reino de Josías, y fue una gran renovación. Después de la muerte de Josías, Jeremías pudo ver que la nación caería en una noche oscura, de la cual no saldría hasta después del cautiverio en Babilonia. Continuemos pues con nuestra lectura en este primer capítulo del libro del profeta Jeremías, leyendo el versículo 3:

"Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto."

Este versículo y el anterior nos dan la fecha exacta del ministerio de Jeremías, es decir, desde el décimo tercer año del rey Josías y continuando por todo el proceso de la conducción de Jerusalén al cautiverio.

Sabemos que cuando el reino de Judá fue llevado al cautiverio, el rey Nabucodonosor le permitió a Jeremías quedarse en la tierra de Judá. Dice Jeremías en 39:11-12, 11Nabucodonosor había dado órdenes a Nabuzaradán, capitán de la guardia, acerca de Jeremías, diciendo: 12«Tómalo y vela por él; no le hagas mal alguno, sino haz con él como él te diga». Por supuesto, Jeremías no quiso ir a Babilonia con los demás; ellos habían rechazado su mensaje y habían sido llevados cautivos tal como él había predicho. Y ya que el rey Nabucodonosor le dio la posibilidad de elegir, optó por quedarse en la tierra con los pocos que permanecieron en ella. Sin embargo, aquellos fugitivos salieron de la tierra de Judá y se dirigieron a Egipto, actuando en contra del consejo de Jeremías y llevándolo con ellos. En Egipto, Jeremías continuó comunicándoles fielmente la Palabra de Dios.

El segundo libro de Crónicas 36 nos dejó la historia aquí omitida. Joacaz, un hijo de Josías, no fue mencionado en el relato de Jeremías. Reinó por 3 meses, y fue destituido. Entonces el rey de Egipto colocó en el trono a Eliaquim, hermano de Joacaz, y le cambió el nombre, al de Joacim. Este reinó por 11 años, Y Jeremías le aconsejó no luchar contra Nabucodonosor, rey de Babilonia. Sin embargo, Joacim no aceptó el consejo de Jeremías, y fue llevado cautivo a Babilonia. Después del derrocamiento de Eliaquim (o Joacim) el rey de Babilonia colocó a Joaquin en el trono de Jerusalén. Este reinó 3 meses y 10 días, y tampoco fue mencionado aquí en el libro de Jeremías porque apenas ocupó el trono, ya que, al poco tiempo fue derrocado y deportado por Nabucodonosor a Babilonia. Después, Nabucodonosor designó para el trono en Jerusalén a Sedequías, sobrino de Joaquin, Este reinó por 11 años. Cuando Sedequías se rebeló, Nabucodonosor fue a Jerusalén y la destruyó, mató a los hijos de Sedequías y a éste le quitó los ojos, llevándolo cautivo a Babilonia.

Este relato nos narra hechos brutales. Pero también debemos recordar que el rey Nabucodonosor fue muy paciente con la ciudad de Jerusalén. Recordemos también que el pueblo se negó a escuchar la advertencia que Dios les dirigió por medio de Jeremías.

Jeremías continuó su ministerio entre el remanente que quedó en Jerusalén. Después, ellos, los que habían quedado allí, le obligaron a ir con ellos a Egipto. Y así, él continuó su ministerio en Egipto hasta el momento de su muerte. Mirando a la totalidad de su vida, podemos destacar 2 cosas que caracterizaron la vida de Jeremías: sus lágrimas y su soledad. Podemos decir que esas son las señales del ministerio cristiano en las vidas de aquellos que sirven a Dios.

Y aquí vamos a detenernos por hoy, amigo oyente. Proseguiremos, Dios mediante, este estudio, en nuestro próximo programa. Y para que usted esté mejor preparado con el estudio de este libro de Jeremías, le sugerimos leer los versículos restantes de este capítulo 1, para familiarizarse con los detalles del llamado de Dios a Jeremías para cumplir su misión.